6/09/2005

CAPÍTULO XV: Cambio de planes

A raíz de las sospechas causadas por la muerte de Oscar, se produce una tensión muy fuerte entre Enrique Valverde y Alejandro Sabatini. Mientras tanto, en Granada, el inspector Legraine va a realizar el registro de la habitación de Oscar Zazo.






Aunque al principio la situación en la terraza fue tensa, más tarde la cosa se tranquilizó un poco. Entre Alejandro y Enrique, al final la sangre no llegó al río.
Era ya la hora de comer. Los Alcalá invitaron a los Sabatini a un restaurante de Gailón.
En una mesa estaban sentados sus padres. En la otra, Elia, Raúl y Alejandro.
Como si hubieran decidido olvidarse por un momento de los desagradables acontecimientos de la noche anterior, el ambiente fue muy agradable.
Raúl, que parecía haberle perdonado todo a Alex, no paraba de hacer chistes. Alejandro agradecía que el hermano de Elia se comportara con él de un modo natural. Elia también estaba contenta por el trato de su hermano hacia su mejor amigo.
A la altura del segundo plato, alguien llamó a Alex por el móvil. Se trataba de René Legraine. El chico no tardó en disculparse y salir del comedor del restaurante para atender la llamada.
- Hola René. ¿Qué ocurre?
- Cambio de planes. –Anunció el joven detective.
- ¿Qué ocurre?
- ¿Te acuerdas de mi tío, el teniente Legraine?
Alejandro respondió que así era.
- Viene esta noche a Motril. Se va a alojar en el Valencia, el hotel que hay por el centro. Quiere que tú y yo nos quedemos un día más. Nos ha pedido una habitación doble para los dos. Está interesado en que le acompañe a La Boreal, y quiere que vayas tú también.
- ¿Cómo? –La confusión de Alejandro era evidente- ¿Es que tu tío está ahora encargado del caso?
- Algo así. Esta tarde te lo contaré mejor. Por cierto, con respecto a eso, he cambiado de idea. Nos veremos a las cinco, en la playa de la Aurora. Si alguno de tus amigos quiere venir, tanto mejor.
- La mayoría van a volver a Granada.
- ¡Oh! … entiendo. De todas maneras, si se me ocurren algunas preguntas, tú las harás por mi cuando vayas a Granada.
Con un gesto de desilusión, Alejandro quiso comentarle a René que no se veía con confianza suficiente como para dirigirle preguntas a Enrique Valverde.
- Estaremos poco tiempo en la playa, -continuó René- en cuanto estemos de vuelta, si aún no hemos encontrado al asesino, continuaremos con la investigación. Si quieres que te diga la verdad, lo que me intriga más en estos momentos es ver por dentro La Boreal.
- ¿Cuándo has dicho que llega tu tío?
- Llegará a Motril a eso de las ocho de la tarde. Quiere recogerme luego en Almuñecar, así que para entonces debo tener la maleta hecha. Desde que se vayan tus padres a Granada hasta que llegue mi tío, estaremos en Almuñecar. Dormiremos en el Valencia esta noche, y mañana por la noche. Al día siguiente, estaremos en Granada a primer ahora.
- Estupendo.
- Mi tío ha hablado con mis padres, y quiere hablar con los tuyos después de comer, según me ha comunicado.
Alejandro estuvo pensando unos instantes. ¿acaso no iba a acabar resultando un estorbo? René le quitó pronto esa idea de la cabeza.
- Si hace eso es para protegerte. Tú, como el resto de sospechosos, estáis en el punto de mira de la policía. Allí en Granada, no les van a quitar el ojo de encima ni a los Alcalá ni a los Valverde. Ni siquiera a esa chica tan simpática… ¿Mery?
- Nery. Se llamaba Nery.
- ¿De donde viene Nery?
- De Enriqueta, creo, -aclaró Alejandro- es una especie de apócope un tanto desordenado. Debería ser Enri, pero más fácil para la pronunciación resulta colocar la N delante.
Después de la aclaración, René volvió al asunto que le preocupaba.
- A la policía de Motril le ha parecido estupendo que mi tío se encargue de vigilarte. No es que él crea que seas culpable, todo lo contrario, confía en tu inocencia tanto como yo. Pero eres un testigo de primera mano de lo que ha ocurrido, y también mi tío quiere agradecer de esa manera que acudieras a mi cuando murió María Valente. Además, él piensa que quién ha matado una vez, puede hacerlo otra.
- En todo caso, -Alejandro se sentó en un banco enfrente del restaurante- todo está aún muy confuso. Nosotros sabemos poco, pero me da la sensación, por cómo he visto a la policía esta mañana, que ellos saben lo mismo.
René sonreía ante el pesimismo de su amigo.
- ¿Y en que te crees que está ayudando mi tío? Esta tarde, antes de irse a Motril, registrará la habitación de Oscar. Lo más probable es que allí pueda encontrar alguna buena pista. Cuando acabé, llevará lo que encuentre a Vila.
