<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231</id><updated>2011-11-12T22:59:45.999+01:00</updated><title type='text'>INTRIGA EN LA BOREAL</title><subtitle type='html'>Alejandro huía del desamor. La Boreal era el sitio ideal. Pero un misterioso asesinato ha truncado sus planes. René Legraine, su amigo, es el único que puede resolverlo.</subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>29</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112860622056567276</id><published>2005-10-06T15:42:00.000+02:00</published><updated>2005-10-06T15:43:40.583+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XXV: Varios días después</title><content type='html'>&lt;em&gt;Tomando café con Nery, René averigua que su verdadero nombre es Henrietta, lo cual la pone en relación con la inicial que aparece al final de la nota que encontró. ¿Será cierta la pista que aporta la chica al detective? Ahora ya no es solo Mónica quien puede tener algo que ver en la muerte de Oscar.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elia Alcalá, acodada en la mesa, hacía memoria.&lt;br /&gt;Las horas posteriores al asesinato le habían causado mucho estrés. La policía les estaba interrogando a todos acerca de lo que habían visto. El cuerpo de un chaval de apenas dieciocho años estaba apuñalado delante del vestuario de la piscina. Apuñalado por el punzón para el pelo de Emma Valverde. En esos momentos, a Elia se le hacía aún difícil de aceptar lo que había sucedido.&lt;br /&gt;El momento más duro para ella, sin embargo, fue despertar a Raúl y darle la noticia de la muerte de su amigo. Ella, que siempre había presumido de ser una chica arrojada y valiente, se veía sin recursos cuando tuvo que comunicarle a su hermano la violenta muerte de uno de sus amigos.&lt;br /&gt;Elia le hizo daño a su hermano, pero pensó que Raúl se iba a reponer pronto.&lt;br /&gt;Mas todo lo contrario. A lo largo de los días, su hermano estaba más irritable, más nervioso, con unos cambios de humor imprevisibles.&lt;br /&gt;Elia Alcalá, la responsable, la decidida, la de más seguridad… estaba muy preocupada por su hermano pequeño.&lt;br /&gt;Incluso, se había llegado a plantear si tal vez su hermano…&lt;br /&gt;-          ¿Qué te ocurre?&lt;br /&gt;De un golpe, Elia bajó de las nubes. La voz que escuchaba era de Alejandro, estaba frente a ella, sentado en una de las mesas de estudio de la biblioteca. Estaba en la facultad, estudiando para los exámenes.&lt;br /&gt;Había pasado ya casi una semana desde el asesinato de La Boreal.&lt;br /&gt;-          Estaba pensando en mi hermano, Alex. Está muy raro…&lt;br /&gt;-          ¿Desde la muerte de su amigo?&lt;br /&gt;-          Sí.&lt;br /&gt;Elia estaba cabizbaja, algo deprimida. Alejandro Sabatini intentó animarla con un par de bromas, pero lo único que consiguió fueron unas sonrisas que apenas duraron segundos.&lt;br /&gt;-          ¿No sabes por qué está así Raúl?&lt;br /&gt;-          No –respondió Elia apenada.&lt;br /&gt;-          ¿Por qué no pruebas a preguntárselo?&lt;br /&gt;-          Mi imagino lo que es. Aún no se ha avanzado en la investigación. La policía sigue tras la pista, pero aún no han encontrado al que mató a Oscar, y todo esto es tan molesto…&lt;br /&gt;Alejandro estaba tan contrariado como su amiga Elia, pero él confiaba en René Legraine. Tenía una seguridad ciega, basada en que había confiado el caso al mejor. Su amigo francés se acababa tomando cada asunto como algo personal, y tenía demasiado orgullo como para abandonar tan fácilmente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era jueves, y la facultad donde estudiaban Elia y Alejandro estaba llena de gente, a pesar de que eran aún las nueve de la mañana. Todos ellos eran estudiantes que venían a preparar sus exámenes. El ruido, en cada una de las salas, era el estrictamente necesario, de modo que la conversación entre los dos amigos se desarrollaba con susurros.&lt;br /&gt;René y Alejandro habían quedado unas cuantas veces al volver de Motril. Desgraciadamente, juntos no habían llegado aún a ninguna conclusión que ayudara a esclarecer el misterio.&lt;br /&gt;El teniente Legraine, el tío de René, se dedicaba aún a la pista del pedazo de papel, pero aún no les había llevado a nada concreto.&lt;br /&gt;Habían investigado también cada uno de los chantajes que mantenía Oscar Zazo, pero las víctimas no se encontraban cerca de La Boreal, y sus coartadas eran sólidas.&lt;br /&gt;Todo señalaba, por tanto, al socio del traficante de drogas Roberto Blanco.&lt;br /&gt;Sin embargo, no era fácil seguir esos indicios. Roberto tenía muy pocos aunque buenos amigos. Cada uno de ellos fue investigado por la policía, demostrándose al final que ninguno de ellos era ese misterioso asociado en el mundo de la droga. Además, como si se tratase de un pacto de silencio firmado por todos y cada uno de ellos, ninguno de esos amigos sabía la identidad de la persona a la que buscaban.&lt;br /&gt;Por lo que se refiere a Onnyx, la búsqueda efectuada por Emma Valverde, investigando el camino que antes había recorrido Oscar Zazo, aún no había llevado a conseguir una respuesta. Sin embargo, tanto ella como C-97 confiaban en que fuese cuestión de días. Poco a poco, su investigación iba avanzando.&lt;br /&gt;Enrique Valverde volvió a sus asuntos, aunque seguía guardando la esperanza de encontrarse de nuevo con Mónica Sanseverato.&lt;br /&gt;Ella, por su parte, tuvo la tentación de llamar un par de veces a René Legraine, pero acabó por abandonar la idea por orgullo femenino.&lt;br /&gt;Christian Bayo continuó con su trabajo, a pesar de que no se podía quitar de la cabeza las extrañas sospechas que albergaba en su interior.&lt;br /&gt;Una tarde, Christian le había preguntado a Emma, después de hacer el amor, qué era lo que opinaba en realidad de la muerte de Zazo.&lt;br /&gt;-          Cariño, ese chico se lo buscó&lt;br /&gt;-          ¿Cómo dices? –Preguntó el chico, algo asustado por la actitud desafiante de su novia.&lt;br /&gt;-          ¡Que se lo merecía! ¡Se lo tuvo buscado! No se dedicaba a hacer cosas honradas, ¿sabes? Ese chaval jugó con fuego, y no sólo se quemó, sino que, ya ves, salió de La Boreal con los pies por delante.&lt;br /&gt;Estaba claro que Emma sabía algo que él no sabía.&lt;br /&gt;Christian estaba bastante acostumbrado al misterio que solía guardar su novia, y a la intimidad que continuamente le pedía que respetase. Había optado por aceptar conforme algunos secretos que le guardaba, y que no estaba dispuesta a desvelar. Le dio su palabra de que no se trataban de negocios sucios ni peligroso, y él la creyó.&lt;br /&gt;Sin embargo, Chris estaba muy preocupado. Alguien había muerto en la casa alquilada por la familia de su novia, ella parecía saber mucho del asunto, e incluso celebraba la muerte de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;¿Pero realmente Emma Valverde, su novia intuitiva y terca, una de las chicas más responsables que conocía, podía tratarse de una asesina a sangre fría?&lt;br /&gt;El tema, como poco, le preocupaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ajenos a este problema, los dos estudiantes seguían empleándose a fondo en la biblioteca.&lt;br /&gt;La mañana se les pasó entre apuntes, fotocopias, esquemas, renglones subrayados… dura vida la del estudiante.&lt;br /&gt;Como descanso, los dos amigos bajaron al centro de la ciudad, para comer en una pizzería frecuentada por jóvenes estudiantes universitarios como ellos.&lt;br /&gt;Olvidándose del agobio motivado por los exámenes y la inquietud causada por la muerte de Oscar, aún sin resolver, Alejandro y Elia estuvieron comiendo hasta hartarse, entre bromas y risas.&lt;br /&gt;Caminaban a la parada cuando se produjo un encuentro casual:&lt;br /&gt;-          ¡Alejandro! –Exclamó Fernando.&lt;br /&gt;El aludido no tuvo más remedio que tenerse, devolver el saludo y extender la mano.&lt;br /&gt;La conversación fue breve y evasiva por parte de un Alejandro más que molesto. Procuró mostrarse educado, pero aún así, dejaba entrever el rechazo que le producía la situación.&lt;br /&gt;Para contrarrestar, Elia procuró mostrarse amable y saludar a Fernando con simpatía. Aunque el chico lo agradeció, después de despedirse de ellos, bajando la calle, lamentó la actitud que Alejandro había demostrado.&lt;br /&gt;La pareja de amigos estuvo un rato callada, sin pronunciar palabra.&lt;br /&gt;Alejandro andaba a paso rápido, con la mirada clavada en el suelo y los labios apretados. Elia, a su lado, procuraba seguir su ritmo, sin saber exactamente qué decir.&lt;br /&gt;Antes de llegar a la facultad, un segundo encuentro casual, mucho más afortunado, tuvo lugar. Esta vez fue Alejandro quien se dio cuenta con quién se cruzaba.&lt;br /&gt;-          ¡Hola René! –Exclamó.&lt;br /&gt;-          Hola Alejandro.&lt;br /&gt;René miró discretamente, de soslayo, la acompañante de Alejandro. Morena, de rostro atractivo y bronceado, y ojos negros, cuerpo exuberante… ella misma se presentó.&lt;br /&gt;-          Hola, yo soy Elia Alcalá.&lt;br /&gt;-          ¡Oh! –La sorpresa en el joven detective fue evidente- Eres la chica que invitó a Alejandro a La Boreal, ¿no?&lt;br /&gt;Después de que Elia lo confirmara, se produjo una pausa un tanto absurda. El amigo de René, debido a su reciente encuentro con su ex, no tenía ganas de hablar. La mayor de los Alcalá observaba con interés al tan famoso René Legraine, Alejandro ya le había hablado bastante de él. El francés estuvo esperando la reacción de la pareja ante su encuentro.&lt;br /&gt;Como no se produjo ninguna despedida, él mismo les invitó a tomar café. Debido a que ninguno de los dos tenía muchas ganas de ponerse al momento a volver a estudiar, aceptaron la invitación. Entraron a una cafetería cercana al casual encuentro, en el barrio de Cartuja, ya cerca del campus universitario de igual nombre.&lt;br /&gt;-          ¿Qué estudias tú, René? –Preguntó Elia, poco después de que los tres se sentaran en una de las mesas de la terraza.&lt;br /&gt;-          Estoy estudiando Criminología en la Universidad de Sevilla.&lt;br /&gt;-          ¡Ah claro! Ahora entiendo por qué Alejandro recurrió a ti cuando todos nos vimos enredados con el asesinato en mi casa de la playa.&lt;br /&gt;-          La verdad es que tenía ganas de conocerte, Elia Alcalá.&lt;br /&gt;La amiga de Alejandro se sonrojó un poco. La opinión que le ofrecía René Legraine era muy sugestiva: era atractivo, tenía una voz muy melosa con un leve acento francés, parecía inteligente, así como interesante.&lt;br /&gt;¿Por qué no se lo había presentado Alejandro antes?&lt;br /&gt;-          ¿Y por qué querías conocerme? –Preguntó ella, sintiendo en sus labios una sonrisa involuntaria.&lt;br /&gt;-          Bueno, es que ya he escuchado varias opiniones sobre el crimen. Una de ellas es la de Emma Valverde, tu vecina. ¿no te resulta curioso, Alex, que una sea totalmente contraria a la otra?&lt;br /&gt;Alejandro no estaba de humor, pero contestó amablemente que él también pensaba lo mismo.&lt;br /&gt;Cualquiera lo podría pensar, si viera la melena corta rubia de Emma y la melena oscura más larga de Elia. Las dos mujeres eran delgadas, pero Elia tenía un cuerpo algo más musculado&lt;br /&gt;. René observó disimuladamente que, rodeando al piercing que tenía en el ombligo, había unos bien formados abdominales.&lt;br /&gt;Más tarde, cuando René hablase con ella sobre los gimnasios, confirmaría lo que ya pensaba.&lt;br /&gt;El francés tuvo que admitir que le gustaban bastante los cuerpos femeninos, sensuales pero firmes, bien ejercitados. Como el de Elia.&lt;br /&gt;René apartó los gustos estéticos, y supo volver a la realidad.&lt;br /&gt;Llevado por su curiosidad, le preguntó a Elia cuál era su opinión sobre el asesinato, y qué fue lo que estuvo haciendo ella antes, durante, y después de que mataran a Oscar.&lt;br /&gt;La decidida chica estuvo a punto de frivolizar sobre el tema (ya que la muerte de Oscar no le afectaba en lo más mínimo) pero recordó, culpable, la reacción de su hermano. Se trataba de un amigo suyo, y desde su muerte no era el mismo.&lt;br /&gt;Además, a René se le veía alguien serio. Alejandro ya le había dicho más de una vez que su amigo había colaborado con la policía.&lt;br /&gt;De este modo, después de tomarse el primer sorbo de café, comenzó a hablar.&lt;br /&gt;-          ¿Lo que estuve haciendo esa noche? Primero hice la cena. Pasta, no me acuerdo cual. Afortunadamente teníamos bastante comida, y Alejandro me estuvo ayudando. Durante la cena, yo estaba algo incómoda por la inesperada visita. Sin embargo, Oscar estuvo hablando todo el rato, ¡no paraba! Después de cenar, estuvimos sentados enfrente de la tele tomándonos algo, cuando recordé que me había dejado el bikini en el tendedero de la piscina. No suelo dejarlo allí, porque a la mañana siguiente cualquiera podía saltar la tapia y llevárselo. O podría caerse al suelo… o… ¡quién sabe! El hecho es que me gusta tenerlo en casa. Raúl vino conmigo, y la verdad es que lo agradecí… salir a la piscina sola… da un poco de apuro. Una vez que estábamos allí, caí en la cuenta de que Nery, la amiga de Emma, -René indicó que la conocía- sí, bueno, pues esa Nery, me pidió que le dejara uno de mis punzones para el pelo. Así que después de coger el bikini, le dije a Raúl que esperara, y fui al vestuario. Allí tengo una cestita de mimbre en el mueble del lavabo, donde hay algunos.&lt;br /&gt;-          ¿Cuándo entraste dentro del vestuario notaste algo raro? –Preguntó René.&lt;br /&gt;-          Pues… no. Encendí la luz, entré dentro, abrí el mueble del lavabo. Cogí un punzón metálico que no solía usar mucho, apagué la luz, salí de allí.&lt;br /&gt;-          ¿Te fijaste si dentro de la cestita con los punzones para el pelo, estaba con el que mataron a Oscar?&lt;br /&gt;-          No… no me fijé. Solo sé que todo estaba como siempre, unos cuantos de esos punzones, los que no uso mucho. Tengo uno igual al que usó el asesino, pero estaba en mi cuarto. Se lo enseñé a la mañana siguiente a la policía.&lt;br /&gt;-          ¿Qué pasó cuando volviste de la piscina?&lt;br /&gt;-          Mi hermano subió a casa, habíamos dejado la puerta abierta. La de los Valverde también estaba abierta, así que subí por las escaleras hasta el salón. Emma se levantó al verme, para hablar un poco conmigo, mientras Nery salía del cuarto de baño. Cuando salió, le di el punzón, hicimos unas cuantas bromas, y me volví a mi casa.&lt;br /&gt;Alejandro salía de su ensimismamiento, y decidió intervenir.&lt;br /&gt;-          Por entonces yo estaba hablando con Raúl sobre la misteriosa salida de Oscar.&lt;br /&gt;-          ¿No os cruzasteis con Oscar, Elia?&lt;br /&gt;-          No. Mi hermano te lo podrá decir. Supongo que él salió de La Boreal mientras que nosotros estábamos en la piscina.&lt;br /&gt;-          De acuerdo. Sigue, nos quedamos en que volvías de la casa de los Valverde.&lt;br /&gt;René la animó, y Elia siguió contando lo que le pasó esa noche:&lt;br /&gt;-          Mi hermano estaba cansado, así que se metió en la cama. Alejandro subió a su habitación, también para dormirse. Me quedé sola, así que me metí en el cuarto de baño que compartimos Raúl y yo, para arreglarme. Primero me duche, luego me vestí, me estaba secando el pelo. Entonces estaba intentando alcanzar una horquilla, cuando se me cayó un estante encima. Justo en ese momento, Alejandro entró al cuarto de baño.&lt;br /&gt;-          Acababa de ver a Oscar en el césped, corriendo en dirección a la puerta de La Boreal. –Intervino de nuevo Alejandro- Bajé, llamé a la puerta y entré. ¡Y allí estaba la pobre Elia, sujetando como podía el estante, asustadísima, respirando muy fuerte…!&lt;br /&gt;-          ¿Te acuerdas cuando te grité “ayúdame, ayúdame”?&lt;br /&gt;Los dos amigos comenzaron a reírse, bajo la atenta mirada del joven detective.&lt;br /&gt;Alejandro siguió con el relato de su amiga.&lt;br /&gt;-          Le conté lo que había visto mientras cogíamos los botes y tarros que se habían caído ya. Formaron un estruendo increíble, y algunos hasta se rompieron, haciéndose añicos. En eso estábamos cuando llegaron Emma, Nery, Christian y Claude. Hicieron que Elia dejase de recoger y la convencieron para que se fueran por ahí. Era ya medianoche creo, o sino faltaba poco.&lt;br /&gt;-          Para entonces Oscar ya estaba muerto -dijo René.&lt;br /&gt;Elia decidió continuar animada. Recordaba, al haber hecho memoria, todo lo que había sucedido esa larga noche.&lt;br /&gt;-          Bueno, Alex subió a su cuarto y se quedó dormido, y yo estuve con todo el grupo de marcha, hasta que a eso de las tres de la mañana, comencé a preocuparme. Recordé todo el escándalo que habíamos liado, tanto al caerse el estante como al venir todo el mundo a recogerme. Pensé en mi hermano. No había salido de su habitación para protestar. Me preocupé mucho. Nery y Enrique, muy atentos, se ofrecieron a acompañarme a La Boreal. Lo primero que hice al llegar fue comprobar que mi hermano estaba bien, dormía plácidamente. Me sentí mal por haberles aguado la fiesta a Nery y a Enrique, así que les invité a tomar algo. Eran ya las cuatro, y Chris llamó a mi puerta, para recoger a Nery y a Enrique. Desde fuera vio por el ventanal del salón que estaban conmigo. Los dos chicos se fueron con el novio de Emma, y yo decidí subir a mi habitación, para dormirme, ¡estaba muy cansada! Justo antes de meterme en la cama, Christian me llamó, muy acongojado. Resulta que Emma había encontrado el cadáver de Oscar en la parte de atrás de la casa, apuñalado. Lo primero que hice fue llamar a la policía.&lt;br /&gt;El francés estuvo escuchándola, atento, cruzado de brazos, con un semblante serio. Solía comportarse de esa forma cuando prestaba atención a un testigo. Al ver que Elia había terminado, decidió que era turno de preguntas.&lt;br /&gt;-          ¿Tu hermano y Oscar vestían igual?&lt;br /&gt;La duda desconcertó un poco a la chica, aunque respondió casi en seguida.&lt;br /&gt;-          Oscar suele vestir ropa más cara, de marca, pero sí, tienen estilos muy semejantes.&lt;br /&gt;Alejandro se preguntaba qué relación tenía la ropa de Raúl con la investigación que llevaba René.&lt;br /&gt;-          ¿No llegaste a pensar que si tu hermano no se levantó de la cama cuando organizasteis tal jaleo… era porque él no estaba en la cama?&lt;br /&gt;Esa insinuación por parte del joven detective pareció molestar sobremanera a la amiga de Alejandro, que cambió su amable expresión al momento. Ahora le miraba con un gesto desafiante e iracundo.&lt;br /&gt;-          ¿Qué intentas insinuar con eso, René? –Preguntó Alejandro, inmiscuyéndose conciliador.&lt;br /&gt;-          Vamos, Alejandro. Está claro. Fue Raúl Alcalá quién invitó a Oscar a ir a La Boreal y en vez de salir con él, decidió quedarse en casa. Eso haría que todo el mundo diese por hecho que estaba durmiendo. A eso de las once y cuarto, pudo salir de su habitación. Tú estabas intentando dormir, y su hermana estaba duchándose. Nadie le oía. Salió sigilosamente al encuentro de Oscar Zazo. Pero Oscar le había estado esperando en la piscina sin ningún éxito. Oscar salió corriendo hasta La Boreal, con la carpeta en la mano, para buscar a Raúl. ¡Precisamente estuvo lanzando chinos contra su ventana, para comprobar qué es lo que ocurría! Uno de los chinos, dio en la tuya, Alejandro. Te despertarte, él corrió hacia la oscuridad. Una vez que no lo veías, apagaste la luz, él volvió a salir fuera. En un último intento, fue otra vez al vestuario de la piscina. Un sitio discreto, ideal para una cita con un chantajista. Esta vez, Oscar descubrió que había un atajo para llegar a la piscina: el estrecho pasillo entre el invernadero y la tapia izquierda. Llegó allí en menos de medio minuto, dejando las fibras de su chándal en la rasposa tapia. Cuando fue hacia el vestuario, Raúl ya lo esperaba con un punzón para el pelo que habría encontrado por casualidad, y que curiosamente no era de Elia. Así, mantendría a su hermana mayor fuera de toda sospecha. Esperó a que su víctima, agonizante, muriera. Entonces, cuando todos estaban en Gailón, y tú, Alejandro, durmiendo plácidamente, salió hacia el cabo de los truenos. Quemó la carpeta cerca del faro, volviendo antes de que su hermana quisiera comprobar si estaba bien. ¿No lo entiendes? ¡Raúl Alcalá era el socio de Roberto Blanco! ¡Por eso no le fue difícil investigar a Oscar Zazo!&lt;br /&gt;Elia Alcalá, furibunda, se levantó de golpe, echando la silla hacia atrás. Hecha un mar de lágrimas, señaló con uno de sus dedos, acusadora, a René Legraine.&lt;br /&gt;-          ¡No tienes derecho a decir eso! ¡No tienes derecho a acusar a mi hermano de algo así! ¡El es incapaz de matar a nadie! No, no, no tienes derecho…&lt;br /&gt;Cogió su carpeta y su bolso, indignada, andando decidida en dirección a la facultad.&lt;br /&gt;Alejandro no supo que hacer. Al final miró a René con un mudo reproche, y echó a andar detrás de su amiga, para intentar consolarla.&lt;br /&gt;Pasaron los minutos, y René siguió sentado en la mesa de la cafetería. Chasqueó un par de veces la lengua, compadeciéndose de Elia Alcalá. Tal vez ella había llegado a la misma conclusión, pero no quería aceptarlo.&lt;br /&gt;Recibió una llamada en su móvil. Era el teniente Legraine.&lt;br /&gt;Al descolgar, el tío de René no espero para contarle lo sucedido:&lt;br /&gt;-          Maldita sea, René. ¡No te lo vas a creer! ¡Acaba de suceder algo increíble! Vila acaba de llamarme. Christian Bayo se acaba de entregar a la policía de Motril hace tan solo unos minutos. ¡Él dice que fue el asesino de Oscar Zazo! Ven a mi despacho en cuanto puedas, ¿de acuerdo? Nos vamos a Motril.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112860622056567276?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112860622056567276/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112860622056567276' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112860622056567276'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112860622056567276'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/10/capitulo-xxv-varios-das-despus.html' title='CAPITULO XXV: Varios días después'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112739060732350228</id><published>2005-09-22T14:00:00.000+02:00</published><updated>2005-09-22T14:06:22.373+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XXIV: Henrietta</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;René tiene una acalorada conversación con Mónica Sanseverato, tras haberse percatado de que la tiene tiene mucho que esconder, sobre todo en cuando a su presencia la noche del crimen en las inmediaciones de La Boreal.&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René Legraine bajó del autobús algo malhumorado. El encuentro con Mónica le había preocupado.&lt;br /&gt;El camino hasta la casa de Nery lo recorrió intranquilo, caminando llevado por un oscuro presagio.&lt;br /&gt;Sabía, a ciencia cierta, que quién mataba una vez podía hacerlo otra si se veía en peligro. Modestia aparte, René se veía como uno de esos peligros para el asesino. Alejandro era quizá otro peligro, por haber recurrido al mejor detective que conocía.&lt;br /&gt;Durante la conversación con Mónica, descubrió que ella también lo era. El francés había sabido leer más allá de sus palabras, había adivinado en su mirada, que no le había mentido al confirmarle que ella sabía más de lo que le había dicho.&lt;br /&gt;No obstante, una gran duda asaltaba al joven detective: ¿Por qué Mónica escondía información a la policía y al propio René? Lo de René se explicaba por la apatía de tanto tiempo… pero… ¿y lo de la policía?&lt;br /&gt;Sólo esperaba que ella fuese consciente de que jugaba con fuego, y de que era posible quemarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René compuso una sonrisa de fingida amabilidad al llamar a la puerta del domicilio de la madre Nery.&lt;br /&gt;Los padres de la simpática amiga de Emma se habían divorciado cuando ella tenía diecinueve años, por lo que la ruptura, al haber madurado ya, no le resultó tan traumática. Se lo supo tomar con filosofía, saliendo adelante con facilidad.&lt;br /&gt;Por una parte, su padre vivía en un unifamiliar a las afueras de Granada, en el término municipal de Armilla. La madre, sin embargo, vivía en un dúplex dentro de la ciudad, en uno de los barrios más elegantes.&lt;br /&gt;Fue la propia madre de Nery la que le abrió la puerta al joven detective francés. Tenía algo más de cuarenta años, y unos rasgos tan simpáticos como los de su hija, y el pelo igual de rubio.&lt;br /&gt;Se la veía muy agradable en el trato, y durante el recorrido a la terraza donde le esperaba Nery, comentó con humor que su hija estaba visiblemente contrariada por haberse visto implicada en un asunto tan feo. René afirmó con la cabeza, de forma simpática, limitándose a mostrarse decidido a atrapar al asesino con la ayuda de la policía.&lt;br /&gt;Desde la última vez que la vio, debido al trasnoche debido al asesinato, Nery había mejorado su aspecto bastante. Estaba sentada en un sillón de mimbre, con un libro abierto en su regazo. Su belleza radicaba en la naturalidad de sus facciones y en un pelo dorado, recogido en dos coletas a ambos lados de la nuca.&lt;br /&gt;Le saludó con un par de besos, sentándose René frente a ella, en la pequeña mesa de la terraza.&lt;br /&gt;Nery comenzó preguntándole por Alejandro. Sorprendido ante la coincidencia con Mónica, René contestó que se encontraba un tanto confuso por lo sucedido.&lt;br /&gt;- Así estamos todos, -repuso Nery- ¡es un fastidio que alguien decidiera matar a ese chico tan simpático en La Boreal, y precisamente esa noche…! De eso quería hablar contigo.&lt;br /&gt;El francés celebró que la chica fuese de las que iban al grano sin tener que dar inútiles rodeos sobre el asunto.&lt;br /&gt;- Como sé que Alejandro Sabatini recurrió a ti cuando se topó ante el crimen, he decidido hacer lo mismo cuando recordé ciertas cosas que pasaron la noche del viernes, y que parece que había olvidado.&lt;br /&gt;- Lo que me preocupa, -siguió Nery- fueron unos pasos. Eran las once y cinco o y diez. Yo estaba maquillándome en el cuarto de baño, Elia acababa de llegar. No presté atención a lo que estuve oyendo mientras, pero cuando llegué a Granada y me estaba maquillando, lo recordé.&lt;br /&gt;- ¿Oíste unos pasos?&lt;br /&gt;- Sí. Eran de alguien que estaba corriendo. Mi ventana da al camino a la piscina, supuse que eran de alguien que iba o venía de allí.&lt;br /&gt;René bebió un trago del zumo de frutas que le acababa de ofrecer la madre de Nery.&lt;br /&gt;- No sabrías decirme si eran de alguien que iba o venía, ¿verdad?&lt;br /&gt;Nery negó con la cabeza, sentía no saberlo. No recordaba ese detalle.&lt;br /&gt;El francés siguió preguntando.&lt;br /&gt;- ¿Sabrías si los pasos se hicieron con zapatos de hombre o de tacón?&lt;br /&gt;- ¡Oh, no, en absoluto! Se oían las pisadas de cuando alguien corre con unas zapatillas de deporte sobre un terreno asfaltado de cierta manera, como es el caso del camino a la piscina. Al día siguiente me di cuenta de que una capa de cemento cubría el sendero entre los setos.&lt;br /&gt;Algo iluminó la mirada del joven detective.&lt;br /&gt;- Si oíste los golpazos fue porque quién estaba corriendo frenó de golpe. Me atrevería a afirmar que a quién oíste correr volvía de la piscina a toda prisa, y aminoró su velocidad al asomarse a la entrada del edificio, para vigilar a quién veía. –René pensaba en sus propias palabras- Nery… ¿Dónde estaban Enrique y Emma?&lt;br /&gt;A la chica no le hizo falta tiempo, lo recordaba bastante bien.&lt;br /&gt;- Emma estaba en el salón, bajó a recibir a Elia. Enrique estaría en su habitación, que estaba en la planta de arriba. Mi habitación estaba en la primera planta, y el cuarto de baño que usé, también. No lo vi hasta que acompañé a Elia hasta la puerta de su casa. Estaba hablando con Emma.&lt;br /&gt;- Fuera de la casa, por lo que tengo entendido, solo estaba Oscar. Así es que tuvo que ser él a quién tuviste que escuchar. –René meditó de nuevo, quedándose en silencio unos instantes, bajo la atenta mirada de Nery- Pero ¿entonces, si salió de la piscina a esa hora, dónde estuvo hasta que tú lo viste tirando piedras a la ventana de Alejandro y saliendo de La Boreal a toda prisa?&lt;br /&gt;- No lo sé.&lt;br /&gt;Repentinamente, después de su respuesta, la expresión de Nery cambió. Abrió los ojos por un momento. Se mordió el labio inferior.&lt;br /&gt;- René, hay algo… que me resulta… extraño. Tengo la sensación de haberle mentido a mucha gente.&lt;br /&gt;Ahora fue René el que arqueó las cejas.&lt;br /&gt;- ¿A que te refieres, Nery?&lt;br /&gt;- Cuando conté lo que vi, le dije a la policía que vi a Oscar Zazo lanzando algo contra el cristal de Alejandro, y cuando se vio sorprendido, salió corriendo de La Boreal. Pues bien, creo que me he equivocado.&lt;br /&gt;Nery hablaba más para sí misma que para René, que la escuchaba curioso cómo la simpática amiga de Emma Valverde admitía su equivocación con toda naturalidad, como si en realidad se tratase de algo menos importante de lo que era.&lt;br /&gt;- ¿Acaso no tiró nada al cristal de Alejandro?&lt;br /&gt;- No, no es eso. Es que yo recuerdo que lo vi alejarse corriendo, pero no lo vi… saliendo de La Boreal. Lo vi solamente corriendo en dirección a la salida. Me volví antes de que pudiera verlo salir por la verja.&lt;br /&gt;René se quedó helado, al igual que ya lo estaba Nery. Las dudas aumentaban, pero se abría una nueva posibilidad. A las once y media, la hora en que lo vieron Alejandro y Nery, Oscar pudo haberse quedado apartado de la casa, pero dentro de La Boreal y eso facilitaba dar una explicar al estrecho margen de media hora en el que tuvo que ser asesinado. A pesar de que a partir de las doce menos veinte, no hubo ni un solo minuto en el que en la entrada de la casa no hubiera nadie.&lt;br /&gt;Consciente de la importancia de lo que acaba de decir, Nery agravó su gesto, de modo que ya no parecía la ingenua amiga de Emma, sino alguien mucho más responsable.&lt;br /&gt;René se puso de pie, se apoyó en la barandilla, y meditó profundamente acerca de lo que tenía en manos. Situó a Oscar Zazo en cada uno de los lugares donde estuvo.&lt;br /&gt;A las once salió de casa, a las once y media estaba frente a la casa. Antes de las doce, volvió a la piscina y murió.&lt;br /&gt;En ese intervalo maldito, la mayoría parecían tener coartada, para desesperación del joven detective.&lt;br /&gt;Tras un rato en silencio, Nery habló de nuevo.&lt;br /&gt;- Por cierto, tienes que hacerme un favor, René.&lt;br /&gt;- De qué se trata.&lt;br /&gt;- Es algo que Alejandro me dejó cuando estuvimos en La Boreal, y no he tenido oportunidad de devolverle. Supongo que tú lo verás antes que yo, y podrás devolvérselo. Ven.&lt;br /&gt;René siguió a Nery hasta su habitación. De uno de los cajones, la chica sacó un pañuelo negro, de los favoritos de Alejandro. Fue el único que se llevó al viaje, y el que le dejó a la chica durante la mañana de los interrogatorios.&lt;br /&gt;Nery se lo tendió a René, pero el francés estaba pendiente de la puerta de la habitación.&lt;br /&gt;Había unas pequeños ositos de peluche pegados a ella. Colgando de cada uno había una letra de madera. Había nueve osos, que formaban el nombre Henrietta.&lt;br /&gt;La chica siguió la mirada del joven detective y explicó la dualidad de su nombre.&lt;br /&gt;- Mi familia por parte de padre viene de Devon, en Inglaterra. De hecho, mis primeros cinco años los viví allí. También me bautizaron en Inglaterra, y me llamaron Henrietta. La verdad es que me gusta mi nombre. Sin embargo, cuando vinimos a España, en el registro quedé registrada como Enriqueta. ¡Enriqueta no me gusta! Por eso dije desde siempre que me llamaran Nery. Es un buen apócope, ¿no crees?&lt;br /&gt;René tardó un poco en responder. No estaba en la habitación con ella, sino lejos de allí. A su mente vino la nota rota en pedazos que encontraron junto al faro. Intentó imaginarse a Oscar Zazo escribiendo a toda prisa sobre el papel, frente a un e mail. Vino la imagen de su equivocación, de Oscar rescribiendo el nombre Henrietta sobre uno erróneo debido a las prisas. ¿Pero pudo haber matado ella a Oscar? En absoluto. No había dudas al respecto.&lt;br /&gt;- ¿Alguien te llama Henrietta actualmente?&lt;br /&gt;- Mi padre. Lo hace con un acento inglés bastante gracioso –respondió Nery con una sonrisa.&lt;br /&gt;El francés se la quedó mirando, con un gesto frío.&lt;br /&gt;Se despidió con amabilidad tanto de Nery como de su madre, prometiéndole llevar a Alejandro el pañuelo que había prestado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emma Valverde ya estaba en Granada.&lt;br /&gt;Después de comer con su familia, había estado un rato en casa de Christian Bayo. Cada vez su novio estaba más preocupado, pero ella apenas se había dado cuenta. La tarde se paso entre besos, arrumacos y caricias, pero también con miradas acusadoras por parte de Chris y silencios tensos.&lt;br /&gt;La culpa de que Emma no se percatara del extraño comportamiento de su novio residía en una llamada de teléfono, que la chica había recibido en su móvil mientras iba a casa de su novio.&lt;br /&gt;Juan Antonio Lymas, gerente de la agencia de detectives en la que trabajaba, quería verla en su despacho a las siete en punto de la tarde. Sin falta. Una nueva misión le sería encomendada.&lt;br /&gt;Así pues, a las siete menos cinco de la tarde, Emma Valverde ya se había despedido de Chris, y salía de su casa rumbo a Onnyx.&lt;br /&gt;Eran las siete de la tarde en punto. La chica ya se encontraba detrás de la secretaria de Lymas, que fue a llamar al despacho de su jefe.&lt;br /&gt;La hermana de Enrique entró al despacho de formas frías y estilo minimalista. El señor Lymas la esperaba sentado en su enorme escritorio, con cara de pocos amigos.&lt;br /&gt;- La esperaba. Siéntese.&lt;br /&gt;Emma obedeció su orden y luego permaneció expectante , atenta a sus órdenes.&lt;br /&gt;El ejecutivo se puso de pie, cerrando la pluma con la que acababa de escribir. Se cruzó de brazos y comenzó a pasear por el despacho mientras hablaba con su joven empleada.&lt;br /&gt;- La he mandado llamar porque es una de las pocas agentes de Onnyx que puede ayudarme. Ahora mismo no se encuentra dentro de ningún caso. Además, he oído que usted se encontraba casualmente en Gailón durante el asesinato de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;- Así es, señor Lymas –afirmó Emma- . He estado implicada en ese caso de manera directa.&lt;br /&gt;- Ha estado, no, señorita Valverde. Está. –Corrigió Lymas- Le recuerdo que el caso sigue abierto.&lt;br /&gt;- Espero que por poco tiempo.&lt;br /&gt;- Yo también lo espero, señorita Valverde, créame. Me produce mucha inquietud lo que está ocurriendo. El asesinato de uno de mis mejores agentes del área joven, en el que está implicada otra de nuestras jóvenes agentes.&lt;br /&gt;A pesar de que el gerente de Onnyx se encontraba hablando a sus espaldas, Emma no giró en ningún momento la cabeza.&lt;br /&gt;- ¿Conocía a Oscar Zazo, señorita Valverde?&lt;br /&gt;- Lo conocía bastante bien. Lamenté mucho encontrar su cadáver delante del vestuario de la piscina de mi casa. Fue bastante desagradable, como se imagina.&lt;br /&gt;Lymas observó atento la nuca de su empleada. Le gustaba bastante su determinación y la profesionalidad con la que se dirigía a él. A diferencia de otros agentes de Onnyx de su edad, Emma Valverde era capaz de usar un lenguaje respetuoso sin caer en fórmulas pedantes.&lt;br /&gt;- El trabajo que tengo para usted es bastante importante. –Anunció el jefe de Emma- Tan sólo espero que sea consciente de la responsabilidad que dejo en sus manos. Atendemos la petición desconcertada que nos hace la señora Rivera. Supongo que sabrá que se trata de la concejala de Urbanismo del Ayuntamiento de Granada. Su sobrino, Roberto Blanco, murió hace poco tiempo…&lt;br /&gt;Emma, rompiendo con su imagen, giró la cabeza para mirar fijamente a los ojos de su jefe, interrumpiéndole alarmada.&lt;br /&gt;- ¿A que se refiere?&lt;br /&gt;Lymas se volvió a sentar en su asiento, y una vez allí continuó hablando.&lt;br /&gt;- Necesito que continúe el trabajo que realizó Oscar Zazo. Necesito que encuentre al enigmático socio con el que Roberto Blanco compartía los cuantiosos beneficios del tráfico de drogas.&lt;br /&gt;La hermana pequeña de Enrique frunció el ceño, confusa.&lt;br /&gt;- Perdone, señor Lymas, pero pensaba que ese asunto se lo encargó a C-97, a…&lt;br /&gt;- Le han informado mal, -la interrumpió Lymas con una sonrisa amable pero autoritaria- C-97 está buscando al asesino de Oscar Zazo. Pero no anda descaminada con mencionarla, esta persona va a trabajar con usted. Se trata de una colaboración. No sé si sabe que puede que ambas estén buscando a la misma persona. De todas maneras, previniendo, he dispuesto que comiencen a seguir los mismos indicios. Tal vez llegue el momento en que se separen sus caminos… pero también estamos preparados para eso.&lt;br /&gt;Unos golpes sonaron en la puerta del despacho.&lt;br /&gt;- Adelante, -ordenó Lymas.&lt;br /&gt;La rubia secretaria entró, seguida del agente C-97.&lt;br /&gt;La colaboración entre agentes planeada por Juan Antonio acababa de comenzar. &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112739060732350228?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112739060732350228/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112739060732350228' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112739060732350228'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112739060732350228'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/09/captulo-xxiv-henrietta.html' title='CAPÍTULO XXIV: Henrietta'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112630899988491397</id><published>2005-09-10T01:35:00.000+02:00</published><updated>2005-09-10T01:36:39.896+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XXIII: Lugar Oportuno, Momento Adecuado</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;br /&gt;El inspector Legraine decide investigar quién escribió la misteriosa nota que encontraron en el faro del cabo de los Truenos. La solución, no puede ser más obvia: lo hizo Oscar Zazo.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La calurosa tarde atosigaba a los viandantes que en esos momentos caminaban por la ciudad, cada uno con sus problemas, con sus historias, con su vida…&lt;br /&gt;De entre ellos, René Legraine era uno de los que estaban más nerviosos. Después de tanto tiempo, ver de nuevo a Mónica Sanseverato movía en él viejos sentimientos.&lt;br /&gt;La ruptura no fue violenta en absoluto. Su amigo Alejandro había acabado con su última relación sentimental de una manera dramática. Sin embargo, la relación entre Mónica y René finalizó de una manera diferente.&lt;br /&gt;Hubo tanta frialdad e insensibilidad en el consabido desamor, que el distanciamiento había durado hasta el día que se encontraron en el cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;¿Estaría Mónica nerviosa también?&lt;br /&gt;René estuvo esperándola sentado en un banco enfrente de la cafetería un cuarto de hora. El joven detective, contemplando la fachada del establecimiento, se trasladó a los tiempos felices en que estuvieron juntos. Muy probablemente, Mónica habría mencionado el local, por ser conocido para ambos. Sin embargo, los recuerdos tiraban bastante…&lt;br /&gt;René tuvo que esperar un cuarto de hora más, sentado en una de las mesas, para ver de nuevo a Mónica Sanseverato.&lt;br /&gt;La chica entró en el local a paso seguro, con unos andares magnéticos . Su figura sensual estaba ajustada a un vestido blanco bastante sencillo. Su gesto serio cambió al ver a René, pasando de la seriedad a una sincera sonrisa.&lt;br /&gt;Tras darle dos besos al joven detective, aceptó la silla que le ofrecía y se deshizo en disculpas por haber llegado tan tarde.&lt;br /&gt;-       Por un momento pensé que no ibas a venir.&lt;br /&gt;Mónica se escandalizó ligeramente al oír la frase del francés.&lt;br /&gt;-       ¿Cómo se te ocurre pensar eso, René? Me dejaste tan intrigada con tu mensaje… realmente ha despertado mi curiosidad saber el motivo por el cual me has citado, después de tanto tiempo sin querer saber nada de mí.&lt;br /&gt;Las últimas palabras tenían un tono de reproche bastante claro, que no pasó desapercibido para el francés.&lt;br /&gt;-       Tú tampoco me llamaste, así que cada vez que me planteaba el quedar contigo de nuevo, pensaba de antemano que no ibas a querer volver a verme.&lt;br /&gt;La pareja sacó la conclusión, por tanto, que la incomunicación era el problema de las relaciones rotas. Era la que daba lugar a las confusiones y a los malos entendidos.&lt;br /&gt;Mónica había entrado a la cafetería con la intención de ir al grano, pero René rompió sus esquemas involuntariamente. A los pocos minutos, los dos jóvenes estaban recordando las anécdotas que les sucedieron a lo largo de esos años. Los dos disfrutaban recordando. Uno en frente del otro, se abstrajeron de los problemas del exterior, rindiéndose ante el sabor agridulce que dejan los recuerdos.&lt;br /&gt;En un momento dado, se hizo el silencio. Los dos se miraron a los ojos, sonriendo. El francés notó como algo en su interior se movía al volver a hablar con Mónica. No era amor, pero sí un enorme cariño.&lt;br /&gt;Así que, aunque el joven detective también estaba dispuesto a plantear el tema del que quería hablar en cuanto se diera la ocasión, tuvo que entregar los minutos de tertulia al paso del tiempo, a los amigos comunes como Alejandro y a las vivencias del instituto.&lt;br /&gt;De repente, después de una hora desde la llegada de René, se produjo el segundo de los silencios. Al rostro de Mónica volvió otra vez una sonrisa amistosa y alegre, a la vez que René caía en la cuenta de la razón por la cual la había citado allí. Para introducir sus palabras, usó el consabido “cambiando de tema...”