CAPITULO XIII: El Secreto de Emma
Alejandro Sabatini recurre a su antiguo compañero de instituto, René Legraine, para que le ayude con el asunto de La Boreal. El francés, que se encuentra en Almuñecar, reacciona hábilmente, de modo que en su primera entrevista, descubre algo sobre Emma.
- ¡Oh, Emma! Tú no lo mataste, ¿verdad?
La aludida sonrió irónica y frunció el ceño, turbada por la duda de su amiga Nery.
- Nena, no digas tonterías, ¡claro que no lo maté!
- Pero sin embargo, te sorprendió verlo muerto.
Por primera vez, Emma Valverde le dirigió una expresión amable al joven detective.
- Está bien, René Legraine. Lo has adivinado. Supongo que Alex no se equivocó al decir que eras muy sagaz y ágil cuando se trata de adivinar motivos personales. –Emma guiñó un ojo a Alejandro- Mejor será que te lo diga. Oscar Zazo y yo éramos compañeros de trabajo. Espero que lo que diga no salga de aquí. Resulta que desde hace tres años, trabajo en una agencia de detectives llamada Onnyx. En algunos casos, esta agencia necesita gente joven, para pasar desapercibida cuando se trate de seguir a gente de nuestra edad. Muchos padres preocupados nos encargan adivinar si sus hijos toman drogas, o a qué se dedican por la noche. Yo no soy la única, y Oscar también pertenecía a mi “escuadrón” por así decirlo. La última vez que lo vi fue hace un par de días, trabajando juntos en un caso. Y anoche me quedé petrificada cuando lo vi tirado delante del vestuario.
- ¿Piensas que Oscar pudo venir a tu encuentro? –Inquirió René, mientras entornaba sus ojos, mostrando interés.
- ¡Emma! Yo no sabía eso de ti, nunca me lo habías contado. Así que eres… detective…
Nery disfrutó pronunciando esa palabra, como si le entusiasmara la idea de tener una amiga tan aventurera. Emma Valverde, que había estado tan callada y malhumorada desde el descubrimiento del cadáver, ahora parecía estar de mejor humor. Empezó a carcajear al oír lo que había dicho Nery, y siguió hablando.
- Puede ser, René. He pensado que quizá Oscar fuese a mi encuentro, con la intención de comunicarme algo importante. Le conocí bastante bien, sé que hacía bien su trabajo, y sé que era capaz de convencer a alguien como Raúl de que le invitara a La Boreal. Sin embargo, no estoy segura.
- Entonces, por lo que veo, queda bastante claro que Oscar vino aquí por un motivo determinado, ¿no? –Dijo Alex.
- Eso parece. –Repuso René Legraine.
- Debe ser el motivo por el que murió. –Intervino Nery, bajo la sorpresa de Alejandro, que la tomaba como alguien ingenuo frente a esos temas.
Después de acabarse su café, Emma tomó la palabra.
- Actualmente Oscar había realizado un trabajo para Onnyx, por encargo de los padres de un chico que murió a manos de una pandilla de gente no hace mucho. Un asunto de drogas.
- Algo oí hablar. –Indicó René.
- No me acuerdo bien cómo se llamaba ese chico, pero el caso es que el chaval, que tendría unos veintiun años, trabajaba para el tráfico de drogas desde hace mucho tiempo. Sus padres se quedaron muy tocados cuando murió y se supo toda la verdad. Al parecer, lo tenían en un altar.
- La gente tan mimada suele acabar mal.
Todos le dieron la razón a Nery.
- De todas formas, según tengo entendido, los asesinos de ese chico fueron detenidos no hace mucho.
- Tienes razón, René. –Afirmó Emma- Sin embargo, lo que Oscar me dijo es que alguien perteneciente a la familia de ese chaval que murió le habían encargado a Onnyx descubrir qué tipo de vida llevaba. Se supieron muchas cosas después de la investigación, pero otras tantas no se sabrían jamás. Para el encargo, Oscar me dijo que se había hecho amigo de algunas de las amistades del muerto. No me dio más datos.
