CAPÍTULO 10: Los primeros interrogatorios
Cuando Elia está a punto de dormirse, la despierta Christian con una noticia inaudita: Emma ha encontrado el cadáver de Oscar, apuñalado, en la piscina de la casa
En el coche de refuerzo habían venido unos cuantos agentes más. Todos ellos se quedaron con los sospechosos, dentro de La Boreal. Vila y Estévez se fueron a la piscina de la casa, dónde aún estaba el cadáver.
Vila abrió con el llavín que el forense le había dado antes de irse. Entraron por un sendero hasta que, doblando por una zona donde el seto se cortaba, entraron al lugar del crimen.
La lógica de Vila trabajó muy rápido al llegar al cuerpo de Oscar Zazo. Apuñalado en el pecho, con el punzón que Olmedo se había llevado. Efectivamente, lo habían matado dentro de la caseta, y en su agonía la víctima había reptado hasta donde empezaba el césped.
La sangre, ya seca, marcaba tanto el lugar del ataque, como el lugar donde cayó muerto. Sin embargo, alrededor de sí, no había rastro de huellas. En el césped, cerca del cadáver, había una zona con restos de sangre, pero supuso que allí era donde había encontrado el forense el arma del crimen.
Llegaron los encargados del tanatorio, y los policías abandonaron la piscina. Se presentaron de nuevo al salón de los Alcalá, donde esperaban los jóvenes, con una profunda serenidad la mayoría de ellos. Vila notó en seguida la huidiza mirada de Emma Valverde. ¿A qué se debería?
- Señorita, -le anunció a Elia- vamos a empezar a hacerles las preguntas oportunas. Me parece que es el momento de despertar a su amigo y a su hermano.
Elia asintió firmemente y subió las escaleras. Hasta llegar al cuarto de Alejandro. Llamó con los nudillos antes de entrar. Estaba empezando a amanecer, y la luz comenzaba a iluminar la habitación.
Alejandro dormía con una expresión tranquila, ausente a todo lo que había pasado hasta ahora. Elia, con mucho cuidado, agitó suavemente su cuerpo. Después de insistir un poco, empezó a moverse suavemente debajo de la sábana.
A diferencia de cómo le ocurre a mucha gente, cuando su amigo abrió los ojos, pareció tener al momento una expresión lúcida. Eran cerca de las seis, pero había dormido tan bien, que no había tenido problema en despertarse.
- ¿Qué ocurre?
- Alguien ha asesinado al amigo de mi hermano en la piscina.
A Alejandro se le salieron los ojos de sus órbitas, más tarde frunció el ceño.
- A… ¿Oscar?
- Sí. A Oscar. Vístete rápido. La policía ha llegado hace un rato. Quieren que estemos todos abajo. Tengo que avisar todavía a mi hermano.
Alejandro acató la orden de su amiga. Al minuto ya estaba vestido, bajando con Elia las escaleras hasta llegar al salón. No pensaba en nada, tenía la mente en blanco. Tuvo la misma sensación que tuvo meses atrás, cuando una chica murió envenenada delante suya.
Después de bajar los escalones, llegó al salón. Todas las miradas se giraron hacia él. Alejandro reconoció a Enrique, a Christian, más pálidos. A Nery, que aún estaba maquillada y más seria de lo que nunca la volvería a ver. Emma estaba muy preocupada. Fue la última en percatarse de la llegada del amigo de Elia, y sólo lo saludó levantando ligeramente las cejas.
Alejandro saludó formalmente a los dos policías. Vila sonrió al joven al estrecharle la mano, y le invitó a sentarse en el sofá con sus amigos.
Sentado entre Christian y Enrique, ambos le explicaron a grandes rasgos a Alejandro lo que había sucedido. Seguía pareciéndole increíble, pero, por lo que veía, no era el único que tenía la sensación de estar aún soñando.
Ese amanecer, sentados frente a los policías, parecía tener una molesta carga de surrealismo.
Unos lloros se oyeron desde una de las habitaciones. Se calmaron casi en seguida. Entraron al comedor Elia y su hermano, un Raúl con los ojos hinchados.
- Ya estamos todos. –Anunció ella.