&lt;br /&gt;-       … quería preguntarte una cosa acerca de tu estancia en La Boreal el fin de semana que coincidimos, cuando nos vimos en el cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;El francés notó un extraño cambió de actitud en los ojos de su interlocutora. Parecía estar poniéndose en guardia, ante las preguntas de René.&lt;br /&gt;-       ¿ Te dijo Alejandro donde se alojaba?&lt;br /&gt;-       No lo recuerdo –Respondió Mónica.&lt;br /&gt;-       Estuvo con una amiga suya, llamada Elia Alcalá, en La Boreal. Tengo entendido que es una casa bastante grande en la que viven dos familias.&lt;br /&gt;Estudió atento su primera reacción. Algo había cambiado en Mónica al oír “La Boreal”. ¿Inquietud?&lt;br /&gt;-       Creo que la conozco. He pasado un par de veces por delante, cuando me he dado un paseo.&lt;br /&gt;-       He oído que es bonita.&lt;br /&gt;-       Sí, sí, es muy bonita.&lt;br /&gt;Mostraba ya cierto malestar. Mónica quería dejar claro que ese tema no le gustaba.&lt;br /&gt;-       ¿El viernes por la noche estabas de paseo por allí?&lt;br /&gt;-       Puede ser.&lt;br /&gt;-       Alejandro te vio desde su cuarto.&lt;br /&gt;-       Supongo que lo hizo, claro. – Mónica, misteriosamente, parecía tener problemas en hablar de la noche del viernes- El viernes quise salir a ver si veía gente joven por La Aurora. Pensaba que sólo había personas mayores, e intuí que me aburriría. Entonces salí, y decidí darme una vuelta por la urbanización. No tardé en toparme con La Boreal, que como tú has dicho, es tan bonita que llamó mucho mi atención. Estuve un rato observándola, sorprendida.&lt;br /&gt;-       Debió ser en ese momento cuando Alejandro te vio.&lt;br /&gt;-       Ummm… ahora que lo dices, René. Abajo, en la entrada a la casa, había un chico, esperando a más gente. No me fijé mucho en él, pero puedo decirte con seguridad que no se trataba de Alejandro.&lt;br /&gt;-       No lo era.&lt;br /&gt;-       ¿Cómo lo sabes?&lt;br /&gt;René resopló indignado. Parecía que Mónica se empeñaba en convencerle de su ingenuidad respecto a lo que pasaba en La Boreal.&lt;br /&gt;-       Lo sé. Lo que no sé es qué hacías allí, Mónica.&lt;br /&gt;-       Ya te lo he dicho. Me estaba dando un paseo.&lt;br /&gt;-       Curiosa coincidencia, -repuso René de un tono desafiante- estabas delante de una casa la noche que se cometió un crimen.&lt;br /&gt;La chica  arqueó las cejas, removiendo lentamente el café.&lt;br /&gt;-       La verdad es que es curioso. Tienes razón. Pero créeme, yo fui la primera sorprendida. Sobre todo por que no vi nada, y eso me indignó bastante. ¡Para algo divertido que me pasa!&lt;br /&gt;-       ¿Has hablado con la policía?&lt;br /&gt;-       Claro. Lo mismo que te estoy contando a ti, se lo conté a Fermín Vila en la comisaría de Motril. Al parecer, alguien me había descrito, y al policía no le costó trabajo dar conmigo. Cuando volvía a Granada, Vila ya había avisado a mi padre. Como favor personal, me presenté en el despacho de la comisaría al volver a Granada, y le estuve contando lo que vi.&lt;br /&gt;-       ¿Y dices que no viste nada?&lt;br /&gt;La chica afirmó que así era.&lt;br /&gt;-       Pero sin embargo, viste a Enrique en la entrada, ¿verdad?&lt;br /&gt;Mónica sonrió.&lt;br /&gt;-       Así que se llama Enrique…&lt;br /&gt;-       Enrique Valverde. Apenas he hablado un poco con él, no hace mucho. Parece un chico callado, algo melancólico. No es de los charlatanes. Su hermana Emma me dijo que está así desde que se cometió el crimen.&lt;br /&gt;-       Eso es una de las cosas que me gustan de ti, René. Me gusta cómo describes a las personas. Es como… como si no pudieran ocultarte nada. ¿Sabes qué? Confío en que resuelvas el asesinato pronto.&lt;br /&gt;René se mostró impersonal ante las palabras de su ex. Se limitó a beberse la mitad del café de un sorbo. Tomó la palabra después de mirar distraído por el ventanal de la cafetería.&lt;br /&gt;-       Supongo que te gustaría saber qué es lo que pienso de ti.&lt;br /&gt;La chica dijo que así era. Le encantaría saberlo.&lt;br /&gt;-       Estoy seguro de que sabes más de lo que cuentas, Mónica Sanseverato.&lt;br /&gt;-       Como todos. –Respondió ella, divertida- Tú eres el primero que se reserva hasta que llega el momento de hablar.&lt;br /&gt;El murmullo de la cafetería creció un poco de tono, cada vez había más y más gente.&lt;br /&gt;No obstante, en una de las meses se había creado un mundo aparte. Eran dos personas que se habían amado, que se habían odiado en secreto al separarse, y ahora, sentados allí, eran dos personas que intentaban entenderse la una a la otra, casi de manera desesperada.&lt;br /&gt;René resopló. Estaba molesto, no sabía a qué se enfrentaba realmente. Sólo tenía la ciega sensación de enfrentarse a ella.&lt;br /&gt;-       ¿No entiendes lo que quiero decirte? He dicho que sabes más de lo que dices. Eso siempre es peligroso, sobre todo cuando ya ha muerto una persona. No sé qué es lo que sabes, pero solo espero que no sea tan comprometido para que…&lt;br /&gt;Una risotada desagradable por parte de Mónica interrumpió al joven detective. Era una risa desagradable, que irritó a René hasta el punto de ponerse más grave de lo que ya mostraba estar.&lt;br /&gt;La voz de la chica sonaba a amargo reproche:&lt;br /&gt;-       No me has llamado en más de un año, René Legraine. No he tenido noticias tuyas hasta que te has enterado de que me encontraba en el lugar oportuno en el momento oportuno. Seguro que pensaste que yo fui capaz de matar a ese chico, y en realidad, estás seguro de que yo soy inocente.&lt;br /&gt;-       Sé que lo eres.&lt;br /&gt;-       Sin embargo, me acusas de que sé más que tú, y que por eso podrían acabar conmigo. Pues te equivocas, señor Legraine. No me encuentro en peligro, porque lo que sé es muy poco. Solo vi luces encendidas y apagadas, y un chaval en la puerta de La Boreal, mirándome asustado. ¡No vi nada más!&lt;br /&gt;El francés no quiso dudar de ella, porque lo que contaba sonaba sincero. Quizá antes Mónica solo había tratado de jugar con él. ¿Qué sabía algo? Probablemente…&lt;br /&gt;-       Mónica, escúchame. –René la cogió de la mano por encima de la mesa- Ya no estamos enamorados, pero te tengo mucho aprecio, aunque el tiempo que ha pasado no me ha dado la razón. Estoy tan preocupado por Alejandro como por ti. Y si lo estoy, es porque aún estoy a oscuras.&lt;br /&gt;La actitud de Mónica cambió. Ya no parecía tan agresiva. René mereció una amigable sonrisa por su parte, mientras apartaba suavemente su mano de la de René.&lt;br /&gt;-       Olvidémoslo, ¿de acuerdo? Tengo que admitir que me ha desconcertado verte de nuevo.&lt;br /&gt;-       A mí también. Fue una sorpresa verte por La Aurora. Para Alejandro también, al pobre le costó reconocerte, después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;-       ¿Cómo está? –Preguntó Mónica.&lt;br /&gt;-       Hecho un lío con lo ocurrido. Me pidió ayuda para que juntos descubriéramos quién era el asesino, pero supongo que pensó que a estas alturas ya habría desenredado el entuerto. –Bajando la mirada, a René le tomó una cierta decepción- La verdad es que yo también creía que iba a tardar menos.&lt;br /&gt;Mónica se hizo cargo del aparente fracaso de su antigua pareja.&lt;br /&gt;-       Yo te ofrecería mi ayuda, pero prefiero no enredarme más en el asunto. La policía ya sabe que yo estuve delante de la casa cuando al chico lo mataron, supongo que me consideran una sospechosa más. Vila no lo dejó claro, pero me imagino que la policía me tiene controlada.&lt;br /&gt;-       Como a Alejandro, por desgracia –se dijo el francés.&lt;br /&gt;-       No te preocupes, René. De todas maneras, tengo la corazonada que esto acabará dentro de poco.&lt;br /&gt;Sin prestar apenas atención a lo que decía la chica, René echó un vistazo a su reloj de pulsera. Aún no era tarde, y tenía que sacar tiempo para hacerle una visita a Nery Hurtado. Estaba intrigado por lo que la amiga de Emma tenía que contarle.&lt;br /&gt;Siguiendo el tópico, René se despidió a la francesa de Mónica, prometiendo llamarla en otra ocasión. La peluquera mostró su deseo de que así fuera, y se levantó para despedirse de él.&lt;br /&gt;René salió de la cafetería en dirección a la parada de autobuses más próxima. Nery la esperaba en casa de su madre, cuya dirección ya le había indicado por teléfono al joven detective la tarde anterior.&lt;br /&gt;Mónica se quedó unos segundos de pie delante de la mesa. Vio, cruzada de brazos, cómo René se alejaba. Volvió a sentarse, cruzando ahora sus bien formadas piernas.&lt;br /&gt;Apuró lo que quedaba del café, con un gesto ceñudo. Estaba pensando. Necesitaba pensar, ¡René la había hecho pensar! ¿Qué ocurría?&lt;br /&gt;Le dolía un poco la cabeza. Quizá el café, ya frío, no le había sentado bien.&lt;br /&gt;En su mente, confusas, flotaban varias imágenes: una carpeta negra chamuscada, una elocuente foto de Roberto Blanco, el rostro asustado de Enrique Valverde, mirándole desde el interior de La Boreal…&lt;br /&gt;Pensó también en la advertencia de René Legraine. Ella se confesaba una chica valiente y sin miedo. Sin embargo, no podía evitar impresionarse cuando se imaginaba el cadáver salvajemente apuñalado de Oscar, por un simple punzón para el pelo.&lt;br /&gt;Antes de pedir la cuenta, Mónica Sanseverato sacó una lista de nombres de su bolsillo. Entre ellos estaba el de Enrique Valverde.&lt;br /&gt;Una idea cruzó su mente como un rayo.&lt;br /&gt;No pudo más que reírse ante las intrincadas suposiciones de su malévola mentalidad de peluquera chismosa.&lt;br /&gt;-       Puede que yo sepa más que René –murmuró- puede que tenga más información, pero le necesito. Válgame dios que lo necesito.&lt;br /&gt;Abandonó el local con ese pensamiento en la cabeza, cogiendo su coche para volver a casa e intentar ordenar sus ideas.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112630899988491397?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112630899988491397/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112630899988491397' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112630899988491397'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112630899988491397'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/09/capitulo-xxiii-lugar-oportuno-momento.html' title='CAPITULO XXIII: Lugar Oportuno, Momento Adecuado'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112496984799810515</id><published>2005-08-25T13:36:00.000+02:00</published><updated>2005-08-25T13:42:49.070+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XXII: De un misterioso remitente</title><content type='html'>&lt;div align="left"&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;La concejala de urbanismo del ayuntamiento de Granada, que fue la tía de Roberto Blanco, comienza a mover sus hilos. Lymas, su aliado, y con él también Onnyx, actuaran asimismo a espaldas de los Legraine. Para ello, Lymas tiene a su servicio a C – 97, el máximo rival que fue de Zazo en la agencia de detectives.&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la mañana siguiente, sólo el teniente Legraine realizó actividades de interés para la resolución de esta intriga.&lt;br /&gt;Alejandro Sabatini se pasó la mañana durmiendo, sin ánimos de hacer otra cosa. A última hora, decidió llamar a Elia Alcalá, quedando con ella esa tarde.&lt;br /&gt;René Legraine intentó dar con Mónica Sanseverato, sin conseguirlo hasta que ella encendió su teléfono móvil, a eso de las dos de la tarde. Los antiguos compañeros de instituto quedaron para un café.&lt;br /&gt;El teniente de policía concentró sus esfuerzos en encontrar al autor del escrito localizado cerca de las cenizas.&lt;br /&gt;Buscó al perito calígrafo de la comisaría, que aceptó entusiasmado aquel trabajo.&lt;br /&gt;Hacerse con una muestra caligráfica de cada uno de los sospechosos no fue tarea fácil, pero se logró con éxito. Legraine llamó a Madrid, y gracias a unos cuantos contactos, se hizo con la imagen digitalizada de la firma del DNI de cada uno de los sospechosos.&lt;br /&gt;A lo largo de la mañana, el perito tuvo encima de su escritorio los originales de escritura tomados de la firma tanto de Elia y Raúl Alcalá, como de Enrique y Emma Valverde. Asimismo, también estaban las tomas de Enriqueta Hurtado y de Alejandro Sabatini, por si acaso.&lt;br /&gt;El tío de René comprobó con decepción cómo cada uno de los intentos por encontrar al autor fallaban estrepitosamente. Decidió darse unos minutos para despejarse, e invitó al perito calígrafo a un café en un bar cerca de la comisaría.&lt;br /&gt;Ese descanso le vino bastante bien.&lt;br /&gt;Cuando llegó a su despacho, supo que algo se le había escapado. Recordando las palabras de Juan Antonio Lymas, el teniente sacó una muestra caligráfica de Roberto Blanco procedente de una de las pruebas que se usaron para detener a sus asesinos.&lt;br /&gt;Sin perder ni un segundo, le llevó dichas muestras a su compañero, guiado por una esperanzadora corazonada.&lt;br /&gt;Pero fue inútil. La escritura de Roberto Blanco y la del trozo de papel no coincidía ni siquiera sometiéndolo a un estudio superficial.&lt;br /&gt;Legraine, sentado en su despacho, se consideraba defraudado. Llegó a meditar el hecho de que se trataba de una pista falsa, que aquel trozo de papel era algo que estaba allí por pura casualidad.&lt;br /&gt;Mientras su mente discurría por esos derroteros, recibió la visita de Eva Rivera, la concejala de urbanismo del Ayuntamiento de Granada.&lt;br /&gt;El teniente encontró en ella a una mujer inteligente y magnética, como buena política que era. Comenzando la conversación, notó que también estaba algo pagada de sí misma.&lt;br /&gt;- Se me ocurrió recurrir a Onnyx cuando escuché varios rumores referidos a que alguien cercano a mi sobrino Roberto ocultaba algunos motivos acerca de su muerte. Según decían, un socio que compartía con él las ganancias que lograba por el tráfico de drogas. Yo no temía al escándalo, porque la prensa ya sabía mi relación familiar con la madre del fallecido. Pensé que se lo debía a la pobre Victoria, ya que ninguno de nosotros se preocupó por Roberto hasta que el asunto se nos había ido completamente de las manos, y ya era demasiado tarde. Supe que ya se había detenido al asesino, pero sabía que aún podría haber gente responsable en la calle, y decidí llegar hasta el final del asunto. Juan Antonio me ofreció todo su apoyo y comprendió bien la misión que le encargaba. Para ello, me dio su palabra de que iba a manejar el asunto con discreción, y que usaría todos los medios posibles para encontrar al socio de mi hijo. Él me iba a dar la información, yo actuaría en consecuencia con ello.&lt;br /&gt;- Pero el resultado no fue el esperado, ¿no es verdad, señora Rivera?&lt;br /&gt;Eva respondió dando muestras de una molesta indignación.&lt;br /&gt;- El miércoles pasado, Juan Antonio me citó en su despacho de la agencia. Se le veía algo avergonzado con lo ocurrido, me dijo que, ante todo, sentía que los resultados no fueran los esperados. ¿Se lo puede creer? Me dijo que la conclusión a la que se llegaba es que mi hijo no había tenido ningún socio en su negocio.&lt;br /&gt;- ¿Creyó esa teoría?&lt;br /&gt;- En absoluto, teniente. Juan Antonio se excusó diciendo que había puesto en la labor a uno de sus agentes más prometedores. Me tendió un informe realizado por un chico llamado Oscar Zazo, en el que… bueno… venía a decir eso mismo: no había encontrado indicios de la participación de alguien más en los asuntos de mi sobrino.&lt;br /&gt;Legraine se cruzó de brazos, observando inquieto a la concejala.&lt;br /&gt;- Y supongo que se habrá enterado ya de que Oscar Zazo murió el viernes por la noche, apuñalado en el jardín de una casa cerca de la localidad de Gailón…&lt;br /&gt;Eva Rivera se justificó mostrando la palma de sus manos.&lt;br /&gt;- Si hay algo que me interesa, procuro enterarme hasta su completa totalidad. El comisario Sánchez me ha dicho quién fue la víctima y quién está encargado del caso.&lt;br /&gt;De pronto, a Legraine le pareció encontrarse delante de una mujer excepcional. De las que no se paran ante un obstáculo, y que, en ciertos asuntos como los familiares, usaba todo el poder que reunía su cargo.&lt;br /&gt;Eva también sabía que la policía no haría caso a su petición. No sabrían darle una respuesta a su pregunta. Sin embargo, acudir al gerente de una agencia de detectives era algo lógico. Lymas siempre podría decir que la esfera política también acudía a él.&lt;br /&gt;El policía, bajo una estudiada impersonalidad, se permitió una ligera sonrisa.&lt;br /&gt;- Ahora Oscar Zazo ha muerto, -comentó- y detrás de esa muerte puede que esté el misterioso socio de su sobrino. En el lugar del crimen hubo cuatro o cinco chicos de la edad de Roberto Blanco.&lt;br /&gt;- Mi sobrino sólo se relacionaría con gente de su edad. Supongo que eso no levantaba sospechas para mi hermana Victoria.&lt;br /&gt;- ¿Qué edad tenía Roberto Blanco?&lt;br /&gt;- Veintiún años, teniente.&lt;br /&gt;Hubo un silencio prudente por parte del policía. Había sólo uno de los chicos que tenía esa edad.&lt;br /&gt;- ¿Le suena un tal Alejandro Sabatini?&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;La respuesta pareció tranquilizar al tío de René, que nunca había podido creer que el inocente amigo de su sobrino pudiese cometer un crimen.&lt;br /&gt;- Creo que conozco al señor Sabatini, es el director de la sucursal de Cajazul en Granada. –Continuó Eva- Supongo que debe ser su padre.&lt;br /&gt;- Así es. A Oscar Zazo lo invitó a la vivienda el hermano de la amiga que invitó a su vez a Alejandro Sabatini. Él estuvo presente la noche del crimen, pero durmiendo, debido a una fuerte dosis de valeriana que se suministró.&lt;br /&gt;- Comprendo.&lt;br /&gt;Desaparecieron de la concejala sus repentinas sospechas por el hijo de Sabatini. Sin embargo, algo la agitaba.&lt;br /&gt;El resto de la entrevista fue bastante previsible. EL policía y la concejala no trataron ningún tema de importancia. Como despedida, Legraine prometió informarla del rumbo de la investigación.&lt;br /&gt;Observó entonces como Eva Rivera salía de su despacho, con un gesto firme. El policía apretó los labios, sin dejar de admirar a esa mujer.&lt;br /&gt;Volviendo a la realidad, se planteó de nuevo el problema del misterioso escritor de la nota en el faro. Legraine seguía pensando de nuevo en una pista falsa, una confusión de René y Alejandro esa tarde.&lt;br /&gt;Según parecía, esa nota no estaba escrita por ninguno de los implicados en el caso.&lt;br /&gt;Súbitamente, una idea acudió a la cabeza del teniente.&lt;br /&gt;Hizo una repentina llamada telefónica a la agencia Onnyx, y llamó de nuevo al perito calígrafo a su despacho.&lt;br /&gt;Después de unos minutos, Legraine descubrió por fin quién había escrito esa carta rota en pedazos que había escapado a la quema.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- ¿Diga?&lt;br /&gt;Eran las tres menos cuarto de la tarde. René estaba en su domicilio, leyendo en el salón. Había hablado un momento antes con Mónica Sanseverato, citándose en una cafetería que ambos conocían en tiempos de su antigua relación sentimental.&lt;br /&gt;El timbre del teléfono, sonando de nuevo, le había clavado en el asiento. ¿Sería, tal vez, Alejandro?&lt;br /&gt;- Hola René.&lt;br /&gt;Reconoció al momento la voz de su tío.&lt;br /&gt;- Hola.&lt;br /&gt;- Te llamo por lo del papel que ayer encontrasteis ayer Alejandro y tú, cerca de las cenizas del faro.&lt;br /&gt;- ¡Ah, el papel! ¿La nota que escribió Roberto Blanco, y que Oscar Zazo tenía entre los documentos de la carpeta del chantaje?&lt;br /&gt;- Esa misma. Pero te equivocas, no fue Roberto Blanco quién escribió esa nota.&lt;br /&gt;El teniente de policía disfrutó con la sorpresa de su sobrino.&lt;br /&gt;- ¿No la escribió Roberto?&lt;br /&gt;- Para nada. Fue el propio Oscar Zazo quién escribió la nota.&lt;br /&gt;René se quedó unos segundos callado, asimilando la información que le daban. Lo más lógico era pensar que la prueba era una nota escrita de mano de Roberto Blanco a su socio, ¡algo que desvelaba su identidad de manera definitiva!&lt;br /&gt;No obstante, no todo era tan ilógico. Su tío no tardó en explicarse.&lt;br /&gt;- En efecto, René. Oscar Zazo, durante el desarrollo de sus investigaciones, pudo haberse hecho con mensajes escritos del misterioso socio a Roberto Blanco. Muchos de estos mensajes consistían en correos electrónicos, por ejemplo. Pongamos que el joven agente de Onnyx no puede hacerse con una impresión del e mail, por lo que decide copiarlo en un papel, sobre la marcha.&lt;br /&gt;- Si se hubiese presentado un informe honrado, esa cuartilla hubiese sido considerada una prueba más de la existencia del socio. Del otro modo más siniestro, supondría una prueba más para el chantaje a dicho socio.&lt;br /&gt;- Hay algo que no me cuadra en esto.&lt;br /&gt;Ahora era el teniente el sorprendido.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? ¿A que te refieres, René? Hemos corroborado mi hipótesis, está demostrado ya que fue Oscar Zazo quién escribió esa nota.&lt;br /&gt;- ¡Oh! No pongo en duda eso, -repuso René, un poco molesto por las dudas de su tío- desde luego, esa nota la escribió Oscar Zazo. Estoy seguro de que el asesino necesitaba librarse de ella. Pero son otras cosas las que me tienen en ascuas.&lt;br /&gt;Como el policía sabía que su sobrino no expresaba sus propias conjeturas hasta el final, prefirió no insistir en ello, y continuar hablándole del pedazo de papel.&lt;br /&gt;- Ahora estamos trabajando en lo que pudo ser su contenido. Como estuvo en tu poder todo el rato, supongo que te percataste, antes que yo, en la sugerente inicial de la firma.&lt;br /&gt;- Una E, -respondió René, casi indiferente.&lt;br /&gt;- Una E, efectivamente. E de Elia Alcalá, de Emma o Enrique Valverde, E de Enriqueta Hurtado…&lt;br /&gt;- ¿Quién es Enriqueta Hurtado?&lt;br /&gt;- Creo que allí la conocían como Nery.&lt;br /&gt;- ¡Ah! ¡Nery! Curiosa esa chica. Muy curiosa. Precisamente me ha llamado esta mañana, porque quería hablar conmigo, sobre algo que había recordado, con respecto a la noche del crimen. Le he prometido que me pasaría por su casa esta tarde.&lt;br /&gt;El teniente Legraine estuvo reflexionando, con el ceño fruncido.&lt;br /&gt;- Ten cuidado, René. Cualquiera sabe…&lt;br /&gt;- Ya sé, ya sé, -René reaccionó un poco irritado- pero yo que tú no me preocupaba, no creo que Nery sea una asesina. Es más, no creo que ninguno de los que se encontrase esa noche en La Boreal fuese el misterioso socio de Roberto Blanco.&lt;br /&gt;Tras una brusca despedida por parte de su sobrino, el policía parecía confuso.&lt;br /&gt;Meneó la cabeza, y volvió al trabajo.&lt;br /&gt;El resto del día se dedicó a intentar reconstruir el mensaje que encerraba ese papel -eliminado casi en su totalidad por el asesino- a partir de las palabras escritas al inicio de cada renglón.&lt;br /&gt;El resultado comenzó siendo algo así&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NO TE PREOCUPES POR&lt;br /&gt;NADA PORQUE TODO PARECE&lt;br /&gt;SEGUIR BIEN, TAL Y&lt;br /&gt;COMO PLANEAMOS. TE&lt;br /&gt;VEO MAÑANA.&lt;br /&gt;E…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique tomó el último autobús de la mañana para Granada. Su hermana se quedaría unos días más en La Boreal, con Christian y sus padres. Sin embargo, él tenía una imperiosa necesidad de volver a Granada. No se negaba a sí mismo que el motivo era Mónica. Quería verla otra vez, notaba una especie de síndrome de abstinencia.&lt;br /&gt;El hermano de Emma se había dado largos paseos por La Aurora y Gailón, pero no volvió a verla allí. Algo le decía que ella había vuelto a Granada, probablemente al día siguiente de la muerte de Oscar.&lt;br /&gt;Cuando llegó a la Estación de Autobuses, no dejó de imaginar que se la encontraba por casualidad. Su mente jugaba con esos pensamientos como lo haría un niño. No dejó de hacerlo cuando subió al autobús de línea, ni durante el recorrido a pie que le condujo a su casa.&lt;br /&gt;Cierto desánimo le tomó al abrir la puerta. Todo estaba oscuro, apagado, frío y con un característico olor a cerrado. En el instante en que cruzó el umbral, se vio decepcionado por una ilusión que podría no cumplirse jamás, porque… ¿y si no volviera a ver a Mónica más?&lt;br /&gt;Enrique podría preguntarle a Alejandro por ella, pero puede que sólo estuviese en La Aurora de visita, y en realidad viviese muy lejos de allí.&lt;br /&gt;Se dirigió a la cocina con aire apesadumbrado. Abrió el frigorífico y sacó una cerveza. No le apetecía comer por el momento. Así que arrastró los pies hasta el sofá del salón, y se dejó caer allí.&lt;br /&gt;Mónica Sanseverato, mientras, asentía ceñuda en su casa. Sentada sola en el salón, acababa de escribir una lista de nombres, junto a una foto quemada casi por completo. &lt;/div&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112496984799810515?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112496984799810515/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112496984799810515' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112496984799810515'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112496984799810515'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/08/captulo-xxii-de-un-misterioso.html' title='CAPÍTULO XXII: De un misterioso remitente'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112454053537745249</id><published>2005-08-20T14:19:00.000+02:00</published><updated>2005-08-20T14:22:15.390+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XXI: La Vuelta</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Después de haber investigado en La Boreal, Alejandro se marcha al cabo de los Truenos, para meditar acerca de su situación. Cuando René llega hasta donde está él, ambos lograrán encontrar la clave de la muerte de Oscar, y una nueva pista: un trozo de una nota.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro y René volvieron del cabo de los Truenos muy intrigados por la pista que habían encontrado.&lt;br /&gt;El hallazgo de las cenizas de una carpeta negra llena de documentos confirmaba rotundamente la hipótesis del chantaje, que surgió a raíz de la  caja archivadora que la víctima tenía en su habitación.&lt;br /&gt;Por el camino de vuelta a La Boreal, los dos jóvenes se cruzaron con los hermanos Valverde. Se pararon a hablar con ellos, pero a los cinco minutos ya los habían dejado a un lado para continuar su camino. El trozo de papel no podía esperar, sentían la urgente necesidad de presentar esa prueba a Vila y al teniente Legraine.&lt;br /&gt;Enrique, invadido por una curiosa melancolía, apenas notó la prisa con la que despedían. Por el contrario, su hermana Emma los observó cómo se iban, preguntándose a qué venía tanto misterio. Se vio inquieta, intrigada por la actividad de Alejandro y su suspicaz amigo francés. No tardaría en proponerse averiguar a toda costa la causa del misterio.&lt;br /&gt;Los tres policías, que aún se encontraban en La Boreal, reaccionaron con sorpresa ante el descubrimiento de René y Alejandro. Vila llamó a la comisaría de Motril, se despidió de los Legraine y de Alejandro, y fue con Estévez hasta el cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;Antes de marcharse, le pidió al teniente Legraine que le diera el trozo de papel. Sin embargo, suplicante aunque firme, el tío de René le pidió permiso para investigar esa pista en Granada.&lt;br /&gt;Vila, que sabía que no tenía elección, y consciente de que la comisaría central de Granada contaba con más medios grafológicos, accedió a la petición del teniente.&lt;br /&gt;Despidiéndose de nuevo, los dos policías de Motril se marcharon hacia el cabo de los Truenos, donde les esperaba una pista muy importante. Se llevaron consigo el coche patrulla que los había traído a todos a La Boreal.&lt;br /&gt;Alejandro, René y su tío, esperaron en la verja de la vivienda, hasta que llegó Ponce, uno de los agentes del teniente Legraine, con un coche patrulla de la policía de Granada.&lt;br /&gt;Con una hora y media de antelación, el tío de René le había ordenado recogerles, al conocer los planes de Vila y Estévez, una vez que llegaran de su paseo su sobrino y el amigo de éste.&lt;br /&gt;-          ¿Qué tal va todo, Ponce?&lt;br /&gt;El policía sabía de sobra que esa pregunta no incumbía su estado, sino los acontecimientos que habían ocurrido en Granada mientras su superior estaba fuera.&lt;br /&gt;-          Una mujer ha preguntado esta mañana por usted, señor. Se trata de Eva Rivera – Jiménez, la concejala de urbanismo del Ayuntamiento de Granada.&lt;br /&gt;Aunque el cargo mencionado era importante, no hubo ninguna reacción en el rostro del teniente. Es más, casi se lo esperaba.&lt;br /&gt;-          ¿Quería hablar conmigo?&lt;br /&gt;-          De un asunto bastante discreto, -respondió Ponce- no me quiso decir de qué se trataba. Sólo me dijo que si Lymas había hablado ya con usted, sabría el asunto que la llevaba a verle. Como sé que ayer Juan Antonio Lymas estuvo conversando con usted ayer, supe que ya sabría de qué asunto se trataba: Le contesté a la señora Rivera que se lo diría a usted en cuanto le viese.&lt;br /&gt;-          Bien hecho, Ponce –repuso el tío de René.&lt;br /&gt;Al rato, los cuatro ya estaban en el coche, camino a Motril.&lt;br /&gt;Una vez allí, Ponce dejó a Alejandro y a René en el hotel Valencia para que recogieran sus cosas, mientras que él y el teniente se fueron a la comisaría de la localidad, para hablar con el forense Olmedo más profundamente sobre la autopsia al cadáver de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;El tío de René tenía aún un par de dudas que buscaba que fuesen respondidas de primera mano. Olmedo era el único que podía hacerlo.&lt;br /&gt;Tras charlar largo y tendido acerca de la muerte y el cadáver, Olmedo y Legraine se despidieron en la puerta del depósito de cadáveres.&lt;br /&gt;Ponce y él fueron de nuevo al Valencia, recogieron a los dos amigos, y se marcharon rumbo a Granada, cuando ya había empezado a poner el sol en Motril.&lt;br /&gt;Los viajes en coche después de atardecer se le hacían a Alejandro algo tristes. En invierno, cuando a las ocho de la tarde ya dominaba una noche cerrada, buscaba en vano fijarse en algún detalle del paisaje, pero las tinieblas solo se rompían por las luces de una localidad, un bar dec carretera, o algunas farolas aisladas.&lt;br /&gt;De modo opuesto, esa noche de principios de junio, la puesta de sol daba paso a una lenta agonía de la luz, que teñía el cielo de muchos colores. Los tonos cálidos aún parecían estar despidiéndose del sol, en tanto que los fríos anunciaban la llegada de la noche.&lt;br /&gt;Aún no era una noche cerrada, cuando el coche dejó a Alejandro en su casa. El viaje, debido a la conversación, se le había hecho de breve.&lt;br /&gt;Se despidió de René hasta que el francés decidiera llamarle de nuevo. Alejandro sabía que iba a ser en poco tiempo.&lt;br /&gt;Llegó a su casa, donde le esperaban sus padres y una suculenta cena. Escucharon, atentos a su relato, las cosas que su hijo había hecho en la costa, con el teniente Legraine y su sobrino.&lt;br /&gt;Dejó para el final el hallazgo del trozo de papel en el faro del cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;-          ¡Que emocionante, Alejandro! –Exclamó divertida la señora Sabatini, a la cual le apasionaban las intrigas de cualquier tipo- Creía que esas cosas no pasaban en la realidad. Ya sabes, agencias de detectives, chantajistas, asesinatos…&lt;br /&gt;El señor Sabatini admitió animado por las palabras de su mujer, que el pequeño Alejandro se estaba metiendo últimamente en unos berenjenales bastante complicados. A su mente vino ese otro caso de asesinato no muy lejano en el tiempo, en el que también se vio implicado su hijo Alejandro de primera mano*, y que supuso el rencuentro con René Legraine.&lt;br /&gt;La señora Sabatini preguntó por el francés y quiso saber si Alejandro le había dado recuerdos al teniente de parte de sus padres. Su hijo admitió que así fue, casi de mala gana. Estaba cansado, y quería acostarse.&lt;br /&gt;Condescendientes, sus padres le animaron a que lo haga.&lt;br /&gt;Antes de que tomase las escaleras para subir a su habitación, Alejandro se detuvo delante de los señores Sabatini, y levantó el dedo índice.&lt;br /&gt;-          Mamá, -le advirtió- espero que esto no salga de aquí. No tengo problemas en que hables con tus amigas de las cosas tan endiabladamente divertidas que le pasan a tu hijo de aquí a esta parte. Pero… -Alejandro hizo un énfasis que resultaba singular- no quiero que hables de la agencia Onnyx, ni de los chantajes de Oscar, ¡ni mucho menos del trozo de papel que se le escapó de la quema al asesino, y que puede ser tan importante! Sabes que te quiero mucho, mamá, pero no quiero que se vea traicionada la confianza que los Legraine han depositado en mí.&lt;br /&gt;Había dos motivos principalmente por lo que los Legraine habían confiado tanto en Alejandro. En primer lugar, el teniente Legraine estaba seguro de que no se trataba de un asesino, y estaba dispuesto a poner la mano en el fuego por su inocencia. En segundo lugar, René Legraine necesitaba a su lado a su joven amigo, pues lo consideraba alguien cabal con quien podía compartir sus pesquisas. Formaban un buen equipo, y el joven detective tenía ganas de lucirse de nuevo con su ayuda.&lt;br /&gt;Alejandro subió a su cuarto, y se quedó tendido en la cama. Dio un par de vueltas en la cama, inquieto. Luego, arrugó la frente. No conseguía conciliar bien el sueño.&lt;br /&gt;Por fortuna, el desamor no era esta vez lo que le quitaba el sueño, sino el crimen.&lt;br /&gt;Lejos de la humedad de la Costa Tropical, algo seguía inquietando a Alejandro. Era una sensación parecida a la que se tiene cuando persiste la sensación de haberse dejado algo olvidado del lugar de donde se viene.&lt;br /&gt;En su cabeza todo daba vueltas: la piscina de La Boreal, los sobres de dormitol, su brusco despertar de manos de su amiga Elia, la entrevista con Vila, René, el cabo de los Truenos, el técnico que vio esa tarde…&lt;br /&gt;-          Debo separar lo que es importante de lo que no lo es, y de ahí, sacar algo en claro. –Murmuró en voz baja- Entonces todo parecerá estar más claro, y podré serle de más ayuda a René.&lt;br /&gt;¡A veces cansaba ser un mero testigo accidental, consecuencia de una fatal casualidad!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por las calles del centro de la ciudad, Juan Antonio Lymas se dirigía a su domicilio particular, después de haber estado trabajando en las dependencias de Onnyx. Ese día se lo había dedicado a numerosos casos en los que se trabajaba a destajo. Entre ellos, estaba el de Roberto Blanco, derivado ahora en el caso de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;Era obvio que la agencia de detectives no se iba a quedar de brazos cruzados ante el asesinato de uno de sus empleados más prometedores.&lt;br /&gt;Ignorando lo desagradable del caso, Lymas se veía en la necesidad de llegar hasta el final. Mal asunto ese que manejaba Zazo en sus ratos libres. El gerente de Onnyx se había enterado ese mismo día, debido a un chivatazo, del chantaje con el que Zazo pretendía atormentar a algunos de sus jóvenes clientes.&lt;br /&gt;He aquí que el pobre diablo dio con la horma de su zapato, y dio con alguien que no estaba dispuesto a dejarse manipular tan fácilmente. Quienquiera que fuese el socio de Roberto Blanco, había actuado con precisión, rapidez y toda la aparatosidad que suponía cometer un crimen.&lt;br /&gt;Porque para Juan Antonio Lymas, el asesinato era una de las mayores estupideces que se podían cometer en esta vida.&lt;br /&gt;Sin embargo, pese a la ruindad que había demostrado Zazo (y que había pagado con su muerte), Lymas quería saber quién era el asesino. Era una cuestión de orgullo personal: nadie tocaba a sus cachorros.&lt;br /&gt;Para resolver el crimen, el gerente de Onnyx prefería no contar con la policía. Estaba en desacuerdo con muchos de los recursos a los que solía echar mano el cuerpo policial. Esta vez, él usaría sus armas por separado.&lt;br /&gt;Había alguien, alguien especial. Una persona excepcional que había apuntado maneras desde su entrada en Onnyx. Juan Antonio estuvo a punto de adjudicarle el peliagudo encargo de Eva Rivera. Sin embargo, había sido Oscar Zazo quién se había hecho con el caso.&lt;br /&gt;Mala idea, sin duda. Oscar no sólo había omitido en su informe el nombre del socio de Roberto Blanco, diciendo que nunca hubo ningún socio. También había intentado chantajear a la persona a la que le habían pagado para identificar.&lt;br /&gt;Era un escarmiento demasiado duro, pero la gente que así empezaba, así acababa. Siempre había sido así.&lt;br /&gt;El asesinato de su empleado hizo que un gran cansancio se apoderase del gerente de Onnyx al entrar en su apartamento. Se dejó caer en el sofá, y se asomó al contestador. Había un mensaje de voz. Pulsó el botón, atento a la voz que se oía por el pequeño altavoz:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hola jefe. Los resultados no son los que yo esperaba. Ese condenado Zazo no dejó muchas pistas, y las que hay no son esclarecedoras en absoluto. Además, la policía ya no va tan atrasada. A ese inútil de Vila se le han unido dos policías de Granada. Uno es el teniente Legrén, o algo así. El otro es su sobrino, no sé como se llama, pero dicen que es muy inteligente. De todas maneras, debe ser un principiante, he oído que no tiene más de veinticinco años. Se ha hecho con la colaboración directa con uno de los que estaban con Oscar en la zona de los Alcalá.&lt;br /&gt;Mañana le pondré al día.”  &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de escuchar la grabación de su contestador, eligió la opción de borrarla. Se levantó, y se fue al mueble bar. Mecánicamente, como solía hacer tantas y tantas veces, Juan Antonio Lymas se sirvió un brandy.&lt;br /&gt;Más tarde, sentarse de nuevo en el sofá, la imagen del misterioso sobrino del famoso teniente Legraine le vino a la mente.&lt;br /&gt;Pero dicen que es muy inteligente.&lt;br /&gt;Intentó averiguar por qué la voz de su agente había sonado con tanta inseguridad al pronunciar esa frase.&lt;br /&gt;Legraine tiene a su sobrino, pensó Lymas. Pero yo tengo a mi joven triunfante.&lt;br /&gt;Como si tuviera al teniente de policía frente a él, el gerente de Onnyx lanzó un brindis al aire y bebió de su copa. Sabía que había entrenado bien a sus jóvenes investigadores en el buen arte de la indagación.&lt;br /&gt;Estaba seguro de que su inteligente adalid lo iba a hacer. Se adelantaría al sobrino de Legraine, y lograría pensar con más rapidez. Sabría deducir qué fue lo que pasó esa noche. No fallará allí donde falló el cretino de Zazo, y logrará darle a la policía el nombre del sujeto que fue el socio de Roberto Blanco primero, y el asesino de Oscar Zazo después.&lt;br /&gt;Por supuesto, su inteligente adalid aportaría las pruebas suficientes para solucionar el caso.&lt;br /&gt;Los Legraine contra Onnyx.&lt;br /&gt;¡Interesante partida!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112454053537745249?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112454053537745249/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112454053537745249' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112454053537745249'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112454053537745249'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/08/captulo-xxi-la-vuelta.html' title='CAPÍTULO XXI: La Vuelta'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112155284770077181</id><published>2005-07-17T00:19:00.000+02:00</published><updated>2005-07-17T00:27:27.716+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XX: De entre las cenizas</title><content type='html'>&lt;a href="http://photos1.blogger.com/blogger/949/918/1600/Nta.jpg"&gt;&lt;img style="DISPLAY: block; MARGIN: 0px auto 10px; CURSOR: hand; TEXT-ALIGN: center" alt="" src="http://photos1.blogger.com/blogger/949/918/320/Nta.jpg" border="0" /&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;br /&gt;René y su tío el inspector Legraine, además de Alejandro y Vila, van a La Boreal en busca de nuevas pistas, tanto fuera como dentro de la casa. Ahora ya saben a qué había ido Oscar, pero faltan muchas cosas por resolver.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-          ¿Entonces Óscar estuvo un rato en la habitación de Raúl antes de salir misteriosamente?&lt;br /&gt;Alejandro afirmó a la pregunta del teniente Legraine.&lt;br /&gt;Durante la comida, tanto él como Vila se habían dirigido al joven amigo de René. Le habían hecho varias preguntas, que solo él, como testigo del caso, podía responder.&lt;br /&gt;-          Estuve en mi cuarto, en la cama, con el móvil. En la casa solamente estábamos Oscar y yo, porque Elia y su hermano estaban en la piscina. Oí la puerta de la calle una vez, pensé que Oscar se iba. Al oírla por segunda vez, me produjo curiosidad, y bajé las escaleras. Raúl Alcalá estaba ahí, y me preguntó por Óscar.&lt;br /&gt;-          ¿Y entonces Raúl no se cruzó con Oscar Zazo? Por lo que cuentas, Alex, -dijo Vila- cuando uno subía, el otro bajaba.&lt;br /&gt;René, que, por unos momentos, había estado ausente de la conversación, intervino.&lt;br /&gt;-          Puede que no se cruzarán, Vila. Zazo habría bajado las escaleras frenéticamente, y atravesar el atajo a la piscina que hay entre la tapia este y el invernadero. Mientras que uno corría por el lado izquierdo de La Boreal, el otro y su hermana venían del derecho.&lt;br /&gt;-          Es decir, -afirmó el teniente Legraine- que Oscar salió de la casa, fue hasta la piscina por el atajo que dices (y de ahí la explicación de las fibras blancas) y allí… ¿Qué pasó?&lt;br /&gt;Estévez, interesado por la suposiciones que se hacían, decidió dar su punto de vista.