- ¿Oscar acabó su investigación cuando habló contigo?
- Sí. Hacía tiempo ya que Onnyx le había pagado bien por ese trabajo. Un informe bastante completo había sido entregado a la familia del chico que murió… ¿tú crees que puede tener algo que ver su investigación con su muerte?
René recapacitó acerca de ello antes de contestar.
- Sé que piensas que sí. La verdad es que da que pensar. Quizá los responsables de la muerte de ese traficante estén detrás del asesinato de Oscar Zazo anoche. Pudieron colarse anoche en la casa, y asesinarle. Tiene bastante lógica.
- No es una idea descabellada, René, pero por lo que ha contado Alejandro… parece ser que Oscar fue al encuentro de alguien anoche.
- En eso tiene razón Emma, -confirmó Alejandro- me dio la sensación de que Oscar había quedado con alguien después de cenar. Se fue sin esperar a Raúl. Luego puede que quién quedara le diese plantón, y se volvió a presentar delante de La Boreal. Quiso avisar a Raúl, y me despertó a mí. Salió corriendo de allí al verme, y a las cuatro de la mañana apareció muerto en la piscina.
- Eso implica que Oscar en algún momento de la noche debió de volver a La Boreal.
- Probablemente, -dijo René- cuando Alejandro y Raúl ya dormían. Antes de que, como me habéis contado, Enrique, Nery y Elia volviesen a La Boreal.
- Pero entonces, -intervino Nery- Eso significa que ninguno de nosotros pudo asesinarle. Si Alejandro y Raúl estaban durmiendo a pierna suelta, ¿no? Yo estuve todo el rato con Elia y con Enrique, cuando nos volvimos a la Boreal porque Elia estaba preocupada por su hermano,¡ y yo no me separé de ellos! Encima Christian estuvo con Emma hasta que ella descubrió el cadáver de Oscar. Todos tenemos una coartada.
Las palabras de Nery sumieron a René en sus pensamientos. Cada uno probaba de ese modo su coartada, porque todos se encontraban acompañados, a excepción de Alejandro Sabatini y Raúl Alcalá, que estaban durmiendo.
- Doy por seguro que Alejandro estaba durmiendo, -sentenció el francés, confiando en su amigo- pero puede que Raúl no estuviese en la cama.
En ese momento, Alejandro pareció acordarse de algo. Se dio un golpe con la palma de la mano en su frente, y chasqueó la lengua. Luego se dirigió al joven detective.
- René, se me había olvidado comentarte algo. Claude, un chico de la pandilla, fue ayer por la tarde a la farmacia de Gailón, y compró varios medicamentos. Entre ellos, había un preparado a base de valeriana bastante eficaz contra el insomnio. Le comenté que yo tenía problemas de sueño, y me dio dos sobres, diciendo que me tomara uno de ellos después de cenar, y el otro lo dejara para el día siguiente. Al llegar a La Boreal, dejé los sobres en la cocina. Oscar Zazo los vio, y me dijo que conocía el dormitol, que su madre lo había tomado en alguna ocasión. Cuando, después de la cena, decidí que era el momento, entré en la cocina para tomarme el medicamento… y me percaté de que alguien ya se había tomado uno de los sobres.
El francés se vio muy interesado por lo que decía Alejandro.
- ¿A dónde quieres llegar con eso? –Preguntó Emma.
- Me acuerdo bastante bien, y la última persona que estuvo en la cocina antes de mí, fue Oscar. Elia le pidió que le trajese una lata de refresco, y cogió otra para él.
- ¿Raúl también bebió de alguna de las latas?
- No. –Respondió Alejandro- Él fue más tarde a la cocina, volviendo con lo que quedaba de una botella de té frío, que se terminó mientras veíamos la televisión. No le gustaban los refrescos.
René, como única respuesta, soltó un gruñido. Dijo algo entre dientes, y preguntó qué hora era. Nery respondió, algo desilusionada, que ya era hora de volver a La Boreal. Sus padres habrían terminado de hablar ya con la policía.