- Bien. –dijo Vila- Como nosotros, al igual que vosotros, queremos acabar pronto con esto, iremos al grano. Pero para eso necesito que me ayudéis. Más tarde hablaré con vuestros padres, pero ahora lo que más me interesa es hablar con vosotros. Primero, os haré unas preguntas en grupo, las cuales quiero que contestéis inmediatamente.
Los jóvenes asintieron. Raúl se estaba secando aún las lágrimas con un pañuelo.
- ¿Quiénes conocieron a la víctima antes de morir? –Comenzó Vila.
- Yo lo conocía de vista. Mi hermano nos lo presentó a mi amigo Alejandro y a mí antes de la cena. Creo que Nery estaba con nosotros. –Afirmó Elia.
- Así es. –Confirmó la aludida- Yo estuve hablando un poco con él antes de volver a la otra parte de la casa para cenar.
Estévez apuntó las respuestas sentado en una mesa cercana.
- Y los que le conocíais… ¿Cuándo fue la última vez que visteis a Oscar con vida?
- Yo lo vi aquí en casa, antes de irme con mi hermana a por su bikini. Decidí acompañarla. –Dijo Raúl.
- Eso fue a eso de las once menos algo. La última vez que lo vi con vida fue también antes de irme con mi hermano. A esa misma hora. –Elia suscribió lo dicho por su hermano.
Al llegarle el turno a Alejandro, miró por encima del hombro de Vila, haciendo memoria.
- Oscar se fue a la calle después de que se marcharan Elia y Raúl a la piscina a por el bikini. Yo oí desde mi cuarto la puerta de la calle. La última vez que yo lo vi con vida fue cuando estaba intentando dormir, y oí un ruido en mi ventana. Al asomarme, estaba Oscar en la entrada de la casa, parecía que había tirado un chino a mi ventana. Cuando me vio, salió corriendo, fuera de La Boreal.
- Yo lo vi desde la ventana del salón de los Valverde, -respondió Nery- Vi a un chico con un chándal blanco y una gorra, y recordé que era Oscar, el que me habían presentado hace un rato. Había cogido algo del suelo, y lo tiró a una de las ventanas de la zona de los Alcalá. Me asomé unos segundos después, pero ya no estaba.
El policía alzó la barbilla, muy interesado por lo que estaba escuchando.
- ¿A qué hora fue eso? –Preguntó.
- Eso sucedió a las once y media. –Respondió Alejandro con mucha seguridad- Yo estaba intentando dormir cuando oí el choque de algo contra mi cristal. En uno de esos momentos miré el reloj.
Alejandro miró de soslayo a Nery.
- Sí, -dijo ella- eran las once y media, pasadas, creo. Yo estaba viendo la televisión, esperando a que Emma bajara. Se estaba maquillando. Ella bajó a los pocos minutos. Fue bajar ella, y Christian y Claude llamaron al portero automático.
Vila miró a Estévez, que asintió devolviéndole la mirada, y apuntando los datos en sus escritos.
- Bien. –dijo el policía, que llevaba la voz cantante- En primer lugar me gustaría entrevistarme con Raúl Alcalá, que fue quién invitó a Oscar a venir a esta casa. Elia, Enrique, agradecería que hablarais con vuestros padres para comunicarles la noticia. Supongo que lo haréis con discreción. Estévez se encargará de avisar a los padres de Oscar. ¿Dónde podría mantener una entrevista con tranquilidad?
Elia le indicó una salita con una mesa, que en otro tiempo fue la terraza, pero que estaba cerrada al exterior. Vila le hizo pasar a un compungido Raúl, y cerró la cristalera de la salita.
El policía supo llevar la entrevista con mucho tacto. El pequeño de los Alcalá estaba muy afectado por la muerte de su amigo, pero sus respuestas no tardaron el llegar.
Oscar Zazo le había insistido mucho a su amigo para que, en vez de irse a otra ciudad con más habitantes, fueran ese fin de semana a La Boreal. Al parecer, su amigo ya había ido una vez, y el sitio le encantó.
- ¿Tenía previsto Oscar hacer algo concreto aquí?
- No. La verdad es que no teníamos pensado hacer nada. Sólo comprobar si era verdad lo que él pensaba.
- ¿Qué era lo que pensaba Oscar, Raúl? –Preguntó Vila.