&lt;br /&gt;-          Tal vez, esperaba allí a su asesino. Seguro que llevaba encima la carpeta de la víctima de su chantaje. Claro que… el chantajeado no apareció. Volvió de la piscina por el camino entre setos, y empezó a tirarle chinos a la ventana de Alejandro…&lt;br /&gt;El ayudante de Vila se mordió la lengua. No le gustaban los derroteros que estaban tomando su suposición. Estaba dando por hecho que, al no aparecer, Oscar buscó a su víctima lanzándole chinos a su ventana.&lt;br /&gt;René sonrió por la situación. Estévez se había sonrojado un poco, pero Alejandro no se había sentido aludido por la inocente acusación. Meneó la cabeza, y tomó un sorbo de vino antes de tomar la palabra.&lt;br /&gt;-          No creo que Oscar buscase dar en mi ventana, sino en la de Raúl. Se equivocó, hico que me levantara de la cama, y por eso salió corriendo. De todas manera, Estévez, su idea es interesante. El amigo de Raúl pudo haber esperado que la víctima de su chantaje apareciese en la piscina, pero no fue así. Entonces, ¿Por qué fue en busca de Raúl?&lt;br /&gt;Vila probó a adivinar la respuesta.&lt;br /&gt;-          Quizá quería volver a entrar a la casa.&lt;br /&gt;-          La puesta estaba abierta, lo sé porque los demás entraron a por Elia sin necesidad de llamar. Elia la dejó abierta cuando volvió de ver a Nery.&lt;br /&gt;El teniente Legraine prestó mucha atención a las palabras de Alejandro, dejando su tenedor en el aire. Hubo algo que le llamó la atención.&lt;br /&gt;-          ¡Me temo que no hemos pensado en algo muy lógico, y que se nos escapa de las manos! –Exclamó- Alejandro, cuando viste a Oscar desde tu ventana a eso de las once y media… ¿llevaba en sus manos alguna carpeta?&lt;br /&gt;El chico estuvo haciendo memoria. No tardó en responder.&lt;br /&gt;-          Estoy seguro de que no llevaba nada en las manos.&lt;br /&gt;Las palabras de Alex hicieron que Legraine afirmara significativamente con la cabeza. Su sobrino René mantuvo una expresión seria, mirando expectante a su amigo.&lt;br /&gt;-          ¿Seguro que no llevaba nada? –Preguntó.&lt;br /&gt;-          No le vi nada en las manos.&lt;br /&gt;-          Eso da a entender muchas cosas. –Comentó Vila- Me da qué pensar… si la carpeta no la tenía Oscar Zazo, puede que ya la tuviera la víctima de su chantaje. Como entonces Oscar seguía vivo, ¿quizá eso no nos indica que la persona a la que chantajeaba no fue su asesino?&lt;br /&gt;Todos en la mesa pensaban en las palabras de Vila. Su planteamiento estaba bien trazado. Pero algo fallaba para René Legraine.&lt;br /&gt;Alejandro, en su fuero interior, tampoco estaba de acuerdo.&lt;br /&gt;De repente, una llamada sonó en el teléfono móvil de Alejandro y rompió el silencio de la mesa. Él apenas miró de quién se trataba, en seguida cortó la comunicación, apagando su móvil y guardándolo de nuevo en el bolsillo.&lt;br /&gt;Antes de que acabara la comida, cuando el teniente Legraine y Vila anunciaban a lo que se iban a dedicar esa tarde, Alejandro preguntó si podría darse un paseo.&lt;br /&gt;El tío de René notó algo de angustia en la voz del amigo de su sobrino. De modo amable, le dijo que podría hacerlo, puesto que su presencia no era imprescindible hasta más tarde.&lt;br /&gt;No quiso saber el motivo que tenía Alejandro, pero lanzó una mirada a su sobrino René, por si en ella lograra averiguar la razón.&lt;br /&gt;René se limitó a mirar comprensivo a su amigo.&lt;br /&gt;Eran ya las cuatro y media de la tarde.&lt;br /&gt;Alejandro Sabatini estaba jadeando por el cansancio, de pie en la terraza del cabo de los Truenos. Contemplaba el mar, misteriosamente calmado por el maravilloso panorama, que no se cansaba de ver.&lt;br /&gt;De hecho, desde que salió de La Boreal en dirección a Gailón, no había deseado otra cosa.&lt;br /&gt;¿Por qué le gustaba tanto ese lugar? Solo sabía que cada vez que el recuerdo amargo de su ruptura con Fernando le había asaltado, el ir a ese lugar en el cabo de los Truenos le había bastado a Alejandro para olvidarse de él. Era la tercera vez que estaba allí, sin embargo, era la primera que iba él solo…&lt;br /&gt;Sintió la inmensidad del vacío ante sus pies, y la infinidad que evocaba el horizonte marino. Ante esa grandeza, los problemas de Alejandro no parecían sino nimiedades.&lt;br /&gt;¿Pero lo eran?&lt;br /&gt;Se hizo esa pregunta sentado ante un sol de justicia bastante caluroso, cuyo bochorno aumentaba con la sensación de humedad, tan desconocida para él en Granada. Pese a llevar una camiseta de tirantes blanca y unos vaqueros piratas, el calor seguía haciendo mella.&lt;br /&gt;Un hombre apareció de repente en la terraza natural del cabo. Llevaba un uniforme del Servicio de Mantenimiento del Ayuntamiento de Motril. Alejandro supuso que venía a comprobar el estado del faro. Aunque vio algo dañada su intimidad, el chico respondió a su saludo con amabilidad.&lt;br /&gt;Mientras que el técnico subía los escalones hacia el faro, Alejandro pensó de nuevo si sus problemas eran tan graves como los quería hacer.&lt;br /&gt;&gt;&gt; - No puedo confiar en ti, nunca más lo haré –le había dicho a Fernando, como punto y final a su relación.&lt;br /&gt;Alejandro hasta entonces había tenido relaciones más prolongadas, y muchas de ellas con final feliz, y ruptura amistosa. Su espíritu cívico le llevaba a hacer ese tipo de cosas, aunque Virginia, más de una vez, le había acusado de frío y cruel.&lt;br /&gt;Precisamente esa frialdad no le había servido de nada, en la fuerte discusión que mantuvo con Fernando antes de irse, iracundo, de la cafetería donde habían acordado quedar.&lt;br /&gt;Su relación sentimental con Fernando Leyva no había llegado a los cinco meses. No obstante, Alejandro era consciente de que aquella había sido un noviazgo intenso, el más maduro vivido hasta ese momento.&lt;br /&gt;Comprobó, apenado, que aún seguía queriendo. Y se vio algo desesperado. Esa situación era desconocida para Alejandro. Sus rupturas, casi siempre amistosas, habían dado lugar a una buena amistad, pero se habían congelado los sentimientos amorosos.&lt;br /&gt;“No será posible una reconciliación amistosa con el imbécil de Fernando –se dijo- hasta que no me logre quitármelo de la cabeza”.&lt;br /&gt;Vino a la mente de Alejandro el primer beso, en la cama del hospital donde se estaba recuperando Fernando. Aquello fue el fin de una apasionante aventura* y el principio de su relación.&lt;br /&gt;Desprevenido, sintió como se humedecían su nariz y sus ojos.&lt;br /&gt;Agachó la cabeza y cerró fuertemente los ojos. Colocó sus dedos apretando los lagrimales. No iba a llorar, no estaba dispuesto a hacerlo. Pensó en la amistad de René y de Elia, en el asesinato, en su familia… en las cosas que no le harían volver a pensar en Fernando nunca más.&lt;br /&gt;El técnico, que había terminado con el faro, se iba a acercar para hacerle un comentario jocoso. Iba a mencionarle toda la gente que había visto, ahí, en el mismo sitio donde estaba ahora Alejandro, pensando con la expresión perdida, como si el Mediterráneo les diese una respuesta a sus dudas.&lt;br /&gt;Al ver el estado del joven cuando pasó a su lado, vio más correcto desaparecer de allí discretamente. Bajó las escaleras hasta donde estaba aparcada su furgoneta, cerca de la playa. Antes de llegar allí, se cruzó con un chaval joven, de pelo rubio oscuro, ojos azules, y barba de dos días.&lt;br /&gt;René había estado ayudando a los policías en La Boreal, pero tenía la sensación de que ya no encontraría nada interesante por allí.&lt;br /&gt;Súbitamente preocupado por el estado de Alejandro, le preguntó a su tío, el teniente de policía, si podría ir en su búsqueda. No puso ningún problema en ello, así que René cogió su bandolera y salió hacia el lugar donde pensó que, seguramente, Alejandro estaría intentando no pensar en Fernando.&lt;br /&gt;De camino al cabo de los Truenos, René distinguió a lo lejos, sentado cerca de la orilla, a un chico de veintiún o veintidós años. A su lado, hablando con él a pesar de que no parecía escucharla, había una chica que René reconoció como Emma Valverde. René se detuvo.&lt;br /&gt;Ella reconoció al joven detective cuando en un momento dado, giró la cabeza. Le dijo algo a su hermano, y se levantó.&lt;br /&gt;René se fijo en la agilidad de la chica. Su cuerpo era delgado y esbelto, por lo que probablemente Emma practicase algún deporte habitualmente. Casi a la vez, René pensó que cualquiera de los que pudo matar a Oscar Zazo, necesitaba moverse con destreza por el jardín y la piscina de La Boreal.&lt;br /&gt;-          Buenas tardes, René.&lt;br /&gt;La conversación apenas no duró mucho, pero René Legraine prometió volver allí con Alejandro.&lt;br /&gt;-          ¿Dónde esta? –Preguntó Emma.&lt;br /&gt;El joven detective miró en dirección al cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;-          Esta luchando contra sus fantasmas.&lt;br /&gt;La hermana de Enrique sonrió. No comprendió la respuesta. Ya se la explicarían más tarde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René, una vez subidos todos los escalones, llegó a la terraza y no se sorprendió al ver a su amigo allí . Sabía tan bien como él cuánto le había gustado ese sitio desde que llegó a la playa.&lt;br /&gt;Alejandro estaba sentado en el mismo lugar donde el día anterior René se había sentado con él. Tenía la mirada ausente, perdida. Sus ojos estaban enrojecidos, y un par de lágrimas ya habían surcado sus mejillas.&lt;br /&gt;-          Duelen los recuerdos, ¿eh?&lt;br /&gt;Alejandro dibujó en un rostro una sonrisa irónica. No se sentía avergonzado porque su amigo lo viera así. Es más, agradecía en esos momentos alguien que le comprendiera.&lt;br /&gt;Se levantó, sacudiéndose luego los pantalones de tierra. René, entre bromas, le dio un abrazo. No le gustaba en absoluto ver a Alejandro así, pero supo que era ley de vida. La mejor forma de aprender. Él ya lo había experimentado en el pasado.&lt;br /&gt;-          ¿Fernando? –Preguntó, aunque sabía de sobra la respuesta.&lt;br /&gt;-          Sí.&lt;br /&gt;René observó por unos momentos el mar que se extendía ante ellos, buscando ahí las palabras para animarle.&lt;br /&gt;-          Alejandro, eres fuerte, lo sé. Lo supe desde que aquella vez en el instituto, usaste tu cargo de subdelegado para evitar que me castigaran por algo que no había hecho. Tienes una determinación enorme, y sabes usarla sin alardear de ella. Ahora debes usar esa determinación para salir adelante, y saber resurgir de entre las cenizas de tu relación con Fernando. Llegó el momento de ser valiente, Alex. No podrás venir a este sitio cada vez que te sientas mal.&lt;br /&gt;El amigo de René pareció caer en la cuenta, asintiendo lentamente. Había querido huir, fue fácil hacerlo con la ayuda de Elia de Granada a Gailón, pero no había manera huir de sí mismo…&lt;br /&gt;Cogió aire profundamente. Notó cómo su ánimo estaba más recuperado. Le dio unos golpecitos a René en la espalda como agradecimiento, y Alejandro miró por última vez el extenso paisaje que se extendía desde el cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;-          Vámonos. Va siendo hora de enfrentarse a las cosas.&lt;br /&gt;René, sin embargo, no le escuchaba. Volviendo la cabeza, había descubierto que el faro del cabo no estaba tan lejos.&lt;br /&gt;-          ¿Se puede subir? –Le preguntó a Alejandro, señalandolo.&lt;br /&gt;Alejandro afirmó que así era, pero que la escalera no parecía muy segura.&lt;br /&gt;-          Da lo mismo, tengo curiosidad.&lt;br /&gt;Admitió Alejandro que contra la curiosidad de René Legraine no se podía hacer nada, así que le siguió los pasos, rodeando la masa pétrea hasta llegar a la escalerilla.&lt;br /&gt;Con una agilidad admirable, el joven detective comenzó a ascender por dentro de la malla metálica. Su amigo no tuvo más remedio que subir por detrás de él. Esta vez, se resintió menos del vértigo, y el camino hasta el faro le pareció mucho más breve.&lt;br /&gt;Una vez allí, René dejó escapar un silbido de asombro de entre sus labios. Si las vistas desde la terraza eran increíbles, las que había junto al faro eran aún mejores. Alejandro, pese a que en principio no quiso subir, no pudo hacer otra cosa sino darle la razón. Era realmente bonito lo que se veía.&lt;br /&gt;Con la intención de ver todas las vistas posibles, René caminaba hasta el otro lado del faro. En ese sentido, las vistas no eran tan espectaculares: le limitaban a la carretera nacional, y a los montes y riscos que poblaban la zona costera, de la frontera entre Málaga y Granada.&lt;br /&gt;René decidió que ya era hora de volver a La Aurora, porque quería verse antes de Emma antes de reunirse con su tío y el resto de policías.&lt;br /&gt;Alejandro andaba detrás suya, hasta que el chico tocó en el hombro de su amigo.&lt;br /&gt;-          Mira eso.&lt;br /&gt;Había señalado a una mancha gris de tamaño medio, que había a la izquierda, cerca de un arbusto.&lt;br /&gt;Vista más de cerca, se veían nítidamente las cenizas de la quema de unos papeles.&lt;br /&gt;René se acercó muy interesado, mientras que Alejandro miraba por encima de su hombro.&lt;br /&gt;A salvo de la gran cantidad de cenizas, se habían salvado algunos trozos sueltos, la mayoría de pequeño tamaño. Entre esos trozos, había restos derretidos de un plástico de color oscuro.&lt;br /&gt;-          ¿Puede ser…? –Empezó Alejandro, cuando cayó en la cuenta.&lt;br /&gt;René parecía estar terriblemente excitado.&lt;br /&gt;-          La carpeta –dijo.&lt;br /&gt;No tardó en descubrir que alguien había llegado antes que ellos. Las cenizas se veían desperdigadas a los lados por efecto de un pie curioso.&lt;br /&gt;René se puso en cuclillas. La sombra de Alejandro se proyectaba sobre los restos de la carpeta de Oscar, así que la búsqueda fue sencilla. El francés rezó para que algo pudiera haberse escapado de la quema del asesino.&lt;br /&gt;No hubo suerte. Todo se había visto reducido a cenizas, y los pedazos de papel que no habían sido quemados no revelaban nada en absoluto. Parecía que ahí acababa todo.&lt;br /&gt;Como un animal que percibe el olor a comida, Alejandro dejó de mirar al montón de cenizas y fue girando la cabeza lentamente, para intentar distinguir alguna pista a su alrededor.&lt;br /&gt;Su movimiento fue acertado. A unos metros del montón de cenizas, cerca del faro, había un pedazo de papel, pisoteado y casi enterrado.&lt;br /&gt;Alejandro dio una zancada hacia donde estaba ese pedazo, sujetándolo con cuidado entre sus dedos. No había sido pasto de las llamas. René seguía buscando en el montón de cenizas.&lt;br /&gt;-          El dossier ha sido quemado a conciencia. Quien lo hizo, produjo brasas. Si hubiera hecho una hoguera, habría llamado la atención de cualquiera que hubiese visto el resplandor cerca del faro. Pero si lo hace a plena luz del día, concentrándose en que el fuego consumiera todo el papel, incluido el fotográfico, a nadie le llamaría la atención.&lt;br /&gt;La voz de Alejandro hizo que René se volviese.&lt;br /&gt;-          El asesino vino hasta aquí rompiendo en pedazos los folios del interior de la carpeta. Este pedazo de papel se le cayó de camino.&lt;br /&gt;René cogió el pedazo de papel que le ofrecía Alejandro, observando el contenido. Estaba escrito a mano, por un bolígrafo de color negro. (arriba)&lt;br /&gt;-          ¿Qué opinas? –Preguntó Alejandro.&lt;br /&gt;-          Interesante, muy interesante… mi tío y Vila deberán verlo en seguida. Ellos nos dirán quién escribió esta nota. Algo me dice que este error le va a costar muy caro al asesino.&lt;br /&gt;-          Muy caro -repitió.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112155284770077181?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112155284770077181/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112155284770077181' title='4 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112155284770077181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112155284770077181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/07/captulo-xx-de-entre-las-cenizas.html' title='CAPÍTULO XX: De entre las cenizas'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>4</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112151134066177581</id><published>2005-07-16T12:50:00.000+02:00</published><updated>2005-07-16T12:55:40.673+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XIX: René en La Boreal</title><content type='html'>&lt;em&gt;La vida de todos ha cambiado tras el asesinato de La Boreal: Christian, empieza, sin quererlo, a sospechar de Emma. Los hermanos Alcalá están ahora más unidos que nunca frente a la adversidad. Enrique Valverde se confiesa completamente enamorado de la chica a la que vio mirarle la noche del crimen&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;font-size:85%;"&gt;Mensaje de texto enviado a las diez de la mañana, desde el móvil de René Legraine al de Mónica Sanseverato:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hola Mónica. Más tarde iré a La Aurora. ¿Podríamos quedar allí? Necesito hablar contigo de algo importante.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mensaje de texto enviado a las diez y cuarto de la mañana, desde el móvil de Mónica Sanseverato al de René Legraine:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo siento, pero anoche volví a Granada. Si es tan importante lo que tienes que hablar conmigo, avísame cuando vengas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La decepción tomó el rostro de René cuando leyó el mensaje de respuesta.&lt;br /&gt;-       Está ya en Granada.&lt;br /&gt;Alejandro, que estaba desayunando con él en la cafetería del hotel, torció la boca.&lt;br /&gt;-       Llámala.&lt;br /&gt;-       Esas cosas prefiero tratarlas en persona. Quiero conocer su reacción cuando le hable de lo que pasó la noche de la muerte de Oscar Zazo. La gente miente por sus palabras, pero las reacciones son más difíciles de fingir. Sobre todo cuando un antiguo amigo te habla de ese tema.&lt;br /&gt;-       No se lo esperará.&lt;br /&gt;-       Espero que no.&lt;br /&gt;El joven detective y su amigo estaban esperando que un coche de policía viniera a recogerles al hotel, para llevarlos a Gailón.&lt;br /&gt;El automóvil referido salía en esos momentos de la comisaría de Motril. En él ya iban Estévez al volante, Vila de copiloto, y el teniente Legraine en la parte de atrás, terminando de leer las declaraciones de los testigos, que Vila le había pasado al llegar a su despacho esa mañana.&lt;br /&gt;Junto con las anotaciones de Vila, también había un informe con la autopsia completa que había realizado Olmedo, el forense.&lt;br /&gt;La autopsia desvelaba algunos datos interesantes. Como mostraban las evidencias, el joven chantajista murió a causa de sus heridas. Desangrado por las cinco puñaladas que se realizaron con un punzón para el pelo, encontrado el lugar del crimen, a unos metros de la víctima.&lt;br /&gt;Estuvo Legraine leyendo interesado el informe de la autopsia hasta que llegaron al Valencia. De allí recogieron a los dos jóvenes. Las presentaciones se produjeron de un modo un tanto informal en el interior del vehículo.&lt;br /&gt;Poco a poco, Estévez condujo por las calles de Motril, hasta dejar la localidad. Tomaron la salida de Almuñecar, por una carretera que se extendía a lo largo del puerto y las playas de la costa.&lt;br /&gt;A Legraine le gustaba bastante la costa granadina. Era tranquila, soleada, bonita y mucho más relajante que la estresante Málaga. Asomado todo el rato a la ventanilla, mientras su sobrino hablaba por primera vez con Vila, el teniente de policía observó con serenidad las magníficas playas de Salobreña y Almuñecar.&lt;br /&gt;Después de atravesar estas dos localidades costeras, el paisaje se hacía más accidentado, con más curvas. Afortunadamente, ninguno de los viajeros era especialmente sensible al mareo. De este modo, atravesaron La Herradura sin perder ni un segundo.&lt;br /&gt;El tío de René, que era el único que no había pasado por esa carretera secundaria que llevaba a Gailón, se quedó maravillado.&lt;br /&gt;Tras unas cuantas curvas, el pueblecito costero, con La Aurora y el cabo de los Truenos al fondo, apareció ante ellos. Gailón estaba compuesto por pequeñas casitas, que en ninguno de los casos llegaban a la tercera planta. Lo único que destacaba en altura era la espadaña de la iglesia del pueblo.&lt;br /&gt;Finalizando ya el trayecto hasta La Boreal, después de pasar por Gailón, el coche llegó a una carretera que estaba proyectada de forma paralela al paseo peatonal, y a la playa entre el pueblo y la urbanización. En ese momento, René palpó uno de sus bolsillos. Había guardado ahí el mapa que había hecho según las descripciones de Alejandro. Lo miró unos instantes, justo antes de llegar a la vivienda.&lt;br /&gt;El teniente y su sobrino se imaginaban la Boreal como un edificio más antiguo y más siniestro. En realidad, se trataba de una casa de diseño moderno, de cemento, madera y cristal. Sus enormes ventanales reflejaban un radiante sol que les deslumbró. No parecía un sitio donde se había cometido un asesinato.&lt;br /&gt;Todos bajaron del coche, para luego abrir la verja y entrar. René se quedó contemplando el edificio unos segundos antes de entrar, así que fue a la cola del grupo.&lt;br /&gt;Hasta llegar al hall, se repartieron el trabajo. Estévez, bastante joven, algo más mayor que René y que Alex, estaría con ellos dos en el exterior de la casa. Vila y Legraine investigarían en el interior del domicilio de los Alcalá, reuniéndose con los otros tres más tarde.&lt;br /&gt;Una vez en el hall, la puerta de los Valverde se abrió. Emma, con una simpática sonrisa, saludó a René y a Alejandro y se presentó ante los policías, hablando en nombre de sus padres para ofrecerse en caso de que se necesitara cualquier cosa.&lt;br /&gt;Agradecieron la oferta de la familia, y decidieron empezar con el trabajo. Vila sacó una llave, y abrió la otra puerta, que cerró Legraine tras entrar detrás suya.&lt;br /&gt;-       Bien, ¿por donde empezamos? –Dijo Estévez, poniéndose a las órdenes de René Legraine.&lt;br /&gt;-       El invernadero. –Anuncio el francés.&lt;br /&gt;Los tres salieron del hall, y echaron a andar por el césped hasta llegar a la zona oeste del recinto. Allí, entre el edificio de La Boreal y la tapia, había un gran receptáculo transparente, hecho de cristal y metacrilato, lleno por completo de plantas de todo tipo. La mayoría de ellas, algo maltrechas. Ni la señora Valverde ni la señora Alcalá se habían encargado especialmente de su cuidado.&lt;br /&gt;El pequeño habitáculo ocupaba solo unos cuantos metros cuadradazos, pero en él el espacio estaba aprovechado al máximo. René, Alejandro y Estévez de pusieron unos guantes de látex. El francés abrió el picaporte de la puerta de entrada e inspeccionaron el interior.&lt;br /&gt;Nada más entrar, el agobiante calor de su interior les envolvió con un guantazo húmedo.&lt;br /&gt;El registro no dio resultados. Los tres no encontraron ninguna pista en el interior del invernadero. Lo más sugerente con lo que se topó René fue con una segunda puerta de salida, al otro lado, que daba a la piscina.&lt;br /&gt;Sin embargo, por las bisagras se adivinaba que esa puerta se abría hacia adentro. Delante de esta puerta, había una mesa. Esta mesa de madera desencajada, sucia y gastada, justo con el polvo que había en ella y algunas telarañas, indicaba que nadie había podido abrir la puerta en mucho tiempo.&lt;br /&gt;Al salir del invernáculo de La Boreal, René la inspeccionó por fuera.&lt;br /&gt;Algo le llamó poderosamente la atención: por el punto izquierdo, el habitáculo estaba pegado a la casa; pero por el lado derecho había un espacio libre entre el invernadero y la tapia, que formaba un estrechísimo corredor de medio metro de ancho, aproximadamente.&lt;br /&gt;-       Vaya… esto es interesante. –Le dijo a Alejandro y a Estévez.&lt;br /&gt;-       Ya entré por ahí ayer. –Respondió Estévez- Pero no encontré nada.&lt;br /&gt;-       Bueno, -intervino Alejandro- no perdemos nada por entrar de nuevo por ahí.&lt;br /&gt;René estaba observando atento el “pasillo” entre la tapia y el invernadero. Decidido, dejó la bandolera que llevaba a la espalda en la hierba, para introducirse ahí. Entró de lado, ya que por su anchura no era posible hacerlo de frente.&lt;br /&gt;Se deslizó hábilmente por todo el corredor, hasta que llegó al final. Saltando un escalón, se vio dentro del césped de la piscina.&lt;br /&gt;Volvió sobre sus pasos e hizo el mismo recorrido, buscando algún rastro de alguien que hubiese pasado por ahí últimamente. Examinó atentamente el muro pintado de celeste, y los cristales del invernadero. No encontró nada.&lt;br /&gt;Al llegar a donde le esperaban Estévez y Alejandro, no tuvo más remedio que darle la razón al joven policía.&lt;br /&gt;No obstante, el joven Legraine no se daba por vencido tan fácilmente. Soltando un murmullo, sacó de una bandolera que había dejado en el césped una lupa, pequeña pero de lente potente.&lt;br /&gt;Estuvo prestando atención a la entrada del pequeño pasillo. Rozó con sus manos el tacto de la tapia, rugoso y áspero. Cuando se puso de rodillas para palpar con más suavidad, sin dejar de mirar con la lupa, encontró algo.&lt;br /&gt;Soltó una exclamación de alegría, y llamó a Estévez y a Alejandro, que le habían estado observando algo alejados.&lt;br /&gt;-       Mirad aquí. -dijo el joven detective mientras le ofrecía su lupa a Estévez- Creo que son algunas fibras de algodón color blanco. Puede que sean recientes.&lt;br /&gt;-       Eso significa que Oscar pasó por aquí cuando fue a la piscina, -sugirió Alejandro, ceñudo- Al volver corriendo a La Boreal, cuando fue a reunirse con el asesino. Supongo que eso fue después de que se fueran Elia, los hermanos Valverde, Christian y Claude a Gailón.&lt;br /&gt;-       No creo que eso sea posible, -intervino Estévez, con la seguridad del que ya sabe algo- porque el forense dice que Oscar murió entre las diez y medianoche. Así que ya estaba muerto cuando la gente se fue y La Boreal se quedó sola.&lt;br /&gt;-       Entonces murió antes de medianoche…&lt;br /&gt;Alejandro lo había murmurado en voz baja, como si pretendiera autosugestionar esa respuesta en su cabeza. Meneó la cabeza contrariado.&lt;br /&gt;-       ¡Pero eso es imposible! Oscar estaba vivo a las once y media, y apenas unos minutos después, Christian y Claude ya estaban en el hall. ¡Habrían visto, o ellos o Enrique, a Oscar volviendo a La Boreal de nuevo!&lt;br /&gt;-       Unos minutos bastan para cometer un crimen –declaró Estévez.&lt;br /&gt;El francés estuvo prestándoles atención, hasta que se quedaron callados. Parecía que había llegado su turno para hablar.&lt;br /&gt;-       Será mejor que vayamos a la piscina.&lt;br /&gt;Y los tres caminaron desde el invernadero, pasando por delante de la fachada de la casa, hasta el sitio donde comenzaba el camino a la piscina.&lt;br /&gt;Este camino se le antojó tanto a René como a su amigo como un paseo inútil. Debido a la extraña disposición de los huertos, (ver dibujo de René) la vía de cemento formaba una “U” que bien podría haber evitado con un camino en línea recta, paralelo al extremo derecho de la vivienda.&lt;br /&gt;Después de caminar por el sendero y de torcer unas cuantas veces, René volvió al lugar al que antes había accedido con cierta dificultad desde el estrecho corredor del invernadero.&lt;br /&gt;Los tres ahora se encontraban en la piscina. La sangre que salía del vestuario ya había sido limpiada. La hierba que ocupada esa zona había sido peinada por la policía, sin resultado. Estévez no dudaba en pensar que René no iba a encontrar nada provechoso allí.&lt;br /&gt;Efectivamente, ni René ni Alejandro dieron con algo con lo que la policía de Motril no se había encontrado.&lt;br /&gt;René sólo se vio motivado cuando salió del vestuario con varios punzones para el pelo.&lt;br /&gt;-       Elia Alcalá tiene la costumbre de guardar unos cuantos aquí dentro. –René los mostró. Eran cuatro- Supongo que cuando el asesino vino aquí, ya sabía de dónde podía sacar un arma efectiva, aunque improvisada.&lt;br /&gt;-       Mi amiga tiene muchos de esos. A veces creo que miles.&lt;br /&gt;Estévez rió el comentario de Alejandro. René le miró con una sonrisa, pero no dijo nada. Se limitó a echarle un vistazo al reloj.&lt;br /&gt;-       Bueno, mejor que vayamos dentro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vila y Legraine habían estado en el interior de la habitación de Raúl Alcalá, explorando en busca de alguna pista. En una caja de cartón, cerca de la puerta, estaba la bolsa de viaje de nylon y las pertenencias de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;El teniente había encontrado un falso fondo en la bolsa de viaje, pero no había nada en su interior. No era difícil suponer que Zazo había llevado allí dentro la carpeta perteneciente a la víctima de su chantaje.&lt;br /&gt;El chico también había llevado una pequeña agenda de color azul, pero tenía la costumbre de arrancar las hojas de los días que iban pasando. La hoja del día de su muerta ya había sido arrancada.&lt;br /&gt;-       Nada de resultados en la agenda. –Aseguró Vila- No tenía escrita ninguna dirección. Lo que supo antes, no lo hacemos.&lt;br /&gt;-       ¿Han encontrado la hoja del día de su muerte?&lt;br /&gt;-       Miramos en la basura, pero no había nada.&lt;br /&gt;Legraine asintió lentamente. Iba a decir algo, pero le interrumpió su sobrino.&lt;br /&gt;-       ¿Os parece que vayamos a comer algo? –Propuso el teniente Legraine a Vila y a su sobrino.&lt;br /&gt;-       Alejandro y Estévez están abajo. Esperan órdenes, aunque ya me han sugerido ellos también que nos vayamos a almorzar. –René miró a su alrededor, y se dirigió, un tanto curioso, a Vila- ¿Puedo echar un vistazo?&lt;br /&gt;Cuando el policía dio su permiso, y bajo la atenta mirada de su tío, René se fue directamente al armario. Allí había mantas para el frío y ropa de Raúl Alcalá.&lt;br /&gt;Aún con los guantes de látex puestos, René revolvió un poco entre las prendas del hermano de Elia.&lt;br /&gt;Al ver lo que buscaba, giró la cabeza de un modo misterioso y cerró la puerta del ropero de nuevo.&lt;br /&gt;Bajaba las escaleras de la vivienda de los Alcalá, con una leve sonrisa.&lt;br /&gt;Reuniéndose con el joven policía de Motril y con el amigo de René, los cinco se marcharon a un excelente restaurante de Gailón en el que Alejandro ya había estado.&lt;br /&gt;A pesar de la fluidez de René al hablar, y pese a que no perdió comba en ningún momento de la conversación, en la mente del francés se revolvían, confusas, las ideas que se empeñaba, con orden y raciocinio, en ordenar.Empezaba a comprender algunas de las cosas que habían pasado la noche de la muerte de Oscar Zazo…&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112151134066177581?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112151134066177581/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112151134066177581' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112151134066177581'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112151134066177581'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/07/capitulo-xix-ren-en-la-boreal.html' title='CAPITULO XIX: René en La Boreal'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112128773957737305</id><published>2005-07-13T22:46:00.000+02:00</published><updated>2005-07-13T22:48:59.596+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XVIII: Consecuencias</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;En Granada, tras una entrevista con Lymas -el gerente de Onnyx- el inspector Legraine dará con una pista muy importante, relacionada con uno de los últimos casos en los que Oscar Zazo estaba trabajando antes de viajar a La Boreal.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Christian Bayo aún seguía en La Boreal. Esa noche salió para encontrarse con su chica. Emma le saludo más cariñosa que nunca, y le propuso que se fueran a la playa.&lt;br /&gt;Tumbados en la arena, la pareja estaba a solas en una zona muy tranquila y silenciosa. Emma Valverde estaba echada al lado de su novio, abrazada a él. Apoyaba su cabeza en el pecho de Chris, y se sentía viva y plena. Después de la preocupación por el asesinato de su colega en Onnyx, ahora parecía, por unos instantes, olvidarse de todo.&lt;br /&gt;Su pareja, sin embargo, miraba ceñudo las estrellas. Algo le preocupaba. No sabía qué pensar. Había hablado con varias personas, para pedirles consejo. Desde luego, no había funcionado. Seguía dudando de ella, pero la quería tanto… ¿si la quería, por que sospechaba de su novia?&lt;br /&gt;Intentó buscar la respuesta entre las estrellas, en la oscuridad infinita de la noche.&lt;br /&gt;-          ¿En qué piensas? –Le preguntó Emma con una voz llena de dulzura.&lt;br /&gt;Chris no respondió. Acarició la corta melena de su novia, y la abrazó aún más. Ella respondió a su abrazo con una risa amable, de satisfacción. Luego Emma empezó a hablarle de algo a lo que no prestaba atención. Al parecer, era sobre la molestia que les iba a causar a su familia en La Boreal. Iba a haber un nuevo registro.&lt;br /&gt;Su novio suspiró cuando ella terminó de hablar. La abrazó con más fuerza, y lamentó pensar de esa manera. Pero desafortunadamente, Christian no se había quitado aún de la cabeza la imagen de su novia en el suelo, al lado del cuerpo de Oscar Zazo.&lt;br /&gt;Se sentía confuso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Granada, los Alcalá estaban al completo en su domicilio.&lt;br /&gt;Elia estaba recostada sobre el sofá, viendo la televisión de manera apática. Cambiaba el canal cada dos por tres, intercalando un bostezo.&lt;br /&gt;En la misma habitación, a unos metros de ella, su hermano Raúl estaba asomado al balcón. Su mirada se había perdido entre la gente que en esos momentos andaba por la noche, yendo de un lado a otro. Estaba pensando en su amigo del alma, y en su violenta muerte.&lt;br /&gt;La señora Alcalá entró en la sala de estar, y advirtió a sus retoños que la cena ya estaba lista.&lt;br /&gt;Elia se levantó de un brinco, y salió de la habitación. Giró sobre sus paso al ver que su hermano no la seguía. Cuando se asomó, Raúl estaba en mitad del cuarto, reflexionando con las manos en los bolsillos. Sus cejas se arquearon al ver a su hermana.&lt;br /&gt;-          ¿Vienes al salón?&lt;br /&gt;-          Claro.&lt;br /&gt;Raúl le siguió los pasos hasta que quedó a la altura de su hermana.&lt;br /&gt;-          ¿En que piensas? ¿En Oscar?&lt;br /&gt;-          Sí. Lo sigo haciendo.&lt;br /&gt;Elia le frotó uno de sus hombros, en un intento por animarle. Antes de llegar al salón lo llevó hacia ella, y le dio un abrazo.&lt;br /&gt;-          Debe de haber sido muy duro para ti. Yo no lo conocía, pero sabes que me tienes para lo que quieras.&lt;br /&gt;Raúl sonrió reconfortado.&lt;br /&gt;-          Lo siento.&lt;br /&gt;-          ¿Por qué? –Preguntó su hermana extrañada.&lt;br /&gt;-          Pues por haber causado este embrollo. Yo fui quién invitó a Oscar a venir aquí, y todo por desconfiar de ti. Pensé que te ibas a La Boreal para intimar a solas con tu amigo Alejandro. Eso fue lo que me dio a entender mi amigo Oscar.&lt;br /&gt;Una tierna expresión asomó al rostro de Elia.&lt;br /&gt;-          La verdad es que es una situación difícil a la que nos estamos enfrentado. Pero ya verás como pronto detendrán al asesino de tu amigo, y todo habrá sido como una pesadilla que se ha acabado.&lt;br /&gt;Reconfortado por las palabras de su hermana, Raúl se abrazó de nuevo a ella. Elia, sonriendo comprensiva, se sintió más cerca de su hermano que nunca. El violento asesinato les había puesto a todos en una situación límite, pero el resultado con los hermanos Alcalá iba siendo muy bueno. Elia sintió el calor del cuerpo de su hermano pequeño, y se dijo que habría que buscar siempre el lado bueno a todo lo malo que les sucediese. Ella estaba tan angustiada por el asesinato como su hermano, pero su arrojo y decisión no fallaban ni siquiera en esos momentos.&lt;br /&gt;-          Ojalá se detenga pronto al asesino, -murmuró Elia justo después de que traspasara la puerta del salón- porque quiero pasar un verano tranquilo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Nery se estaba maquillando enfrente del espejo.&lt;br /&gt;Llevaba en Granada unas horas. El tiempo suficiente para dormir un poco y llamar a algunas de sus amigas para irse a una exclusiva fiesta.&lt;br /&gt;Usaba con destreza sus productos de belleza, aunque su mente andaba repasando de forma confusa lo que ocurrió en La Boreal.&lt;br /&gt;Entonces, llegó a un detalle que le había pasado desapercibido hasta ese momento. Se sobresaltó de tal manera que se equivocó en la raya del ojo, produciendo un manchón negro.&lt;br /&gt;Contrariada, se sentó en el retrete, y con la ayuda de un trozo de papel higiénico y un espejo, logró arreglar el desaguisado.&lt;br /&gt;Se puso de nuevo delante del lavabo, y apoyó sus manos en el borde, para forzarse a recordar lo que había pasado. Era algo que había ocurrido la noche de la muerte de Oscar.&lt;br /&gt;¿Por qué se habría acordado ahora, precisamente, cuando estaba en el cuarto de baño? Seguramente, había olvidado algo que le sucedió cuando estaba en el cuarto de baño, arreglándose, al igual que esa noche.&lt;br /&gt;Se miró en el espejo, con la molesta sensación de estar a punto de recordar algo que no termina de venir a la cabeza. Nery ya estaba realmente desesperada por acordarse qué era lo que había hecho que la chica se sobresaltase.&lt;br /&gt;De repente, se fijó en la ventana. ¡Eso es! No se trataba de algo que había visto, sino de algo que había oído a través de la ventana abierta del cuarto de baño de los Valverde.&lt;br /&gt;Según como ella recordaba, la ventana daba a la parte derecha de la casa, al sendero entre setos que llevaba a la piscina.&lt;br /&gt;Al salir de su cuarto de baño, comenzó a vestirse con un discreto vestido oscuro de tirantes.&lt;br /&gt;Su mente seguía en la noche de marras. Ella había escuchado unos pasos. ¿Eran unos pasos? No estaba segura. Tras unos segundos, la imagen auditiva parecía cada vez más clara. Eran unos pasos, pero muy seguidos.&lt;br /&gt;Nery se sentó en su cama. Había indagado de tal manera, que ya supo que había escuchado a alguien correr a toda prisa por el sendero de la piscina. ¿Quién sería?&lt;br /&gt;¿Cuándo ocurrió? Nery volvió de nuevo a esa noche. Después de maquillarse, había ido a su habitación, pero antes había pasado por el salón. Había saludado a Elia Alcalá, que acababa de ir con su hermano a la piscina a coger su bikini (que llevaba en la mano) y un punzón para el pelo. El que le dejó a Nery esa noche. Emma estaba hablando con ella, así que llevaría unos minutos en la casa. Por lo que sabía, Elia llegó a eso de las once y diez. Así, los pasos los habría escuchado poco antes, cinco minutos después de las once.&lt;br /&gt;Aún confusa, Nery frunció el ceño.&lt;br /&gt;¿De quién se trataba? Quién corría a esas horas hacia la piscina. ¿Sería Oscar Zazo? ¿O su asesino?&lt;br /&gt;“¡Tonterías! –se dijo Nery, a los quince minutos, mientras secaba su rubia y brillante cabellera- Yo misma vi a Oscar vivo a las once y media, tirando piedras a la ventana de Alejandro.”&lt;br /&gt;A pesar de que la chica tenía la certeza de que quién corría no era ni Oscar ni su asesino, también tuvo la seguridad de que ese descubrimiento era importante.&lt;br /&gt;Sentía mucho embarazo por tener que decírselo a la policía a esas alturas de la investigación.&lt;br /&gt;Por suerte, Nery recordó al amigo al que Alejandro Sabatini había recurrido. Tenía una expresión en su cara que le gustaba mucho, se le veía alguien inteligente.&lt;br /&gt;Movió su cabeza animada, y decidió que al día siguiente, trataría de hablar con Alejandro, o con su curioso amigo de acento extranjero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique Alcalá estaba sentado en la terraza de La Boreal. Sus padres estaban en el salón, su hermana Emma con Christian, en algún lugar de la Aurora.&lt;br /&gt;En su soledad, se sentía muy turbado. No podía apartar de su mente la mirada profunda de esa muchacha. Mónica, como había dicho Alejandro esa tarde.&lt;br /&gt;No supo qué le ponía más nervioso: si el que Mónica estuviera allí precisamente la noche del crimen, o el que esos rasgos, esa mirada inquisitiva, esa figura misteriosa realmente le habían gustado tanto que era imposible apartarla de su mente.&lt;br /&gt;¿Existía el amor a primera vista? Enrique hasta ahora no creía en eso. Pensaba que el amor siempre tenía una base razonable que consistía en una conversación amena, una personalidad arrolladora, una sonrisa sincera y el conocer a esa persona poco a poco.&lt;br /&gt;Y sin embargo, Enrique tenía la sensación de haberse enamorado de una figura femenina entre la oscuridad, que al principio le había causado un temor tal, que tuvo que esconderse de ella.&lt;br /&gt;Ese día había vuelto a ver esos labios sensuales, esa melena oscura lisa en extremo. A la luz del día, había podido ver mejor el cuerpo de Mónica, cuando pasó decidida delante suya y de Alejandro. Había descubierto unas caderas femeninas, un pecho firme, unas piernas…&lt;br /&gt;¿Qué le pasaba? Él no solía ser así. Había sido siempre partidario de que, aunque el físico es lo primero que se ve, sin una mente brillante no servía de nada. Nunca había visto a una mujer como simple objeto, aunque mostraba sus preferencias por las mujeres garbosas. ¡Siempre daba por hecho que la mujer que compartiera su vida tendría que ser inteligente, discreta, sencilla…!