- ¿Vila? Ese fue el policía que me interrogó esta mañana. Uf…
Alejandro frunció el ceño, preocupado.
- ¿Qué pasa?
- Estoy preocupado por lo del dormitol. Debí decírselo a Vila cuando hablé con él, pero se me pasó. Quizá eso cobre mucha importancia conforme avance la investigación.
- En cuanto a eso, -dijo René- yo creo que sé lo que pasó.
- ¿Ah sí? – A Alejandro le resultó un tanto molesta la seguridad con la que hablaba su amigo- ¿Y qué fue lo que pasó?
- Tu sobre de dormitol, el que ya estaba abierto, lo cogió Oscar Zazo. Si él y Raúl vinieron juntos, lo lógico es que no se habrían separado el uno del otro. Sin embargo, Alejandro, según lo que contabas, antes de marcharse con su hermana, Raúl le dijo a su hermano que estaba muy cansado.
Su interlocutor afirmó lentamente con la cabeza, comenzando a entender lo que René le hizo ver.
- ¡Claro! Eso no es normal. Si los dos habían ido allí, era para pasárselo bien. ¿A santo de qué se iba a ir tan pronto Raúl a la cama? Eso quiere decir que él se tomó el otro sobre, y que se lo dio Oscar…
- …Para tener el campo libre esa noche. Supongo que a esas alturas, ya sabía dónde y cuándo había quedado con la persona que lo asesinó. Por lo visto, después de cenar, Oscar aprovechó el encargo de Elia. En la cocina, debió de rasgar el sobre de dormitol, verterlo en la botella de té frío, y removerlo. Así, cuando a Raúl le dio sed al ver los refrescos, decidió tomarse la botella de té. Tú me has dicho esta mañana que Raúl prefería el té a los refrescos, y que Oscar ya conocía los efectos del dormitol. Como buen amigo suyo, Oscar estaría al tanto de los gustos de su amigo.
- ¿Qué sentido tiene entonces que a eso de las once y media, Oscar llegara a La Boreal para despertar a Raúl Alcalá?
El francés arqueó las cejas, y no tuvo tiempo de responder a su amigo. Nicolás le llamaba, para marcharse a comer. Se despidió de Alejandro a la francesa, prometiendo seguir con la investigación por la tarde.
Su amigo volvió a entrar en restaurante, sentándose con Elia y con Raúl. Ella le preguntó quién le había llamado. Alejandro se encargo de recordarle quién era René.
Raúl, al escuchar que se trataba de un detective aficionado, se vio inesperadamente interesado.
- Oscar trabajaba en una agencia de detectives. Se llamaba Onnyx.
- ¿Se lo has dicho a la policía, Raúl? –Preguntó Elia, sorprendida por la noticia.
- No.
- ¿Por qué? –Quiso saber Alejandro, mientras se acaba una merluza que ya estaba fría.
El hermano de Elia miró al suelo, visiblemente afectado.
- Le prometí que no se lo diría a nadie. Su jefe hablará con la policía, supongo que ya se habrá enterado. Él se lo dirá todo, yo no tuve ganas de complicarme las cosas.
Raúl se equivocaba. En realidad, Gabriel BAUNT, el responsable del ala de Onnyx donde trabajaba Oscar, no se enteraría de la muerte de su empleado hasta el día siguiente.
- Me hubiera gustado mucho conocer a René, -dijo Elia con una amable sonrisa- pero ya sabes cómo estaba. Llevaba toda la noche en vela, necesitaba dormir un poco. Cuando terminé de hablar con Estévez, me fui a la cama y caí rendida. Ha sido una noche muy larga.
- Es curioso, -intervino Raúl- unos durmiendo tan poco, y otros demasiado. ¿Sabéis que tengo un dolor de cabeza horrible? Debe ser de dormir .
El amigo de Elia dio un ligero respingo, y procuró que su sorpresa no le delatara. A él también le dolía un poco la cabeza. La noche anterior, al leer el prospecto del dormitol, supo que era uno de los efectos secundarios que se podían manifestar después de su uso.
Perdido estaba en sus pensamientos Alejandro, cuando alguien llamó al móvil del señor Sabatini. Al contrario que su hijo, él respondió sentado donde estaba.
El teniente Legraine trató de modo amable al padre de Alejandro. Desde hacía tiempo, la relación entre el matrimonio y el policía era buena, así que cuando Legraine le propuso su idea de que Alejandro le acompañara a su inspección de La Boreal, el señor Sabatini no puso ninguna pega. Al tío de René no le hizo falta mentar el acoso que la policía efectuaría a los que estuvieron la noche anterior en la casa.
Después de colgar, y hablarlo con la señora Sabatini, Alejandro fue llamado por su padre. Mostró su acuerdo con la decisión del policía amigo de la familia, y aclaró que la llamada que había recibido antes era de René, hablándole del asunto.