- Oscar se había enterado de que mi hermana estaba saliendo con un compañero suyo que se llamaba Alejandro. No tardó en decírmelo. Cuando me comentaron mis padres que Elia se iba a venir con un amigo suyo llamado Alex a La Boreal, Oscar me dijo que teníamos que aprovechar ese fin de semana para ir a la playa. De camino, pillaríamos a mi hermana con ese chico.
Vila escuchó al chaval, descubriendo su carácter conforme hablaba. Raúl Alcalá era alguien fácilmente maleable por una personalidad superior a la suya. No le fue difícil imaginar que Oscar buscó una buena excusa para que su amigo se lo llevara a La Boreal.
Ignoraba si la historia que contaba Oscar fuese cierta o falsa, pero no veía probable que detrás de ese asesinato se escondiera el mantener en secreto una relación así.
- Cuéntame que hiciste esta noche. Por orden.
Raúl cogió aire y miró al techo.
- Después de cenar, me fui a por un vaso de té helado. Me lo bebí de un trago, estaba muerto de sed. Luego, mi hermana dijo que tenía que ir a la piscina, a recoger el bikini que se había dejado allí. Me ofrecí a acompañarla y ella aceptó.
- ¿A qué hora fue eso?
- Creo que faltaba poco para que dieran las once.
- Continua.
- Salimos de la casa y dejamos la puerta abierta. Nos dirigimos a la piscina, y allí mi hermana cogió su bikini, mientras yo la observaba sentado en una de las tumbonas. –Vila le hizo otra pregunta- No, el bikini no estaba en el vestuario, sino en el tendedero. El tendedero está antes de llegar al vestuario. De repente mi hermana lanzó una exclamación, y se metió en el vestuario. Salió a los diez segundos, con uno de sus punzones para el pelo. Me dijo que lo estaba buscando, que era el que le iba a dejar a su amiga esa noche.
- ¿Y después?
- Mi hermana y yo volvimos juntos hasta la entrada. Allí, yo abrí la puerta para entrar a la casa, y mi hermana llamó a la parte de los Valverde, para hablar con sus amigas y darle el punzón a una de ellas.
- ¿Cuánto tardasteis en ir y volver de la piscina? –Preguntó Vila.
- No más de diez minutos. Cuando entré en la casa, Alejandro me dijo que Oscar había salido. Me dijo que oyó la puerta de la calle.
- Eso… ¿te extrañó?
- No… no… para nada. Antes de irme con mi hermana le comenté a Oscar que lo mismo no iba a salir esa noche. Había escuchado a Alejandro diciendo que se iba a quedar, y eso me daba mala espina, así que me quedé yo también. Al enterarme de que se había ido solo, pensé que iría al encuentro de algunos de los amigos que le presenté cuando llegamos.
- Y te fuiste a la cama…
- Me fui a mi cuarto cuando llegó mi hermana, a eso de las once y diez minutos. Me dormí en seguida.
- ¿No te despertaron los ruidos de unos chinos en tu ventana?
- No. No oí nada. Sencillamente cerré los ojos y me quedé dormido, hasta que me despertó mi hermana a eso de las tres… creo.
- ¿Por qué te despertó a esas horas? –Preguntó extrañado el policía.
- No lo sé. Estaba medio soñando cuando lo hizo. Sólo me acuerdo que me preguntó por Oscar. Iba a dormir en la otra cama de mi cuarto. Su cama estaba vacía.
Vila se dio por satisfecho con la declaración de Raúl Alcalá, y lo despidió, dándole el recado de que avisara a su hermana para que fuese a su encuentro.
Al salir el chico, Estévez se coló deprisa en la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
- Ya he avisado a los señores Zazo. Vienen para acá, así como los Alcalá y los Valverde. En una hora y cuarto estarán aquí.
Vila dio su conformidad, y se fue de allí. Al minuto, Elia apareció en la cristalera.
- ¿Me llamaba?
- Así es, por favor, siéntese.
El policía oteó el aspecto de Elia Alcalá, definiéndola a grandes rasgos mientras ella cerraba la cristalera y se sentaba delante suya.
Tenía unos veinte años bien cumplidos. Aunque había dormido poco, parecía serena y tranquila. Su rostro era bonito y atractivo, y la melena oscura estaba recogida en una coleta por encima de la nuca. Su mirada demostraba madurez y responsabilidad. Era, sin lugar a dudas, el prototipo de hermana mayor.