&lt;br /&gt;Por el contrario, a él le daba igual que Mónica fuese inteligente, sencilla, discreta, del Real Madrid, lagarterana o pescadera. Sólo quería sentirla cerca de él, quería besar esos labios, tomar ese cuerpo…&lt;br /&gt;Enrique se vio a sí mismo apoyado en la baranda de la terraza, rendido ante un amor irracional, sin pies ni cabeza. No se había enamorado de una personalidad, sino de una persona a secas. Y allí estaba, en medio de la noche, sorprendido por haber dicho su nombre en voz baja. Mónica…&lt;br /&gt;“Tengo que volver a verla”&lt;br /&gt;Ese pensamiento había brotado del Enrique más instintivo. Ya no valía raciocinio alguno.&lt;br /&gt;La Boreal era como su timidez. Había visto siempre a Mónica desde dentro de ella, pero sentía el terrible deseo de verla fuera de La Boreal, fuera de su capa de timidez estúpida. Quería hablar con ella, conocerla.&lt;br /&gt;Una seguridad que recordaba a Elia hizo que Enrique bajara al salón, y le dijera a sus padres que se iba a darse un paseo. Cogió las llaves y se fue de La Boreal, sintiendo como su corazón palpitaba más y más.&lt;br /&gt;Echó a andar por las calles de La Aurora, sin rumbo fijo. Llegó a la playa, echó a andar hacia Gailón, con una ilusión desconocida en él, deseando ver de nuevo a la chica de la que se había enamorado.&lt;br /&gt;Enrique sabía que aquella chica ocultaba algo. Que si estuvo a las doce menos veinte delante de su casa, era por algún motivo. La consideraba como sospechosa, y por tanto, peligrosa.&lt;br /&gt;Pero ni siquiera eso le detenía en su paseo por encontrarla, como tan sólo lo hace alguien ante la corazonada de haberse topado ante su alma gemela.&lt;br /&gt;A las once y media, volvió a su casa, decepcionado por no haberla encontrado. Enrique, de mal humor, le deseo buenas noches a sus padres y se fue a la cama.&lt;br /&gt;No volvería a ver a Mónica en La Aurora.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaban a punto de dormirse, René en su cama, Alejandro en la suya.&lt;br /&gt;Alejandro estaba leyendo un libro que se había llevado a la playa, pero que no había tenido ocasión de disfrutar. Estuvo concentrado en su lectura, hasta que su compañero de habitación decidiera que era hora de dormir.&lt;br /&gt;El joven detective, por su parte, había estaba dibujando un representativo mapa de La Boreal según la descripción que le había dado su amigo. Mañana irían allí, y René quería saber desde un principio cómo era esa vivienda en la cual intentaría encontrar alguna pista que se le hubiera podido escapar a la policía de Motril.&lt;br /&gt;La misión se le antojaba difícil, pero no imposible. Debía haber algo que le aclarara qué fue lo que pasó. Las pistas que le había descrito su tío aún no le encajaban.&lt;br /&gt;-          ¿Cómo se presenta? –Preguntó Alejandro, dejando su libro a un lado.&lt;br /&gt;-          Turbio aún. –Respondió René.&lt;br /&gt;-          Bueno, al menos ya sabemos dos cosas: quién y por qué. Por la entrevista entre tu tío y el gerente de Onnyx, ya sabemos que quién mató a Oscar debió ser el socio de ese tal… Roberto Blanco. Emma Valverde ya nos habló de él esta mañana, ¿te acuerdas? Y, bueno… por otro lado, están la caja archivadora. Ahora sabemos que el motivo era el chantaje al que Oscar Zazo pensaba someter a dicho socio de Roberto. Después de su muerte, puede que él actualmente se encargue del negocio.&lt;br /&gt;René se sentó en la cama, sobre sus piernas cruzadas, enfrente de su amigo.&lt;br /&gt;-          ¿Tú que crees? ¿Pudo ser alguno de los que estaban contigo en esa casa.&lt;br /&gt;Alejandro giró la cabeza hacia René y forzó la mirada para verlo mejor. Se encogió de hombros, dispuesto a dar su opinión.&lt;br /&gt;-          Había cuatro hombres en la casa cuando murió Zazo, excluyéndome a mí: Claude, Christian, Enrique y Raúl. Si vamos descartando por un proceso lógico, a ver… -Alejandro alzó su mirada al techo, para comenzar sus suposiciones- Claude vive normalmente en Bélgica, no lo veo como contacto de Roberto. Oscar tuvo que haber viajado a Bélgica para saber quién era, y eso no ocurrió.&lt;br /&gt;-          Eliminemos a Claude.&lt;br /&gt;-          Raúl Alcalá, por la dosis de dormitol en su té frío, estuvo durmiendo a pierna suelta toda la noche…&lt;br /&gt;René le interrumpió&lt;br /&gt;-          ¿Y si en realidad no estuvo durmiendo? Pongamos que rasga uno de los sobres, echa el contenido por el desagüe, para procurarse una coartada. Se encierra en la habitación. Sale a eso de las doce menos veinticinco, mientras su hermana esta con el secador y tú no has bajado aún de tu cuarto. Entonces va al encuentro de su amigo en el vestuario, y allí lo apuñala.&lt;br /&gt;Alejandro se mordió el labio inferior.&lt;br /&gt;-          Sí, René, tiene lógica. Bien… ahora… nos quedan Enrique y Chris. Cualquiera de los dos pudo hacerlo, viven en Granada y tienen la edad de Roberto Blanco, podrían conocerlo, traficar junto a él. –Alejandro hizo una pausa, parecía considerar algo- Sin embargo, los traficantes suelen ser también consumidores, y ninguno de los dos parecen serlo.&lt;br /&gt;-          Dejando eso a un lado, Alejandro, los dos tuvieron ocasión de cometer el crimen. Christian pudo aprovechar que Claude estaba en casa de los Valverde, moverse ágilmente hasta salir de la casa y salir corriendo hacia la piscina, donde ya le esperaba Oscar. Le apuñaló y salió corriendo de allí, de nuevo a La Boreal. Pongamos que apareció a los dos minutos en las escaleras o a la entrada del salón, aún de espaldas a su amigo Claude.&lt;br /&gt;-          En lo que respecta a Enrique Valverde, Mónica Sanseverato es la que nos puede corroborar. Si realmente ella le vio, René, entonces significa que Enrique estuvo todo el rato en el hall del edificio.&lt;br /&gt;El francés reflexionó unos momentos.&lt;br /&gt;-          Es curioso lo de Mónica. Es lógico lo de su padre, yo también haría lo mismo si tuviera una depresión. Lo que no es lógico es que ella estuviese de ese modo tan oportuno en La Boreal. Hoy no me he atrevido, pero cuando mañana vayamos a Gailón, quedaré con ella para hacerle unas cuantas preguntas… -René echó hacia atrás la cabeza, riéndose de repente- ¡Alejandro! ¿Qué estas haciendo con los ojos?&lt;br /&gt;Mientras el joven detective había estado hablando de Mónica, Alejandro le había estado observando de manera muy extraña, entornando la mirada en numerosas ocasiones. René Legraine sabía que ese era un gesto habitual en él, pero normalmente mostraba desconfianza o enfado. En esa ocasión, Alejandro le miraba repitiendo el gesto hasta un punto cómico.&lt;br /&gt;Su amigo reaccionó molesto.&lt;br /&gt;-          ¡Maldita sea, René! ¡Estoy sin lentillas! ¡Si tú supieras el trabajo que me cuesta verte claramente!&lt;br /&gt;René recordó que Alex había pasado ya por el servicio.&lt;br /&gt;-          Pero si estabas leyendo hace un momento…&lt;br /&gt;-          Tengo miopía. De cerca veo nítidamente, de lejos tengo problemas.&lt;br /&gt;-          ¿Y por qué no te compras unas gafas? –Le preguntó el francés con una sonrisa de burla.&lt;br /&gt;-          Anda, apaga la luz.&lt;br /&gt;Riéndose aún de su amigo, el joven detective apagó la luz y le deseó buenas noches a su miope compañero de habitación.&lt;br /&gt;No tardaron en quedarse dormidos, después de un día tan intenso&lt;/span&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112128773957737305?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112128773957737305/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112128773957737305' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112128773957737305'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112128773957737305'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/07/capitulo-xviii-consecuencias.html' title='CAPITULO XVIII: Consecuencias'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-112017836404390046</id><published>2005-07-01T02:36:00.000+02:00</published><updated>2005-07-01T02:39:24.050+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XVII: Roberto Blanco</title><content type='html'>&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;C&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;uando René y Alejandro están en el cabo de los Truenos, aparecerá Mónica Sanseverato. El francés, que ya ha sido puesto al día de la relación de Mónica con el crimen por parte de Alejandro, se alegrará de nuevo, al encontrarse con su ex novia. Sin embargo, Mónica oculta algo…&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Desde el momento en el que decidió involucrarse en el caso de La Boreal, el teniente Legraine no había parado en toda la tarde.&lt;br /&gt;Sumido en un estado de asombro debido a sus descubrimientos, tras el registro en la mansión Zazo, en los jardines de Santiago, el policía había recibido una llamada de teléfono. Juan Antonio LYMAS, gerente de la agencia de detectives Onnyx, le esperaba en su despacho. La muerte de Oscar Zazo, su joven agente, ya había llegado a sus oídos. Su reacción había sido inmediata.&lt;br /&gt;No tenía tiempo que perder, pues en poco tiempo ya había planeado ir a Motril. Legraine llegó a su despacho, después de dejar las pruebas, y fue al encuentro de Juan Antonio.&lt;br /&gt;Era un señor de unos cuarenta años, que vestía un traje de chaqueta y llevaba unas gafas de montura al aire. Tenía un aspecto formal y serio, y su talante se mostraba arrollador.&lt;br /&gt;Con la preocupación dibujada en sus maneras, le estrechó firmemente la mano al inspector de policía. Ambos caballeros se sentaron, y Juan Antonio quiso ir al grano desde el primer momento.&lt;br /&gt;Oscar Zazo era agente de Onnyx desde hacía algunos meses. Había resuelto satisfactoriamente todos los casos de los que se había hecho cargo. Sus referentes, por tanto, eran muy buenos.&lt;br /&gt;-          Estoy seguro, -declaró Lymas- de que la muerte de Oscar debe estar relacionada con su trabajo en Onnyx. Sin embargo, mi certeza tiene sus reservas: ninguno de los trabajos realizados por Oscar hasta hoy, entrañaban algún peligro posterior a su investigación.&lt;br /&gt;-          Hasta hoy, -señaló Legraine.&lt;br /&gt;El gerente se quedó mirándolo unos instantes, creyendo que él ya podía adivinar lo que venía a decirle.&lt;br /&gt;-          Normalmente, Oscar Zazo, como otros agentes pertenecientes a Onnyx y de edades comprendidas entre los dieciocho y los veintitrés años, se encargaban de trabajos de seguimiento. Pero el último trabajo que le encomendé era algo diferente, y, por qué no decirlo, entrañaba cierto riesgo.&lt;br /&gt;Legraine apoyó su cabeza en el respaldo del sillón. Aquello comenzaba a tomar forma.&lt;br /&gt;-          Supongo que le avisaron del riesgo a correr.&lt;br /&gt;-          Por supuesto. –Afirmó Juan Antonio- Como ya le he dicho, los informes correspondientes a los casos donde trabajaba eran plenamente satisfactorios. Nos pidió probar a trabajar en un encargo “diferente” al resto. Así lo hicimos.&lt;br /&gt;De un portafolios oscuro, el gerente de Onnyx sacó una carpeta marrón, de las que suelen corresponder a un archivador de oficina. Se la ofreció al policía, que la tomó, para echar un vistazo a su interior. Mientras, el otro siguió hablando:&lt;br /&gt;-          Se trataba de un asunto algo delicado. Supongo que habrá tenido noticia hace poco del asesinato de Roberto Blanco.&lt;br /&gt;Legraine levantó la vista.&lt;br /&gt;-          Fue la comisaría de la zona norte la que se ocupó de la investigación, aunque yo tuve noticia de ello, como usted dice. Al parecer se trataba de un ajuste de cuentas entre bandas. De todas formas, yo no estaba en Granada cuando sucedió.&lt;br /&gt;-          Fue más grave que eso. -Dijo Juan Antonio- El asesinato traía detrás un asunto de drogas. El chico ecuatoriano que acabó con Roberto fue a la cárcel, pero hubo muchos otros detenidos por la red de tráfico de drogas que se desmanteló.&lt;br /&gt;-          Supongo que debido a un efecto dominó.&lt;br /&gt;-          Claro. Veo que me comprende.&lt;br /&gt;El policía movió la cabeza lentamente.&lt;br /&gt;-          ¿Cuál es la relación de un caso ya cerrado con el último trabajo del joven Zazo para Onnyx?&lt;br /&gt;Juan Antonio se cruzó de brazos. Llegaba lo importante.&lt;br /&gt;-          Después de la violenta muerte de Roberto Blanco, que como ya le he dicho así era como se llamaba el joven, alguien vino a Onnyx con un encargo muy importante. Se trataba de la señora RIVERA, la concejala de urbanismo del ayuntamiento. Se daba la coincidencia de que ella era la tía de Roberto. Hermana de su madre.&lt;br /&gt;La mención de alguien perteneciente a la vida política de la ciudad hizo que Legraine se moviera de su sitio, intrigado. Juan Antonio dejó una pausa.&lt;br /&gt;-          La señora Rivera, -prosiguió- a la cual habíamos ya servido en un par de ocasiones, quería a un responsable por la muerte de su sobrino. No bastaba con la detención de los malhechores, sino que se trataba de responsabilizar a alguien por la muerte de Roberto Blanco. Ese alguien no era otro sino su socio en el mundo del tráfico de drogas a pequeña escala. Hablamos, por tanto, de tráfico de estupefacientes a nivel local. No sería difícil enterarse de quién colaboraba con el joven Blanco. Así pues, teníamos un caso relativamente sencillo y a uno de nuestros jóvenes agentes más ambiciosos, pidiendo por otro tipo de trabajos.&lt;br /&gt;-          ¿Cuáles fueron los resultados de esa investigación llevada a cabo por Zazo?&lt;br /&gt;El gerente de Onnyx le indicó al policía que pinchaba sobre hueso.&lt;br /&gt;-          No hubo resultados. Oscar se introdujo entre las amistades de Roberto, pero no encontró ninguna evidencia que atestiguara la existencia de un socio. Para todos ellos, Roberto Blanco trabajaba solo. Eso hizo que a Oscar se le bajaran los humos, y que admitiera que aún debía seguir por los trabajos sencillos.&lt;br /&gt;-          ¿A nuestra concejala le satisfizo el resultado de la indagación de su empresa? –Preguntó un malévolo Legraine.&lt;br /&gt;-          Como usted ya se imagina, en absoluto. No obstante, la señora Rivera tuvo que admitir que tampoco sabía tanto acerca de su propio sobrino. Sólo que había alguien próximo a Roberto, pero que pudo ser que desapareciera antes de su muerte.&lt;br /&gt;Legraine miró a su interlocutor, girando la cabeza hacia la derecha. ¿Tal vez…?&lt;br /&gt;-          ¿Ese fue el hallazgo de Oscar Zazo respecto a Roberto Blanco?&lt;br /&gt;-          ¡Oh, no, para nada! –Negó vehemente Juan Antonio- A esa conclusión he llegado yo, armado con mi intuición. Creo que debería tenerla en cuenta, teniente.&lt;br /&gt;El policía prometió así hacerlo. De hecho, un personaje ausente podría encontrarse la noche del crimen en La Aurora, o incluso puede que estuviera esa noche dentro de La Boreal.&lt;br /&gt;Animado por la pista que le había procurado el gerente de Onnyx, el teniente Legraine se despidió de su visita, y organizó velozmente las cosas, de modo que se pudiera ir a Motril lo antes posible.&lt;br /&gt;Una hora después, ya conducía su vehículo en dirección a la Costa Tropical. En el maletero de su coche llevaba una maleta con sus cosas, un maletín con el dossier que le había dado Lymas, y una caja archivadora que había sacado de la habitación de la víctima.&lt;br /&gt;Apenas le hizo falta poco más de una hora para llegar al desvío de la carretera de la costa. Una vez allí, tomó la dirección oeste, camino de Almuñecar, para recoger a su sobrino René y a Alejandro Sabatini, y llevarlos al hotel Valencia. Una vez en Motril, hablaría con Vila, y le presentaría las pruebas que había encontrado en el registro del cual se había encargado.&lt;br /&gt;Legraine estaba realmente turbado por el contenido de la caja archivadora que llevaba en el maletero. En ellas había varias carpetas de diferentes colores, cada una con una fecha y un nombre escritas.&lt;br /&gt;Las carpetas solían contener impresos con capturas de archivos de video y fotografías donde había imágenes comprometedoras para muchas personas. Sabiendo que ahí se encontraba la clave del caso, Legraine había revisado una de las carpetas camino de su despacho, revelando que Oscar Zazo tenía fotos de una joven estudiante en compañía de alguien mayor, probablemente su profesor. Así también podría haber fotos y videos de muchas otras personas. Una de esas carpetas, irremediablemente, llevaría a La Boreal. Y al asesino.&lt;br /&gt;Para el policía encajaban ahora muchas cosas. En primer lugar, el motivo. Oscar Zazo, aparte de ser pudiente y un precoz detective, era un endiablado chantajista, al que cualquiera de sus víctimas habría podido apuñalar en la piscina de la vivienda.&lt;br /&gt;Contrariado por una idea fugaz, el detective chasqueó la lengua y movió la cabeza, en un gesto afirmativo.&lt;br /&gt;Oscar había quedado con alguien en la playa. Había manipulado a su amigo Raúl para que le llevara a su casa de la playa. Un modo genial para acercarse a su víctima. Ese mismo día habrían acordado el lugar y el sitio para verse. Para no andarse con un farol, Oscar se habría llevado la carpeta correspondiente a la playa. ¿Cómo iba a encontrarla ahora, que estaba en manos de su asesino?&lt;br /&gt;En silencio, Legraine pensó en el misterioso socio de Roberto Blanco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro había pasado la tarde en La Aurora primero, y en Almuñecar después.&lt;br /&gt;En primer lugar, cuando salieron del cabo de los Truenos, René y él se fueron a La Aurora, y de allí en moto a Gailón, donde tomaron un café.&lt;br /&gt;En la misma cafetería se encontraron casualmente con Christian y con Emma Valverde. Ella saludó de nuevo a René con un guiño, y manifestó su alegría por volverle a ver. Le presentó a su pareja, y los cuatro estuvieron charlando acerca del crimen. El joven detective notó cierta aprensión en el apuesto novio de Emma cuando él dijo que aún no se había detenido a nadie por el joven amigo de Raúl.&lt;br /&gt;Se despidieron de la pareja, y más tarde Alex y René volvieron en moto a Almuñecar. En el pueblo, René le presentó a Nicolás, y este a sus amigos.&lt;br /&gt;Lo que quedaba de la tarde se pasó entre amigables conversaciones en la playa de San Cristóbal, acabándose por poner el sol.&lt;br /&gt;A la hora determinada, el coche del teniente Legraine llegó a la casa de Nicolás. René saludó a su tío así como Alejandro, que se alegró al volver a ver al policía. Por ultimo, los amigos se despidieron de su breve anfitrión, y tomaron el camino hacia Motril.&lt;br /&gt;René, que esperaba ansioso la llegada del teniente, le preguntó sobre el registro en casa de los Zazo. Le respondió hablándole a él y a Alex del contenido de la caja archivadora. Los dos estuvieron escuchando ceñudos, René especialmente interesado de manera especial. De un modo u otro, ya se esperaba algo así. Él ya sabía por Emma que Oscar había trabajado en una agencia de detectives, y se imaginaba el partido que se le podía sacar al material del que se disponía para cada ocasión: cámaras, micrófonos, etcétera.&lt;br /&gt;Como el que guarda una sorpresa, el teniente Legraine trató por último la conversación con Juan Antonio Lymas al final del trayecto, cuando ya estaban llegando al hotel Valencia. René, que ya conocía la agencia Onnyx por Emma, no se sorprendió tanto como su tío creía. Sin embargo, fue muy interesante escuchar de manera más completa la historia de Alejandro Blanco. René y Alejandro reconocieron la historia que la pequeña de los Valverde les había contado acerca del último trabajo de Oscar para la agencia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los dos jóvenes llegaron al hotel Valencia cuando ya se había hecho de noche. El teniente Legraine arregló en recepción todo el asunto de las habitaciones. Se marchó en seguida, despidiéndose de su sobrino y del amigo de este a toda prisa.&lt;br /&gt;Desde hacía un buen rato, Vila ya esperaba en su despacho al tío de René, y las pruebas que este había encontrado en la habitación de Raúl.&lt;br /&gt;-          Me he llevado una buena sorpresa, -le anunció Legraine tras hacer q colocaran la caja archivadora encima del escritorio de Vila, y sentarse enfrente suya- de hecho, me agrada muchísimo haberle ayudado a encontrar el motivo de la muerte de la víctima.&lt;br /&gt;El policía de Motril se levantó bajo la atenta mirada del teniente, y echó un vistazo a alguna de las carpetas que contenía la caja. Silbó asombrado un par de veces, conforme iba tomando nota de los documentos incluidos en ellas.&lt;br /&gt;-          Chantajista. –Anunció Vila, determinante.&lt;br /&gt;Legraine afirmó de modo ausente.&lt;br /&gt;-          Desgraciadamente, lo más seguro es que falte una de esas carpetas. La que se llevó Zazo a La Boreal este fin de semana. Ahora, lo más seguro es que el asesino la tenga consigo.&lt;br /&gt;-          ¿Quién sabe que puede pasar mañana? A lo mejor se la encuentra usted en La Boreal, cuando vayamos. Los Valverde son tan tercos que han decidido quedarse… ¡da igual! Le pediremos que se ausenten de allí cuando acuda usted y su sobrino.&lt;br /&gt;-          ¿Conoce a mi sobrino? –Preguntó Legraine.&lt;br /&gt;-          No. Pero todo el mundo habla de la muerte de María Valente. La que resolvió René las navidades pasadas. También me he enterado que su amigo, Alejandro Sabatini, es uno de los sospechosos del asesinato que investigamos…&lt;br /&gt;Vila sonrió con beneplácito.&lt;br /&gt;-          No se engañe, Legraine, yo en su lugar hubiese hecho lo mismo. Yo estoy de acuerdo en que usted quiera proteger al chico. Tan sólo le pido que compruebe el que sea indiscutible la inocencia del chaval.&lt;br /&gt;El teniente se sintió incómodo y cambio de tema, hablándole de la entrevista con Juan Antonio Lymas, el gerente de Onnyx.&lt;br /&gt;Vila observó a su interlocutor interesado por su contacto con la famosa agencia de detectives, pero en su fuero interior, desconfiaba de él. Le había resultado muy sospechoso que tomara partido por uno de los sospechosos, por muy amigo de su sobrino que fuera.El policía odiaba el nepotismo en cualquiera de sus formas.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-112017836404390046?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/112017836404390046/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=112017836404390046' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112017836404390046'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/112017836404390046'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/07/captulo-xvii-roberto-blanco.html' title='CAPÍTULO XVII: Roberto Blanco'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111980324517106289</id><published>2005-06-26T18:14:00.000+02:00</published><updated>2005-06-26T18:27:25.183+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XVI: Mónica Sanseverato</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;"&gt;René y Alejandro se citan con la intención de tramar un plan para encontrar al asesino. Más tarde, Alejandro descubrirá dos cosas sobre la chica con la que se topa cada dos por tres: una, recordará que se trata de Mónica, una compañera del instituto; dos, que era esa misma chica la que vió Enrique en la puerta de La Boreal, a la hora en la que murió Oscar Zazo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;René esperaba a Alejandro apoyado en una de las farolas de la playa de La Aurora. A su lado, estaba aparcada la moto que Nicolás le había dejado de nuevo, y por última vez.&lt;br /&gt;Desde que había salido de Almuñecar, en la mente de René se modelaban los planes. Fue pensando en todo lo que tenía que hacer, en todo lo que tenía que pensar. Su tío, La Boreal, el asesinato, la piscina, la noche del crimen…&lt;br /&gt;Y un día para aclarar el misterio.&lt;br /&gt;Ese era el plazo que se había fijado.&lt;br /&gt;Alejandro acudió a su cita diez minutos tarde. Enrique Valverde tenía la culpa. Mónica también.&lt;br /&gt;Después de saludar a René, le dijo los motivos de su retraso. Alejandro sabía muy bien de quién hablaba con el francés, porque Mónica Sanseverato era conocida también por René.&lt;br /&gt;-       …y cuando la vi a través de la verja de La Boreal por tercera vez, casi al mismo tiempo, yo reconocí a Mónica, y Enrique reconoció a la misteriosa chica que estaba frente a La Boreal. La que observaba atentamente, mientras que fumaba un cigarro, a las doce menos veinte, aproximadamente.&lt;br /&gt;René arrugó la frente y pestañeó un par de veces. Asimilaba la información procurada por Alex.&lt;br /&gt;-       ¿te refieres a Mónica? – frunció el ceño, rememorando la clase de primero de bachillerato- Caramba. Apenas me acuerdo de ella, tenía unas facciones muy comunes. Sigue morena con el pelo largo, ¿verdad?&lt;br /&gt;-       Sigue igual, sólo que ahora no tiene cara de niña. Se nota que la pubertad ha terminado de pasar por ella. Incluso… tiene una expresión un tanto cruel. Sobresalía  una dureza muy rara.&lt;br /&gt;-       A lo mejor… estaba furiosa porque no la habías reconocido.&lt;br /&gt;-       La llamé por su nombre, pero no se volvió.&lt;br /&gt;-       Entonces yo creo que no te escuchó.&lt;br /&gt;Los dos habían empezado a andar por la arena, en dirección al cabo de los Truenos. Alejandro aceptó callado la explicación de su colega.&lt;br /&gt;-       Bueno, ¿Qué opinas? –Dijo.&lt;br /&gt;René le miró de hito en hito.&lt;br /&gt;-       ¿De la chica?&lt;br /&gt;-       Efectivamente, -afirmó Alejandro- ¿crees que deberíamos ir a su encuentro.&lt;br /&gt;René respondió sin dudar:&lt;br /&gt;-       Me gustaría volver a verla, Alex, y supongo que tu deberías de disculparte. Resultas muy simpático con las chicas cuando te toca excusar tus actos, aún me acuerdo en la cena de Virginia. Ponte un poco rojo, mira mucho al suelo, y dile a Mónica que te alegras mucho de volverla a ver.&lt;br /&gt;-       Es curioso que me digas eso de disculparse hoy mismo, René. Precisamente hoy, que en poco tiempo se han disculpado dos personas conmigo.&lt;br /&gt;El francés observó con curiosidad a su amigo. Alex siguió hablando.&lt;br /&gt;-       Entonces será mejor que vayamos a ver a Mónica, aunque… sigue habiendo un problema… ¿Dónde estará?&lt;br /&gt;-       No lo sé, -respondió el otro- pero yo que tú me despreocuparía. Te has topado con ella tres veces en poco más de un día. Algo me dice que vamos a volver a ver a esa chica antes de que vayamos a Motril.&lt;br /&gt;-       Supongo que habrá que preguntarle muchas cosas. –Repuso  Alejandro- Si Enrique tiene razón, y ella estuvo en La Boreal a eso de las doce menos veinte… debió ver algo.&lt;br /&gt;-       Sí, -se limitó a responder René- esa chica tiene un don de la ubicuidad muy oportuno. Estaba donde había que estar, cuando había que estar.&lt;br /&gt;-       ¿Qué crees que vio?&lt;br /&gt;-       No lo sé aún, Alejandro. Solo tengo por seguro que ella se tuvo que cruzar en algún momento con Oscar, ya sea cuando huía al despertarte, o cuando volvió, y lo asesinaron en la piscina. Esta tarde me ha dicho mi tío que Olmedo, el forense, no da su brazo a torcer: la muerte de Zazo se produjo entre las diez y medianoche.&lt;br /&gt;-       Pues si yo lo vi a las once y media…&lt;br /&gt;Alejandro había interrumpido su parrafada porque ambos habían llegado ya al cabo de los Truenos. Tenían ya frente a ellos los estrechos escalones, que subían en tramos por el promontorio.&lt;br /&gt;-       ¿Quieres ver el cabo? –Propuso Alejandro.&lt;br /&gt;-       Vamos. Seguro que arriba las vistas son bonitas.&lt;br /&gt;Animado por ese comentario, Alejandro dijo que las vistas, desde luego, eran espectaculares. Le recordó a René la visita que había hecho el día anterior, por la tarde, junto con todos los amigos de Elia.&lt;br /&gt;Comenzaron a subir con ahínco, aunque con mucha precaución. Como el camino entre dos siempre se hace más corto, no tardaron en llegar a la terraza natural. René, al ver la panorámica, no tardó en darle la razón a su amigo.&lt;br /&gt;Los dos jóvenes se sentaron a contemplar el mar, y su movimiento ondulado, que finalizaba cuando las olas chocaban contra las rocas.&lt;br /&gt;-       ¿Qué tal con Fernando? No le he visto desde aquella cena en marzo. La que organizó Virginia.&lt;br /&gt;Una pésima aflicción tomó a Alejandro.&lt;br /&gt;-       Rompimos hace unas semanas.&lt;br /&gt;-       Vaya.&lt;br /&gt;René no supo qué añadir. Alejandro agravó su expresión, aunque seguía contemplando el suave movimiento de las olas.&lt;br /&gt;-       Vine a la playa para olvidarle.&lt;br /&gt;Se oyó a si mismo decir esas palabras, pero, ¿lo estaba olvidando realmente? Era justo admitir que, debido a la muerte de Oscar, Alejandro estaba consiguiendo apartar de su cabeza los desagradables recuerdos que le suscitaba la ruptura con Fernando. Sin embargo, tenía la sensación de que, al volver a Granada, los recuerdos le torturarían de nuevo.&lt;br /&gt;Miró a su alrededor. ¡De buena gana se habría quedado a vivir allí, sumido en la tranquilidad de la vida en la costa granadina, sin más preocupación que conseguir su comida, su vivienda y rehacer su vida. Lejos de Fernando, de la carrera, de todas sus preocupaciones… y tan sólo a una hora de su familia.&lt;br /&gt;“No sé cómo acabarán las cosas –se dijo Alejandro- pero tengo la certeza de que me gustará mucho este sitio”.&lt;br /&gt;-       ¿Por qué rompisteis? ¡Hacíais buena pareja!&lt;br /&gt;René le sonrió a su amigo, en un intento de animarle. Alejandro le devolvió una sonrisa un tanto forzada. Comprendía su esfuerzo por apoyarle. Iba a responderle, pero un ruido le hizo volver la cabeza.&lt;br /&gt;Unos pasos se oían subir rítmicamente los últimos peldaños de la escalinata. Comenzó a caminar tranquila por la terraza con las manos en los bolsillos de sus vaqueros, pero al comprobar Mónica que no estaba sola, se quedó estupefacta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-       Vaya, -murmuró René, mientras se levantaba- si ha llegado Mónica Sanseverato.&lt;br /&gt;La chica reaccionó con una elocuente expresión de asombro. Se esperaba lo de Alejandro Sabatini, pero no lo de René Legraine. Estaba entusiasmada. Se acercó a los dos jóvenes, con una sonrisa completa, abierta y amable. René la saludó con un abrazo y la invitó a sentarse con ellos.&lt;br /&gt;Alejandro reaccionó poniéndose colorado. Sin levantar la mirada del suelo, comentó:&lt;br /&gt;-       No te había reconocido hasta esta tarde, así que no sé si eras tú.&lt;br /&gt;Mónica cogió su hombro y se acercó a él, para acrecentar la confianza de su trato.&lt;br /&gt;-       Tranquilo, no pasa nada.&lt;br /&gt;-       ¿Qué tal estás? –Preguntó René, fingiendo su sorpresa por el encuentro.&lt;br /&gt;La chica miró a la playa de Gailón, situada en el punto más occidental del horizonte. Contestó con una voz cálida y dulce, tal como la recordaban los dos chavales cuando estaban juntos en el instituto:&lt;br /&gt;-       He venido con mis padres a La Aurora. Han alquilado una casa para estos días. Mi padre tiene un cuadro de estrés bastante preocupante, así que ha decidido romper con todo por unos días, y llevarse a su familia a un lugar tranquilo.&lt;br /&gt;Mónica les estuvo poniendo al día. En esos cuatro años que no se habían vuelto a ver, había tenido dos novios, había dejado de estudiar, y ahora se preparaba como peluquera y esteticién en una academia del barrio de La Chana. Después de hablar, Alejandro y René también hablaron de sus respectivas vidas.&lt;br /&gt;De un paquete que llevaba en el bolsillo, Mónica sacó un cigarro. Le ofreció a sus acompañantes. El francés aceptó uno, el otro rehusó. Tras guardar el mechero en el paquete, Mónica siguió hablando.&lt;br /&gt;-       No sabía que estuvieras en La Boreal, Alejandro.&lt;br /&gt;El chico, con un aire ausente, se volvió.&lt;br /&gt;-       ¡Oh, bueno! Me invitó Elia, una amiga de clase. Vive en la zona este de la mansión.&lt;br /&gt;-       Me he quedado a cuadros cuando te he visto entrando en la verja.&lt;br /&gt;Alex rió de buena gana.&lt;br /&gt;-       ¡Ya he visto cómo te has quedado!&lt;br /&gt;“Imagínate cómo me he quedado yo cuando me enteré de que estuviste en La Boreal anoche”. –Se dijo Alejandro, pensando con una ironía que le hizo sonreírse.&lt;br /&gt;Como ya pude decir antes, el lugar invitaba a la calma. En aquella terraza del cabo de los Truenos, apenas se oía otra cosa que el murmullo del mar. Quizá el graznido de alguna gaviota, o el motor de un barco pesquero, pero eso no hacía más que definir el paisaje marítimo.&lt;br /&gt;Movidos por este marco tan atractivo, los tres dejaron el tiempo a un lado, y se preocuparon solamente de su amigable charla.&lt;br /&gt;-       ¿Tienes novia, René? –Le preguntó Mónica en un momento dado.&lt;br /&gt;-       Nada serio por ahora.&lt;br /&gt;-       ¿Y tú? –Le preguntó Alejandro a Mónica.&lt;br /&gt;-       Pues ahora mismo lo último que me apetece ahora es un novio. Salí bastante escaldada de mi última relación, hace unas semanas.&lt;br /&gt;Alejandro se mordió la lengua. No era el único desengañado en La Aurora.&lt;br /&gt;-       A Alejandro le ha pasado algo parecido, ¿no es así?&lt;br /&gt;Alejandro asintió, y explicó, sin dar demasiados detalles, que su última relación también había dado al traste hacía unas semanas.&lt;br /&gt;Recordó entonces esa tarde en la que quedó con Fernando. La tensa conversación en la cafetería, que al final derivó en una violenta discusión. El portazo de Alejandro al salir del vehículo de Fernando. La incertidumbre de esos días, al esperar una llamada. La apatía por el cansancio de la espera, y la admisión de los errores cometidos.&lt;br /&gt;Alejandro meditaba si tal vez Mónica Sanseverato tenía unos recuerdos tan tristes en su memoria.&lt;br /&gt;Como estaba invadido por el dolor de lo pasado, el desgarbado amigo de René tomó un mutismo por varios minutos, en los cuales la conversación entre el galo y la chica fue más sincera y amable.&lt;br /&gt;Así se pasó el tiempo por esa tarde, hasta que René echó un vistazo a su reloj de pulsera. Soltó una maldición y, con todo su pesar, le dijo a Alejandro que ya era hora de irse a Almuñecar.&lt;br /&gt;Alejandro, malhumorado por haber hecho volver a su mente los fantasmas que le atormentaban en Granada, murmuró que iba él primero, y comenzó a bajar trotando los escalones excavados en la roca.&lt;br /&gt;Una vez que se hubieron quedado solos, René observó de una manera distinta a su interlocutora. Sus ojos se dirigieron a Mónica de un modo más profundo.&lt;br /&gt;El motivo era muy sencillo. Casi a la vez, Alejandro Sabatini le perdió la pista a René y a Mónica. Nunca supo que, al año siguiente, los dos empezaron una relación sentimental que duró cerca de un año.&lt;br /&gt;Por lo tanto, él no entendía que el regocijo para la pareja al verse de nuevo, después de tanto tiempo, era aún mayor. Pero ahora debían despedirse.&lt;br /&gt;-       ¿Quedaremos en Granada? –Propuso René, mirándola con dulzura.&lt;br /&gt;La chica afirmó con una sonrisa en los labios.&lt;br /&gt;-       Me marchó ya, Alejandro me esperará ya en el descansillo ¿Te vienes?&lt;br /&gt;-       Ve tu delante, René, yo me quiero quedar un rato más aquí.&lt;br /&gt;Los dos se despidieron con un par de besos en las mejillas. El joven detective echó a andar hacia la escalinata, y comenzó a bajarla lentamente, oteando en busca de Alejandro, que ya le llevaba cierta ventaja.&lt;br /&gt;La joven se quedó contemplando a su viejo amigo, hasta que desapareció de su mirada.&lt;br /&gt;Mónica Sanseverato sufrió en aquel momento un cambio muy significativo. Se mordió el labio nerviosa. Miró a ambos lados, y suspiró.&lt;br /&gt;Aún estaba pensando en René cuando comenzó a andar, en dirección a la escala metálica que llevaba al faro del cabo de los Truenos. Con una seguridad pasmosa, subió hasta la cumbre en mucho menos tiempo del que habría tardado Alejandro, o incluso Christian.&lt;br /&gt;Al llegar arriba, la expresión de Mónica había cambiado por completo. La dureza y la determinación, que Alejandro confundió con crueldad cuando la vio pasar delante de La Boreal, se hacían en esos instantes más evidentes que nunca.&lt;br /&gt;Le dio una vuelta completa al faro, observando con atención los arbustos.&lt;br /&gt;No tardó en hallar lo que había venido a buscar.&lt;br /&gt;Olisqueando el aire, como una gata asomada a la ventana, la chica había llegado hasta un montón de cenizas. El ojo más eficaz no habría tardado en adivinar que se trataban de los restos chamuscados de una carpeta negra.&lt;br /&gt;Mónica, decidida, movió suavemente las cenizas con sus zapatillas de deporte.&lt;br /&gt;Se puso en cuclillas, para recoger un pedazo de fotografía en blanco y negro, de apenas algunos centímetros de área, que se había salvado de la quema.&lt;br /&gt;Sonriendo satisfecha por su descubrimiento, guardó el pedazo de papel fotográfico en sus vaqueros, y emprendió el camino de vuelta a La Aurora&lt;/span&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111980324517106289?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111980324517106289/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111980324517106289' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111980324517106289'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111980324517106289'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/06/capitulo-xvi-mnica-sanseverato.html' title='CAPITULO XVI: Mónica Sanseverato'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111830592160976788</id><published>2005-06-09T10:26:00.000+02:00</published><updated>2005-06-09T10:38:45.056+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XV: Cambio de planes</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;A raíz de las sospechas causadas por la muerte de Oscar, se produce una tensión muy fuerte entre Enrique Valverde y Alejandro Sabatini. Mientras tanto, en Granada, el inspector Legraine va a realizar el registro de la habitación de Oscar Zazo.&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;Aunque al principio la situación en la terraza fue tensa, más tarde la cosa se tranquilizó un poco. Entre Alejandro y Enrique, al final la sangre no llegó al río.&lt;br /&gt;Era ya la hora de comer. Los Alcalá invitaron a los Sabatini a un restaurante de Gailón.&lt;br /&gt;En una mesa estaban sentados sus padres. En la otra, Elia, Raúl y Alejandro.&lt;br /&gt;Como si hubieran decidido olvidarse por un momento de los desagradables acontecimientos de la noche anterior, el ambiente fue muy agradable.&lt;br /&gt;Raúl, que parecía haberle perdonado todo a Alex, no paraba de hacer chistes. Alejandro agradecía que el hermano de Elia se comportara con él de un modo natural. Elia también estaba contenta por el trato de su hermano hacia su mejor amigo.&lt;br /&gt;A la altura del segundo plato, alguien llamó a Alex por el móvil. Se trataba de René Legraine. El chico no tardó en disculparse y salir del comedor del restaurante para atender la llamada.&lt;br /&gt;- Hola René. ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;- Cambio de planes. –Anunció el joven detective.&lt;br /&gt;- ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;- ¿Te acuerdas de mi tío, el teniente Legraine?&lt;br /&gt;Alejandro respondió que así era.&lt;br /&gt;- Viene esta noche a Motril. Se va a alojar en el Valencia, el hotel que hay por el centro. Quiere que tú y yo nos quedemos un día más. Nos ha pedido una habitación doble para los dos. Está interesado en que le acompañe a La Boreal, y quiere que vayas tú también.&lt;br /&gt;- ¿Cómo? –La confusión de Alejandro era evidente- ¿Es que tu tío está ahora encargado del caso?&lt;br /&gt;- Algo así. Esta tarde te lo contaré mejor. Por cierto, con respecto a eso, he cambiado de idea. Nos veremos a las cinco, en la playa de la Aurora. Si alguno de tus amigos quiere venir, tanto mejor.&lt;br /&gt;- La mayoría van a volver a Granada.&lt;br /&gt;- ¡Oh! … entiendo. De todas maneras, si se me ocurren algunas preguntas, tú las harás por mi cuando vayas a Granada.&lt;br /&gt;Con un gesto de desilusión, Alejandro quiso comentarle a René que no se veía con confianza suficiente como para dirigirle preguntas a Enrique Valverde.&lt;br /&gt;- Estaremos poco tiempo en la playa, -continuó René- en cuanto estemos de vuelta, si aún no hemos encontrado al asesino, continuaremos con la investigación. Si quieres que te diga la verdad, lo que me intriga más en estos momentos es ver por dentro La Boreal.&lt;br /&gt;- ¿Cuándo has dicho que llega tu tío?&lt;br /&gt;- Llegará a Motril a eso de las ocho de la tarde. Quiere recogerme luego en Almuñecar, así que para entonces debo tener la maleta hecha. Desde que se vayan tus padres a Granada hasta que llegue mi tío, estaremos en Almuñecar. Dormiremos en el Valencia esta noche, y mañana por la noche. Al día siguiente, estaremos en Granada a primer ahora.&lt;br /&gt;- Estupendo.&lt;br /&gt;- Mi tío ha hablado con mis padres, y quiere hablar con los tuyos después de comer, según me ha comunicado.&lt;br /&gt;Alejandro estuvo pensando unos instantes. ¿acaso no iba a acabar resultando un estorbo? René le quitó pronto esa idea de la cabeza.&lt;br /&gt;- Si hace eso es para protegerte. Tú, como el resto de sospechosos, estáis en el punto de mira de la policía. Allí en Granada, no les van a quitar el ojo de encima ni a los Alcalá ni a los Valverde. Ni siquiera a esa chica tan simpática… ¿Mery?&lt;br /&gt;- Nery. Se llamaba Nery.&lt;br /&gt;- ¿De donde viene Nery?&lt;br /&gt;- De Enriqueta, creo, -aclaró Alejandro- es una especie de apócope un tanto desordenado. Debería ser Enri, pero más fácil para la pronunciación resulta colocar la N delante.&lt;br /&gt;Después de la aclaración, René volvió al asunto que le preocupaba.&lt;br /&gt;- A la policía de Motril le ha parecido estupendo que mi tío se encargue de vigilarte. No es que él crea que seas culpable, todo lo contrario, confía en tu inocencia tanto como yo. Pero eres un testigo de primera mano de lo que ha ocurrido, y también mi tío quiere agradecer de esa manera que acudieras a mi cuando murió María Valente. Además, él piensa que quién ha matado una vez, puede hacerlo otra.