Eran ya las cinco de la tarde. Los padres de Alejandro acababan de marcharse con los Alcalá. Elia le prometió a su amigo que se verían en cuanto él llegara de nuevo a Granada.
Alejandro se despidió de Raúl de un modo amable. Le hizo ver que le perdonaba por completo la actitud que tuvo al principio el hermano de Elia con él.
Antes de dirigirse a la playa, Alejandro sintió a alguien detrás suya cuando abría la verja de La Boreal. Era Enrique Valverde.
- Necesito hablar contigo.
Alejandro se cruzó de brazos.
- ¿Qué ocurre?
- Verás… -un cierto embarazo parecía haberle tomado- Alex… quería pedirte perdón. He estado hablando en la comida con mis padres y con Emma, y me he dado cuenta de que mi forma de comportarme contigo ha sido absurda. No debí de haberte tratado así, tan sólo porque no te conocía.
Aceptó Alejandro las disculpas de Enrique con una sonrisa. No quiso darle más importancia al asunto, pero se extrañó al ver aún allí al mayor de los Valverde.
- ¿No os vais a Granada? –Preguntó.
- Que va. Nos vamos a quedar un par de días más. Mis padres han hablado con Vila y con Estévez, y han acordado colaborar con ellos en lo posible. Pero son tan cabezones, que aseguran que si vinieron un par de días para descansar, se quedarán. Obviamente, mi hermana y yo no vamos a dejarles solos.
- ¿Y Nery?
- Ella si se va camino de Granada. –Enrique le miró con curiosidad- ¿tú a dónde vas?
- A la playa, he quedado allí con un amigo.
- ¿Con el que te vas a Almuñecar?
- Con ese mismo.
- Yo tenía pensado darme una vuelta, salir de aquí –miró a su alrededor- escapar un rato de este sitio.
Alejandro tenía pensado hablar con René a solas, por lo que acoplar a Enrique con ellos sería una mala elección.
No obstante, Alejandro era buena persona.
- Si quieres puedes venirte. Daremos una vuelta por ahí.
Enrique meditó la oferta.
- Prefiero irme solo. Si os encuentro, -dijo el chico- quizá esté un rato con vosotros. Pero de todas maneras, me apetece irme solo por ahí.
Asintiendo con la cabeza, Alex le dio la razón a Enrique. Le comprendía bastante bien. De hecho, él tenía pensado pasar más de un rato a solas, para olvidarse de todo lo que le agobiaba en Granada. Esa terraza en el cabo de los Truenos habría sido un sitio increíble para evadirse de sus problemas. Pero alguien había matado a Oscar Zazo.
El teniente Legraine le estaba haciendo un favor, al alargar su estancia en la costa. Por el momento, no quería volver.
- Entonces, -se despidió Alejandro- Nos vemos por ahí.
Enrique no le había escuchado. Cuando el otro levantó la vista, observó con sorpresa la expresión de su interlocutor.
Había entreabierto la boca y ya no miraba a Alejandro, sino a un punto indeterminado detrás suya. El asombro le había dado a sus facciones una cómica imagen.
Al instante, llevado por la intriga, Alejandro se giró. Quería ver qué era lo que le había causado tanta sorpresa.
Detrás de la verja, por la acera, caminaba con paso seguro una chica. Su misteriosa mirada se cruzó con la de Alejandro al llegar a su altura. Él reconoció en seguida a la chica con la que se había chocado el primer día, de camino a La Boreal. Era también la muchacha que había visto entre los curiosos que se reunieron en torno a la vivienda.
Por primera vez, y como si se tratase de un recuerdo que tuviera en la punta de la lengua, Alejandro Sabatini reconoció finalmente quién era esa reservada joven.
- ¡Mónica!
Ella no se detuvo. Ya había pasado por delante de la entrada de La Boreal, y proseguía su caminata, sin haber escuchado al chico, que por fin la había reconocido.
Al oír el nombre, Enrique observó a Alejandro, sin salir de su asombro.
- ¿Conoces a esa chica?
Alejandro se giró de nuevo, acariciándose luego las sienes. Aún estaba uniendo los retazos de su memoria, tomando ese rostro que volvía a ver, después de tanto tiempo.
- Es una antigua compañera de clase, ¡hace más de cuatro años que no la veía! Ahora comprendo por qué me sonaba tanto su cara… me había olvidado de ella. ¿Qué hará en La Aurora?
- No es eso lo que me preocupa.
Alejandro frunció el ceño. Prefirió no hablar, y esperar a que Enrique se explicase. Después de un rato, el hermano de Emma le miró, bastante preocupado.
- La chica que tú dices, Mónica. Esa fue la chica que vi anoche aquí mismo, mirándome fijamente mientras fumaba un cigarrillo. Ella estaba anoche donde estamos nosotros ahora –señaló el suelo- a eso de las doce menos algo, cuando yo os estaba esperando… ¿Qué estaría haciendo aquí a esa hora?Alex no supo qué responder.