De ese modo, pagaron la cuenta. Salieron de la cafetería, y se dirigían hacia La Boreal, cuando René se despidió de ellos. Le dio dos besos tanto a Nery como a Emma. A Alejandro le apartó un poco, hablándole en voz baja.
- ¿Conoces algún lugar discreto donde podamos quedar sin ninguno de tus amigos delante?
- Podríamos hacerlo en el cabo de los Truenos. La terraza natural que hay antes de subir al faro. Allí podríamos quedar, pero no sé si me dejará la policía.
- La policía es asunto mío, Alejandro. Nos vemos allí a las seis de la tarde. Procura que nadie se entere, ¿de acuerdo?
- Perfecto. Nos vemos allí esta tarde.
René, despidiéndose de las dos chicas con la mano, se puso el casco y se marchó con su moto, de vuelta a Almuñecar.
Cuando se perdió de vista, Alejandro corrió para alcanzar el paso de las dos muchachas.
- Es muy inteligente tu amigo René. –Le dijo Emma a modo de saludo.
- Ya me ayudó una vez, sabrá hacerlo de nuevo. Me felicito por haberle enviado un mensaje esta mañana. Le encanta la investigación, y es un auténtico sabueso. No tardará en hallar una explicación a lo que nos ha ocurrido.
- Es discreto, ¿verdad?
Emma estaba algo inquieta por haber confesado sus actividades laborales paralelas. Alejandro no tardó en tranquilizarla.
- Es el tipo más discreto que conozco. Así que no te preocupes, porque tanto él como yo mantendremos en secreto todo lo referente a Onnyx.
Entonces fue cuando Nery saltó, escandalizada:
- Emma, ya te vale. Me considero como una de tus mejores amigas, ¡y no pudiste contármelo! Yo también soy discreta, ¿sabes? Soy muy discreta. Si yo contara la cantidad de secretos que guardo… vamos… ¡arde Roma!
Su amiga sonreía condescendiente. Parecía prestarle más atención al paseo que a Nery. Miró con su sonrisa a Alejandro, que comprendió al momento la situación en la que se encontraba, y le devolvió la expresión.
- ¿Se lo has dicho a la policía? –Le preguntó a Emma.
- Aún no. Si lo averiguan, que lo averigüen. No será difícil para ellos, y yo estoy segura de que no hice nada malo. De hecho, si tu amigo no hubiese adivinado nada, lo más seguro es que no os hubiera dicho nada en absoluto.
Nery le dirigió una mirada a su amiga tan furiosa, que Emma no pudo hacer otra cosa sino echarse a reír.
Cuando los tres jóvenes llegaron a La Boreal, se sorprendieron ante los curiosos que rodeaban la zona. Había algunas cámaras de televisión, frente a las cuales los reporteros locales transmitían la noticia.
Dentro de la casa, la situación no era distinta. En el interior del edificio estaba el matrimonio de los Alcalá, los Valverde, los Sabatini, los Hurtados –los padres de Nery- y también los desconsolados padres de Oscar. Aparte de este grupo, también se encontraba la policía.
Antes de que el agente encargado de vigilar les abriese la verja para que entraran, Alejandro reconoció entre los curiosos que estaban congregados allí, un rostro familiar.
Era la chica con la que se había chocado de bruces el día anterior, y cuyo rostro no dejaba de parecerle familiar. Cuanto más la miraba, Alejandro estaba más convencido aún de que la conocía. Le hubiese gustado pararse para hablar con ella, pero no había tiempo. Entró al momento dentro de La Boreal.
La carismática señora Sabatini saludó a su hijo con un sonoro beso, que le hizo ponerse colorado. Su padre, más serio y formal, le anunció que volverían a Granada.
- ¿Cuándo? –Preguntó Alejandro.
- Después de comer. –Anunció su padre- Comeremos por aquí con los Alcalá, y después volveremos en el coche. Lo he traído.