&lt;br /&gt;- En todo caso, -Alejandro se sentó en un banco enfrente del restaurante- todo está aún muy confuso. Nosotros sabemos poco, pero me da la sensación, por cómo he visto a la policía esta mañana, que ellos saben lo mismo.&lt;br /&gt;René sonreía ante el pesimismo de su amigo.&lt;br /&gt;- ¿Y en que te crees que está ayudando mi tío? Esta tarde, antes de irse a Motril, registrará la habitación de Oscar. Lo más probable es que allí pueda encontrar alguna buena pista. Cuando acabé, llevará lo que encuentre a Vila.&lt;br /&gt;- ¿Vila? Ese fue el policía que me interrogó esta mañana. Uf…&lt;br /&gt;Alejandro frunció el ceño, preocupado.&lt;br /&gt;- ¿Qué pasa?&lt;br /&gt;- Estoy preocupado por lo del dormitol. Debí decírselo a Vila cuando hablé con él, pero se me pasó. Quizá eso cobre mucha importancia conforme avance la investigación.&lt;br /&gt;- En cuanto a eso, -dijo René- yo creo que sé lo que pasó.&lt;br /&gt;- ¿Ah sí? – A Alejandro le resultó un tanto molesta la seguridad con la que hablaba su amigo- ¿Y qué fue lo que pasó?&lt;br /&gt;- Tu sobre de dormitol, el que ya estaba abierto, lo cogió Oscar Zazo. Si él y Raúl vinieron juntos, lo lógico es que no se habrían separado el uno del otro. Sin embargo, Alejandro, según lo que contabas, antes de marcharse con su hermana, Raúl le dijo a su hermano que estaba muy cansado.&lt;br /&gt;Su interlocutor afirmó lentamente con la cabeza, comenzando a entender lo que René le hizo ver.&lt;br /&gt;- ¡Claro! Eso no es normal. Si los dos habían ido allí, era para pasárselo bien. ¿A santo de qué se iba a ir tan pronto Raúl a la cama? Eso quiere decir que él se tomó el otro sobre, y que se lo dio Oscar…&lt;br /&gt;- …Para tener el campo libre esa noche. Supongo que a esas alturas, ya sabía dónde y cuándo había quedado con la persona que lo asesinó. Por lo visto, después de cenar, Oscar aprovechó el encargo de Elia. En la cocina, debió de rasgar el sobre de dormitol, verterlo en la botella de té frío, y removerlo. Así, cuando a Raúl le dio sed al ver los refrescos, decidió tomarse la botella de té. Tú me has dicho esta mañana que Raúl prefería el té a los refrescos, y que Oscar ya conocía los efectos del dormitol. Como buen amigo suyo, Oscar estaría al tanto de los gustos de su amigo.&lt;br /&gt;- ¿Qué sentido tiene entonces que a eso de las once y media, Oscar llegara a La Boreal para despertar a Raúl Alcalá?&lt;br /&gt;El francés arqueó las cejas, y no tuvo tiempo de responder a su amigo. Nicolás le llamaba, para marcharse a comer. Se despidió de Alejandro a la francesa, prometiendo seguir con la investigación por la tarde.&lt;br /&gt;Su amigo volvió a entrar en restaurante, sentándose con Elia y con Raúl. Ella le preguntó quién le había llamado. Alejandro se encargo de recordarle quién era René.&lt;br /&gt;Raúl, al escuchar que se trataba de un detective aficionado, se vio inesperadamente interesado.&lt;br /&gt;- Oscar trabajaba en una agencia de detectives. Se llamaba Onnyx.&lt;br /&gt;- ¿Se lo has dicho a la policía, Raúl? –Preguntó Elia, sorprendida por la noticia.&lt;br /&gt;- No.&lt;br /&gt;- ¿Por qué? –Quiso saber Alejandro, mientras se acaba una merluza que ya estaba fría.&lt;br /&gt;El hermano de Elia miró al suelo, visiblemente afectado.&lt;br /&gt;- Le prometí que no se lo diría a nadie. Su jefe hablará con la policía, supongo que ya se habrá enterado. Él se lo dirá todo, yo no tuve ganas de complicarme las cosas.&lt;br /&gt;Raúl se equivocaba. En realidad, Gabriel BAUNT, el responsable del ala de Onnyx donde trabajaba Oscar, no se enteraría de la muerte de su empleado hasta el día siguiente.&lt;br /&gt;- Me hubiera gustado mucho conocer a René, -dijo Elia con una amable sonrisa- pero ya sabes cómo estaba. Llevaba toda la noche en vela, necesitaba dormir un poco. Cuando terminé de hablar con Estévez, me fui a la cama y caí rendida. Ha sido una noche muy larga.&lt;br /&gt;- Es curioso, -intervino Raúl- unos durmiendo tan poco, y otros demasiado. ¿Sabéis que tengo un dolor de cabeza horrible? Debe ser de dormir .&lt;br /&gt;El amigo de Elia dio un ligero respingo, y procuró que su sorpresa no le delatara. A él también le dolía un poco la cabeza. La noche anterior, al leer el prospecto del dormitol, supo que era uno de los efectos secundarios que se podían manifestar después de su uso.&lt;br /&gt;Perdido estaba en sus pensamientos Alejandro, cuando alguien llamó al móvil del señor Sabatini. Al contrario que su hijo, él respondió sentado donde estaba.&lt;br /&gt;El teniente Legraine trató de modo amable al padre de Alejandro. Desde hacía tiempo, la relación entre el matrimonio y el policía era buena, así que cuando Legraine le propuso su idea de que Alejandro le acompañara a su inspección de La Boreal, el señor Sabatini no puso ninguna pega. Al tío de René no le hizo falta mentar el acoso que la policía efectuaría a los que estuvieron la noche anterior en la casa.&lt;br /&gt;Después de colgar, y hablarlo con la señora Sabatini, Alejandro fue llamado por su padre. Mostró su acuerdo con la decisión del policía amigo de la familia, y aclaró que la llamada que había recibido antes era de René, hablándole del asunto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran ya las cinco de la tarde. Los padres de Alejandro acababan de marcharse con los Alcalá. Elia le prometió a su amigo que se verían en cuanto él llegara de nuevo a Granada.&lt;br /&gt;Alejandro se despidió de Raúl de un modo amable. Le hizo ver que le perdonaba por completo la actitud que tuvo al principio el hermano de Elia con él.&lt;br /&gt;Antes de dirigirse a la playa, Alejandro sintió a alguien detrás suya cuando abría la verja de La Boreal. Era Enrique Valverde.&lt;br /&gt;- Necesito hablar contigo.&lt;br /&gt;Alejandro se cruzó de brazos.&lt;br /&gt;- ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;- Verás… -un cierto embarazo parecía haberle tomado- Alex… quería pedirte perdón. He estado hablando en la comida con mis padres y con Emma, y me he dado cuenta de que mi forma de comportarme contigo ha sido absurda. No debí de haberte tratado así, tan sólo porque no te conocía.&lt;br /&gt;Aceptó Alejandro las disculpas de Enrique con una sonrisa. No quiso darle más importancia al asunto, pero se extrañó al ver aún allí al mayor de los Valverde.&lt;br /&gt;- ¿No os vais a Granada? –Preguntó.&lt;br /&gt;- Que va. Nos vamos a quedar un par de días más. Mis padres han hablado con Vila y con Estévez, y han acordado colaborar con ellos en lo posible. Pero son tan cabezones, que aseguran que si vinieron un par de días para descansar, se quedarán. Obviamente, mi hermana y yo no vamos a dejarles solos.&lt;br /&gt;- ¿Y Nery?&lt;br /&gt;- Ella si se va camino de Granada. –Enrique le miró con curiosidad- ¿tú a dónde vas?&lt;br /&gt;- A la playa, he quedado allí con un amigo.&lt;br /&gt;- ¿Con el que te vas a Almuñecar?&lt;br /&gt;- Con ese mismo.&lt;br /&gt;- Yo tenía pensado darme una vuelta, salir de aquí –miró a su alrededor- escapar un rato de este sitio.&lt;br /&gt;Alejandro tenía pensado hablar con René a solas, por lo que acoplar a Enrique con ellos sería una mala elección.&lt;br /&gt;No obstante, Alejandro era buena persona.&lt;br /&gt;- Si quieres puedes venirte. Daremos una vuelta por ahí.&lt;br /&gt;Enrique meditó la oferta.&lt;br /&gt;- Prefiero irme solo. Si os encuentro, -dijo el chico- quizá esté un rato con vosotros. Pero de todas maneras, me apetece irme solo por ahí.&lt;br /&gt;Asintiendo con la cabeza, Alex le dio la razón a Enrique. Le comprendía bastante bien. De hecho, él tenía pensado pasar más de un rato a solas, para olvidarse de todo lo que le agobiaba en Granada. Esa terraza en el cabo de los Truenos habría sido un sitio increíble para evadirse de sus problemas. Pero alguien había matado a Oscar Zazo.&lt;br /&gt;El teniente Legraine le estaba haciendo un favor, al alargar su estancia en la costa. Por el momento, no quería volver.&lt;br /&gt;- Entonces, -se despidió Alejandro- Nos vemos por ahí.&lt;br /&gt;Enrique no le había escuchado. Cuando el otro levantó la vista, observó con sorpresa la expresión de su interlocutor.&lt;br /&gt;Había entreabierto la boca y ya no miraba a Alejandro, sino a un punto indeterminado detrás suya. El asombro le había dado a sus facciones una cómica imagen.&lt;br /&gt;Al instante, llevado por la intriga, Alejandro se giró. Quería ver qué era lo que le había causado tanta sorpresa.&lt;br /&gt;Detrás de la verja, por la acera, caminaba con paso seguro una chica. Su misteriosa mirada se cruzó con la de Alejandro al llegar a su altura. Él reconoció en seguida a la chica con la que se había chocado el primer día, de camino a La Boreal. Era también la muchacha que había visto entre los curiosos que se reunieron en torno a la vivienda.&lt;br /&gt;Por primera vez, y como si se tratase de un recuerdo que tuviera en la punta de la lengua, Alejandro Sabatini reconoció finalmente quién era esa reservada joven.&lt;br /&gt;- ¡Mónica!&lt;br /&gt;Ella no se detuvo. Ya había pasado por delante de la entrada de La Boreal, y proseguía su caminata, sin haber escuchado al chico, que por fin la había reconocido.&lt;br /&gt;Al oír el nombre, Enrique observó a Alejandro, sin salir de su asombro.&lt;br /&gt;- ¿Conoces a esa chica?&lt;br /&gt;Alejandro se giró de nuevo, acariciándose luego las sienes. Aún estaba uniendo los retazos de su memoria, tomando ese rostro que volvía a ver, después de tanto tiempo.&lt;br /&gt;- Es una antigua compañera de clase, ¡hace más de cuatro años que no la veía! Ahora comprendo por qué me sonaba tanto su cara… me había olvidado de ella. ¿Qué hará en La Aurora?&lt;br /&gt;- No es eso lo que me preocupa.&lt;br /&gt;Alejandro frunció el ceño. Prefirió no hablar, y esperar a que Enrique se explicase. Después de un rato, el hermano de Emma le miró, bastante preocupado.&lt;br /&gt;- La chica que tú dices, Mónica. Esa fue la chica que vi anoche aquí mismo, mirándome fijamente mientras fumaba un cigarrillo. Ella estaba anoche donde estamos nosotros ahora –señaló el suelo- a eso de las doce menos algo, cuando yo os estaba esperando… ¿Qué estaría haciendo aquí a esa hora?Alex no supo qué responder.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111830592160976788?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111830592160976788/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111830592160976788' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111830592160976788'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111830592160976788'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/06/captulo-xv-cambio-de-planes.html' title='CAPÍTULO XV: Cambio de planes'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111771138270617684</id><published>2005-06-02T13:18:00.000+02:00</published><updated>2005-06-02T13:23:02.716+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO XIV: Sospechas</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Emma confiesa que conocía a Oscar Zazo: ambos trabajaban en Onnyx, una afamada agencia de detectives, en misiones similares. Alejandro después, vuelve a ver de nuevo a la chica misteriosa con la que ya se había cruzado el primer día.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La actitud de Enrique Valverde provocó una situación bastante incómoda. Ninguno sabía qué decir. El que estaba más avergonzado era Alejandro, que no supo cómo defenderse ante el indirecto ataque de Enrique. ¿Cómo le podía demostrar que estuvo durmiendo toda la noche?&lt;br /&gt;En ese momento, el chico se dio cuenta de que no las tenía todas consigo. La policía podía pensar que él apuñaló a Oscar en el vestuario a eso de medianoche, cuando todos los demás estaban camino de la discoteca, y Raúl estaba durmiendo a pierna suelta.&lt;br /&gt;Sintió cómo un escalofrío le estremecía por completo ¡Él no era un asesino! Ni lo fue en navidad, ni lo era ahora.&lt;br /&gt;¡Maldita la casualidad! ¿Por qué se veía ahora frente a otro asesinato sin aclarar? ¿Quizá estaba señalado por el destino para que no se volviese a cometer el asesinato perfecto? ¿Quizá él era una especie de elegido que avisara a René Legraine en cuanto el crimen se manifestara?&lt;br /&gt;Demasiadas fantasías, se dijo.&lt;br /&gt;-          ¿Tú que vas a hacer, Alex? –Preguntó Elia, refiriéndose a si se iba a Granada-  ¿Te vas a marchar a Granada también?&lt;br /&gt;-          No… yo no. Me voy a quedar en Almuñecar hasta mañana por la mañana. Me he ofrecido a acompañar a un amigo hasta que volvamos, en lugar de irme con mis padres.&lt;br /&gt;-          ¿Qué os traéis entre manos René y tú? –Preguntó Emma, lanzándole un guiño.&lt;br /&gt;Alejandro se encogió de hombros.&lt;br /&gt;-          Nada. Pero su idea me ha convencido. Mis padres no han puesto pegas, y no creo que lo haga la policía.&lt;br /&gt;Enrique Valverde le miró algo insidioso.&lt;br /&gt;-          ¿Ah, sí? ¿Y por que no crees que lo hagan?&lt;br /&gt;-          René Legraine es sobrino de uno de los tenientes más populares de la policía de Granada, aparte de ser el mejor detective que conozco. –Replicó Alejandro mientras echaba hacia atrás la cabeza y entornaba la mirada- Si yo fuera el asesino, sería como meterme en la boca del lobo.&lt;br /&gt;Enrique iba a replicar algo, pero su hermana le interrumpió bruscamente, tomándole de la muñeca al hablarle.&lt;br /&gt;-          ¿Ya sabes quién es?&lt;br /&gt;La mayoría de los allí presentes se quedaron algo asombrados ante lo inusual de la pregunta de Emma a su hermano. Pero él pareció haberla comprendido perfectamente.&lt;br /&gt;-          ¿De quién habláis? –Indagó Nery, súbitamente intrigada por la intervención de Emma.&lt;br /&gt;-          De nadie, -Enrique respondió de una manera un tanto seca, antes de que su hermana pudiese decir alguna otra cosa.&lt;br /&gt;Pero Emma no era de las que se callaban.&lt;br /&gt;-          Será mejor que lo digas.&lt;br /&gt;-          ¿Decir el qué?&lt;br /&gt;La pregunta de Christian no hizo sino irritar aún más a Enrique Valverde. Miró con furia a su hermana, resuelta a responder a la pregunta de su novio.&lt;br /&gt;-          Cuando fuimos a recoger a Elia a su casa, Enrique nos esperó abajo. Pues bien, en ese intervalo de diez minutos, Enrique le dijo a la policía que vio a alguien en la entrada de La Boreal.&lt;br /&gt;Emma dejó una pausa. Los jóvenes que allí estaban reunidos la miraron, absortos. Expectante, Elia había dejado de acariciar a su hermano.&lt;br /&gt;Aún enfurecido, Enrique decidió seguir por ella:&lt;br /&gt;-          Era una chica, morena de pelo largo. Como Elia, aunque sabemos de sobra que no era Elia. Estaba fumándose un cigarro detrás de la verja, y desde allí me observaba muy tranquila. Se me heló la sangre. Entré dentro de la casa de los Alcalá hasta que bajasteis, y me di cuenta de que ya no estaba.&lt;br /&gt;-          ¿La conoces? –Preguntó Elia.&lt;br /&gt;-          Es vecina de La Aurora, pero no la conozco. No recuerdo cuando fue la última vez que la vi, pero he visto su cara ya otras veces. El verano pasado, por ejemplo.&lt;br /&gt;-          Lo que dices tiene su coherencia, -se burló Alejandro- una misteriosa chica fumando en la puerta de La Boreal… una sombra oscura al acecho… y ¡qué curioso! Eso fue cuando estabas esperando a Elia, es decir, que no hacía ni quince minutos que Nery y yo vimos a Oscar Zazo salir corriendo de la casa.&lt;br /&gt;Enrique se levantó, indignado.&lt;br /&gt;-          ¿Qué quieres decir con eso, Alex?&lt;br /&gt;-          En diez minutos da tiempo de hacer muchas cosas.&lt;br /&gt;-          ¡Maldito…!&lt;br /&gt;El hermano de Emma se levantó de su asiento, pero su hermana le cogió del brazo, y defendió a Alejandro.&lt;br /&gt;-          Si tú desconfías de él… ¿Por qué no va a desconfiar él de ti? Tenemos que hacernos a la idea de que, sin tener en cuenta la historia de la chica que viste, todos somos sospechosos.&lt;br /&gt;-          Emma, -dijo Chris, observando cómo se volvía a sentar Enrique- yo creo que algunos tenéis una coartada bastante fiable. Yo estuve a tu lado toda la noche, y Nery estuvo con nosotros, y más tarde con Elia y Enrique. Elia igual, desde la última vez que se vio a Oscar vivo, estuvo acompañada de Alejandro primero, y de Nery después.&lt;br /&gt;-          Pero sería injusto pensar que pudo ser Enrique, o Alejandro. Yo creo en tu historia, Enrique, no eres de los que se imaginan las cosas. Y también creo en Alejandro, se tomó el dormitol delante mía, así que estoy segura de que estuvo durmiendo toda la noche. Por lo tanto… -Elia dejó la frase en el aire, no supo qué añadir.&lt;br /&gt;-          Entonces, -intervino Alejandro- ¿tú qué crees que pasó?&lt;br /&gt;Elia movió la cabeza. Era evidente su confusión.&lt;br /&gt;-          No lo sé, no lo sé… supongo que alguien quedó con Oscar. Algo ocurrió para que volviera a La Boreal, e intentara despertar a mi hermano. Al ver que lo que había hecho era despertar a Alejandro, salió corriendo. Volvió cuando todos o estábamos fuera o estábamos durmiendo, marchó hacia la piscina, y allí le tuvo que matar alguien.&lt;br /&gt;Un expresivo silencio pareció darle la razón a Elia. Ninguno de ellos se atrevió a dar otra versión, porque todos se preguntaban quién había podido ser… y si el asesino estaba entre ellos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el mismo momento en que los jóvenes hacían sus conjeturas, Vila hablaba por teléfono con el inspector Legraine, de la comisaría de Granada. Los dos policías habían colaborado en varias ocasiones, de modo que existía una cierta complicidad entre ellos. La confianza hacía que el teniente de policía hablase con libertad, y pudiese hacerle a Vila tantas preguntas como quisiera.&lt;br /&gt;Llegado el momento en que Legraine le pidió un favor a Vila, no se pudo negar. En primer lugar, el teniente le pidió su opinión acerca del crimen, y de los sospechosos.&lt;br /&gt;-          Me lleva una corazonada, -comenzó el de Motril- pero creo que el asesino es uno de esos chavales. Alguno de ellos pudo haber apuñalado a Oscar, citándose con él en la piscina. El problema es que hay algunas coartadas muy sólidas, y el forense Olmedo me ha dado un margen de tiempo muy ajustado. Según él, Oscar murió entre las diez y medianoche, ni antes ni después. Por otro lado, hay testigos que vieron a Oscar vivo a las once y media. El crimen, por tanto, debió de ser cometido en ese periodo de media hora.&lt;br /&gt;-          ¿Quiénes son sus “favoritos”? –Preguntó Legraine, partidario de ir al grano.&lt;br /&gt;Vila contestó sin aparentes dudas.&lt;br /&gt;-          Christian Bayo y Enrique Valverde.&lt;br /&gt;-          Supongo que tendrá sus motivos para pensar que…&lt;br /&gt;-          Los tengo, -le interrumpió Vila- pero son aún muy borrosos, no los sé demostrar. En primer lugar, el testimonio del novio de Emma me pareció muy extraño. Hablé con él después de hablar con Emma Valverde. Según vi, no hubo contacto entre la pareja entre una entrevista y otra, y, sin embargo, algo me olía a chamusquina. Christian dice que estuvo acompañado por Claude Bléssert desde las doce menos veinticinco, que fue a recogerlo, hasta las tres y media de la mañana. Entonces Claude se quedó en la discoteca, mientras que Emma y Christian volvían a La Boreal. Antes de las doce menos veinticinco, no quiso justificar sus movimientos. Sus padres me han dicho que se fue de casa a eso de las once y veinte, justo cuando Oscar Zazo salía corriendo de La Boreal.&lt;br /&gt;Legraine escuchaba atento a su interlocutor. Se vio con la libertad suficiente para opinar.&lt;br /&gt;-          Eso nos da un margen de quince minutos bastante sugestivo, ¿no es cierto?&lt;br /&gt;Vila sonrió con ironía.&lt;br /&gt;-          Veo que comprende mi punto de vista.&lt;br /&gt;-          ¿Cuáles son los motivos para sospechar del primogénito de los Valverde?&lt;br /&gt;-          Nos relató una historia un tanto fantástica, acerca de una chica joven, que vio en los aledaños de La Boreal. Nos dijo que fumaba tranquilamente, y que lo observaba de manera intimidatorio. Decidí darle crédito al principio, pero ahora… no estoy seguro. El chaval estuvo cerca de diez minutos solo, entre las doce menos cuarto y las menos cinco. A esa hora podría encontrarse Oscar esperándole en la piscina. He hecho un experimento con uno de mis agentes, y he comprobado que corriendo a toda velocidad, se tarda desde el hall de La Boreal hasta el vestuario unos treinta segundos. A Enrique Valverde le dio tiempo de sobra a dirigirse a toda prisa hacía el vestuario, apuñalar a Oscar, dejarle moribundo, y volver al hall. Pienso, incluso, que Enrique acompañó a Oscar Zazo a la piscina cuando el chico volvió a entrar en la casa.&lt;br /&gt;-          ¿Sospecha de alguno más, Vila?&lt;br /&gt;-          Bueno… en realidad… encuentro algo extraño en los hermanos Alcalá. Elia parece cuidar mucho de su hermano. Anoche interrumpió su jarana porque Raúl no se había despertado al oír los ruidos que produjo cuando a ella se le cayó uno de los estantes del cuarto de baño. Yo, si quiere que le diga la verdad, pienso otra cosa. Si se piensa bien, uno se da cuenta de que a quién invitó Raúl fue a Oscar. Él fue quien lo trajo a La Boreal. Su decisión de quedarse en casa a dormir es muy sospechosa. ¿Sabe qué es lo que pienso? Que a lo mejor Raúl Alcalá no se despertó cuando escuchó a su hermana, porque para entonces él ya no estaba durmiendo, ni siquiera en su cuarto.&lt;br /&gt;Raúl bien podría haber salido de su habitación, y esperar a Oscar en la piscina. Antes de la doce, cuando la mayoría ya había salido a la discoteca, y Alejandro Sabatini estaba durmiendo, Raúl pudo haber apuñalado a Oscar, y volver a su cama, dónde más tarde le encontró su hermana Elia.&lt;br /&gt;-          ¿Por qué sospecha también de la hermana de Raúl?&lt;br /&gt;-          El arma del crimen. Como le dije antes, Oscar Zazo fue apuñalado por un punzón para el pelo. Son los que usan ahora las chicas, colocándoselo en moños imposibles, al estilo oriental. La única persona que usa un complemento así, es Elia Alcalá. Aunque también hay que tener en cuenta que el punzón era propiedad de Emma Valverde. Las dos chicas tienen dos iguales. Según me ha contado Elia, cuando esta mañana me ha enseñado el suyo, se lo compraron juntas en unos puestos, en la feria de Gailón, en el verano del 2003.&lt;br /&gt;-          Interesante. Esto es interesante. No sé quejará, Vila. Este crimen no es como los que se pueden encontrar normalmente.&lt;br /&gt;-          Estoy aún a oscuras, Legraine. Todavía no sé el motivo por el que se cargaron al chico.&lt;br /&gt;-          Supongo que para eso necesitará la orden de registro.&lt;br /&gt;-          De hecho, ya la he encargado.&lt;br /&gt;Legraine, al igual que su sobrino, era un tipo bastante astuto. Por lo tanto, la conversación con su compañero perseguía un fin determinado: meter las narices donde no le llaman.&lt;br /&gt;Vila era de un rango inferior. Estaba sometido a la voluntad de Legraine, pero al tío de René no le gustaba mostrar sus intenciones de manera demasiado directa.&lt;br /&gt;-          Si quiere, Vila, le puedo ayudar. Aquí en Granada no hay ningún asunto de vital importancia. Si le soy sincero, su crimen me ha abierto el apetito. No es mi deseo arrebatarle su caso, sino, simplemente, y si me lo permite, echarle una mano.&lt;br /&gt;Vila era consciente de que aparte de entrometido, el teniente Legraine era sagaz, inteligente y un grato aliado. La situación en La Boreal era un tanto incómoda, ahora se trataba de lidiar con los padres de los chicos implicados en el crimen. Debía, por tanto, cerrar filas y buscarse a alguien que le ayudara.&lt;br /&gt;-          Sería un gran honor para mi, -anunció- no veo problema en que me ayude con este caso. ¿Quiere venir a Motril, o que vaya yo a Granada? Dado que el crimen se ha cometido en la costa, le recomendaría la primera opción, sería más… cómoda.&lt;br /&gt;“Como un gato cuando se frota contra la pernera del pantalón de su amo”, se dijo el teniente. Más le vale. Si no me invitara él, me entrometería yo.&lt;br /&gt;-          Si le parece, le ayudaré en cuanto a la relación del crimen en Granada. –Propuso- Si le parece bien, yo efectuaré el registro en la habitación de la victima, y más tarde, viajaré a Motril mañana, para hacerle partícipe de todo lo que encuentre, que sea de nuestro interés.&lt;br /&gt;El acuerdo le pareció correcto a Vila. Si hubiese sido cualquier otro policía, no habría dado su brazo a torcer tan fácilmente. Tratándose del teniente Legraine, la cosa cambiaba. Aparte de ser eficaz, Legraine era discreto. Sabía bien que tenía las de ganar, porque Vila daría la rueda de prensa una vez acabado el caso.&lt;br /&gt;Satisfecho ante cómo se presentaban las cosas, el teniente quiso saber algo más antes de despedirse del otro policía.&lt;br /&gt;-          ¿Qué opinión le merece uno de los chavales? Creo que se llama… Alejandro Sabatini.&lt;br /&gt;Vila hizo memoria durante unos segundos.&lt;br /&gt;-          ¡Ah, el invitado por Elia Alcalá! Bien… ese chico resulta algo tímido, aunque habla con determinación, cuando se da el caso. Me parece que el pobre no tiene que ver nada con el asunto. Es El Hombre Que No Sabía Nada, no sé si me entiende…&lt;br /&gt;-          Efectivamente, Vila. –Respondió Legraine, con un sonrisa- Sé lo que quiere decir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después de despedirse de su compañero en Motril, el tío de René se puso manos a la obra. Él ya estaba acostumbrado a ese tipo de papeleo. Rápidamente se hizo con la orden de registro, para efectuarla esa misma tarde, en el domicilio de los Zazo, en el interior de la habitación de su hijo Oscar&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111771138270617684?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111771138270617684/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111771138270617684' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111771138270617684'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111771138270617684'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/06/captulo-xiv-sospechas.html' title='CAPÍTULO XIV: Sospechas'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111713153653873288</id><published>2005-05-26T20:15:00.000+02:00</published><updated>2005-05-26T20:18:56.546+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO XIII: El Secreto de Emma</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;em&gt;Alejandro Sabatini recurre a su antiguo compañero de instituto, René Legraine, para que le ayude con el asunto de La Boreal. El francés, que se encuentra en Almuñecar, reacciona hábilmente, de modo que en su primera entrevista, descubre algo sobre Emma.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-                ¡Oh, Emma! Tú no lo mataste, ¿verdad?&lt;br /&gt;La aludida sonrió irónica y frunció el ceño, turbada por la duda de su amiga Nery.&lt;br /&gt;-                Nena, no digas tonterías, ¡claro que no lo maté!&lt;br /&gt;-                Pero sin embargo, te sorprendió verlo muerto.&lt;br /&gt;Por primera vez, Emma Valverde le dirigió una expresión amable al joven detective.&lt;br /&gt;-                Está bien, René Legraine. Lo has adivinado. Supongo que Alex no se equivocó al decir que eras muy sagaz y ágil cuando se trata de adivinar motivos personales. –Emma guiñó un ojo a Alejandro- Mejor será que te lo diga. Oscar Zazo y yo éramos compañeros de trabajo. Espero que lo que diga no salga de aquí. Resulta que desde hace tres años, trabajo en una agencia de detectives llamada Onnyx. En algunos casos, esta agencia necesita gente joven, para pasar desapercibida cuando se trate de seguir a gente de nuestra edad. Muchos padres preocupados nos encargan adivinar si sus hijos toman drogas, o a qué se dedican por la noche. Yo no soy la única, y Oscar también pertenecía a mi “escuadrón” por así decirlo. La última vez que lo vi fue hace un par de días, trabajando juntos en un caso. Y anoche me quedé petrificada cuando lo vi tirado delante del vestuario.&lt;br /&gt;-                ¿Piensas que Oscar pudo venir a tu encuentro? –Inquirió René, mientras entornaba sus ojos, mostrando interés.&lt;br /&gt;-                ¡Emma! Yo no sabía eso de ti, nunca me lo habías contado. Así que eres… detective…&lt;br /&gt;Nery disfrutó pronunciando esa palabra, como si le entusiasmara la idea de tener una amiga tan aventurera. Emma Valverde, que había estado tan callada y malhumorada desde el descubrimiento del cadáver, ahora parecía estar de mejor humor. Empezó a carcajear al oír lo que había dicho Nery, y siguió hablando.&lt;br /&gt;-                Puede ser, René. He pensado que quizá Oscar fuese a mi encuentro, con la intención de comunicarme algo importante. Le conocí bastante bien, sé que hacía bien su trabajo, y sé que era capaz de convencer a alguien como Raúl de que le invitara a La Boreal. Sin embargo, no estoy segura.&lt;br /&gt;-                Entonces, por lo que veo, queda bastante claro que Oscar vino aquí por un motivo determinado, ¿no? –Dijo Alex.&lt;br /&gt;-                Eso parece. –Repuso René Legraine.&lt;br /&gt;-                Debe ser el motivo por el que murió. –Intervino Nery, bajo la sorpresa de Alejandro, que la tomaba como alguien ingenuo frente a esos temas.&lt;br /&gt;Después de acabarse su café, Emma tomó la palabra.&lt;br /&gt;-                Actualmente Oscar había realizado un trabajo para Onnyx, por encargo de los padres de un chico que murió a manos de una pandilla de gente no hace mucho. Un asunto de drogas.&lt;br /&gt;-                Algo oí hablar. –Indicó René.&lt;br /&gt;-                No me acuerdo bien cómo se llamaba ese chico, pero el caso es que el chaval, que tendría unos veintiun años, trabajaba para el tráfico de drogas desde hace mucho tiempo. Sus padres se quedaron muy tocados cuando murió y se supo toda la verdad. Al parecer, lo tenían en un altar.&lt;br /&gt;-                La gente tan mimada suele acabar mal.&lt;br /&gt;Todos le dieron la razón a Nery.&lt;br /&gt;-                De todas formas, según tengo entendido, los asesinos de ese chico fueron detenidos no hace mucho.&lt;br /&gt;-                Tienes razón, René. –Afirmó Emma- Sin embargo, lo que Oscar me dijo es que alguien perteneciente a la familia de ese chaval que murió le habían encargado a Onnyx descubrir qué tipo de vida llevaba. Se supieron muchas cosas después de la investigación, pero otras tantas no se sabrían jamás. Para el encargo, Oscar me dijo que se había hecho amigo de algunas de las amistades del muerto. No me dio más datos.&lt;br /&gt;-                ¿Oscar acabó su investigación cuando habló contigo?&lt;br /&gt;-                Sí. Hacía tiempo ya que Onnyx le había pagado bien por ese trabajo. Un informe bastante completo había sido entregado a la familia del chico que murió… ¿tú crees que puede tener algo que ver su investigación con su muerte?&lt;br /&gt;René recapacitó acerca de ello antes de contestar.&lt;br /&gt;-                Sé que piensas que sí. La verdad es que da que pensar. Quizá los responsables de la muerte de ese traficante estén detrás del asesinato de Oscar Zazo anoche. Pudieron colarse anoche en la casa, y asesinarle. Tiene bastante lógica.&lt;br /&gt;-                No es una idea descabellada, René, pero por lo que ha contado Alejandro… parece ser que Oscar fue al encuentro de alguien anoche.&lt;br /&gt;-                En eso tiene razón Emma, -confirmó Alejandro- me dio la sensación de que Oscar había quedado con alguien después de cenar. Se fue sin esperar a Raúl. Luego puede que quién quedara le diese plantón, y se volvió a presentar delante de La Boreal. Quiso avisar a Raúl, y me despertó a mí. Salió corriendo de allí al verme, y a las cuatro de la mañana apareció muerto en la piscina.&lt;br /&gt;-                Eso implica que Oscar en algún momento de la noche debió de volver a La Boreal.&lt;br /&gt;-                Probablemente, -dijo René- cuando Alejandro y Raúl ya dormían. Antes de que, como me habéis contado, Enrique, Nery y Elia volviesen a La Boreal.&lt;br /&gt;-                Pero entonces, -intervino Nery- Eso significa que ninguno de nosotros pudo asesinarle. Si Alejandro y Raúl estaban durmiendo a pierna suelta, ¿no? Yo estuve todo el rato con Elia y con Enrique, cuando nos volvimos a la Boreal porque Elia estaba preocupada por su hermano,¡ y yo no me separé de ellos! Encima Christian estuvo con Emma hasta que ella descubrió el cadáver de Oscar. Todos tenemos una coartada.&lt;br /&gt;Las palabras de Nery sumieron a René en sus pensamientos. Cada uno probaba de ese modo su coartada, porque todos se encontraban acompañados, a excepción de Alejandro Sabatini y Raúl Alcalá, que estaban durmiendo.&lt;br /&gt;-                Doy por seguro que Alejandro estaba durmiendo, -sentenció el francés, confiando en su amigo- pero puede que Raúl no estuviese en la cama.&lt;br /&gt;En ese momento, Alejandro pareció acordarse de algo. Se dio un golpe con la palma de la mano en su frente, y chasqueó la lengua. Luego se dirigió al joven detective.&lt;br /&gt;-                René, se me había olvidado comentarte algo. Claude, un chico de la pandilla, fue ayer por la tarde a la farmacia de Gailón, y compró varios medicamentos. Entre ellos, había un preparado a base de valeriana bastante eficaz contra el insomnio. Le comenté que yo tenía problemas de sueño, y me dio dos sobres, diciendo que me tomara uno de ellos después de cenar, y el otro lo dejara para el día siguiente. Al llegar a La Boreal, dejé los sobres en la cocina. Oscar Zazo los vio, y me dijo que conocía el dormitol, que su madre lo había tomado en alguna ocasión. Cuando, después de la cena, decidí que era el momento, entré en la cocina para tomarme el medicamento… y me percaté de que alguien ya se había tomado uno de los sobres.&lt;br /&gt;El francés se vio muy interesado por lo que decía Alejandro.&lt;br /&gt;-                ¿A dónde quieres llegar con eso? –Preguntó Emma.&lt;br /&gt;-                Me acuerdo bastante bien, y la última persona que estuvo en la cocina antes de mí, fue Oscar. Elia le pidió que le trajese una lata de refresco, y cogió otra para él.&lt;br /&gt;-                ¿Raúl también bebió de alguna de las latas?&lt;br /&gt;-                No. –Respondió Alejandro- Él fue más tarde a la cocina, volviendo con lo que quedaba de una botella de té frío, que se terminó mientras veíamos la televisión. No le gustaban los refrescos.&lt;br /&gt;René, como única respuesta, soltó un gruñido. Dijo algo entre dientes, y preguntó qué hora era. Nery respondió, algo desilusionada, que ya era hora de volver a La Boreal. Sus padres habrían terminado de hablar ya con la policía.&lt;br /&gt;De ese modo, pagaron la cuenta. Salieron de la cafetería, y se dirigían hacia La Boreal, cuando René se despidió de ellos. Le dio dos besos tanto a Nery como a Emma. A Alejandro le apartó un poco, hablándole en voz baja.&lt;br /&gt;-                ¿Conoces algún lugar discreto donde podamos quedar sin ninguno de tus amigos delante?&lt;br /&gt;-                Podríamos hacerlo en el cabo de los Truenos. La terraza natural que hay antes de subir al faro. Allí podríamos quedar, pero no sé si me dejará la policía.&lt;br /&gt;-                La policía es asunto mío, Alejandro. Nos vemos allí a las seis de la tarde. Procura que nadie se entere, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;-                Perfecto. Nos vemos allí esta tarde.&lt;br /&gt;René, despidiéndose de las dos chicas con la mano, se puso el casco y se marchó con su moto, de vuelta a Almuñecar.&lt;br /&gt;Cuando se perdió de vista, Alejandro corrió para alcanzar el paso de las dos muchachas.&lt;br /&gt;-                Es muy inteligente tu amigo René. –Le dijo Emma a modo de saludo.&lt;br /&gt;-                Ya me ayudó una vez, sabrá hacerlo de nuevo. Me felicito por haberle enviado un mensaje esta mañana. Le encanta la investigación, y es un auténtico sabueso. No tardará en hallar una explicación a lo que nos ha ocurrido.&lt;br /&gt;-                Es discreto, ¿verdad?&lt;br /&gt;Emma estaba algo inquieta por haber confesado sus actividades laborales paralelas. Alejandro no tardó en tranquilizarla.&lt;br /&gt;-                Es el tipo más discreto que conozco. Así que no te preocupes, porque tanto él como yo mantendremos en secreto todo lo referente a Onnyx.&lt;br /&gt;Entonces fue cuando Nery saltó, escandalizada:&lt;br /&gt;-                Emma, ya te vale. Me considero como una de tus mejores amigas, ¡y no pudiste contármelo! Yo también soy discreta, ¿sabes? Soy muy discreta. Si yo contara la cantidad de secretos que guardo… vamos… ¡arde Roma!&lt;br /&gt;Su amiga sonreía condescendiente. Parecía prestarle más atención al paseo que a Nery. Miró con su sonrisa a Alejandro, que comprendió al momento la situación en la que se encontraba, y le devolvió la expresión.&lt;br /&gt;-                ¿Se lo has dicho a la policía? –Le preguntó a Emma.&lt;br /&gt;-                Aún no. Si lo averiguan, que lo averigüen. No será difícil para ellos, y yo estoy segura de que no hice nada malo. De hecho, si tu amigo no hubiese adivinado nada, lo más seguro es que no os hubiera dicho nada en absoluto.&lt;br /&gt;Nery le dirigió una mirada a su amiga tan furiosa, que Emma no pudo hacer otra cosa sino echarse a reír.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando los tres jóvenes llegaron a La Boreal, se sorprendieron ante los curiosos que rodeaban la zona. Había algunas cámaras de televisión, frente a las cuales los reporteros locales transmitían la noticia.&lt;br /&gt;Dentro de la casa, la situación no era distinta. En el interior del edificio estaba el matrimonio de los Alcalá, los Valverde, los Sabatini, los Hurtados –los padres de Nery- y también los desconsolados padres de Oscar. Aparte de este grupo, también se encontraba la policía.&lt;br /&gt;Antes de que el agente encargado de vigilar les abriese la verja para que entraran, Alejandro reconoció entre los curiosos que estaban congregados allí, un rostro familiar.&lt;br /&gt;Era la chica con la que se había chocado de bruces el día anterior, y cuyo rostro no dejaba de parecerle familiar.  Cuanto más la miraba, Alejandro estaba más convencido aún de que la conocía. Le hubiese gustado pararse para hablar con ella, pero no había tiempo. Entró al momento dentro de La Boreal.&lt;br /&gt;La carismática señora Sabatini saludó a su hijo con un sonoro beso, que le hizo ponerse colorado. Su padre, más serio y formal, le anunció que volverían a Granada.&lt;br /&gt;-                ¿Cuándo? –Preguntó Alejandro.&lt;br /&gt;-                Después de comer. –Anunció su padre- Comeremos por aquí con los Alcalá, y después volveremos en el coche. Lo he traído.&lt;br /&gt;Nada más escuchar la respuesta, Alejandro pidió permiso para ausentarse, y cogió su móvil para llamar a René. Le comunicó la noticia. El francés se enfrentó al cambio de planes proponiéndole a su amigo quedarse con él hasta el día siguiente por la mañana, cuando René tenía pensado volver a Granada. Hablaría con Nicolás, sus padres se habían marchado ya a Granada, y no pondría ningún problema. Nicolás también había pensado volver a Granada al día siguiente, por la mañana.&lt;br /&gt;Tras consultárselo a su padre, Alejandro aceptó los planes que le proponía René. Quedaron en verse a la misma hora y en el mismo sitio donde habían acordado verse al principio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Como aún quedaba mucho tiempo para la hora de comer, Alejandro estuvo con los hermanos Valverde, los Alcalá con Christian y con Nery en una de las terrazas de la vivienda. El tema de conversación fue inevitable. No era tan fácil dejar de hablar del asesinato.&lt;br /&gt;Al principio resultaba un tanto ridículo el que se hablase de temas bastante vacíos. Ninguno de ellos parecía tener la valentía suficiente de charlar sobre el asunto que tanto les inquietaba. Hasta que llegó el momento en que Nery, con su ingenuidad, cogió el toro por los cuernos.&lt;br /&gt;-                ¿Cuándo se irá la policía, Emma?&lt;br /&gt;-                No lo sé, nena. –Respondió su amiga- Esperemos que pronto. Ojalá encuentren al asesino de Oscar lo antes posible, y nos dejen tranquilos.&lt;br /&gt;-                Todo esto es una pesadilla.&lt;br /&gt;-                Sí que lo es. Yo estoy muy preocupado por ti, pequeña.&lt;br /&gt;La frase de Chris fue recibida por parte de su novia con un gesto cariñoso.&lt;br /&gt;Ciertamente, el chico no mentía: desde el momento en que vio a su novia junto al cadáver, algo le preocupaba.&lt;br /&gt;Era curioso, pero desde que volvió de Gailón, Emma parecía otra. Parecía volver a ser la de siempre. No la Emma que había encontrado el cuerpo de Oscar delante de la piscina, sino la que había emprendido decidida unas pequeñas vacaciones con su novio y su amiga.&lt;br /&gt;-                ¿ Vosotros vais a volver a Granada? –Preguntó Alejandro en general.&lt;br /&gt;Después de ajustar sus gafas, Enrique le respondió.&lt;br /&gt;-                Nosotros sí.&lt;br /&gt;-                Nosotros también –Afirmó Elia.&lt;br /&gt;-                Algo me dice que la policía no nos va a perder la pista cuando estemos en Granada. Estoy seguro de que aún piensan que pudo ser alguno de nosotros.&lt;br /&gt;-                ¡Eso es increíble! –Exclamó Elia mientras le acariciaba la cabeza de su hermano, que estaba apoyada en su regazo- Cualquiera pudo saltar la tapia que da al invernadero, y dirigirse a la piscina para matar a Oscar. Nosotros estábamos fuera.&lt;br /&gt;-                Alejandro seguía aquí, -murmuró Enrique.&lt;br /&gt;Todas las miradas de los allí presentes se dirigieron al aludido.&lt;br /&gt;-                …Pero estaba durmiendo como un tronco, -se defendió Alex- No me desperté hasta que me sacudió Elia esta mañana.&lt;br /&gt;-                Eso es cierto –confirmó Elia.&lt;br /&gt;-                Yo te creo, -dijo Nery, con un gesto determinante.