- Usted verá por dónde quiere empezar. –Dijo ella, acercando su silla a la mesa y colocando sus manos en el regazo.
- Necesito que me resumas tus movimientos esta noche, con el mayor rigor cronológico posible.
Elia cogió aire e hizo memoria, como antes había hecho su hermano.
- Cenamos a las diez… y algo. No lo recuerdo bien. Estuvimos un buen rato los cuatro sentados delante del televisor. A eso de las once menos diez, recordé que me había dejado mi bikini en el tendedero de la piscina. No es por nada, pero alguien podría colarse por la noche y llevarse algunas de las cosas que nos solemos dejar allí. Decidí ir a por él, y mi hermano se ofreció a acompañarme. Cuando estaba cogiendo el bikini, me acordé que tenía un punzón dentro del vestuario. Como era el que pensaba dejarle a Nery, la invitada de los Valverde, pues me alargué a por él. Lo encontré en seguida. Acompañé a mi hermano a la puerta de la casa, y entonces, mientras que él subía, yo llamé a la parte de los Valverde. Me abrió Nery. Estuve un rato hablando con ella, y le di el punzón. Cuando salí me fijé en la hora. Eran las once y diez. Volví a mi casa en seguida, y hablé un rato con Alex y con mi hermano. Oscar no estaba ya en casa. Cuando Alex y Raúl se fueron a la cama, yo empecé a arreglarme en el cuarto de baño que compartimos mi hermano y yo. Primero me duché, luego me vestí. Me estaba secando el pelo cuando por poco se me cae un estante encima. Eran las once y media, lo miré en mi reloj de pulsera. Entonces, de improviso, vino Alejandro, y me ayudó en lo que pudo. Aún así, se nos cayeron algunas cosas al suelo. Pero mi hermano no se despertó.
- Sigue, -animó Vila.
- Vinieron a recogerme, y salimos de La Boreal sobre medianoche. Estuvimos de marcha, hasta que me empecé a preocupar por mi hermano. No se había despertado con todo el escándalo que montamos, y pensé lo primero que me vino a la cabeza. Así que convencí a Nery y a Enrique, y fuimos a mi casa. Al ver que a mi hermano no le pasaba nada, y por haberles chafado la fiesta, les invité a tomar algo. Estuvimos charlando sin armar jaleo hasta que llegaron Christian y Emma. Nery y Enrique se fueron con ellos. Yo recogí las cosas para irme a la cama, y estaba a punto de entrar en ella, cuando alguien llamó a la puerta. Era Christian. Estaba muy alterado. Habían encontrado el cuerpo de Oscar en el vestuario de nuestra piscina.
Vila estuvo todo el rato tomando nota de la declaración de Elia en un bloc. Cuando ella acabó, dejó el bolígrafo encima de la mesa, y se cruzó de brazos.
- ¿Los Valverde y los Alcalá compartís la misma piscina?
- Desde siempre. –Respondió Elia.
- ¿No notaste nada extraño allí, cuando fuiste a por el punzón al vestuario?
- Nada. Todo estaba como siempre.
- ¿A que hora llegaste a La Boreal acompañada de Enrique y de Nery?
- Sería sobre las tres de la mañana, pero no lo recuerdo bien.
- ¿Viste a Oscar Zazo anteriormente? –Preguntó Vila.
- Antes dije que lo conocía de vista, como uno de los amigos de mi hermano. Pero fue ayer tarde cuando Raúl me lo presentó por primera vez. Antes no habíamos hablado nunca. Supongo que él también me conocía de vista a mi, por el mismo motivo que yo.
- Bien. –Finalizó el policía- Eso es todo. Muchas gracias, señorita Alcalá. ¿Podrías avisar a tu amigo? Al joven que has invitado a esta casa.
Elia se despidió con una leve sonrisa y salió de allí. Alejandro, que estaba dormitando encima de uno de los sofás, fue despertado por su amiga, que le sacudió dulcemente el hombro.
A su vez, en la pequeña habitación, Vila pensaba. Oscar Zazo… había convencido a su amigo para ir a La Boreal. Eso quiere decir que había un motivo.