Nada más escuchar la respuesta, Alejandro pidió permiso para ausentarse, y cogió su móvil para llamar a René. Le comunicó la noticia. El francés se enfrentó al cambio de planes proponiéndole a su amigo quedarse con él hasta el día siguiente por la mañana, cuando René tenía pensado volver a Granada. Hablaría con Nicolás, sus padres se habían marchado ya a Granada, y no pondría ningún problema. Nicolás también había pensado volver a Granada al día siguiente, por la mañana.
Tras consultárselo a su padre, Alejandro aceptó los planes que le proponía René. Quedaron en verse a la misma hora y en el mismo sitio donde habían acordado verse al principio.
Como aún quedaba mucho tiempo para la hora de comer, Alejandro estuvo con los hermanos Valverde, los Alcalá con Christian y con Nery en una de las terrazas de la vivienda. El tema de conversación fue inevitable. No era tan fácil dejar de hablar del asesinato.
Al principio resultaba un tanto ridículo el que se hablase de temas bastante vacíos. Ninguno de ellos parecía tener la valentía suficiente de charlar sobre el asunto que tanto les inquietaba. Hasta que llegó el momento en que Nery, con su ingenuidad, cogió el toro por los cuernos.
- ¿Cuándo se irá la policía, Emma?
- No lo sé, nena. –Respondió su amiga- Esperemos que pronto. Ojalá encuentren al asesino de Oscar lo antes posible, y nos dejen tranquilos.
- Todo esto es una pesadilla.
- Sí que lo es. Yo estoy muy preocupado por ti, pequeña.
La frase de Chris fue recibida por parte de su novia con un gesto cariñoso.
Ciertamente, el chico no mentía: desde el momento en que vio a su novia junto al cadáver, algo le preocupaba.
Era curioso, pero desde que volvió de Gailón, Emma parecía otra. Parecía volver a ser la de siempre. No la Emma que había encontrado el cuerpo de Oscar delante de la piscina, sino la que había emprendido decidida unas pequeñas vacaciones con su novio y su amiga.
- ¿ Vosotros vais a volver a Granada? –Preguntó Alejandro en general.
Después de ajustar sus gafas, Enrique le respondió.
- Nosotros sí.
- Nosotros también –Afirmó Elia.
- Algo me dice que la policía no nos va a perder la pista cuando estemos en Granada. Estoy seguro de que aún piensan que pudo ser alguno de nosotros.
- ¡Eso es increíble! –Exclamó Elia mientras le acariciaba la cabeza de su hermano, que estaba apoyada en su regazo- Cualquiera pudo saltar la tapia que da al invernadero, y dirigirse a la piscina para matar a Oscar. Nosotros estábamos fuera.
- Alejandro seguía aquí, -murmuró Enrique.
Todas las miradas de los allí presentes se dirigieron al aludido.
- …Pero estaba durmiendo como un tronco, -se defendió Alex- No me desperté hasta que me sacudió Elia esta mañana.
- Eso es cierto –confirmó Elia.
- Yo te creo, -dijo Nery, con un gesto determinante.
- Y yo –dijeron Emma y Raúl a la par.
- Yo no dudo de tu palabra, Alex –sentenció Chris.
La terraza permaneció en silencio. Esperaban la reacción de Enrique Valverde, que parecía estar ensimismado. Cuando levantó la vista, observó a los presentes con el ceño fruncido. Luego, como si el asunto no fuera con él, volvió a mirar al suelo.
- ¿Alguien quiere algo de beber? –Acertó a decir Nery.

1 Comments:
pero por favor... ¡cuánto daño ha hecho la maldita serie de Lidia Bosh en este país! ¡a cualquier truño lo llamamos "literatura"! ¿sabes que te han recomendado en un blog? lo que ya no sabrás es que ese blog exhibe los peores atentados estéticos y lingüísticos... si quieres contacta con nosotros eldardoenlapalabra@hotmail.com
dicho sea de paso... ¿qué edad tienes? porque si eres una adolescente tendrías excusas, pero si eres el típico solterón de treinta o cuarenta años... ¡qué Cervantes se apiade de tu alma!
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