&lt;br /&gt;-                Y yo –dijeron Emma y Raúl a la par.&lt;br /&gt;-                Yo no dudo de tu palabra, Alex –sentenció Chris.&lt;br /&gt;La terraza permaneció en silencio. Esperaban la reacción de Enrique Valverde, que parecía estar ensimismado. Cuando levantó la vista, observó a los presentes con el ceño fruncido. Luego, como si el asunto no fuera con él, volvió a mirar al suelo.&lt;br /&gt;-                ¿Alguien quiere algo de beber? –Acertó a decir Nery.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111713153653873288?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111713153653873288/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111713153653873288' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111713153653873288'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111713153653873288'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/05/capitulo-xiii-el-secreto-de-emma.html' title='CAPITULO XIII: El Secreto de Emma'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111650641943490363</id><published>2005-05-19T14:33:00.000+02:00</published><updated>2005-05-19T14:40:19.446+02:00</updated><title type='text'>Capítulo XII AYUDAR A UN VIEJO AMIGO</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Vila prosigue con sus interrogatorios. El testimonio de Enrique Valverde es especialmente importante: a la hora de la muerte, había una misteriosa presencia femenina observándole atentamente, desde la puerta de La Boreal.&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En La Boreal, imponente mansión de estilo moderno, se estaba produciendo una investigación criminal. El revuelo ya había llegado a La Aurora, y pronto la noticia se iba a difundir en Gailón.&lt;br /&gt;No obstante, a pocos kilómetros de allí, en Almuñecar, el día había amanecido la mar de tranquilo. A pesar de que numerosos veraneantes se encontraban ya allí, no había demasiado bullicio.&lt;br /&gt;René Legraine se despertó en una cama a la que no estaba acostumbrado. Había aceptado la invitación de unos amigos de sus padres, y se encontraba pasando unos días en la localidad granadina. Después de sus buenos resultados en los primeros exámenes de Criminología, se lo había tomado como una grata recompensa.&lt;br /&gt;De hecho, la cama era lo único incómodo que había encontrado allí. La hospitalidad era maravillosa, la playa era increíble, las juergas con los hijos del matrimonio eran… eran ¡terriblemente cansadas!&lt;br /&gt;Al intentar levantarse, René se dio cuenta de que estaba rendido. Se había acostado a las tres de la mañana, y eran las nueve. ¿A quién le sienta bien dormir sólo seis horas? A él no, desde luego.&lt;br /&gt;Por lo tanto, René decidió quedarse tumbado en la cama.&lt;br /&gt;Cerró los ojos, intentó dormirse otra vez, pero no podía.&lt;br /&gt;Le sentaba mal llevar un horario tan despreocupado.&lt;br /&gt;De modo que a las nueve y media de la mañana, René se levantó de un brinco, y se sentó en la cama.&lt;br /&gt;Recapacitando acerca de lo que iba a hacer ese día, alargó la mano hacia sus pantalones, y sacó su teléfono móvil. Comprobó, algo pasmado, que había recibido un mensaje nuevo.&lt;br /&gt;Traducido en un lenguaje lógico, las abreviaturas daban a entender algo así:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Recibido: 06:10&lt;br /&gt;De: Alejandro Sabatini&lt;br /&gt;¿Qué tal viejo amigo? Problemas de nuevo. Un asesinato en Gailón, donde estoy unos días con una amiga. ¿Te interesa ayudarme? Llámame en cuanto puedas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mensaje removió sus recuerdos de la navidad pasada. Un asesinato bastante complicado. Un antiguo compañero de instituto, Alejandro, se había visto complicado de lleno. Al verse en tal situación, Alejandro había decidido recurrir a él. Por suerte, René pudo resolver el intrincado asesinato satisfactoriamente. Según había dejado las cosas, todo concluyó en un happy end.&lt;br /&gt;¿Sería posible que a los seis meses Alejandro se hubiera visto implicado en otro asesinato? René siguió sentado unos minutos en su cama. Pensó que tal vez se tratara de una broma de su antiguo compañero de instituto. El mensaje había sido enviado a las seis de la mañana. Puede que Alejandro también saliera, y bebiera hasta delirar…&lt;br /&gt;Como los modos de actuar de René no eran en absoluto lógicos, en lugar de llamar a Alejandro, René decidió llamar a su tío, el inspector Legraine, de la comisaría de Granada.&lt;br /&gt;-                Diga.&lt;br /&gt;-                Un asesinato en Gailón. –Sentenció René.&lt;br /&gt;-                ¿René? –Quiso saber el policía- ¿A qué te refieres?&lt;br /&gt;-                ¿Sabes si se ha producido un asesinato en Gailón?&lt;br /&gt;El tío de René se quedó helado. Sacudió la cabeza y acercó hacia él uno de los folios que había en su mesa.&lt;br /&gt;-                Sí. ¿Cómo lo…? Se ha producido un homicidio en La Boreal, una casa situada en una urbanización cerca de Gailón. La prensa se acaba de enterar. ¿Cómo lo sabes, René?&lt;br /&gt;-                ¡Algo muy curioso! –Respondió René, colocándose el teléfono en el cuello para comenzar a vestirse- ¿Podrías decirme algo de las personas que estaban dentro de esa casa?&lt;br /&gt;Legraine, desde su despacho, no solía guardarle secretos a su sobrino. Confiaba en su discreción y en su saber hacer. Le dio un trago a su café, y giró su silla hacia la ventana.&lt;br /&gt;-                Por lo que sé, había un grupo de gente joven, de tu edad. Los hijos de dos familias que viven en esa casa. La víctima, Oscar Zazo, de quince años, estaba invitado por uno de los hijos de los dueños. Claro que, no era el único invitado.&lt;br /&gt;-                ¿Tienes por ahí la lista de personas que se encontraban anoche en la casa?&lt;br /&gt;El inspector echó un vistazo a su fax.&lt;br /&gt;-                Las estoy recibiendo ahora mismo.&lt;br /&gt;René sonrió con ironía, mientras se iba al cuarto de baño.&lt;br /&gt;Nada más recibirlas, Legraine arrancó la hoja del fax. Revisó la lista de nombres con rapidez, hasta que algo le llamó la atención de manera especial. Murmuró algo al leer el último de los nombres de la lista. Al otro lado de la línea, René ampliaba su sonrisa, que le llegaba de oreja a oreja. Lo había comprendido.&lt;br /&gt;El policía comenzó a recitar.&lt;br /&gt;-                Los invitados eran Enriqueta Hurtado, Oscar Zazo… y Alejandro Sabatini… ¿Ese chico no era…?&lt;br /&gt;-                ¡Sí! –Exclamó el joven detective- Alejandro Sabatini, el chaval al que eché una mano las navidades pasadas. ¡El pobre me ha mandado un mensaje esta madrugada, y he desconfiado de él! ¡Sí, pobre Alejandro! Metido de nuevo en un lío…&lt;br /&gt;-                ¿Ha pedido otra vez tu ayuda? –Preguntó Legraine con una entonación que denotaba su simpatía por el amigo de su sobrino.&lt;br /&gt;-                Sí.&lt;br /&gt;-                Eso es interesante. Puede que hable con Vila, de la comisaría de Motril. Lo más seguro es que él esté encargado del caso. Como es un hombre bastante agradable, no creo que le importe que meta las narices en el asunto.&lt;br /&gt;-                Eso sería genial. –Repuso René, bastante agradecido.&lt;br /&gt;El inspector afirmó que así era.&lt;br /&gt;-                Bien. Te voy a dejar ya. –Se despidió René- Voy a desayunar, y luego haré un viajecito. Me apetece moverme, y Gailón está cerca de aquí. Con suerte, cuando llegue, podré hablar pronto con Alejandro, y ayudarle de nuevo. Me muero de curiosidad por saber en qué asesinato se ha visto implicado.&lt;br /&gt;Indicándole que mencionara su nombre y su parentesco si se topaba con un tal Fermín Vila, el policía se despidió de su sobrino y le deseó buena suerte.&lt;br /&gt;Después de colgar, maquinando en su despacho, tomó la conclusión de que podría permitirse viajar por unas horas a la playa. Comenzaba el verano, y hacía tanto calor en Granada…&lt;br /&gt;Casi a su vez, René, su inteligente sobrino, tomaba decisiones sentado en su cama. Estas decisiones eran fruto de tomar en consideración lo que había ocurrido en Gailón, y el que su amigo se viera en apuros. Aunque Alejandro le había pedido llamarle lo más pronto posible, René prefería presentarse en La Boreal en cuanto pudiese.&lt;br /&gt;Apretó sus labios en un gesto de determinación. René salió de la habitación, dispuesto a enfrentarse al desayuno, y a un misterioso asesino.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-                ¿Nicolás?&lt;br /&gt;-                Dime, René.&lt;br /&gt;Nicolás levantó la mirada hacia su amigo. Él llevaba un buen rato en la mesa de la cocina, con el desayuno delante. René, sin embargo, acababa de llegar. Lo primero que hizo fue coger una silla y sentarse enfrente suya.&lt;br /&gt;-                Necesito tu moto. –Anunció René- Alguien me necesita en La Boreal.&lt;br /&gt;Debido a su buen trato, el francés siempre veía atendidas sus peticiones. Como si fuera algo del que no se admitía ningún género de duda, Nicolás se fue al salón, de donde volvió con las llaves de su ciclomotor.&lt;br /&gt;-                ¿A dónde vas? –Preguntó Nicolás.&lt;br /&gt;-                Voy a Gailón, a ver a un amigo. Al parecer, está metido en un lío, y yo quiero echarle una mano. Traeré tu moto para antes de comer, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;Nicolás empujó las llaves de la moto por la mesa hacía René, y movió la cucharilla en su café, despreocupado.&lt;br /&gt;-                Sin problema. Manéjala toda la mañana por donde quieras, pero quiero verte comiendo con nosotros esta tarde. Ten mucho cuidado con lo que hagas.&lt;br /&gt;-                Descuida. –Dijo René, saliendo de la cocina para dirigirse a su cuarto de nuevo, y meditar allí qué llevarse en su viaje.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Dieron las once de la mañana, cuando René se metió en la cochera, cargado con una pequeña mochila. Aún sumido en sus pensamientos, sin tener del todo claro lo que iba a hacer, arrancó la moto de su amigo Nicolás, y salió de allí en dirección a Gailón.&lt;br /&gt;René condujo hábilmente por la carretera. El camino hacia Gailón era muy tortuoso, lleno de curvas, pero René sabía manejar bien la motocicleta. En poco tiempo, vería de nuevo a Alejandro Sabatini.&lt;br /&gt;Después de conducir por la accidentada calzada que llevaba al pueblo, René llegó a Gailón. La carretera atravesaba el pueblo. El joven detective detuvo su vista, por unos instantes, en el desafiante perfil del cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;Al detenerse en un semáforo, se percató, con una exclamación, que conocía a uno de los jóvenes que en esos momentos estaba cruzando la calle.&lt;br /&gt;-                ¡Alejandro!&lt;br /&gt;El aludido volvió la vista hacia un lado. El desconocido que le había llamado estaba aparcando en ese momento la moto en una de las aceras. Sólo cuando se quitó el casco, Alex pudo averiguar de quien se trataba.&lt;br /&gt;¡Era René Legraine!&lt;br /&gt;Le alegró mucho volver a ver su pelo erizado de un rubio oscuro, la barba de dos días que poblaba su marcado mentón, los ojos azules a los que parecía que no se les escapaba nada.&lt;br /&gt;Los dos amigos se saludaron con un fuerte apretón de manos. A continuación, Alejandro le presentó a sus dos acompañantes: Emma Valverde y Nery Hurtado.&lt;br /&gt;René escudriñó a las dos muchachas. Una de ellas tenía un rostro muy bonito, y unos ojos algo rasgados. Su melena, corta hasta los hombros era de un rubio oscuro parecido al suyo. La otra chica tenía unos rasgos simpáticos, y su melena, según adivinó René, era más larga que la de su amiga, y mucho más rubia.&lt;br /&gt;-                Recibí tu mensaje. Pero preferí venir aquí antes que llamarte por teléfono.&lt;br /&gt;-                Me alegro mucho, -dijo René- ahora mismo íbamos a desayunar, ¡te invito!&lt;br /&gt;-                ¡Vente con nosotros! –Le animó Nery- ¡Nos vendrá bien hablar con alguien después de todo lo que nos ha pasado!&lt;br /&gt;Emma no añadió nada, pero por su expresión era evidente que no le hacía gracia el recién llegado. Sin embargo, viendo que todo el mundo estaba de acuerdo, decidió no añadir nada, y seguir al grupo, que se dirigía a la cafetería donde tenían pensado desayunar.&lt;br /&gt;A pesar de que ya lo había hecho, René decidió tomar algo, y pidió un batido. Alejandro, mucho más hambriento que su amigo, se pidió un café, un zumo, y una tostada. Emma y Nery, muerta de hambre también, se pidieron un café y tostadas.&lt;br /&gt;Dadas las circunstancias, René supo que no iba a ser necesaria ninguna pregunta. Por lo que él sabía, al principio, se trataba de escuchar.&lt;br /&gt;En principio, Emma y Alejandro empezaron a hablar sobre la hora de vuelta a La Boreal. La policía seguía allí, estaban examinando el lugar del crimen, aprovechando el tiempo libre que se les daba, habían decidido desayunar fuera de La Aurora.&lt;br /&gt;-                ¿La policía va a seguir entrevistándonos? –Preguntó Nery.&lt;br /&gt;Emma se encargó de responder a su amiga.&lt;br /&gt;-                No creo que por ahora sea así. Ahora con quién van a hablar va a ser con nuestros padres. Supongo que hablarán un poco más con Raúl, que era el que más lo conocía.&lt;br /&gt;-                ¿Raúl fue quién invitó al chico que murió? –Quiso saber René.&lt;br /&gt;Alejandro movió afirmativamente la cabeza. Emma les miró con cierto reproche.&lt;br /&gt;-                Oscar, se llamaba, -dijo Nery- era un amigo de Raúl Alcalá, el hermano de Elia.&lt;br /&gt;-                Elia es la chica que me ha invitado a La Boreal, -intervino Alejandro- llegué ayer por la mañana.&lt;br /&gt;Aunque le enfadara esa situación a Emma Valverde, Nery y Alejandro le contaron a René lo que pasó esa noche. El joven detective estuvo prestando atención durante todo el relato, asintiendo en algunos momentos. Bebía de su batido en otras ocasiones, mirando de soslayo a Emma, que tenía cara de pocos amigos y los brazos cruzados en un gesto de indignación.&lt;br /&gt;Acabado el relato de lo sucedido, René observó a Emma durante unos minutos. Ella no había abierto la boca en ningún momento. En ese momento, ella le devolvió la mirada, desafiante. Pretendía mostrar su rechazo hacia el curioso amigo de Alejandro.&lt;br /&gt;Cuando René abrió la boca, dejó a la chica algo descolocada.&lt;br /&gt;-                A ti te pasa algo. Me gustaría saber de qué se trata.&lt;br /&gt;Después de pronunciarse de manera arrogante, el francés colocó sus manos una encima de la otra delante de la mesa, esperando la respuesta de Emma.&lt;br /&gt;La chica no pudo sino entornar su mirada, como reacción furiosa ante la actitud tan descarada de René.&lt;br /&gt;-                Eso no es asunto tuyo.&lt;br /&gt;La respuesta de Emma produjo sendos atisbos de reproche por parte de Nery y de Alex. Para ellos, no había necesidad de mostrarse tan antipática si se estaba en desacuerdo con la decisión de Alejandro. De eso habían estado hablando por el paseo, camino a Gailón. Nery le había mostrado su apoyo al invitado de Elia.&lt;br /&gt;Sin embargo, siempre de modo respetuoso, la otra chica se había mostrado en desacuerdo ante la decisión tomada por Alex.&lt;br /&gt;-                Emma, tampoco hay que ser así.&lt;br /&gt;Emma miró furiosa a Alejandro, pero no quiso decir nada.&lt;br /&gt;-                Tarde o temprano, lo sabré todo, Emma. –Declaró René- De ti depende que me entere antes o después del motivo por el que te enfureció tanto encontrar el cadáver de Oscar en la piscina.&lt;br /&gt;-                ¿En serio queréis saberlo? –Preguntó Emma, observando a sus tres interlocutores con acritud.&lt;br /&gt;-                Es necesario, -justificó René- que nos digas de qué conocías a Oscar antes de volver a verlo aquí.&lt;br /&gt;Ella abrió la boca de asombro, casi tanto como los otros dos chicos. René se encogió de hombros y mostró las palmas de sus manos.&lt;br /&gt;-                ¿Por qué le iba a molestar tanto a Emma que hablemos del crimen que se cometió anoche? ¡Porque ella le conocía! ¿Me equivoco?&lt;br /&gt;-                ¡Emma! –Exclamó Nery, que había girado la cabeza, dulcificando su voz.&lt;br /&gt;Emma parecía avergonzada.&lt;br /&gt;-                No. No te equivocas. Yo conocía a Oscar Zazo antes de descubrir su cadáver anoche. Si me guardáis el secreto, creo que va siendo hora de que os lo cuente.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111650641943490363?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111650641943490363/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111650641943490363' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111650641943490363'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111650641943490363'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/05/captulo-xii-ayudar-un-viejo-amigo.html' title='Capítulo XII AYUDAR A UN VIEJO AMIGO'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111592921093751824</id><published>2005-05-12T22:16:00.000+02:00</published><updated>2005-05-12T22:20:10.946+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 11: Nuevos datos para Vila</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;Frente al terrible asesinato, los inquilinos de La Boreal reaccionan rápidamente, llamando a la policía. Vila, de la comisaría de Motril, se presenta allí, para comenzar la investigación. Olmedo, el forense, analiza el lugar del crimen&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alejandro sintió cómo su pulso se iba acelerando. Más rápido de lo que él pensaba, se vio abriendo la cristalera y sentándose enfrente de Vila. El policía le dirigió una mirada tranquila y serena. Cogió un bolígrafo que tenía cerca de su mano derecha, y volvió a mirar a Alejandro.&lt;br /&gt;-                Hola Alejandro.&lt;br /&gt;-                Buenas –el chico miró el amanecer a través de los grandes ventanales a espaldas de Vila- buenos… buenos días.&lt;br /&gt;El policía le preguntó si no le importaba responder a unas cuantas preguntas los dos a solas, o si prefería esperar a su abogado.&lt;br /&gt;La insinuación le resultó un tanto molesta a Alejandro, pero mostró tranquilo su intención de responder al momento cualquiera de las preguntas que quisiera hacerle el policía.&lt;br /&gt;-                ¿Conocías a Oscar antes de verle aquí, en La Boreal? –Comenzó Vila.&lt;br /&gt;-                No. Me lo presentaron anoche, al volver de la playa. No lo había visto nunca antes, ni nadie me había hablado de él con anterioridad.&lt;br /&gt;-                ¿Qué hiciste anoche?&lt;br /&gt;Al contrario que otras personas, Alex empezó a detallar sus movimientos al instante.&lt;br /&gt;-                Cené con Elia, Raúl y con Oscar. Estuve hablando con ese chico un buen rato, mientras comíamos. Más tarde, nos quedamos viendo la tele. Estuvimos un buen rato, los cuatro delante del televisor. Luego, Elia dijo que tenía que ir a por un bikini a la piscina, y su hermano la acompañó. Se fueron a eso de las once menos… menos algo. No lo recuerdo exactamente. Oscar y yo nos quedamos a solas, pero él subió a su cuarto, y yo al mío. Estuve haciendo varias cosas en mi habitación, hasta que a los pocos minutos oí la puerta de la calle a través del hueco de la escalera. Fue como si alguien se hubiera ido. No pasaron ni dos minutos, cuando volví a oír la puerta. Bajé los escalones pensando que Oscar había vuelto, pero me encontré a Raúl.&lt;br /&gt;-                Entonces… ¿Oscar ya no estaba?&lt;br /&gt;Alejandro miró a Vila con algo de incredulidad, como si se le hiciese difícil admitir esa pregunta como algo serio.&lt;br /&gt;-                Al parecer se había ido cuando oí la puerta por primera vez.&lt;br /&gt;-                Continua. –Animó Vila.&lt;br /&gt;-                Raúl y yo nos encontramos en la entrada. Me dirigió una mirada muy hostil, debe ser que no le hace gracia verme aquí. Le pregunté por su hermana, y me dijo que había ido un momento enfrente, donde viven los Valverde. Entonces fue cuando le comenté que su amigo Oscar se había ido. Al momento de decírselo, Elia entró de nuevo. Me dijo que se iba a arreglar, así que subió al cuarto de baño. Raúl dijo que estaba cansado y se fue a la cama. De modo, que yo también decidí irme a la cama.&lt;br /&gt;Vila hizo un alto con su bolígrafo sobre el bloc de notas.&lt;br /&gt;-                Y en ese momento, fue cuando viste a Oscar.&lt;br /&gt;-                Sí. Al principio me tumbé en la cama muy relajado, pero Elia estuvo haciendo tanto ruido: la ducha, la radio, luego el secador… de modo que no pude dormirme. En esas fue cuando escuché un ruido agudo, que sonó como un golpe en la ventana. Adiviné al momento que se trataba de una china, así que me levanté de la cama, encendí la luz, y me asomé para ver de qué se trataba. Oscar estaba allí, mirando en dirección a mi ventanal, expectante. Pero cuando yo me asomé, lo que hizo fue salir corriendo hacia la entrada de La Boreal y desaparecer por allí.&lt;br /&gt;-                ¿Qué hiciste luego?&lt;br /&gt;-                Me quedé muy parado, -confesó Alejandro- hasta que adiviné que mi habitación estaba justo encima de la de Raúl, y supuse que quizá lo que quería Oscar era despertar a su amigo. Como veía que no tenía sueño, bajé hasta el cuarto de baño, y ahí me encontré con la pobre Elia, apurando, sujetando como podía el estante del cuarto de baño. La ayudé en seguida, mientras le conté lo que había visto.&lt;br /&gt;-                ¿Qué hora serían?&lt;br /&gt;-                Ya eran las doce menos veinte. Miré el reloj de la cocina cuando fui a por un paño para ayudar con la limpieza del accidente de Elia. Los demás no tardaron en llegar.&lt;br /&gt;-                ¿Llegaron hasta vosotros sin más? ¿No llamaron a la puerta? –Preguntó Vila, asombrado.&lt;br /&gt;-                Con respecto a eso, Elia me contó que a veces se deja la puerta abierta. Supongo que hizo eso anoche al volver del domicilio de los Valverde. Esta zona es muy tranquila, y ella sabe de sobra que Claude y Christian tienen confianza suficiente como para entrar al ver la puerta abierta. Y mucho más si no estaban sus padres.&lt;br /&gt;-                ¿Claude y Christian eran los únicos que fueron a recoger a Elia anoche?&lt;br /&gt;-                Claro que no, también estaban Nery y Emma, las dos ya vestidas y arregladas y todo eso. Supongo que la única que faltaba era mi amiga.&lt;br /&gt;-                ¿Y Enrique Valverde?&lt;br /&gt;Alejandro miró indiferente al policía.&lt;br /&gt;-                Supongo que decidió esperar abajo.&lt;br /&gt;Vila apuntó algo con mucho cuidado. Luego levantó la mirada.&lt;br /&gt;-                Muy bien. Cuéntame que paso después.&lt;br /&gt;-                Poca cosa. Entre todos le quitamos la idea de la cabeza a Elia, ese no era el mejor momento para limpiar el cuarto de baño. Todos se marcharon, y la casa se quedó muy tranquila. De modo que subí a mi cuarto y me acosté. La última vez que miré el reloj eran las doce y diez. Poco después, me dormí. He estado durmiendo hasta hace un rato.&lt;br /&gt;-                ¿No te ha despertado nada?&lt;br /&gt;-                Nada de nada. Supongo que el preparado de valeriana me ayudó.&lt;br /&gt;De nuevo, el policía hizo un alto en su camino, y frunció el ceño.&lt;br /&gt;-                ¿Tomaste valeriana anoche? –Preguntó extrañado.&lt;br /&gt;-                No la tomo habitualmente, pero ayer por la tarde, Claude compró en Gailón un fármaco a base de valeriana para dormir mejor. Como tengo un sueño muy irregular, le pregunté si podía dejarme un par de sobres. Él no puso ninguna pega. Me tomé uno de los sobres después de cenar. De modo que, a medianoche, ya estaba muerto de sueño.&lt;br /&gt;Vila escuchó atento a Alejandro. Le preguntó cual era el nombre del medicamento, e hizo que el chico le trajera uno de los sobres vacíos. Algo en la intuición del policía le hizo interesarse por el somnífero que había usado el invitado de Elia Alcalá.&lt;br /&gt;El policía dio por terminada la entrevista con Alejandro y le despidió amablemente, pidiéndole que le indicara a Enrique Valverde que ya era su turno.&lt;br /&gt;Alejandro salió del encuentro con el policía mucho más tranquilo. Estévez, en el salón, le hizo unas cuantas preguntas rutinarias, que el chico respondió casi sin prestar atención.&lt;br /&gt;Elia se acercó a él, y estuvo charlando durante un rato. Sintió de nuevo la pesadez del sueño atacando su ánimo, así que se sentó en el amplio sofá del salón de los Alcalá, meditando.&lt;br /&gt;Más tarde, llevado por una idea fugaz, fue a por su móvil, que aún estaba en su cuarto. Tras comprobar que no tenía llamadas perdidas ni mensajes que responder, Alejandro activó el teclado y comenzó a escribir un mensaje de texto. Lo repasó por encima con algo de prisa, y lo envió al teléfono de René Legraine.&lt;br /&gt;En ese instante, Enrique Valverde, con una expresión grave y preocupada, cerró la puerta de la cristalera y se sentó delante de Vila. Éste lo miró con curiosidad. Enrique delataba el ser el mayor del grupo. Se le veía el más responsable de todos. Aunque su preocupación bien se podría deber a otro motivo…&lt;br /&gt;Después de oír a Enrique decir todo lo que había hecho esa noche, el policía la formuló una pregunta:&lt;br /&gt;-                ¿Cuándo recogisteis a Elia de su casa?&lt;br /&gt;-                A eso de las… doce menos diez.&lt;br /&gt;-                ¿Entraste tú también?&lt;br /&gt;-                Yo esperé fuera.&lt;br /&gt;-                ¿Te fijaste si la puerta de entrada estaba abierta?&lt;br /&gt;-                No… -Enrique se quedó en silencio unos momentos… ¿dudaba, tal vez?- Para cuando yo había cerrado la puerta de nuestra casa, Christian ya había entrado en la de los Alcalá. No obstante, es una costumbre dejar la puerta abierta por las noches, antes de acostarnos. Por si nos hemos dejado algo en la piscina.&lt;br /&gt;-                ¿Percibiste algo extraño mientras esperabas abajo?&lt;br /&gt;Vila expectante, esperaba una inmediata respuesta de Enrique, pero esta tardó en llegar.&lt;br /&gt;Titubeó un poco antes de abrir la boca, como si se hubiera roto la aparente seguridad que transmitía.&lt;br /&gt;-                No… no noté nada. Estuve apenas unos minutos, de todas formas.&lt;br /&gt;-                ¿Estás seguro? –Comprobó Vila- No hacía ni diez minutos, Oscar Zazo había salido de La Boreal corriendo. ¿No lo viste volver?&lt;br /&gt;-                Ya le he dicho, estuve sólo unos minutos yo solo en el portal. Luego aparecieron los demás, y nos fuimos.&lt;br /&gt;-                De acuerdo. No viste a Oscar. ¿Qué fue lo que viste?&lt;br /&gt;Vila había dado en el clavo. La mirada de Enrique se volvió mas huidiza todavía. Respiró profundamente.&lt;br /&gt;-                Vi a una chica. –Dijo por fin.&lt;br /&gt;-                ¿Dónde?&lt;br /&gt;-                En la entrada de La Boreal. Estaba fumándose un cigarro, a la vez que me… me miraba. Al principio pensé que podía ser alguien que conociera, pero me era completamente desconocida. La zona estaba tan oscura… que me asusté.&lt;br /&gt;Apenas pudo contener la sonrisa. ¿Enrique Valverde asustado de una misteriosa visita desde el portón de La Boreal?&lt;br /&gt;El joven pareció adivinar la mirada de interrogación en el policía.&lt;br /&gt;-                En realidad lo que hice fue darme la vuelta, y luego entré dentro de la casa de Elia. Subí sólo unos pasos. Al momento ya estaban bajando todos las escaleras. Cuando salimos, la chica ya no estaba. Pero no me pude olvidar de ella. A eso de las dos, o las tres de la mañana, Elia me transmitió su temor por Raúl, y no dudé en ofrecerme voluntario para acompañarla. Me tranquilicé mucho al ver que todo iba bien. Sin embargo, luego fui con Nery y con Christian en busca de Emma… y la encontramos en cuclillas… al lado del cadáver de Oscar… fue horrible. Todavía estoy asustado.&lt;br /&gt;De modo que la entereza que parecía guardar era fingida. Se intentaba hacer el entero. Vila comprobó la curiosa contradicción de La Boreal: el mayor de ellos, era el que estaba más asustado por el suceso.&lt;br /&gt;¿Era para estarlo?&lt;br /&gt;¿Quién sería esa misteriosa chica que fumaba en la puerta de La Boreal?&lt;br /&gt;Vila despidió a Enrique e hizo llamar a su hermana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emma Valverde era muy diferente a su hermano. Anduvo con un paso lento y ceremonioso, atravesando el salón. El policía observó su rostro. Mientras que su hermano parecía hacer lo posible por ocultar su miedo, Emma no lo evitaba. Tomó la silla que le ofreció Vila completamente espantada.&lt;br /&gt;-                Necesito que me digas que hiciste anoche.&lt;br /&gt;Ante la petición del policía, la chica le miró, y apartó uno de sus mechones de pelo de la cara para ponerlo detrás de su oreja.&lt;br /&gt;-                Estuve cenando con mi hermana y con Nery. A las diez y media ya estaba en mi habitación, pensando qué ponerme. Luego me duché. Desde las once y veinte que salí de mi cuarto hasta las doce menos veinte que vino mi novio, estuve en el sofá de mi casa, viendo la tele. Luego fuimos a recoger a Elia. Nos fuimos de marcha. Primero volvieron aquí mi hermano, con Nery y con Elia. Yo me quedé en la discoteca con Christian. Volvimos a las cuatro. Estuvimos en la entrada, él iba a recoger a mi amiga y a mi hermano. Yo entonces me di cuenta de que necesitaba una toalla limpia. Me fui a la piscina, para cogerla del tendedero… y entonces lo vi…&lt;br /&gt;Emma decidió no hablar más, y se quedó en silencio. Se cruzó de brazos y suspiró. Había algo detrás de su desánimo, y Vila se propuso averiguarlo.&lt;br /&gt;-                ¿Es verdad que reconociste el arma del crimen?&lt;br /&gt;-                Es cierto. –Emma se respondía a sí misma. Miraba al suelo, como si no se percatara de la presencia del policía- Fue un punzón para el pelo que me compré el año pasado. Pero se me perdió aquí hace mucho tiempo.&lt;br /&gt;-                Por lo tanto, pudo estar en esta casa todo este tiempo.&lt;br /&gt;-                No lo sé exactamente. –Entonces levantó la vista, desafiante- Ya le he dicho que lo perdí. Lo perdí el año pasado, después de comprármelo.&lt;br /&gt;-                ¿Conocía a la víctima antes de verlo de nuevo aquí?&lt;br /&gt;La chica dejó pasar el tiempo antes de responder.&lt;br /&gt;-                No. No la conocía.&lt;br /&gt;-                ¿Por qué lloraste entonces al descubrir el cadáver?&lt;br /&gt;Emma levantó la mirada de nuevo. Si antes fue desafiante, ahora estaba hecha una furia. Vila supo la reacción de Emma Valverde ante el cadáver por una conversación de Christian con Estévez. Encontró a su novia cerca del cadáver, llorando en silencio. Se podría decir que lo estuvo velando.&lt;br /&gt;-                Lloré porque era la primera vez que veía un cadáver. Y ha sido muy desagradable. Creo que no lo olvidaré nunca.&lt;br /&gt;Vila tomó una actitud condescendiente. La chica estaba muy asustada, y puede que eso se debiera a la impresión. De hecho, delante suya, el policía comprobó que su interlocutora aún tenía los ojos rojos.&lt;br /&gt;¿Lloraba por la muerte de un desconocido en su casa?&lt;br /&gt;Vila se paró a pensar en la fantasiosa historia de la mujer en la puerta de La Boreal que le había contado Enrique Valverde. Una misteriosa mujer que fumaba, que le observaba, y que despertó su miedo.&lt;br /&gt;Luego, el policía miró a la hermana de Enrique. Callada como él, rubia como él, asustada como él, y además, entristecida por el suceso.&lt;br /&gt;¿Por qué los demás no estaban así?&lt;br /&gt;Aceptando su palabra como válida, Vila le dio unas palabras de ánimo, y acompañó a Emma a la puerta de la cristalera.&lt;br /&gt;Desde allí analizó la situación.“Mal asunto” –Se dijo.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111592921093751824?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111592921093751824/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111592921093751824' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111592921093751824'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111592921093751824'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/05/captulo-11-nuevos-datos-para-vila.html' title='CAPÍTULO 11: Nuevos datos para Vila'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111530334342944507</id><published>2005-05-05T16:25:00.000+02:00</published><updated>2005-05-05T16:29:03.436+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 10: Los primeros interrogatorios</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:trebuchet ms;"&gt;&lt;em&gt;Cuando Elia está a punto de dormirse, la despierta Christian con una noticia inaudita: Emma ha encontrado el cadáver de Oscar, apuñalado, en la piscina de la casa&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el coche de refuerzo habían venido unos cuantos agentes más. Todos ellos se quedaron con los sospechosos, dentro de La Boreal. Vila y Estévez se fueron a la piscina de la casa, dónde aún estaba el cadáver.&lt;br /&gt;Vila abrió con el llavín que el forense le había dado antes de irse. Entraron por un sendero hasta que, doblando por una zona donde el seto se cortaba, entraron al lugar del crimen.&lt;br /&gt;La lógica de Vila trabajó muy rápido al llegar al cuerpo de Oscar Zazo. Apuñalado en el pecho, con el punzón que Olmedo se había llevado. Efectivamente, lo habían matado dentro de la caseta, y en su agonía la víctima había reptado hasta donde empezaba el césped.&lt;br /&gt;La sangre, ya seca, marcaba tanto el lugar del ataque, como el lugar donde cayó muerto. Sin embargo, alrededor de sí, no había rastro de huellas. En el césped, cerca del cadáver, había una zona con restos de sangre, pero supuso que allí era donde había encontrado el forense el arma del crimen.&lt;br /&gt;Llegaron los encargados del tanatorio, y los policías abandonaron la piscina. Se presentaron de nuevo al salón de los Alcalá, donde esperaban los jóvenes, con una profunda serenidad la mayoría de ellos. Vila notó en seguida la huidiza mirada de Emma Valverde. ¿A qué se debería?&lt;br /&gt;-                Señorita, -le anunció a Elia- vamos a empezar a hacerles las preguntas oportunas. Me parece que es el momento de despertar a su amigo y a su hermano.&lt;br /&gt;Elia asintió firmemente y subió las escaleras. Hasta llegar al cuarto de Alejandro. Llamó con los nudillos antes de entrar. Estaba empezando a amanecer, y la luz comenzaba a iluminar la habitación.&lt;br /&gt;Alejandro dormía con una expresión tranquila, ausente a todo lo que había pasado hasta ahora. Elia, con mucho cuidado, agitó suavemente su cuerpo. Después de insistir un poco, empezó a moverse suavemente debajo de la sábana.&lt;br /&gt;A diferencia de cómo le ocurre a mucha gente, cuando su amigo abrió los ojos, pareció tener al momento una expresión lúcida. Eran cerca de las seis, pero había dormido tan bien, que no había tenido problema en despertarse.&lt;br /&gt;-                ¿Qué ocurre?&lt;br /&gt;-                Alguien ha asesinado al amigo de mi hermano en la piscina.&lt;br /&gt;A Alejandro se le salieron los ojos de sus órbitas, más tarde frunció el ceño.&lt;br /&gt;-                A… ¿Oscar?&lt;br /&gt;-                Sí. A Oscar. Vístete rápido. La policía ha llegado hace un rato. Quieren que estemos todos abajo. Tengo que avisar todavía a mi hermano.&lt;br /&gt;Alejandro acató la orden de su amiga. Al minuto ya estaba vestido, bajando con Elia las escaleras hasta llegar al salón. No pensaba en nada, tenía la mente en blanco. Tuvo la misma sensación que tuvo meses atrás, cuando una chica murió envenenada delante suya.&lt;br /&gt;Después de bajar los escalones, llegó al salón. Todas las miradas se giraron hacia él. Alejandro reconoció a Enrique, a Christian, más pálidos. A Nery, que aún estaba maquillada y más seria de lo que nunca la volvería a ver. Emma estaba muy preocupada. Fue la última en percatarse de la llegada del amigo de Elia, y sólo lo saludó levantando ligeramente las cejas.&lt;br /&gt;Alejandro saludó formalmente a los dos policías. Vila sonrió al joven al estrecharle la mano, y le invitó a sentarse en el sofá con sus amigos.&lt;br /&gt;Sentado entre Christian y Enrique, ambos le explicaron a grandes rasgos a Alejandro lo que había sucedido. Seguía pareciéndole increíble, pero, por lo que veía, no era el único que tenía la sensación de estar aún soñando.&lt;br /&gt;Ese amanecer, sentados frente a los policías, parecía tener una molesta carga de surrealismo.&lt;br /&gt;Unos lloros se oyeron desde una de las habitaciones. Se calmaron casi en seguida. Entraron al comedor Elia y su hermano, un Raúl con los ojos hinchados.&lt;br /&gt;-                Ya estamos todos. –Anunció ella.&lt;br /&gt;-                Bien. –dijo Vila- Como nosotros, al igual que vosotros, queremos acabar pronto con esto, iremos al grano. Pero para eso necesito que me ayudéis. Más tarde hablaré con vuestros padres, pero ahora lo que más me interesa es hablar con vosotros. Primero, os haré unas preguntas en grupo, las cuales quiero que contestéis inmediatamente.&lt;br /&gt;Los jóvenes asintieron. Raúl se estaba secando aún las lágrimas con un pañuelo.&lt;br /&gt;-                ¿Quiénes conocieron a la víctima antes de morir? –Comenzó Vila.&lt;br /&gt;-                Yo lo conocía de vista. Mi hermano nos lo presentó a mi amigo Alejandro y a mí antes de la cena. Creo que Nery estaba con nosotros. –Afirmó Elia.&lt;br /&gt;-                Así es. –Confirmó la aludida- Yo estuve hablando un poco con él antes de volver a la otra parte de la casa para cenar.&lt;br /&gt;Estévez apuntó las respuestas sentado en una mesa cercana.&lt;br /&gt;-                Y los que le conocíais… ¿Cuándo fue la última vez que visteis a Oscar con vida?&lt;br /&gt;-                Yo lo vi aquí en casa, antes de irme con mi hermana a por su bikini. Decidí acompañarla. –Dijo Raúl.&lt;br /&gt;-                Eso fue a eso de las once menos algo. La última vez que lo vi con vida fue también antes de irme con mi hermano. A esa misma hora. –Elia suscribió lo dicho por su hermano.&lt;br /&gt;Al llegarle el turno a Alejandro, miró por encima del hombro de Vila, haciendo memoria.&lt;br /&gt;-                Oscar se fue a la calle después de que se marcharan Elia y Raúl a la piscina a por el bikini. Yo oí desde mi cuarto la puerta de la calle. La última vez que yo lo vi con vida fue cuando estaba intentando dormir, y oí un ruido en mi ventana. Al asomarme, estaba Oscar en la entrada de la casa, parecía que había tirado un chino a mi ventana. Cuando me vio, salió corriendo, fuera de La Boreal.&lt;br /&gt;-                Yo lo vi desde la ventana del salón de los Valverde, -respondió Nery- Vi a un chico con un chándal blanco y una gorra, y recordé que era Oscar, el que me habían presentado hace un rato. Había cogido algo del suelo, y lo tiró a una de las ventanas de la zona de los Alcalá. Me asomé unos segundos después, pero ya no estaba.&lt;br /&gt;El policía alzó la barbilla, muy interesado por lo que estaba escuchando.&lt;br /&gt;-                ¿A qué hora fue eso? –Preguntó.&lt;br /&gt;-                Eso sucedió a las once y media. –Respondió Alejandro con mucha seguridad- Yo estaba intentando dormir cuando oí el choque de algo contra mi cristal. En uno de esos momentos miré el reloj.&lt;br /&gt;Alejandro miró de soslayo a Nery.&lt;br /&gt;-                Sí, -dijo ella- eran las once y media, pasadas, creo. Yo estaba viendo la televisión, esperando a que Emma bajara. Se estaba maquillando. Ella bajó a los pocos minutos. Fue bajar ella, y Christian y Claude llamaron al portero automático.&lt;br /&gt;Vila miró a Estévez, que asintió devolviéndole la mirada, y apuntando los datos en sus escritos.&lt;br /&gt;-                Bien. –dijo el policía, que llevaba la voz cantante- En primer lugar me gustaría entrevistarme con Raúl Alcalá, que fue quién invitó a Oscar a venir a esta casa. Elia, Enrique, agradecería que hablarais con vuestros padres para comunicarles la noticia. Supongo que lo haréis con discreción. Estévez se encargará de avisar a los padres de Oscar. ¿Dónde podría mantener una entrevista con tranquilidad?&lt;br /&gt;Elia le indicó una salita con una mesa, que en otro tiempo fue la terraza, pero que estaba cerrada al exterior. Vila le hizo pasar a un compungido Raúl, y cerró la cristalera de la salita.&lt;br /&gt;El policía supo llevar la entrevista con mucho tacto. El pequeño de los Alcalá estaba muy afectado por la muerte de su amigo, pero sus respuestas no tardaron el llegar.&lt;br /&gt;Oscar Zazo le había insistido mucho a su amigo para que, en vez de irse a otra ciudad con más habitantes, fueran ese fin de semana a La Boreal. Al parecer, su amigo ya había ido una vez, y el sitio le encantó.&lt;br /&gt;-                ¿Tenía previsto Oscar hacer algo concreto aquí?&lt;br /&gt;-                No. La verdad es que no teníamos pensado hacer nada. Sólo comprobar si era verdad lo que él pensaba.&lt;br /&gt;-                ¿Qué era lo que pensaba Oscar, Raúl? –Preguntó Vila.&lt;br /&gt;-                Oscar se había enterado de que mi hermana estaba saliendo con un compañero suyo que se llamaba Alejandro. No tardó en decírmelo. Cuando me comentaron mis padres que Elia se iba a venir con un amigo suyo llamado Alex a La Boreal, Oscar me dijo que teníamos que aprovechar ese fin de semana para ir a la playa. De camino, pillaríamos a mi hermana con ese chico.&lt;br /&gt;Vila escuchó al chaval, descubriendo su carácter conforme hablaba. Raúl Alcalá era alguien fácilmente maleable por una personalidad superior a la suya. No le fue difícil imaginar que Oscar buscó una buena excusa para que su amigo se lo llevara a La Boreal.&lt;br /&gt;Ignoraba si la historia que contaba Oscar fuese cierta o falsa, pero no veía probable que detrás de ese asesinato se escondiera el mantener en secreto una relación así.