- Un motivo para venir aquí… –murmuró el policía- …y morir.
En el coche de refuerzo habían venido unos cuantos agentes más. Todos ellos se quedaron con los sospechosos, dentro de La Boreal. Vila y Estévez se fueron a la piscina de la casa, dónde aún estaba el cadáver.
Vila abrió con el llavín que el forense le había dado antes de irse. Entraron por un sendero hasta que, doblando por una zona donde el seto se cortaba, entraron al lugar del crimen.
La lógica de Vila trabajó muy rápido al llegar al cuerpo de Oscar Zazo. Apuñalado en el pecho, con el punzón que Olmedo se había llevado. Efectivamente, lo habían matado dentro de la caseta, y en su agonía la víctima había reptado hasta donde empezaba el césped.
La sangre, ya seca, marcaba tanto el lugar del ataque, como el lugar donde cayó muerto. Sin embargo, alrededor de sí, no había rastro de huellas. En el césped, cerca del cadáver, había una zona con restos de sangre, pero supuso que allí era donde había encontrado el forense el arma del crimen.
Llegaron los encargados del tanatorio, y los policías abandonaron la piscina. Se presentaron de nuevo al salón de los Alcalá, donde esperaban los jóvenes, con una profunda serenidad la mayoría de ellos. Vila notó en seguida la huidiza mirada de Emma Valverde. ¿A qué se debería?
- Señorita, -le anunció a Elia- vamos a empezar a hacerles las preguntas oportunas. Me parece que es el momento de despertar a su amigo y a su hermano.
Elia asintió firmemente y subió las escaleras. Hasta llegar al cuarto de Alejandro. Llamó con los nudillos antes de entrar. Estaba empezando a amanecer, y la luz comenzaba a iluminar la habitación.
Alejandro dormía con una expresión tranquila, ausente a todo lo que había pasado hasta ahora. Elia, con mucho cuidado, agitó suavemente su cuerpo. Después de insistir un poco, empezó a moverse suavemente debajo de la sábana.
A diferencia de cómo le ocurre a mucha gente, cuando su amigo abrió los ojos, pareció tener al momento una expresión lúcida. Eran cerca de las seis, pero había dormido tan bien, que no había tenido problema en despertarse.
- ¿Qué ocurre?
- Alguien ha asesinado al amigo de mi hermano en la piscina.
A Alejandro se le salieron los ojos de sus órbitas, más tarde frunció el ceño.
- A… ¿Oscar?
- Sí. A Oscar. Vístete rápido. La policía ha llegado hace un rato. Quieren que estemos todos abajo. Tengo que avisar todavía a mi hermano.
Alejandro acató la orden de su amiga. Al minuto ya estaba vestido, bajando con Elia las escaleras hasta llegar al salón. No pensaba en nada, tenía la mente en blanco. Tuvo la misma sensación que tuvo meses atrás, cuando una chica murió envenenada delante suya.
Después de bajar los escalones, llegó al salón. Todas las miradas se giraron hacia él. Alejandro reconoció a Enrique, a Christian, más pálidos. A Nery, que aún estaba maquillada y más seria de lo que nunca la volvería a ver. Emma estaba muy preocupada. Fue la última en percatarse de la llegada del amigo de Elia, y sólo lo saludó levantando ligeramente las cejas.
Alejandro saludó formalmente a los dos policías. Vila sonrió al joven al estrecharle la mano, y le invitó a sentarse en el sofá con sus amigos.
Sentado entre Christian y Enrique, ambos le explicaron a grandes rasgos a Alejandro lo que había sucedido. Seguía pareciéndole increíble, pero, por lo que veía, no era el único que tenía la sensación de estar aún soñando.
Ese amanecer, sentados frente a los policías, parecía tener una molesta carga de surrealismo.
Unos lloros se oyeron desde una de las habitaciones. Se calmaron casi en seguida. Entraron al comedor Elia y su hermano, un Raúl con los ojos hinchados.
- Ya estamos todos. –Anunció ella.
- Bien. –dijo Vila- Como nosotros, al igual que vosotros, queremos acabar pronto con esto, iremos al grano. Pero para eso necesito que me ayudéis. Más tarde hablaré con vuestros padres, pero ahora lo que más me interesa es hablar con vosotros. Primero, os haré unas preguntas en grupo, las cuales quiero que contestéis inmediatamente.