&lt;br /&gt;-                Cuéntame que hiciste esta noche. Por orden.&lt;br /&gt;Raúl cogió aire y miró al techo.&lt;br /&gt;-                Después de cenar, me fui a por un vaso de té helado. Me lo bebí de un trago, estaba muerto de sed. Luego, mi hermana dijo que tenía que ir a la piscina, a recoger el bikini que se había dejado allí. Me ofrecí a acompañarla y ella aceptó.&lt;br /&gt;-                ¿A qué hora fue eso?&lt;br /&gt;-                Creo que faltaba poco para que dieran las once.&lt;br /&gt;-                Continua.&lt;br /&gt;-                Salimos de la casa y dejamos la puerta abierta. Nos dirigimos a la piscina, y allí mi hermana cogió su bikini, mientras yo la observaba sentado en una de las tumbonas. –Vila le hizo otra pregunta- No, el bikini no estaba en el vestuario, sino en el tendedero. El tendedero está antes de llegar al vestuario. De repente mi hermana lanzó una exclamación, y se metió en el vestuario. Salió a los diez segundos, con uno de sus punzones para el pelo. Me dijo que lo estaba buscando, que era el que le iba a dejar a su amiga esa noche.&lt;br /&gt;-                ¿Y después?&lt;br /&gt;-                Mi hermana y yo volvimos juntos hasta la entrada. Allí, yo abrí la puerta para entrar a la casa, y mi hermana llamó a la parte de los Valverde, para hablar con sus amigas y darle el punzón a una de ellas.&lt;br /&gt;-                ¿Cuánto tardasteis en ir y volver de la piscina? –Preguntó Vila.&lt;br /&gt;-                No más de diez minutos. Cuando entré en la casa, Alejandro me dijo que Oscar había salido. Me dijo que oyó la puerta de la calle.&lt;br /&gt;-                Eso… ¿te extrañó?&lt;br /&gt;-                No… no… para nada. Antes de irme con mi hermana le comenté a Oscar que lo mismo no iba a salir esa noche. Había escuchado a Alejandro diciendo que se iba a quedar, y eso me daba mala espina, así que me quedé yo también. Al enterarme de que se había ido solo, pensé que iría al encuentro de algunos de los amigos que le presenté cuando llegamos.&lt;br /&gt;-                Y te fuiste a la cama…&lt;br /&gt;-                Me fui a mi cuarto cuando llegó mi hermana, a eso de las once y diez minutos. Me dormí en seguida.&lt;br /&gt;-                ¿No te despertaron los ruidos de unos chinos en tu ventana?&lt;br /&gt;-                No. No oí nada. Sencillamente cerré los ojos y me quedé dormido, hasta que me despertó mi hermana a eso de las tres… creo.&lt;br /&gt;-                ¿Por qué te despertó a esas horas? –Preguntó extrañado el policía.&lt;br /&gt;-                No lo sé. Estaba medio soñando cuando lo hizo. Sólo me acuerdo que me preguntó por Oscar. Iba a dormir en la otra cama de mi cuarto. Su cama estaba vacía.&lt;br /&gt;Vila se dio por satisfecho con la declaración de Raúl Alcalá, y lo despidió, dándole el recado de que avisara a su hermana para que fuese a su encuentro.&lt;br /&gt;Al salir el chico, Estévez se coló deprisa en la habitación, cerrando la puerta tras de sí.&lt;br /&gt;-                Ya he avisado a los señores Zazo. Vienen para acá, así como los Alcalá y los Valverde. En una hora y cuarto estarán aquí.&lt;br /&gt;Vila dio su conformidad, y se fue de allí. Al minuto, Elia apareció en la cristalera.&lt;br /&gt;-                ¿Me llamaba?&lt;br /&gt;-                Así es, por favor, siéntese.&lt;br /&gt;El policía oteó el aspecto de Elia Alcalá, definiéndola a grandes rasgos mientras ella cerraba la cristalera y se sentaba delante suya.&lt;br /&gt;Tenía unos veinte años bien cumplidos. Aunque había dormido poco, parecía serena y tranquila. Su rostro era bonito y atractivo, y la melena oscura estaba recogida en una coleta por encima de la nuca. Su mirada demostraba madurez y responsabilidad. Era, sin lugar a dudas, el prototipo de hermana mayor.&lt;br /&gt;-                Usted verá por dónde quiere empezar. –Dijo ella, acercando su silla a la mesa y colocando sus manos en el regazo.&lt;br /&gt;-                Necesito que me resumas tus movimientos esta noche, con el mayor rigor cronológico posible.&lt;br /&gt;Elia cogió aire e hizo memoria, como antes había hecho su hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-                Cenamos a las diez… y algo. No lo recuerdo bien. Estuvimos un buen rato los cuatro sentados delante del televisor. A eso de las once menos diez, recordé que me había dejado mi bikini en el tendedero de la piscina. No es por nada, pero alguien podría colarse por la noche y llevarse algunas de las cosas que nos solemos dejar allí. Decidí ir a por él, y mi hermano se ofreció a acompañarme. Cuando estaba cogiendo el bikini, me acordé que tenía un punzón dentro del vestuario. Como era el que pensaba dejarle a Nery, la invitada de los Valverde, pues me alargué a por él. Lo encontré en seguida. Acompañé a mi hermano a la puerta de la casa, y entonces, mientras que él subía, yo llamé a la parte de los Valverde. Me abrió Nery. Estuve un rato hablando con ella, y le di el punzón. Cuando salí me fijé en la hora. Eran las once y diez. Volví a mi casa en seguida, y hablé un rato con Alex y con mi hermano. Oscar no estaba ya en casa. Cuando Alex y Raúl se fueron a la cama, yo empecé a arreglarme en el cuarto de baño que compartimos mi hermano y yo. Primero me duché, luego me vestí. Me estaba secando el pelo cuando por poco se me cae un estante encima. Eran las once y media, lo miré en mi reloj de pulsera. Entonces, de improviso, vino Alejandro, y me ayudó en lo que pudo. Aún así, se nos cayeron algunas cosas al suelo. Pero mi hermano no se despertó.&lt;br /&gt;-                Sigue, -animó Vila.&lt;br /&gt;-                Vinieron a recogerme, y salimos de La Boreal sobre medianoche. Estuvimos de marcha, hasta que me empecé a preocupar por mi hermano. No se había despertado con todo el escándalo que montamos, y pensé lo primero que me vino a la cabeza. Así que convencí a Nery y a Enrique, y fuimos a mi casa. Al ver que a mi hermano no le pasaba nada, y por haberles chafado la fiesta, les invité a tomar algo. Estuvimos charlando sin armar jaleo hasta que llegaron Christian y Emma. Nery y Enrique se fueron con ellos. Yo recogí las cosas para irme a la cama, y estaba a punto de entrar en ella, cuando alguien llamó a la puerta. Era Christian. Estaba muy alterado. Habían encontrado el cuerpo de Oscar en el vestuario de nuestra piscina.&lt;br /&gt;Vila estuvo todo el rato tomando nota de la declaración de Elia en un bloc. Cuando ella acabó, dejó el bolígrafo encima de la mesa, y se cruzó de brazos.&lt;br /&gt;-                ¿Los Valverde y los Alcalá compartís la misma piscina?&lt;br /&gt;-                Desde siempre. –Respondió Elia.&lt;br /&gt;-                ¿No notaste nada extraño allí, cuando fuiste a por el punzón al vestuario?&lt;br /&gt;-                Nada. Todo estaba como siempre.&lt;br /&gt;-                ¿A que hora llegaste a La Boreal acompañada de Enrique y de Nery?&lt;br /&gt;-                Sería sobre las tres de la mañana, pero no lo recuerdo bien.&lt;br /&gt;-                ¿Viste a Oscar Zazo anteriormente? –Preguntó Vila.&lt;br /&gt;-                Antes dije que lo conocía de vista, como uno de los amigos de mi hermano. Pero fue ayer tarde cuando Raúl me lo presentó por primera vez. Antes no habíamos hablado nunca. Supongo que él también me conocía de vista a mi, por el mismo motivo que yo.&lt;br /&gt;-                Bien. –Finalizó el policía- Eso es todo. Muchas gracias, señorita Alcalá. ¿Podrías avisar a tu amigo? Al joven que has invitado a esta casa.&lt;br /&gt;Elia se despidió con una leve sonrisa y salió de allí. Alejandro, que estaba dormitando encima de uno de los sofás, fue despertado por su amiga, que le sacudió dulcemente el hombro.&lt;br /&gt;A su vez, en la pequeña habitación, Vila pensaba. Oscar Zazo… había convencido a su amigo para ir a La Boreal. Eso quiere decir que había un motivo.&lt;br /&gt;-                Un motivo para venir aquí… –murmuró el policía- …y morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111530334342944507?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111530334342944507/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111530334342944507' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111530334342944507'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111530334342944507'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/05/captulo-10-los-primeros.html' title='CAPÍTULO 10: Los primeros interrogatorios'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111477810152425553</id><published>2005-04-29T14:31:00.000+02:00</published><updated>2005-04-29T14:35:01.530+02:00</updated><title type='text'>Capítulo 9: Oscar aparece muerto</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:arial;"&gt;&lt;em&gt;Recordando preocupada que su hermano  no se despertó tras todo el barullo que liaron al irse, Elia decide volver a La Boreal para ver si todo va bien. Enrique y Nery la acompañan. Más tarde llegarán Christian y Emma, que antes de entrar a su casa decide pasar por la piscina&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al principio, Emma entró a la piscina como otras tantas veces, por una entrada practicada en la incisión de un seto. Su vista no se levantó del césped, hasta que algo la distrajo.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando levantó la vista y miró en dirección al vestuario. Había un bulto oscuro de considerable tamaño al borde del césped de la piscina. Justo delante de la puerta del pequeño recinto donde se cambiaban para bañarse.&lt;br /&gt;Aquello le intrigó de tal manera, que Emma no echó a andar hacía el tendedero, sino hacía el vestuario. Conforme fue andando, descubrió que el bulto era muy alargado. Debida a la extrema oscuridad, sólo logró adivinar que se trataba de un cuerpo humano cuando estaba a escasos metros de él.&lt;br /&gt;Confusa, Emma no sabía de quién se trataba. Intentó moverlo, pensando que podía haber sido un desmayo.&lt;br /&gt;Pero seguía muy sorprendida.&lt;br /&gt;Sin perder ni un segundo, se dirigió a la caseta que funcionaba como vestuario, y ella encendió la luz. El cuerpo sin vida de Oscar se revelaba entre las sombras, delante de ella.&lt;br /&gt;Quiso gritar, pero no le salió la voz. En cambio, los ojos parecían salirle de sus órbitas.&lt;br /&gt;Oscar lucía una mueca póstuma de sorpresa. La chaqueta de su chándal blanco estaba abierta, y la camiseta de algodón, también de color blanco, estaba manchada de sangre varias veces. Las manchas oscuras coincidían con las puñaladas del asesino. Horrorizada, Emma las contó. Eran seis.&lt;br /&gt;Se apoyó violentamente contra la pared del vestuario, cuando ella vio el reguero de sangre seca que salía desde allí mismo hacia el exterior. Hasta donde cayó muerto Oscar.&lt;br /&gt;Estuvo allí unos minutos. Miró de nuevo el cadáver. Sintió como se le  revolvía el estómago, pero sacó toda la sangre fría que pudo. Salió del vestuario, y se agachó delante del cadáver para observar el rostro del muerto.&lt;br /&gt;Al principio pensó que todo era fruto de su imaginación, pero Emma estaba comprobando en esos momentos, que el muerto no se parecía a alguien que conocía, sino que era ese conocido…&lt;br /&gt;Aunque no lo había visto en La Boreal desde su llegada, Emma se olió algo cuando oyó su descripción por boca de Nery. Pensó que sería una coincidencia, que no se trataba de él. Ahora ella estaba comprobando que no sólo había venido Oscar, sino que además, había muerto.&lt;br /&gt;-          Oscar Zazo…  qué… muerto…&lt;br /&gt;Con los ojos como platos, Emma murmuraba palabras sin mucho sentido. Se estaba haciendo a la idea. Era hora de tomar cartas en el asunto. Había que llamar a la policía.&lt;br /&gt;Más decidida y con menos miedo, Emma se levantó del suelo y se puso de pie. Echó a andar hacia La Boreal, pero algo la detuvo. Había pisado algo en el césped.&lt;br /&gt;Por no haber apagado la luz, pudo verlo. Emma se agachó y recogió lo que había pisado. Era un punzón para el pelo. Estaba lleno de sangre.&lt;br /&gt;Estremecida por un escalofrío que la recorrió por completo, Emma reconoció ese punzón. Era suyo… ¡el que perdió hace tanto tiempo! ¿Por qué estaba allí?&lt;br /&gt;Dio un respingo cuando alguien la tocó en el hombro. Se volvió violentamente. Era Christian. En la entrada de la piscina también estaban Nery y Enrique.&lt;br /&gt;Nerviosa, Emma se echó a llorar. Aún tenía el punzón para el pelo en la mano. Como si de una señal se tratara, su hermano y su amiga echaron a correr hacia ella.&lt;br /&gt;Entonces, Chris la dejó a un lado y caminó hacia el cadáver. Observó atemorizado las puñaladas en el pecho y el rostro asustado de la víctima. Y volvió la cabeza de nuevo hacia su novia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Elia estaba a punto de tumbarse en la cama para quedarse dormida, cuando alguien llamó con los nudillos a la puerta de la entrada. Se asomó al salón y miró por la ventana. Christian estaba abajo, moviendo los pies nervioso.&lt;br /&gt;Ella no tardó más de dos minutos en vestirse y bajar abajo.&lt;br /&gt;En el hall la esperaba Christian Bayo, pálido por el susto, cruzado de brazos, y fumando casi compulsivamente.&lt;br /&gt;-          Hay que llamar a la policía, Elia. Emma acaba de encontrar un cadáver en la piscina. Dice Nery que es Oscar, el amigo de tu hermano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La llamada se produjo a las cuatro y media de la mañana, en la comisaría de Motril. Se comprobó que no se trataba de una broma. Elia Alcalá dio todos sus datos.&lt;br /&gt;Debido a las circunstancias, en el mismo coche viajaban a La Boreal un juez de guardia, un forense, un fotógrafo y dos policías. Otros vehículos llegarían más tarde.&lt;br /&gt;Uno de los policías eran Fermín VILA, el otro, Manuel ESTÉVEZ.&lt;br /&gt;-          Así es. –Le confirmaba Vila al juez de guardia- Según nos han dicho, la casa está llena de jóvenes. El mayor tiene veintitrés años y el menor quince, que sigue durmiendo. El muerto tenía quince años y estaba invitado por el hijo de los dueños. Se lo han encontrado apuñalado delante de la caseta de la piscina. Al parecer, todos volvían de marcha.&lt;br /&gt;Eran las cinco y algo de la mañana cuando el coche llegó a La Boreal. En la puerta les recibieron Enrique y Christian. Elia, Emma y Nery estaban dentro de la casa, en el salón de los Alcalá. Raúl y Alejandro seguían durmiendo.&lt;br /&gt;Cuando el grupo de policías bajó del coche, saludaron a los dos jóvenes. Al momento se presentaron las tres chicas, para saludar también al contingente policial.&lt;br /&gt;Vila, que era quién había decidido mantener cierto control, le ordenó a Enrique Valverde que llevara al forense y al fotógrafo a dónde se encontraba el cadáver. El mayor de los Valverde así lo hizo.&lt;br /&gt;El resto del grupo pasaron al interior de La Boreal. Al salón de los Alcalá, del cual venían las chicas.&lt;br /&gt;Vila tomó la palabra. Se dirigió a los jóvenes, y le preguntó a cada uno su edad y dirección además del DNI. No hubo ningún problema a ese respecto. Estévez, en realidad, había creído que se trataba de gente mucho más joven.&lt;br /&gt;-          ¿Habéis avisado ya a vuestros padres? –Preguntó Vila a Elia y a Emma.&lt;br /&gt;Emma contestó.&lt;br /&gt;-          Nos hemos preocupado de la policía en primer lugar, sin pensar en nuestros padres. Pensábamos llamarlos cuando amaneciera, aunque si es necesario hacerlo antes…&lt;br /&gt;Vila no lo estimó necesario.&lt;br /&gt;-          ¿Estáis aquí todos los que sois? Me refiero, -aclaró el policía con una sonrisa- si os encontráis aquí los mismos que habéis estado aquí toda la noche.&lt;br /&gt;-          No, señor. –Respondió Elia- Alejandro, un amigo al que he invitado estos días, está durmiendo en su habitación, en la segunda planta. Lleva durmiendo desde las once y media de anoche. Mi hermano también está durmiendo. Lo desperté a eso de las dos y…algo, pero sigue durmiendo en este momento. Si usted estima necesario que los despierte…&lt;br /&gt;-          Por ahora no. –Dijo Vila.- Que sigan durmiendo. Hablaré con los presentes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enrique guió en todo momento al forense y al fotógrafo hasta que llegaron a la piscina. La luz de la caseta vestuario aún iluminaba el cadáver.&lt;br /&gt;El fotógrafo tomó unas instantáneas del cuerpo, bajo la atenta mirada de Enrique y del forense, que se le presentó como Juan Olmedo.&lt;br /&gt;-          ¿Descubriste tú el cuerpo, chico? –Le preguntó Olmedo.&lt;br /&gt;-          No. Fue mi hermana. A eso de las cuatro y pocos minutos.&lt;br /&gt;Con un insólito murmuro, el forense se inclinó sobre el cuerpo de Oscar, apoyando una de sus rodillas en el suelo de cemento que daba paso al césped. Su linterna, muy precisa, iluminó vivamente el pecho.&lt;br /&gt;-          Apuñalado. –Dijo- Seis veces. Un objeto redondeado, no se trata de un cuchillo. Pero fino. Debía de ser algo fino.&lt;br /&gt;-          Mire aquí, Olmedo. –Indicó el fotógrafo el lugar donde acababa de hacer una foto.&lt;br /&gt;El forense volvió la cabeza y se levantó. A unos pasos del muerto, había un punzón para el pelo de madera, ensangrentado. Se enguantó en látex las manos, cogió una bolsa de plástico de las destinadas a las pruebas, y guardó allí el punzón. Con su linterna, examinó los restos de sangre seca. Después, antes de levantarse, Olmedo cogió el rótulo que le tendía el fotógrafo y lo colocó donde antes estaba el punzón. Todo esto bajo la atenta mirada de Enrique.&lt;br /&gt;-          ¿Quién era? –le preguntó de nuevo Olmedo a Enrique.&lt;br /&gt;-          Un invitado del hermano de nuestra vecina, Elia Alcalá. Los Alcalá y los Valverde compartimos La Boreal.&lt;br /&gt;-          ¿Salió con vosotros?&lt;br /&gt;-          Salió por libre, yo aún no lo conocía, es la primera vez que lo veo… –Enrique, entonces, comenzó a dudar- Creo que… debería comentarle que, mi hermana, al encontrar el cuerpo, cogió ese punzón durante unos segundos.&lt;br /&gt;Esperaba recibir una reprimenda del forense, pero éste le miró sin ningún tipo de reproche. Sabía que ese tipo de cosas pasaban.&lt;br /&gt;-          Lo tendré en cuenta, -respondió, y tras una pausa para otear el rastro de sangre, añadió- así como también el que tu hermana entrara dentro del vestuario. Supongo que no pudo reprimir las arcadas, y hay un váter dentro del vestuario. Las chicas jóvenes son así de sensibles.&lt;br /&gt;Enrique comentó, por lo bajo, que él también había sentido mucho asco al ver el cadáver. Olmedo no le respondió nada, y el fotógrafo realizaba su labor en silencio.&lt;br /&gt;Cuando acabó, Olmedo decidió entrar de nuevo en la escena del crimen, e iluminó las pupilas del muerto. Luego, alejó la cabeza, como quien quiere comprobar algo, girando la cabeza de un lado a otro. Más tarde, pareció estimar algo aproximadamente. Por último, se levantó.&lt;br /&gt;-          ¿La entrada de la piscina tiene llave?&lt;br /&gt;-          Sí, aquí está.&lt;br /&gt;Enrique le ofreció un llavín al forense, que no dudó en tomarlo.&lt;br /&gt;-          Bien. Cerraremos hasta que llegue el coche del tanatorio.&lt;br /&gt;Olmedo tomó algunas otras muestras más de la sangre del suelo, cerrando luego la cancela con llave.&lt;br /&gt;Y en una silenciosa procesión, tal como habían llegado, el forense, el fotógrafo y Enrique Valverde se dirigieron de nuevo a La Boreal.&lt;br /&gt;Cuando entraron, Vila y Estévez se estaban dirigiendo a Christian, Emma, Elia y Nery, que les escuchaban atentos. Olmedo, el forense, le pidió a Vila hablar en un lugar apartado. El policía le indicó un rincón de la habitación.&lt;br /&gt;-          Al chaval le cosieron a puñaladas con este punzón del pelo. –Olmedo le enseñó a Vila el contenido de la bolsa- No murió al momento. Tuvo unos instantes de agonía en los que pareció zafarse del interior de la caseta y salir al exterior. Murió desangrado. A primera vista yo diría que murió entre las diez y las doce de la noche.- Olmedo atendió una llamada a su móvil, uno de los coches de refuerzo había llegado- Me llevo a analizar el arma y otras muestras al laboratorio. Pronto vendrá la ambulancia a por el cuerpo. Les espero allí.&lt;br /&gt;Olmedo, su ayudante el fotógrafo y el juez de guardia salieron de La Boreal, de vuelta a Motril. El forense miró melancólico desde el coche que acababa de llegar, la casa que abandonaba.¡Que cosas pasan, su señoría! –Se dirigió al juez-¡Qué en una casa tan bonita… se haya cometido un crimen tan horrendo!&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111477810152425553?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111477810152425553/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111477810152425553' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111477810152425553'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111477810152425553'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/04/captulo-9-oscar-aparece-muerto.html' title='Capítulo 9: Oscar aparece muerto'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111403287834914804</id><published>2005-04-21T12:00:00.000+02:00</published><updated>2005-04-20T23:38:56.963+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 8: El Presentimiento</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Tras una tranquila cena, Elia comienza arreglarse para salir esa noche. Alejandro, cansado, decide quedarse en casa. Oscar sale de La Boreal sin su amigo Raúl. Este, súbitamente cansado, se va a la cama. Todos los demás recogen a Elia, para irse de marcha&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Hasta que Christian recibió un toque de su novia, él había estado conversando amigablemente con Claude en su casa. A las doce menos veinticinco, los dos partieron hacia La Boreal. A las menos veinte, ya estaban esperando en el hall del edificio, a que bajaran las tres chicas, Enrique y Alex.&lt;br /&gt;Al instante de que Claude llamara al timbre, se oyeron unos tacones bajando las escaleras.&lt;br /&gt;Enrique salió primero, vestido de manera muy sencilla. Solo llevaba una camiseta negra, unos vaqueros y unas sandalias. Emma, como su hermano, también llevaba vaqueros, aunque con un top blanco y otras sandalias, estas con algo de plataforma. Nery, con el pelo recogido por el pincho de Elia, llevaba el vestido oriental que había prometido ponerse, y que le quedaba bastante bien.&lt;br /&gt;Después de los saludos, comenzaron a preguntarse cuánto le quedaba a Elia. Llamaron al timbre para que se diera prisa, pero como respuesta Alejandro abrió la puerta.&lt;br /&gt;Todos entraron en tropel, y el panorama era cómico. Alejandro estaba con unos vaqueros piratas mal abrochados, observando somnoliento cómo Elia intentaba por todos los medios arreglar el desaguisado que había causado en el cuarto de baño. Entre todos intentaron ayudarla.&lt;br /&gt;Enrique, que esperaba abajo, dio una voz para meterles prisa, y al rato salieron todos con Elia ya arreglada, y despidiéndose de Alejandro. Él ya estaba subiendo los escalones hacia su cuarto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aunque algunos de ellos tenían coche, decidieron no complicarse la vida y dirigirse a Gailón a pie por el paseo marítimo.&lt;br /&gt;La zona estaba muy animada, con mucha gente pese a ser las horas de la noche que eran. Normalmente había mucha más población en Julio y en Agosto, pero en aquella ocasión, comenzaba el fin de semana. Eso también se debía de tener en cuenta.&lt;br /&gt;Christian hizo que se quedara un momento a solas con Emma, lo que aprovechó para mimarla y abrazarla todo cuanto pudo. No es que ellos no tuviesen tiempo de estar a solas a lo largo del día, pero normalmente, delante de todos, no se cerraban en banda.&lt;br /&gt;La primera parada fue en un bar, en el que comenzaron a tomar copas. Allí se enteraron que en una de las discotecas había una fiesta muy animada.&lt;br /&gt;Eran la una y cuarto cuando fueron a dicha fiesta. Era como una especie de bienvenida al verano. La pandilla se reencontró con los camareros que los atendían a lo largo del verano. Fue un reencuentro bastante divertido, y del cual sacaron algunas copas gratis.&lt;br /&gt;A la una y media, salieron afuera. En la parte de atrás de la discoteca se situaba una zona al aire libre, cerrada para no oír la música, con mesas y sillas de mimbre. Entre risas y comentarios, Elia y Nery fueron a sentarse en una de ellas. Enrique y Claude no tardaron en seguir su ejemplo y coger dos sillas para sentarse con ellas.&lt;br /&gt;Sólo Emma y Christian estaban bailando animados en la pista.&lt;br /&gt;- Es bastante raro que Alejandro no haya querido venir, ¿no? –Le dijo Nery a su amiga Elia.&lt;br /&gt;- Yo le entiendo. Hoy le apetece descansar, mañana estará con más energía.&lt;br /&gt;Claude intervino.&lt;br /&gt;- ¿Sabéis que haría yo? Aprovechar más el tiempo. Si has venido aquí, ¡es para pasarlo bien! Yo estaría todo el día en la calle. ¡Ya me encargaría de descansar en Granada! Supongo que cuando volváis a Granada es cuando debe tocar descansar.&lt;br /&gt;- No todo el mundo tiene tu punto de vista, Claude, en España no somos tan juerguistas como parece –dijo Nery.&lt;br /&gt;Enrique se volvió hacia Elia.&lt;br /&gt;- ¿Qué le pasaba a Alejandro hace un rato?&lt;br /&gt;- ¿A qué te refieres?&lt;br /&gt;- Nos miraba muy raro a todos. –Comentó Enrique- Ha estado de lo más simpático… ¡y sin embargo, nos ha mirado a todos así, con los ojos entornados!&lt;br /&gt;El hermano de Emma acompañó la palabra del gesto, entornando la mirada delante de sus compañeros de mesa. Nery echó una risa y meneó la cabeza.&lt;br /&gt;- Eso no lo entiendes, Enrique. A mi también me pasa. Supongo que, como Alejandro estaba a punto de irse a la cama, se había quitado ya las lentillas. ¡El pobre lo que tenía era cara… de miope! Estaba forzando la vista todo el rato para ver si nos reconocía. Supongo que nos estaba viendo a todos borrosos&lt;br /&gt;- Menos mal que Alex estaba despierto cuando se me cayó la estantería. –Meditó Elia- Si no… ¡se habría llevado un susto de muerte! Lo que no sé es cómo no se despertó mi hermano…&lt;br /&gt;- Tu hermano Raúl no iba a salir con su amigo… ¿Cómo se llamaba? –Nery miró al cielo en un intento de recordar- ¿No iba a salir tu hermano con Óscar?&lt;br /&gt;Elia se cruzó de piernas antes de responder.&lt;br /&gt;- Cuando estaba cogiendo el punzón que llevas puesto y el bikini que me dejé en la piscina, mi hermano me dijo que no iba a salir. Debe ser que quería vigilar los pasos de Alejandro dentro de casa.&lt;br /&gt;- ¡Qué cruel es! –Exclamó asombrado Enrique- Creo que tu amigo Alejandro merece un poco más de confianza por su parte.&lt;br /&gt;- Déjalo. –Desestimó Elia- Mi hermano se cree que Alejandro y yo estamos saliendo. A mi me da tanta pereza aclarárselo que prefiero que se haga pájaros en la cabeza y descubra las cosas por sí mismo. Y, en cuanto a Oscar, -Elia se volvió hacia Nery-, no tengo ni idea.&lt;br /&gt;- Es que lo he visto esta noche.&lt;br /&gt;- ¿Dónde?&lt;br /&gt;- Lanzando chinos a la ventana del cuarto de Raúl.&lt;br /&gt;- ¿Cómo?&lt;br /&gt;Nery se vio en la necesidad de explicarse.&lt;br /&gt;- Estaba asomada por unos de los ventanales del salón a ver si veía a Claude y a Christian, cuando en una de esas vi al tal Oscar, tirando chinitas.&lt;br /&gt;- Supongo que se fue sin llaves y estaba avisando a tu hermano para entrar. –Intervino Enrique.&lt;br /&gt;- ¡Espero que ese energúmeno no le hiciera nada a los cristales! –Dijo la anfitriona de Alejandro, indignada.&lt;br /&gt;Nery respondió.&lt;br /&gt;- ¡Oh, no creo! Después de hacer lo que hizo, salió despavorido por el sendero de entrada. La siguiente ocasión que me asomé ya no estaba. ¿Tú no le oíste llamar?&lt;br /&gt;- Supongo que no. –Admitió Elia Alcalá- Cuando dejé a Alejandro en su habitación, durmiendo, yo me duché y me estuve secando el pelo con mi secador. El que tengo aquí es antiguo y arma mucho jaleo. Lo curioso… es que el cuarto de baño está entre mi habitación y la de mi hermano… y él no salió en ningún momento para llamarme la atención por el ruido que organicé, ni respondiendo a la llamada de Oscar, si es verdad lo que me cuentas… Le habría visto salir de la habitación por el espejo. Ahora que lo dices, creo que Alejandro vio algo parecido. Me lo estuvo contando cuando me ayudó a recoger el desaguisado que lié al colocar la laca en el estante…&lt;br /&gt;Elia no llegó a terminar la frase. Se quedó con la mirada en el vacío, y el gesto muy preocupado. En un momento se llevó la mano a los labios.&lt;br /&gt;- ¿Qué te ocurre? –Preguntó Nery, al notar el cambio en su amiga.&lt;br /&gt;- ¿Pasa algo, Elia? –Intervino Enrique.&lt;br /&gt;- Es… es mi hermano. Él nunca ha sido alguien dormilón. No, no lo ha sido nunca. Tiene un sueño muy ligero, y sin embargo… ¡se había tenido que despertar por laque lié al caérseme la estantería! Ya visteis la que se organizó. ¿Cómo es posible que ni siquiera saliera de su cuarto para ver lo que ha pasado? Me estoy preocupando.&lt;br /&gt;Ante la situación, Enrique decidió enérgico, tomar cartas en el asunto. Llamó con el móvil de Elia a su hermano, pero el móvil estaba en el salón. Llamó a Alejandro también, aunque estaba durmiendo a pierna suelta con el móvil en modo silencio. Como ninguna de las dos llamadas tuvo resultado, salieron en dirección a La Boreal. Nery se ofreció a acompañarles. Claude, Emma y Christian se quedaron en la discoteca un rato más, a la espera de noticias.&lt;br /&gt;Eran las dos de la mañana.&lt;br /&gt;A las y diez, tras una decidida caminata sin preocupaciones evidentes, el pequeño grupo llegó a La Boreal.&lt;br /&gt;A Elia le temblaba ligeramente el pulso cuando sacó las llaves para abrir la puerta. Encontró la correcta, y abrió la puerta de la entrada, haciendo pasar a Nery y a Enrique. Subieron las escaleras, y, al llegar al salón, Elia se hizo cargo de la situación.&lt;br /&gt;- Voy a despertarle yo. Vosotros no entréis en la habitación. Si no ha pasado nada, no voy a asustarle.&lt;br /&gt;Elia giró el picaporte de la habitación de su hermano y se deslizó a la oscuridad del interior. Enrique y Nery se asomaron desde el pasillo. La chica fue tanteando hasta llegar a la cama de su hermano, y se acercó a él. Oía una suave y calmada respiración, marcada por el ritmo del sueño.&lt;br /&gt;Raúl dormía plácida, pero profundamente. Su hermana suspiró de alivio, y decidió irse. Pero antes, tanteó la otra cama. Estaba vacía. Oscar Zazo no había llegado aún para dormir.&lt;br /&gt;Intrigaba, Elia zarandeó suavemente a su hermano. Raúl soltó unos cuantos ronquidos antes de abrir los ojos con dificultad.&lt;br /&gt;- Raúl, ¿Dónde esta Oscar?&lt;br /&gt;- Dijo… que se fue. –Raúl parecía estar ubicándose, confuso.&lt;br /&gt;- ¿Te dijo a donde se iba?&lt;br /&gt;- No… déjame dormir.&lt;br /&gt;- Bien, buenos noches cariño.&lt;br /&gt;Elia se despidió con un beso de su hermano y se fue de la habitación, respirando aliviada mientras cerraba la puerta.&lt;br /&gt;Enrique y Nery la interrogaban con la mirada.&lt;br /&gt;- Está todo bien. Mi hermano hoy tiene un sueño algo pesado. Aún no sé por qué. No tiene ni idea de donde está su amigo… y la verdad es que yo tampoco lo sé. Pero si ha salido con los amigos de mi hermano, vendrá por la mañana. Estará por la Aurora, o tal vez haya ido a Gailón.&lt;br /&gt;- ¿Volvemos a la discoteca? –Propuso Nery.&lt;br /&gt;- Son las dos y media, casi. –Dijo Enrique- Es muy tarde ya.&lt;br /&gt;Elia sonrió avergonzada.&lt;br /&gt;- Muchas gracias por haber hecho de tripas corazón y haberme acompañado para saber si todo iba bien. Ahora me siento un poco ridícula, viendo que todo eran imaginaciones mías. Siento haberos arruinado la noche.&lt;br /&gt;Tanto Nery como Enrique no tardaron en desmentir lo que había dicho Elia, y ofrecer su disposición en cualquier momento que fuese necesario. Ella habría hecho lo mismo por cualquiera de los dos.&lt;br /&gt;Como era muy tarde para volver a la discoteca, Elia les ofreció algo de beber. Sus dos acompañantes aceptaron, aunque no querían quedarse hasta muy tarde.&lt;br /&gt;De este modo, Elia, Nery y Enrique estuvieron departiendo en los sofás, en voz baja. Sobre la mesilla de metacrilato había tres vasos que se fueron vaciando poco a poco. Sus hielos reflejaban la tenue luz de unas velas que Elia había encendido para crear más intimidad.&lt;br /&gt;La charla, así, resultó muy cómoda. Cada uno de ellos estuvo contándose sus batallitas de invierno. Se atrevían incluso a hacer los primeros planes para ese verano.&lt;br /&gt;Eran cerca de las cuatro de la mañana, cuando los tres aún seguían conspirando en contra del aburrimiento. Por el sendero de La Boreal, andaban dos personas de la mano&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;Emma y Christian, al no recibir noticias de Elia, habían supuesto que todo iba bien, y decidieron quedarse bailando un rato más.&lt;br /&gt;De lejos, habían observado la débil luz en el salón de los Alcalá. Al llegar a la puerta, Christian soltó la mano de Emma, y la besó. Ella sonrió de modo elocuente, y sacó las llaves de la puerta.&lt;br /&gt;- ¿Voy a ver si están Nery y Enrique allí? –Preguntó Chris.&lt;br /&gt;Emma apenas se pensó su respuesta.&lt;br /&gt;- Venga. Mientras tanto yo, voy a preparar las cosas para una ducha antes de acostarnos.&lt;br /&gt;Se besaron de nuevo. Christian fue a la puerta de los Alcalá y llamó suavemente con los nudillos.&lt;br /&gt;Al intentar abrir la puerta de su casa, Emma pareció caer en la cuenta de algo, y dejó adrede las llaves en la cerradura.&lt;br /&gt;- Sólo hay toallas limpias en el tendedero de la piscina. Terminar de abrir tú, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;Después del susurro de Emma, Chris asintió y volvió a llamar con los nudillos. Esta vez miró a su reloj y sacó el móvil, para llamar a Nery.&lt;br /&gt;Su novia se desplazó por un sendero a la derecha del edificio, que llevaba a la piscina de La Boreal. Aunque el camino estaba muy oscuro, Emma lo conocía casi de memoria.Tenía la imagen segura en la cabeza de qué era lo que iba a encontrar al girar la esquina, pero no fue así en absoluto.&lt;/span&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111403287834914804?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111403287834914804/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111403287834914804' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111403287834914804'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111403287834914804'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/04/captulo-8-el-presentimiento.html' title='CAPÍTULO 8: El Presentimiento'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111342846395127907</id><published>2005-04-14T12:33:00.000+02:00</published><updated>2005-04-13T23:41:03.960+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 7: Comienza la intriga</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:85%;"&gt;&lt;strong&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-family:arial;font-size:100%;"&gt;&lt;strong&gt;Cuando Elia vuelve a La Boreal después de la visita al faro del cabo de los Truenos, se topa sorprendida con la llegada de su hermano, y de Oscar, el amigo de este. Pese a que al principio no le hace gracia, acaba aceptando a los dos huéspedes sorpresa&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt; &lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:courier new;font-size:100%;"&gt;&lt;em&gt;Todos se sentaron a la mesa unos quince minutos después, un poco antes de las diez. Elia se había sabido defender en la cocina. Cuatro suculentos platos de pasta fueron el resultado. Aunque las cenas frías no era la predilección de Alejandro, se la tomó en seguida. Estaba buenísima.&lt;br /&gt;Raúl estaba un poco desganado. Había conseguido lo que quería, sin ceder hasta que lograra un beneplácito de su hermana. Sin embargo, en la cena, el chico de quince años apenas levantó su mirada del plato.&lt;br /&gt;Oscar parecía hablar por él. Mantuvo una conversación distendida con Alejandro sobre varios temas. Si al principio pensó que era pedante, Alejandro ahora opinaba que, ahora también, era alguien con criterio a la hora de dar su opinión.&lt;br /&gt;Elia también mostró su acuerdo o desacuerdo durante la cena, pero a ratos estaba como su hermano. Miraba inexpresiva su plato, su vaso, o la tele.&lt;br /&gt;El postre consistió en un helado de frambuesa que Elia trajo del congelador. Ninguno de los comensales dejó algo para luego, porque el helado estaba demasiado rico. Incluso Alejandro y Raúl repitieron.&lt;br /&gt;Elia le pidió a su hermano que se llevara los platos, y Raúl obedeció. ¿No estaba siendo muy sumiso? A espaldas de Oscar, Elia le aclaró a Alex que su hermano no solía ser así. Al momento, volvió.&lt;br /&gt;A las diez y cuarto, Oscar dijo que quería una lata de refresco, y Elia le pidió que le trajese otra. Los vasos y la bandeja de hielo ya estaban en la mesa desde la cena. Oscar apenas tardó un minuto en ir a la cocina, sacar las latas de la nevera y llevarlas al salón.&lt;br /&gt;Los cuatro estuvieron hablando unos minutos. Elia le preguntó a su hermano si iba a salir, y él respondió que tanto él como Oscar saldrían juntos más tarde. Ella aclaró que había quedado con los Valverde sobre las once. Alejandro manifestó sus ganas de acostarse temprano. Decidió que se iba a quedar en su cuarto, leyendo.&lt;br /&gt;Una mirada de desconfianza cruzó por un momento los ojos de Raúl cuando escuchó al amigote su hermana. ¿Por qué se iba a quedar solo?&lt;br /&gt;-                Voy a por un vaso de té. –Dijo.&lt;br /&gt;Se levantó y fue corriendo hasta la cocina. Allí, en el poyete, estaba aún la mochila de Alejandro, y dos misteriosos sobres, con algún tipo de medicamento.&lt;br /&gt;Alejandro empezó a notar a partir de las diez y media cómo Oscar empezaba a ponerse algo nervioso. Hasta entonces el chaval había tenido una seguridad un tanto arrogante. Sin embargo, llegó un momento en el que Elia y Alex se quedaron callados. Raúl llegó con su vaso de té frío y se sentó a la mesa, mas sin decir nada también. Oscar no sabía de que hablar, y empezó a jugar con su gorra blanca por debajo de la mesa. Miró la hora un par de veces. Mostró su deseo en irse al cuarto un momento, pero rehusó que Raúl le acompañara.&lt;br /&gt;-                ¡Vaya! –Exclamó Elia de repente.&lt;br /&gt;-                ¿Qué ocurre? –Respondió su hermano.&lt;br /&gt;-                Nada… es que me he dejado esta tarde el bikini en el tendedero de la piscina.&lt;br /&gt;Alejandro iba a recordarle a su amiga que tenía que darle algo a Nery, pero se le olvidó. A su mente vino en ese momento el sobre de dormitol.&lt;br /&gt;Presto en su tarea, se levantó de la mesa y anduvo a grandes zancadas hasta la cocina. Cogió uno de los dos sobres azules de dormitol que aún le esperaban en el poyete.&lt;br /&gt;Alejandro masculló por lo bajo. Ese sobre estaba vacío.&lt;br /&gt;¿Quién más podría tener problemas de sueño en esa casa?&lt;br /&gt;Recordó que Oscar fue un momento a la cocina después de comer. Así como Raúl, cuando fue a por su té.&lt;br /&gt;No tenía ganas de darle más vueltas al asunto. Alejandro rasgó el otro sobre y lo echó en un vaso de agua, siguiendo las instrucciones. Removió el preparado con una cucharilla, y se lo bebió de un trago.&lt;br /&gt;Volvió al comedor, pero sintió el impulso de ver su teléfono móvil de nuevo.&lt;br /&gt;Eran las once menos cuarto.&lt;br /&gt;Subió las escaleras de dos en dos, hasta llegar a la segunda planta, donde estaba su cuarto y una terraza. Antes de cenar, Alex había cogido su cartera y su móvil de la mochila y los había dejado en la cama. Al coger el móvil, vio un mensaje. Era de su madre, preguntándole porqué no cogía su teléfono.&lt;br /&gt;Después de leer el mensaje de Fernando, Alejandro escuchó un ruido de fondo: alguien estaba bajando las escaleras. Sólo podía ser Oscar. ¿A dónde iría a esas horas? Buscaría a Raúl, que estaba en la piscina con Elia, buscando a su vez el bikini.&lt;br /&gt;Oyó el ruido de la puerta al cerrarse a través de su ventana, pero no vio nada, al asomarse. Su habitación daba a la entrada principal de La Boreal. Se quedó mirando la noche. Comprobó, satisfecho, que el medicamento comenzaba a hacer efecto. Serían ya cerca de las once, y Alejandro soltaba su primer bostezo. Se sentó en la cama, haciendo algunas llamadas por el móvil.&lt;br /&gt;Oyendo de fondo el sonido del péndulo del salón, que marcaba medias y enteras, a Alejandro le sorprendió oír la puerta de la calle por segunda vez.&lt;br /&gt;Al rato, Alex bajó por las escaleras para verde quién se trataba. Cuando entró al salón, vio a Raúl tumbado en el sofá.&lt;br /&gt;-                ¿Y tu hermana?&lt;br /&gt;-                Ha cogido un punzón para el pelo y se ha ido a la parte de los Valverde. Al parecer, Nery necesitaba uno. –Le respondió Raúl, sin abandonar una mirada desafiante y desconfiada.&lt;br /&gt;Alex como única respuesta soltó un murmullo de acuerdo.&lt;br /&gt;Raúl soltó un sonoro bostezo y preguntó por su amigo Oscar.&lt;br /&gt;-                No está. Se acaba de marchar hace un momento.&lt;br /&gt;La incredulidad tomó a Raúl, que abandonó por un momento su altivez con el amigo de su hermana.&lt;br /&gt;-                ¿Ya? ¡Será posible! Le dije en la cocina que podría quedar con algunas amigas mías, porque yo no iba a salir. ¡Pero no sabía que ese maldito zorro iba a salir tan temprano a por ellas!&lt;br /&gt;-                ¿Por qué no vas a salir?&lt;br /&gt;Raúl iba a responderle cuando un ruido afuera le interrumpió. Elia subió las escaleras y pasó a la entrada, con una sonrisa y el rostro arrebolado.&lt;br /&gt;-                ¡Madre mía que estrés, no llego a nada! –Dijo a modo de saludo- ¿Tú no te ibas a la cama, Raúl?