Los jóvenes asintieron. Raúl se estaba secando aún las lágrimas con un pañuelo.
- ¿Quiénes conocieron a la víctima antes de morir? –Comenzó Vila.
- Yo lo conocía de vista. Mi hermano nos lo presentó a mi amigo Alejandro y a mí antes de la cena. Creo que Nery estaba con nosotros. –Afirmó Elia.
- Así es. –Confirmó la aludida- Yo estuve hablando un poco con él antes de volver a la otra parte de la casa para cenar.
Estévez apuntó las respuestas sentado en una mesa cercana.
- Y los que le conocíais… ¿Cuándo fue la última vez que visteis a Oscar con vida?
- Yo lo vi aquí en casa, antes de irme con mi hermana a por su bikini. Decidí acompañarla. –Dijo Raúl.
- Eso fue a eso de las once menos algo. La última vez que lo vi con vida fue también antes de irme con mi hermano. A esa misma hora. –Elia suscribió lo dicho por su hermano.
Al llegarle el turno a Alejandro, miró por encima del hombro de Vila, haciendo memoria.
- Oscar se fue a la calle después de que se marcharan Elia y Raúl a la piscina a por el bikini. Yo oí desde mi cuarto la puerta de la calle. La última vez que yo lo vi con vida fue cuando estaba intentando dormir, y oí un ruido en mi ventana. Al asomarme, estaba Oscar en la entrada de la casa, parecía que había tirado un chino a mi ventana. Cuando me vio, salió corriendo, fuera de La Boreal.
- Yo lo vi desde la ventana del salón de los Valverde, -respondió Nery- Vi a un chico con un chándal blanco y una gorra, y recordé que era Oscar, el que me habían presentado hace un rato. Había cogido algo del suelo, y lo tiró a una de las ventanas de la zona de los Alcalá. Me asomé unos segundos después, pero ya no estaba.
El policía alzó la barbilla, muy interesado por lo que estaba escuchando.
- ¿A qué hora fue eso? –Preguntó.
- Eso sucedió a las once y media. –Respondió Alejandro con mucha seguridad- Yo estaba intentando dormir cuando oí el choque de algo contra mi cristal. En uno de esos momentos miré el reloj.
Alejandro miró de soslayo a Nery.
- Sí, -dijo ella- eran las once y media, pasadas, creo. Yo estaba viendo la televisión, esperando a que Emma bajara. Se estaba maquillando. Ella bajó a los pocos minutos. Fue bajar ella, y Christian y Claude llamaron al portero automático.
Vila miró a Estévez, que asintió devolviéndole la mirada, y apuntando los datos en sus escritos.
- Bien. –dijo el policía, que llevaba la voz cantante- En primer lugar me gustaría entrevistarme con Raúl Alcalá, que fue quién invitó a Oscar a venir a esta casa. Elia, Enrique, agradecería que hablarais con vuestros padres para comunicarles la noticia. Supongo que lo haréis con discreción. Estévez se encargará de avisar a los padres de Oscar. ¿Dónde podría mantener una entrevista con tranquilidad?
Elia le indicó una salita con una mesa, que en otro tiempo fue la terraza, pero que estaba cerrada al exterior. Vila le hizo pasar a un compungido Raúl, y cerró la cristalera de la salita.
El policía supo llevar la entrevista con mucho tacto. El pequeño de los Alcalá estaba muy afectado por la muerte de su amigo, pero sus respuestas no tardaron el llegar.
Oscar Zazo le había insistido mucho a su amigo para que, en vez de irse a otra ciudad con más habitantes, fueran ese fin de semana a La Boreal. Al parecer, su amigo ya había ido una vez, y el sitio le encantó.
- ¿Tenía previsto Oscar hacer algo concreto aquí?
- No. La verdad es que no teníamos pensado hacer nada. Sólo comprobar si era verdad lo que él pensaba.
- ¿Qué era lo que pensaba Oscar, Raúl? –Preguntó Vila.
- Oscar se había enterado de que mi hermana estaba saliendo con un compañero suyo que se llamaba Alejandro. No tardó en decírmelo. Cuando me comentaron mis padres que Elia se iba a venir con un amigo suyo llamado Alex a La Boreal, Oscar me dijo que teníamos que aprovechar ese fin de semana para ir a la playa. De camino, pillaríamos a mi hermana con ese chico.
Vila escuchó al chaval, descubriendo su carácter conforme hablaba. Raúl Alcalá era alguien fácilmente maleable por una personalidad superior a la suya. No le fue difícil imaginar que Oscar buscó una buena excusa para que su amigo se lo llevara a La Boreal.
Ignoraba si la historia que contaba Oscar fuese cierta o falsa, pero no veía probable que detrás de ese asesinato se escondiera el mantener en secreto una relación así.
- Cuéntame que hiciste esta noche. Por orden.
Raúl cogió aire y miró al techo.
- Después de cenar, me fui a por un vaso de té helado. Me lo bebí de un trago, estaba muerto de sed. Luego, mi hermana dijo que tenía que ir a la piscina, a recoger el bikini que se había dejado allí. Me ofrecí a acompañarla y ella aceptó.
- ¿A qué hora fue eso?
- Creo que faltaba poco para que dieran las once.
- Continua.
- Salimos de la casa y dejamos la puerta abierta. Nos dirigimos a la piscina, y allí mi hermana cogió su bikini, mientras yo la observaba sentado en una de las tumbonas. –Vila le hizo otra pregunta- No, el bikini no estaba en el vestuario, sino en el tendedero. El tendedero está antes de llegar al vestuario. De repente mi hermana lanzó una exclamación, y se metió en el vestuario. Salió a los diez segundos, con uno de sus punzones para el pelo. Me dijo que lo estaba buscando, que era el que le iba a dejar a su amiga esa noche.
- ¿Y después?
- Mi hermana y yo volvimos juntos hasta la entrada. Allí, yo abrí la puerta para entrar a la casa, y mi hermana llamó a la parte de los Valverde, para hablar con sus amigas y darle el punzón a una de ellas.
- ¿Cuánto tardasteis en ir y volver de la piscina? –Preguntó Vila.
- No más de diez minutos. Cuando entré en la casa, Alejandro me dijo que Oscar había salido. Me dijo que oyó la puerta de la calle.
- Eso… ¿te extrañó?
- No… no… para nada. Antes de irme con mi hermana le comenté a Oscar que lo mismo no iba a salir esa noche. Había escuchado a Alejandro diciendo que se iba a quedar, y eso me daba mala espina, así que me quedé yo también. Al enterarme de que se había ido solo, pensé que iría al encuentro de algunos de los amigos que le presenté cuando llegamos.
- Y te fuiste a la cama…
- Me fui a mi cuarto cuando llegó mi hermana, a eso de las once y diez minutos. Me dormí en seguida.
- ¿No te despertaron los ruidos de unos chinos en tu ventana?
- No. No oí nada. Sencillamente cerré los ojos y me quedé dormido, hasta que me despertó mi hermana a eso de las tres… creo.
- ¿Por qué te despertó a esas horas? –Preguntó extrañado el policía.
- No lo sé. Estaba medio soñando cuando lo hizo. Sólo me acuerdo que me preguntó por Oscar. Iba a dormir en la otra cama de mi cuarto. Su cama estaba vacía.
Vila se dio por satisfecho con la declaración de Raúl Alcalá, y lo despidió, dándole el recado de que avisara a su hermana para que fuese a su encuentro.
Al salir el chico, Estévez se coló deprisa en la habitación, cerrando la puerta tras de sí.
- Ya he avisado a los señores Zazo. Vienen para acá, así como los Alcalá y los Valverde. En una hora y cuarto estarán aquí.
Vila dio su conformidad, y se fue de allí. Al minuto, Elia apareció en la cristalera.
- ¿Me llamaba?
- Así es, por favor, siéntese.
El policía oteó el aspecto de Elia Alcalá, definiéndola a grandes rasgos mientras ella cerraba la cristalera y se sentaba delante suya.
Tenía unos veinte años bien cumplidos. Aunque había dormido poco, parecía serena y tranquila. Su rostro era bonito y atractivo, y la melena oscura estaba recogida en una coleta por encima de la nuca. Su mirada demostraba madurez y responsabilidad. Era, sin lugar a dudas, el prototipo de hermana mayor.
- Usted verá por dónde quiere empezar. –Dijo ella, acercando su silla a la mesa y colocando sus manos en el regazo.
- Necesito que me resumas tus movimientos esta noche, con el mayor rigor cronológico posible.
Elia cogió aire e hizo memoria, como antes había hecho su hermano.
- Cenamos a las diez… y algo. No lo recuerdo bien. Estuvimos un buen rato los cuatro sentados delante del televisor. A eso de las once menos diez, recordé que me había dejado mi bikini en el tendedero de la piscina. No es por nada, pero alguien podría colarse por la noche y llevarse algunas de las cosas que nos solemos dejar allí. Decidí ir a por él, y mi hermano se ofreció a acompañarme. Cuando estaba cogiendo el bikini, me acordé que tenía un punzón dentro del vestuario. Como era el que pensaba dejarle a Nery, la invitada de los Valverde, pues me alargué a por él. Lo encontré en seguida. Acompañé a mi hermano a la puerta de la casa, y entonces, mientras que él subía, yo llamé a la parte de los Valverde. Me abrió Nery. Estuve un rato hablando con ella, y le di el punzón. Cuando salí me fijé en la hora. Eran las once y diez. Volví a mi casa en seguida, y hablé un rato con Alex y con mi hermano. Oscar no estaba ya en casa. Cuando Alex y Raúl se fueron a la cama, yo empecé a arreglarme en el cuarto de baño que compartimos mi hermano y yo. Primero me duché, luego me vestí. Me estaba secando el pelo cuando por poco se me cae un estante encima. Eran las once y media, lo miré en mi reloj de pulsera. Entonces, de improviso, vino Alejandro, y me ayudó en lo que pudo. Aún así, se nos cayeron algunas cosas al suelo. Pero mi hermano no se despertó.
- Sigue, -animó Vila.
- Vinieron a recogerme, y salimos de La Boreal sobre medianoche. Estuvimos de marcha, hasta que me empecé a preocupar por mi hermano. No se había despertado con todo el escándalo que montamos, y pensé lo primero que me vino a la cabeza. Así que convencí a Nery y a Enrique, y fuimos a mi casa. Al ver que a mi hermano no le pasaba nada, y por haberles chafado la fiesta, les invité a tomar algo. Estuvimos charlando sin armar jaleo hasta que llegaron Christian y Emma. Nery y Enrique se fueron con ellos. Yo recogí las cosas para irme a la cama, y estaba a punto de entrar en ella, cuando alguien llamó a la puerta. Era Christian. Estaba muy alterado. Habían encontrado el cuerpo de Oscar en el vestuario de nuestra piscina.
Vila estuvo todo el rato tomando nota de la declaración de Elia en un bloc. Cuando ella acabó, dejó el bolígrafo encima de la mesa, y se cruzó de brazos.
- ¿Los Valverde y los Alcalá compartís la misma piscina?
- Desde siempre. –Respondió Elia.
- ¿No notaste nada extraño allí, cuando fuiste a por el punzón al vestuario?
- Nada. Todo estaba como siempre.
- ¿A que hora llegaste a La Boreal acompañada de Enrique y de Nery?
- Sería sobre las tres de la mañana, pero no lo recuerdo bien.
- ¿Viste a Oscar Zazo anteriormente? –Preguntó Vila.
- Antes dije que lo conocía de vista, como uno de los amigos de mi hermano. Pero fue ayer tarde cuando Raúl me lo presentó por primera vez. Antes no habíamos hablado nunca. Supongo que él también me conocía de vista a mi, por el mismo motivo que yo.
- Bien. –Finalizó el policía- Eso es todo. Muchas gracias, señorita Alcalá. ¿Podrías avisar a tu amigo? Al joven que has invitado a esta casa.
Elia se despidió con una leve sonrisa y salió de allí. Alejandro, que estaba dormitando encima de uno de los sofás, fue despertado por su amiga, que le sacudió dulcemente el hombro.
A su vez, en la pequeña habitación, Vila pensaba. Oscar Zazo… había convencido a su amigo para ir a La Boreal. Eso quiere decir que había un motivo.
- Un motivo para venir aquí… –murmuró el policía- …y morir.

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