&lt;br /&gt;Pese a que podría haber sido desagradable con la pregunta, Elia lo dijo con una ternura que su hermano notó al momento.&lt;br /&gt;-                Sí, -anunció Raúl- yo me voy a la cama.&lt;br /&gt;Con un paso pesado, fue subiendo las escaleras. Alejandro le miró y soltó el segundo bostezo, sin apenas abrir la boca.&lt;br /&gt;-                Yo no voy a tardar mucho, Elia, estoy que me muero de sueño. No me apetece ir allí, ¿puedes despedirme de los demás hasta mañana?&lt;br /&gt;-                Bueno. Pero ahora mismo he venido a otra cosa.&lt;br /&gt;Los tres subieron los escalones. En la primera planta Raúl se metió en su habitación y cerró la puerta. Elia se quedó en el cuarto de baño que compartía con su hermano.&lt;br /&gt;-                Yo voy a maquillarme. Podrías esperarme y luego ir un rato a casa de Emma y Enrique. Luego, nosotros vamos a salir, y tú te vas a la cama.&lt;br /&gt;-                Pero Elia, estoy muy cansado… ¿no se pueden esperar a mañana? –Alejandro se interrumpió para bostezar de nuevo.&lt;br /&gt;-                Como tú quieras. Yo voy a estar aquí todo el rato. Antes de irme me despediré de ti. Hasta entonces tienes tiempo de pensártelo.&lt;br /&gt;Alejandro asintió conforme y subió las escaleras para entrar en su cuarto.&lt;br /&gt;Elia se metió en el cuarto de baño pensando en su amigo, y cerró la puerta. Sacó su bolsa de maquillaje, y sostuvo uno de sus punzones favoritos en la mano. Accidentalmente en la piscina se había acordado del punzón que le había prometido a Nery prestarle.&lt;br /&gt;Por fortuna, se encontró uno en una de las tumbonas, que era bastante bonito. A Nery le había encantado. Se miró el pelo. ¡Que horror!&lt;br /&gt;Abrió el grifo de la ducha y se empezó a desnudar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Emma miró, en su cuarto de baño, el reloj. Eran las once y cinco pasadas. Nery ya se estaba probando el punzón para el pelo que le acababa de dar Elia, con su vestido oriental a medio abrochar.&lt;br /&gt;Sin hacer ruido, la hermana de Enrique bajó las escaleras al salón, con un gesto preocupado.&lt;br /&gt;Nery, como siempre, no había notado la preocupación de su amiga a raíz de la descripción que hizo ella misma del recién llegado a La Boreal. Sin embargo, no le había sido indiferente el pestañeo de su amiga. Nery sonrió levemente. A lo mejor Emma conocía a ese tal Oscar de algo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran las once y media. En la planta de arriba Alejandro estaba haciendo un esfuerzo por dormir. A pesar del medicamento, al tumbarse en la cama se le fue el sueño. Cerró los ojos varias veces, pero siempre los acababa abriendo. Por si fuera poco, el ruido del escandaloso secador de pelo de Elia no lo ayudaba en su tarea.&lt;br /&gt;“Maldita sea –se dijo- yo he venido aquí a descansar de todo.”&lt;br /&gt;Por ser alguien de poca paciencia, Alejandro no tardó en sentarse en la cama, desesperado. Miró por toda la habitación a oscuras, hasta que distinguió su maleta. Buscó en ella su discman, sin encontrarlo.&lt;br /&gt;Teniendo en cuenta que ya estaba sólo en boxers, a Alejandro le pareció poco conveniente bajar al salón en dónde había tenido la genial idea de dejárselo. Pero aguantar hasta quedarse dormido sin su discman…&lt;br /&gt;Se tumbó de nuevo en la cama. Oía el secador. Supuso que Elia estaría arreglándose aún. Nadie había bajado a la entrada, había un silencio absoluto.&lt;br /&gt;Un golpecito cercano despertó su curiosidad. Sonó alguna cosa que chocó en el cristal de su ventanal. Alejandro, decidido, encendió la luz y se puso unos piratas vaqueros.&lt;br /&gt;Se asomó al ventanal, pero sólo vio a una persona corriendo. Entre las sombras, Alejandro distinguió un chándal blanco y una gorra deportiva. Era Oscar Zazo, que corría para salir de la casa.&lt;br /&gt;Petrificado, volvió a sentarse en la cama una vez que Oscar desapareció entre las sombras de nuevo. ¿Habría vuelto a por Raúl? Raúl dormía en la habitación de abajo. El sonido de su ventana pudo ser perfectamente el de una china dando en el cristal de la ventana. Quizás Oscar tuvo mala puntería, y al ver cómo se encendía la luz de la habitación de arriba, salió corriendo.&lt;br /&gt;Solo, en la cama, Alejandro comenzó a reírse, sin estar en absoluto adormilado. Seguro que a Elia le iba a parecer muy gracioso. Aún oía el secador del pelo.&lt;br /&gt;Se puso sus chanclas y una camiseta de tirantes, y bajó como pudo las escaleras hasta el primer piso. Se dirigió al cuarto de baño y llamó a la puerta.&lt;br /&gt;-                ¡Pasa!&lt;br /&gt;Alejandro obedeció a la voz de su amiga y entró dentro.&lt;br /&gt;La estampa era bastante cómica. Elia, con el pelo a medio peinar, controlaba como podía un torrente de artículos de higiene personal que amenazaban con caerse al suelo. Una de las argollas que sujetaba la estantería había cedido, de modo que la pobre se enfrentaba a esa broma pesada.&lt;br /&gt;Su amigo no tardó en ayudarla, y aún así no pudo evitar que muchos frascos cayeran al suelo, algunos de cristal. Solo dos de ellos se hicieron añicos. Pero el estruendo fue infernal.&lt;br /&gt;-                ¡Madre mía! –Gritó entre risas Elia- ¡Ahora sí que llego tarde! ¡Y seguro que hemos despertado a mi hermano!&lt;br /&gt;Alejandro miró el caos y puso los brazos en jarras.&lt;br /&gt;-                Termina y vete, anda. Yo me encargaré de este desaguisado.&lt;br /&gt;-                No, hombre, te voy a ayudar.&lt;br /&gt;Llamaron abajo. Eran Emma, Nery, Christian y Claude. Llevaban esperando mucho tiempo. ¿Qué le faltaba a Elia?&lt;br /&gt;Alejandro decidió abrir la puerta e invitarles a subir. Los cuatro chicos entraron al domicilio de los Alcalá, recriminándole a Alejandro que aún no estuviera listo. Al principio ni Christian ni Nery aceptaron la negativa de Alejandro, pero lo acabaron entendiendo. Entre todos fueron atosigando a Elia, que estaba intentando recoger el cuarto de baño.&lt;br /&gt;Acabaron por convencerla de que lo hiciese al día siguiente.&lt;br /&gt;Alejandro los despidió a todos.&lt;br /&gt;Subió a su cuarto, y desde su ventana, les vio alejarse de la entrada de La Boreal.&lt;br /&gt;¡Eran ya las doce menos diez minutos! ¡Estaba muerto de sueño!&lt;br /&gt;Cayó rendido en la cama, por fin. &lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:courier new;font-size:100%;"&gt;&lt;em&gt;Ignoró entonces por completo los acontecimientos que siguieron esa noche.&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111342846395127907?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111342846395127907/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111342846395127907' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111342846395127907'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111342846395127907'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/04/captulo-7-comienza-la-intriga.html' title='CAPÍTULO 7: Comienza la intriga'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111332978545820449</id><published>2005-04-12T20:16:00.000+02:00</published><updated>2005-04-12T20:16:25.456+02:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>&lt;a href='http://photos1.blogger.com/img/62/5142/640/Intriga.jpg'&gt;&lt;img border='0' style='border:4px solid #660066; margin:2px' src='http://photos1.blogger.com/img/62/5142/320/Intriga.jpg'&gt;&lt;/a&gt;&lt;br /&gt;El Cabo de los Truenos&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111332978545820449?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111332978545820449/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111332978545820449' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111332978545820449'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111332978545820449'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/04/el-cabo-de-los-truenos.html' title=''/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111287101397584117</id><published>2005-04-07T12:47:00.000+02:00</published><updated>2005-04-20T23:43:08.916+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 6: Dos invitados sorpresa</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Resumen:&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Alejandro, tras conocer La Boreal, visita con los amigos de Elia el rincón más bonito de la zona: el cabo de los Truenos y su faro&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;Elia y Nery caminaban despacio por el paseo hacia La Aurora, los demás aún estaban en la playa, tomando el sol que aún quedaba en Gailón. Ellas llegaron a la urbanización y emprendieron animadas el camino en pendiente que las llevaba a La Boreal.&lt;br /&gt;Se ducharon en la piscina, donde Nery decidió bañarse un poco. Al llegar al hall de la vivienda, Nery se despidió.&lt;br /&gt;- Espera. –Dijo Elia- Por si se me olvida luego, ¿te importaría subir ahora y coger uno de mis pinchos para el pelo? Tengo algunos en mi cuarto.&lt;br /&gt;- ¡Oh! Genial, lo elegiré ahora.&lt;br /&gt;Elia introdujo la llave en la cerradura y abrió la puerta. Las dos chicas subieron las escaleras y llegaron al salón. Entonces, una exclamación de la dueña sorprendió a Nery.&lt;br /&gt;- ¿Qué estáis haciendo aquí?&lt;br /&gt;La chica escrutó a los dos chicos a los cuales Elia les estaba formulando la pregunta. Uno de ellos se parecía mucho a ella. Tenía el pelo también muy oscuro, y los ojos negros. La mirada de alarma era exactamente igual que la de Elia Alcalá. Fue el primero que se levantó del sofá y se dirigió hacia su hermana con paso decidido.&lt;br /&gt;- He hablado con papá y mamá. Si tú puedes venir con tus amigos, ¿Por qué no puedo venir con los míos?&lt;br /&gt;El chico que había venido con Raúl se hundió un poco más en el sofá, mostrando su embarazo. Nery lo estudió con detenimiento. Tenía una gorra deportiva blanca en la cabeza, con una visera algo grande. Ocultaba tras ella una huidiza mirada de ojos verdes. Su aspecto mostraba tener un par de años menos que ella. Llevaba un chándal blanco de marca, demasiado ancho, parecido al de los raperos.&lt;br /&gt;- Pero… ¿Por qué no me has avisado, Raúl? –Preguntó Elia, aún indignada- Ahora debo arreglar el asunto… solo he comprado comida para dos.&lt;br /&gt;- No hay problema con eso. –Intervino el invitado de Raúl, levantándose del sofá y acercándose amistosamente a Elia- Yo he comprado también comida para dos. Seguro que nos las podemos arreglar con eso.&lt;br /&gt;La voz de Oscar Zazo sonaba amable y simpática. A Nery le dio la sensación de que, aunque era más joven que ella, parecía una persona de una madurez evidente.&lt;br /&gt;Elia, confusa ante la actitud del recién llegado, no quiso parecer descortés. Después de pensar un minuto, le tendió la mano al chaval, que, pese a que no conocía, le sonaba su cara como uno de los amigos de su hermano.&lt;br /&gt;- Soy Elia Alcalá, la hermana de Raúl.&lt;br /&gt;- Encantado. Yo soy Oscar.&lt;br /&gt;El invitado le dio un suave apretón de manos, y se alejó un poco. Elia aún daba muestras de estar algo enfadada, pese al amistoso saludo con el amigo de su hermano.&lt;br /&gt;- ¿Has hablado con papá y mamá? –Volvió a preguntar la chica, intentando ocultar su malestar.&lt;br /&gt;Raúl respondió con seguridad.&lt;br /&gt;- Esta mañana. No han puesto ninguna pega. Oscar va a dormir en mi habitación. ¿Dónde está durmiendo tu amigo?&lt;br /&gt;- En el cuarto de invitados. Arriba del todo.&lt;br /&gt;- Es preciosa la casa. –Dijo de repente Oscar, como el que quiere quitarle hierro al asunto.&lt;br /&gt;Aquello no ablandó a Elia, que le miró con cierto reproche. Nery, acercándose al grupo, decidió tomar cartas en el asunto.&lt;br /&gt;- Yo ya he estado varias veces aquí, y la verdad es que cada día me gusta más. Hola, -le dijo a Oscar- yo soy Nery, Emma me ha invitado unos días en sus estancias de La Boreal.&lt;br /&gt;- Emma es hija de nuestros vecinos de al lado, –aclaró Raúl Alcalá, de manera oportuna- viven en el otro lado de La Boreal.&lt;br /&gt;Oscar saludó a Nery con un par de besos. La chica se rozó ligeramente con su gorra, y él a continuación se la quitó, algo avergonzado.&lt;br /&gt;- Tenemos que hablar. –Le anunció Elia a su hermano, antes de llevárselo en dirección a la cocina.&lt;br /&gt;Nery se quedó a solas con Oscar en el salón. Se sentó en el sofá del salón, gesto que el invitado de Raúl imitó.&lt;br /&gt;- Entonces, ¿te gusta este sitio?&lt;br /&gt;- Sí, la verdad es que es precioso. Cuando Raúl me invitó, me opuse al principio. Sabía que esta zona tampoco estaba muy poblada. Pero me he llevado una grata sorpresa al llegar.&lt;br /&gt;- La verdad es que la gente que piensa eso es que no ha estado aquí. Muy cerca de aquí hay unas cuantas discotecas, y la marcha está presente todos los días de verano. Nosotros nos pasamos el tiempo casi siempre fuera de casa.&lt;br /&gt;Oscar movió ligeramente la cabeza, interesado por lo que le contaba.&lt;br /&gt;- ¿Emma te ha invitado muchas veces?&lt;br /&gt;- Bueno, -respondió ella- el caso es que somos muy amigas, y ya he estado aquí varias veces. Siempre que he podido, no he aprovechado la oportunidad de abusar de su confianza.&lt;br /&gt;El chico rió ante el descarado comentario de Nery. Ella siguió riendo, y se levantó.&lt;br /&gt;- Me voy a tener que ir. –Señaló la chica, mirando su reloj de pulsera. Eran las nueve de la noche- ¿Puedes hacerme un favor? Dile a Elia que me lleve el pincho a casa después de cenar, cuando nos estemos arreglando. A eso de las once, o por ahí. Que se lleve también su maquillaje, y se arregle con nosotras. ¡Sí, eso! ¿Se lo dirás?&lt;br /&gt;- Claro que sí, -respondió Oscar, voluntariosamente.&lt;br /&gt;Nery le dirigió una encantadora sonrisa de agradecimiento, y se volvió hasta las escaleras, bajándolas poco a poco. Oscar no perdió ni uno de sus movimientos, hasta que desapareció de su mirada.&lt;br /&gt;Tras una charla entre hermanos, que incluía una llamada al matrimonio Alcalá de por medio, Raúl y Elia salieron de la cocina. El pequeño de la familia se había salido con la suya.&lt;br /&gt;Oscar les vio salir con algo de embarazo. Intentando sonreír, le trasmitió a Elia el recado de Nery.&lt;br /&gt;- Estupendo. Iré para allá después de cenar. –Repuso ella- Podéis iros duchando y todo eso. Yo me voy a poner con la cena. Supongo que estará lista para las diez en punto, así que para entonces, estad en el salón, ¿de acuerdo?&lt;br /&gt;- Vale, Elia. Vamos, Oscar, vamos a mi cuarto.&lt;br /&gt;Oscar aceptó la invitación de su amigo, pero antes de subir las escaleras, se giró.&lt;br /&gt;- ¿No necesitas ayuda para la cena? –Le preguntó a Elia.&lt;br /&gt;La chica asomó su cabeza por el umbral de la cocina. Mostró una sonrisa de agradecimiento, pero no ocultaba sus sentimientos. Sentía algo de antipatía por esas maneras tal relamidas y demasiado amables. Oscar no dejaba de ser un invitado inesperado e inconveniente.&lt;br /&gt;- No gracias. Ya puedo yo solita. Voy a ver qué puedo hacer con la comida…&lt;br /&gt;Moviendo la cabeza aceptándolo, Oscar siguió subiendo las escaleras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A los diez minutos, llamaron al timbre. Elia salió de la cocina y le dio al interruptor. Alejandro subió los escalones con mucho brío, y le dio un sonoro beso en la mejilla a su amiga. Ella sonreía, esta vez de manera sincera. Alejandro entró en la cocina con ella.&lt;br /&gt;- ¿Te sientes abandonada por mí? De veras que lo siento, pero me apetecía un último baño. ¡Estoy reventado! –Dejó su mochila encima del poyete de la cocina- ¿Qué has hecho mientras?&lt;br /&gt;- Estoy haciendo la cena. Creo que haré algo con la pasta fresca de la nevera. Han venido mi hermano y un amigo.&lt;br /&gt;Elia esperó la reacción de Alex. Su amigo frunció el ceño, y se apoyó en la pared, cruzándose de brazos.&lt;br /&gt;- ¿Y eso?&lt;br /&gt;- No me han avisado mis padres. Raúl es de los de “culo veo, culo deseo”. Ha visto que me he traído un amigo a La Boreal para pasar unos días, y ha decidido hacer lo mismo.&lt;br /&gt;- Los hermanos pequeños somos así, -admitió Alejandro con un gesto pensativo- tomamos ejemplo de nuestros mayores.&lt;br /&gt;Elia le dio un ligero golpe con la muñeca. No le gustaba que ya la consideraran “alguien mayor”. Aún tenía muchísima vida por delante.&lt;br /&gt;- En todo caso, Alex, no te preocupes. Mi hermano tiene aquí su pandilla de amigos, al igual que yo. Se pasarán todo el día fuera, en la playa o en la piscina. Ahí detrás hay una piscina. Mañana recuérdame que te la enseñe. –Dijo Elia, cambiando de tema.&lt;br /&gt;- ¿Te refieres a la que hay en la parte de atrás de la casa, caminando por el sendero que la rodea? Ya la he visto hace un momento. Cuando venía de la playa, me he duchado allí. Tengo que tender la toalla. ¡Ah, por cierto! Espero que no te moleste, pero no voy a salir esta noche, me quiero acostar temprano.&lt;br /&gt;A Elia se le salieron los ojos de sus órbitas.&lt;br /&gt;- ¿Por qué, Alex?&lt;br /&gt;- Es que… resulta que desde hace unos días, apenas logro conciliar el sueño. Entre los asuntos de clase, lo que me ha pasado con Fernando… imagínate. Estoy que me duermo por los rincones. Tú me has invitado a tu casa como un medio de evadirme, y creo que el primer paso debería ser reordenar mis horas de sueño, olvidándome de todo lo que me preocupa.&lt;br /&gt;Elia fue admitiendo, reflexiva, las explicaciones de su amigo. Asintió lentamente con la cabeza mientras le oía, aunque también prestaba atención a lo que tenía en la encimera.&lt;br /&gt;- Pues entonces, -repuso- duérmete pronto. En tu habitación no creo que se oigan ruidos a partir de las once, así que podrás dormir a pierna suelta.&lt;br /&gt;- Para que me ayude, Claude me ha dado esto.&lt;br /&gt;Alex sacó los dos sobres de dormitol de su mochila, y los dejó encima del poyete. Cerca de su mochila. Elia apenas los miró de reojo, y preguntó qué eran. Alejandro respondió diciendo que se trataban de un somnífero a base de valeriana, muy suave.&lt;br /&gt;- Eso son chorradas, Alex. Yo creo que vas a caer rendido como un tronco en la cama, en cuanto termines de cenar.&lt;br /&gt;- Claude me ha dicho que me lo tome después de cenar. Si después de la cena se me caen los ojos, no lo estimaré necesario. Pero estoy seguro de que si no es así, con disolver uno de los sobres en agua, estaré durmiendo como un angelito en cuanto den las once.&lt;br /&gt;- Yo me pasaré un rato para llevarle una cosa a Nery.&lt;br /&gt;- Iré contigo. –Propuso Alejandro.&lt;br /&gt;En ese momento, Oscar llegó a la cocina. Se presentó a Alejandro tendiéndole la mano e hizo luego un comentario sobre su apellido. Sabatini… ¿acaso no había unos jardines en Madrid que se llamaban así? Luego, olvidándose de lo que había dicho, murmuró que había bajado porque tenía sed.&lt;br /&gt;Elia, sin perder un segundo, le dio un vaso que llenó de agua fría en el grifo del fregadero.&lt;br /&gt;Oscar se lo bebió de un trago, mientras se detuvo en los dos sobres del poyete.&lt;br /&gt;- Eso es dormitol, ¿verdad? –Preguntó, mientras le devolvía el vaso a Elia.&lt;br /&gt;- Así es, -confirmó Alejandro, ¿lo conoces?&lt;br /&gt;- Mi madre lo estuvo tomando una temporada. Al final a mi padre le dijeron que se trataba de un compuesto químico más fuerte de lo que vendían. Resulta que su eficacia no residía en el principio de valeriana, sino en algo mucho más potente. Le recomendó evitar el uso de ese medicamento a mi madre.&lt;br /&gt;- ¿Ves? –Le recriminó Elia a su amigo- Hay que tener cuidado con esas cosas, que luego pasa lo que pasa. Tú túmbate en la cama, y espera a que el sueño llegue solo. ¡Haz que la naturaleza te reordene!&lt;br /&gt;Como única respuesta, Alejandro le sacó la lengua bajo la divertida mirada de Oscar. A continuación, el chico se ofreció a poner la mesa, y Alejandro fue con él.&lt;br /&gt;- ¿No parece un poco… pedante? –Le preguntó intrigado a Elia, cuando se quedaron solos en la cocina unos segundos.&lt;br /&gt;- ¡Uf! –Suspiró ella, aliviada! Suerte que no soy la única que lo piensa.&lt;br /&gt;Una sonora risotada de Alejandro se oyó desde la cocina.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111287101397584117?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111287101397584117/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111287101397584117' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111287101397584117'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111287101397584117'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/04/captulo-6-dos-invitados-sorpresa.html' title='CAPÍTULO 6: Dos invitados sorpresa'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111230534719448869</id><published>2005-03-31T23:39:00.000+02:00</published><updated>2005-03-31T23:42:27.203+02:00</updated><title type='text'>CAPÍTULO 5: VISITA AL CABO DE LOS TRUENOS</title><content type='html'>Capítulo 5&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;VISITA AL CABO DE LOS TRUENOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;font-size:85%;"&gt;&lt;em&gt;De modo paralelo a la historia de Alejandro, entran en la trama de la novela Raúl -el hermano de Elia- y su amigo Oscar, que está movido por unos misteriosos motivos para que Raúl le lleve a La Boreal&lt;br /&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Saliendo del agua con un vigor desconocido en él, Alejandro se irguió cerca de la orilla. Con una sensación agradable, casi eufórica, salió del agua en dirección a las toallas.&lt;br /&gt;Recostados en ellas, esperaban Elia y el resto de su pandilla. Su anfitriona mantenía una conversación con Nery y Emma sobre cosméticos.&lt;br /&gt;Las tres chicas eran muy bien parecidas: Emma, con su melena rubia corta y su bronceado cuerpo sensual; Nery, tan delgada como Emma en un ajustado bikini rojo, con su larga cabellera aún húmeda, y por último Elia, que estaba sentada en la toalla con las gafas de sol, y en ese momento recogía su pelo azabache con uno de sus pinchos de madera de aire oriental.&lt;br /&gt;-                ¡Vaya! –Exclamó Emma al ver el objeto de la amiga de Alejandro- ¡Aún conservas el pincho! Ese fue el que compramos en la feria oriental de Salobreña, ¿verdad?&lt;br /&gt;Elia asintió con un gruñido y moviendo la cabeza. Tenía el pincho en la boca mientras cogía sus cabellos con las manos. Emma siguió hablando.&lt;br /&gt;-                El mío lo perdí en mi habitación de La Boreal. El verano pasado. ¿No fue el verano pasado, Enrique? –Su hermano, sentado más atrás, le dijo que sí- Debe de estar aún por ahí.&lt;br /&gt;-                De todas maneras, -intervino Alejandro- no te hace falta. Tienes el pelo muy corto. Elia está siempre por la facultad con algún pincho colocado, o en su bolso.&lt;br /&gt;-                ¡Oh, claro! Mi pelo es corto, por eso uso ahora este pasador. –Emma sacó un pequeño pasador de nácar, que consistía en una especie de concha con un palito afilado que la atravesaba.&lt;br /&gt;-                Sin embargo, yo siempre prefiero los pinchos, son mi complemento favorito para el pelo.&lt;br /&gt;Casi involuntariamente, todo el mundo miró el pincho de Elia, tras su comentario. Los chicos también.&lt;br /&gt;Más allá del grupo de las tres chicas y Alejandro, Christian intentaba hacerse entender con Claude. Enrique, embadurnado de bronceador, se tumbaba al sol a la espera de ponerse moreno. Se apartó las gafas de sol para mirar a Elia.&lt;br /&gt;-                ¿Te has traído más aparte de ese, Elia? –Preguntó Nery con una voz algo estridente.&lt;br /&gt;-                Claro que sí.&lt;br /&gt;-                Esta noche podrías dejarme uno. Me he traído para salir por ahí un vestido oriental de seda china, que me sienta genial. Si me dejaras uno de tus pinchos, quedaría fabuloso.&lt;br /&gt;-                De acuerdo. Cuenta con ello.&lt;br /&gt;Nery, contenta por verse con el pincho en el pelo esa noche, se fue a celebrarlo dándose una zambullida en el mar. Esta vez fue Christian quien siguió a la chica para darse una zambullida.&lt;br /&gt;Cuando salieron del agua, vieron que ya era hora de comer. Elia le dijo a Alejandro que comerían en La Boreal. Al escuchar el comentario de Elia, Emma respondió, como si le escandalizara la situación. De ningún modo iban a comer los dos solos. Los Valverde estaban encantados de invitarles a comer.&lt;br /&gt;Elia, amablemente, rehusó la oferta de sus vecinos.&lt;br /&gt;Ella y Alejandro decidieron hacer unos sencillos filetes de pechuga con ensalada. Los dos comieron en el salón, cerca de un ventanal que daba a La Aurora.&lt;br /&gt;-                Hemos quedado a las cuatro para irnos al faro. –Anunció la amiga de Alex cuando terminaron de comer- Mientras tanto, puedes descansar un rato, yo me encargo de la cocina.&lt;br /&gt;-                De ningún modo. –Repuso Alex, levantándose de la mesa y dejando la servilleta- Yo soy el invitado, y no puedo dejar que todo lo hagas tú. Tú quitas la mesa y yo la cocina.&lt;br /&gt;Aunque Elia protestó enérgicamente, Alejandro no se bajó del burro. Sabía mantenerse en sus trece cuando era necesario. Como resultado, Elia, resignada, solo se encargó de la mesa. Se tumbó luego en el sofá, a ver la televisión.&lt;br /&gt;Alejandro salió de la cocina a las tres y cuarto. Le dijo a Elia que se iba un momento a su habitación.&lt;br /&gt;Ya allí, Alejandro cogió el teléfono móvil de encima de su cama. Lo había dejado ahí para no recordar los asuntos que le atormentaban mientras estaba en la playa.&lt;br /&gt;Echó un vistazo. Tenía una llamada perdida y un mensaje. La llamada era de Fernando.&lt;br /&gt;Alejandro, sin querer leer el mensaje, echó el móvil sobre la almohada con apatía y bajó de nuevo hasta el salón. Elia seguía viendo la tele. Prefirió no comentar nada, y sentarse a su lado en el sofá.&lt;br /&gt;A las cuatro, los dos bajaron hasta el hall de La Boreal. Allí ya esperaban Emma y Enrique. Christian y Claude llegaron unos minutos después. Todos esperaban a Nery, que fue la última en bajar, llevando unos pantaloncitos azules y un top celeste. Se deshacía en disculpas, mientras más de uno la miraba con un reproche mudo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El grupo salió de la Boreal, y bajó hasta la playa. Una vez en la arena, echaron a andar hacía el cabo. Estaba a unos veinte minutos andando. Christian le indicó a Alejandro que en moto se tardaban apenas cinco minutos, pero siempre solían ir andando.&lt;br /&gt;Después del paseo, que al invitado de Elia se le hizo agradable por la conversación con Chris y su novia Emma, llegaron al cabo. Oculta en la roca, había unos estrechos escalones que empezaban a ascender, zigzagueando la falda del peñón. Estaban esculpidos sobre la misma roca. Algunas de las chicas tuvieron que agarrarse a una oportuna barandilla.&lt;br /&gt;El primer tramo era de escalones estrechos, pero los siguientes eran más cómodos. Alejandro apenas se dio cuenta de que, tramo a tramo, estaban ascendiendo cada vez más. En uno de los últimos rellanos, el chico miró al horizonte. Sintió algo de vértigo al comprobar la altura a la que estaba. Desde allí, se divisaba La Aurora, Gailón y toda la playa.&lt;br /&gt;Después de diez minutos subiendo de forma pausada los escalones, la pandilla llegó a un llano, cuyo camino se bifurcaba en dos. Las dos vías circundaban cada una un lado de la imponente masa rocosa, que albergaba en su cumbre el faro.&lt;br /&gt;Condujeron a Alejandro por el de la derecha, y he aquí lo más bonito que el chico pudo ver en mucho tiempo.&lt;br /&gt;El camino de la derecha daba a una gran terraza, cuya vista se arrojaba sobre el mar. Con un paso sigiloso, Alejandro se acercó al filo. Sintió el vértigo recorriendo su espalda, al ver las olas que se chocaban contra las rocas. Calculó que se encontraba ante una caída de veinte o treinta metros.&lt;br /&gt;El sonido de las olas era lo único que se oía. El resto era paz y calma. Ante él, solo se veía el mar abierto.&lt;br /&gt;-                Es precioso. –Musitó.&lt;br /&gt;-                Ya ves que sí, -corroboró Elia.&lt;br /&gt;Al girar, Alejandro vio que encima de aquella “planicie” parecía continuar el peñón. Una torre natural de unos veinte metros coronaba el cabo, y encima de ella reposaba, desafiante, el faro del Cabo de los truenos.&lt;br /&gt;Christian y Emma, encabezando el grupo, siguieron andando, avanzando hacia la derecha para seguir circuncidando el remate del cabo. En muy poco tiempo, dieron con una nueva escalera, esta vez vertical, cubierta por una malla, con un pasamanos metálico sujeto a la roca.&lt;br /&gt;-                Yo no subo por ahí. –Manifestó Nery con un escalofrío.&lt;br /&gt;-                ¿Qué, Alejandro? –Le desafió Christian- ¿Te atreves a subir?&lt;br /&gt;-                Por supuesto -respondió el otro, maravillado ante la belleza de las vistas.&lt;br /&gt;Poco a poco, apoyando bien brazos y piernas en la escala, Emma, Claude, Alejandro y Christian fueron subiendo en ese orden hacia el faro. Escalando poco a poco entre los dos chavales, Alejandro hizo caso omiso del angustioso vértigo que parecía haberle tomado. De ese modo, suspiró de alivio al llegar arriba del todo.&lt;br /&gt;Desde luego, el viaje había valido la pena. Las vistas desde aquella zona eran estupendas. El faro, en realidad, era más pequeño de lo que podía parecer, y estaba controlado artificialmente. Los cuatro se sentaron delante de la puerta del faro, a observar, triunfantes, lo que se veía ante ellos.&lt;br /&gt;En la planicie, conversaban Nery junto con Elia y Enrique, que habían desistido de acompañarles por miedo a las alturas. Enrique parecía estar haciendo el tonto y riéndose a carcajadas, cosa que le resultó un tanto extraña para Alejandro.&lt;br /&gt;A la izquierda, La Aurora era una serie de manchas blancas de forma cuadrangular. Gailón, más allá, era fácil de distinguir. Incluso, podía verse un poco de La Herradura y otro tanto de Almuñecar.&lt;br /&gt;Tras unos minutos, decidieron bajar, para reunirse con los otros. Lentamente, y con grandes esfuerzos para no mirar abajo, Alejandro marchó el primero hasta llegar al suelo. Suspiró de alivio, sin que se le notara, al llegar hasta donde esperaba Elia. &lt;br /&gt;Christian propuso quedarse en el “balcón” que daba al mar, y todos aceptaron la propuesta. Sin embargo, Claude se despidió. Dijo que tenía que hacer unas cuantas cosas en Gailón, así que quedaron en verse más tarde en una de las discotecas de la zona, que por la tarde también funcionaba como cafetería.&lt;br /&gt;De este modo, Alejandro, Elia, Enrique, Nery, Christian y Emma (apoyada en el hombro de su novio) se sentaron allí, en unas toallas que algunos llevaban consigo.&lt;br /&gt;-                Este lugar es precioso. –Dijo Nery.&lt;br /&gt;Todos le dieron la razón con un expresivo silencio. Incluso a Emma se le escapó un fugaz suspiro.&lt;br /&gt;En el cabo, en aquel silencio sólo roto por las olas contra las rocas, los seis jóvenes contemplaban el mar con una paz interior impresionante. Ninguno de ellos había experimentado algo así en mucho tiempo.&lt;br /&gt;Después de una hora, Elia propuso irse a tomar café. Todos aceptaron de nuevo. Se marcharon de allí por las escaleras, formando una animada procesión. Alejandro estuvo contando cómo era su vida en invierno, y Christian estuvo relatando su experiencia en la última maratón de aeróbic en la que participó.&lt;br /&gt;Se fueron por la playa hasta La Aurora. Luego tomaron el paseo marítimo hasta llegar a Gailón. En una de las discotecas, sentado en una mesa con varias sillas, y con varias bolsas después de haber hecho algunas compras, Claude les esperaba.&lt;br /&gt;Christian y Enrique bromearon con él al llegar. Al parecer, el chico belga había comprado unas revistas, una gorra blanca con letras oscuras y varios medicamentos.&lt;br /&gt;Emma se probó la gorra.&lt;br /&gt;-                ¿Qué tal me queda? –Preguntó.&lt;br /&gt;-                Fatal, Emma. –Respondió Nery con toda sinceridad- Te queda muy ancha. Claude tiene una cabeza más grande que tú. –Se interrumpió al hacer Christian una broma sobre la cabeza de Claude- ¿A ti que te parece, Elia?&lt;br /&gt;Elia Alcalá estaba meditativa, con uno de los medicamentos en la mano. De repente, pareció caer en la cuenta de lo que pasaba, y se sobresaltó.&lt;br /&gt;-                ¿Cómo dices?&lt;br /&gt;-                Que qué te parece la gorra. –Alegó Nery, con una sonrisa comprensiva.&lt;br /&gt;La chica miró a Emma, y sonrió.&lt;br /&gt;-                Te queda genial.&lt;br /&gt;Christian empezó a reírse a carcajadas.&lt;br /&gt;-                ¡Pobre Elia! –Exclamó el chico- Prefiere ser amable a descortés. Pero, ¡mírala! Si le queda fatal.&lt;br /&gt;-                ¡Eso es mentira! –Repuso una Emma enfurecida, aunque risueña- Me queda de muerte. Este año quiero llevar algo en la cabeza cuando salga a la calle. Me lo han recomendado. ¿A que me vas a dejar tu gorra, Claude?&lt;br /&gt;-                No. Es muy barato. ¡Cómprate una!&lt;br /&gt;La pandilla estuvo riéndose de la ambición de Emma durante un buen rato. Más tarde, Alejandro sacó una baraja de cartas del bolsillo de su bañador, y propuso jugar a algún juego.&lt;br /&gt;Tras ponerse de acuerdo, decidieron jugar a la brisca. Las tres partidas las ganó Christian, que no paraba de insistir en que se apostara dinero.&lt;br /&gt;Ya empezaba a atardecer cuando decidieron salir de allí. Emma, su novio, su hermano Enrique, Claude y Alejandro decidieron quedarse en la playa de Gailón para darse un baño. Nery y Elia, algo cansadas por el contrario, se retiraron para irse a la Boreal. Eran las siete y cuarto de la tarde.&lt;br /&gt;En la playa, Emma y Christian se dedicaban a molestarse en el agua. Claude, Enrique y Alex estaban tumbados en las toallas. El invitado de Elia, por aburrimiento, cogió la bolsa de Claude. Bajo la mirada del belga, Alejandro estuvo revisando los medicamentos que había comprado en la farmacia de Gailón.&lt;br /&gt;-                Paracetamide. ¡Un gramo! –Se sorprendió Alex.&lt;br /&gt;-                Es por si me da fiebre. –Repuso Claude- Es un poco fuerte, pero es por si me dan anginas o cualquier otra cosa por el estilo. Es bastante eficaz.&lt;br /&gt;-                Yo prefiero las aspirinas.&lt;br /&gt;Enrique se quedó en silencio tras su comentario, consciente de que no despertaba la atención de los dos chicos que estaban con él.&lt;br /&gt;-                Laxante. –Le dijo Alejandro al belga, cogiendo otra de las cajas y con una sonrisa irónica en sus labios carnosos.&lt;br /&gt;-                A mi madre le han dado desde hace días algunos… umm… -titubeó- ¿Cómo…? ¿Cómo se dice en español?&lt;br /&gt;-                Estreñimiento. –Intervino Enrique.&lt;br /&gt;-                Eso.&lt;br /&gt;-                Entiendo. –Alejandro volvió a meter la mano en la bolsa- ¿Y esto? Dormitol. Quince sobres.&lt;br /&gt;-                Es un somnífero muy leve. –Aclaró Claude, mientras se acercaba a Alex- Me lo ha recomendado una amiga en Bélgica, no sabía que aquí también lo vendían. Resulta que me cuesta dormir, me tomó un sobre de estos después de la cena, y caigo rendido. ¡Además es muy natural, es un compuesto basado en la… en… ¿Cómo se dice esa planta?&lt;br /&gt;-                Valeriana. –Volvió a intervenir Enrique- Yo también la estuve tomando el invierno pasado. El ritmo de la navidad me trastocó mucho el sueño. Es horrible eso de trasnochar aunque no quieras. La valeriana me ayudó a reordenar mis horas de sueño.&lt;br /&gt;El invitado de Elia también contó su caso.&lt;br /&gt;-                A mi me está costando dormir también estos días. Pero ha sido por los exámenes. La gente está harta de decirme que hay que estudiar todos los días. Sin embargo, yo no tengo remedio, y la noche antes de cada examen me la paso en vela. Además… he tenido un desengaño amoroso bastante fuerte. Eso también está afectando a mi sueño.&lt;br /&gt;-                ¡Oh, vaya!&lt;br /&gt;-                Lo siento. –Dijo Enrique.&lt;br /&gt;-                Bueno. Ya estoy mucho mejor, pero no estoy durmiendo nada. Sólo estoy dándole vueltas a la cabeza. Anoche, en vez de dormir, estuve hasta las tantas pensando en el viaje de hoy. Pensando en el autobús, en como sería la casa de Elia. ¡Ha sido desesperante!&lt;br /&gt;Claude se compadeció del recién llegado.&lt;br /&gt;-                No pasa nada, Alejandro. Toma dos sobres. Tómate uno por noche, y ya verás como dentro de dos días… volverás a dormir bien.&lt;br /&gt;El belga acompañó a la palabra el acto, y cogió dos sobres de Dormitol de la caja, tendiéndoselos a Alejandro después. Este con cierto apuro, los aceptó, y los guardó en su mochila.&lt;br /&gt;-                De todas maneras –dijo Enrique- si vamos a salir esta noche…&lt;br /&gt;-                Yo no saldré, -le interrumpió Alejandro- porque estoy muy cansado. La excursión ha sido dura. Cenaré con vosotros, pero me iré pronto a la cama.&lt;br /&gt;Enrique se vio decepcionado.&lt;br /&gt;-                ¿Cómo que no vas a salir? ¡Pero si aquí uno se lo pasa pipa por la noche!&lt;br /&gt;-                Ya lo comprobaré mañana por la noche. –Finalizó Alejandro, cerrando la cremallera de su mochila.&lt;br /&gt;Y ni Claude ni Enrique, por el tono de voz de Alejandro, hicieron ningún comentario.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt; &lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111230534719448869?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111230534719448869/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111230534719448869' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111230534719448869'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111230534719448869'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/captulo-5-visita-al-cabo-de-los.html' title='CAPÍTULO 5: VISITA AL CABO DE LOS TRUENOS'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111204894340903711</id><published>2005-03-29T00:25:00.000+02:00</published><updated>2005-03-29T00:29:03.423+02:00</updated><title type='text'>CAPITULO 4: OSCAR, EL MANIPULADOR</title><content type='html'>&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;Alejandro ha empezado a conocer la zona gracias a sus nuevos amigos. De camino a la playa, tuvo un encontronazo con una misteriosa chica. Enrique y Emma Valverde han sido los siguientes en conocer al amigo de Elia&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Volvamos a Granada. Al día anterior al viaje de Alex.&lt;br /&gt;Apoyado en la ventana de su habitación, Raúl Alcalá, el hermano pequeño de Elia, miraba cómo su hermana bajaba la calle. Iba en dirección a la casa de Alejandro, para hablar con su madre. Al día siguiente, ella y su amigo se iban a ir a La Boreal.&lt;br /&gt;Una ligera brisa movió las ramas de un árbol cercano, cuya sombra se meció en la ventana del piso de los Alcalá. Raúl, con la vista en el vacío, dibujó en su rostro una especie de sonrisa perversa. ¡La tonta de su hermana no sabía que él ya había hecho planes, también en La Boreal!&lt;br /&gt;Intentó imaginarse qué tal iba a salir el divertido encuentro al día siguiente entre su hermana, su más que seguro nuevo ligue, y él.&lt;br /&gt;Se volvió a su cuarto, de donde cogió las llaves, la cartera y el móvil. Miró al reloj. Tenía tiempo de sobra para llegar a casa de su amigo Óscar.&lt;br /&gt;Cuando se dirigía ya a la entrada para salir del piso, miró en los cajones de una mesa cercana. Esa mañana Raúl se había saltado las clases del instituto para hacer la reserva de los billetes. Dos asientos para el autobús directo a Almuñecar de las 17:45. Uno era para él, el otro…&lt;br /&gt;Caminaba hacia la parada del bus e imaginó de nuevo el encuentro sorpresa a tres bandas. Soltó una carcajada seca y meneó lentamente la cabeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los jardines de Santiago era una elitista zona residencial situada en las afueras de Granada, muy cerca del pueblo de Churriana. Consistía en una enorme zona verde, llena de árboles y césped. En tal consonancia con la naturaleza, las suntuosas mansiones de los "grandes" de la sociedad granadina. Entre casa y casa no había ni un ápice de asfalto. Los aparcamientos y calzadas se encontraban en un entramado subterráneo. Por encima de él solo había un jardín enorme a la sombra de árboles, algunos de ellos muy exóticos.&lt;br /&gt;El señor Zazo era redactor jefe de uno de los prestigiosos rotativos de la capital andaluza. Por eso, no dejaba de ser un hombre influyente y bastante acomodado. Llevado por la misma corriente urbanística que cargó a otros tantos hombres ricos de la capital, el padre de Óscar decidió construir su domicilio en los jardines de Santiago.&lt;br /&gt;El bus urbano dejó a Raúl Alcalá cerca de la entrada. Al paso decidido que compartía con su hermana, el chico anduvo por los jardines. No se paró ante los extraños y hermosos árboles que aparecían en su camino. Raúl ya los conocía de sobra.&lt;br /&gt;Como aquel que conoce el itinerario de memoria, por haberlo hecho otras tantas veces, Raúl se dirigió hacia el domicilio de su amigo Oscar Zazo.&lt;br /&gt;Oscar y Raúl se conocieron en los últimos años de colegio, haciéndose buenos amigos día a día. Escogieron el mismo instituto, se enfrentaron a la secundaria juntos. Empezaron el bachillerato bastante ilusionados. Lo más probable era que ambos salieran del curso sin ningún suspenso.&lt;br /&gt;Desde hacía unas semanas, Oscar le venía contando a su amigo que estaba trabajando en una empresa, desarrollando un oficio emocionante que le aportaba algo de dinero extra.&lt;br /&gt;Intrigado por el misterio, a Raúl no le fue difícil lograr escuchar por boca del propio Oscar de qué se trataba ese empleo.&lt;br /&gt;Onnyx, pese a parecer el nombre de una joyería, en realidad se trataba de la agencia de detectives más famosa de la zona occidental de Andalucía. Tenía sucursales en Granada, Jaén, Almería, Málaga y Sevilla. Su fama era tal, que ya eran muchísimos los abogados que contaban con ellos en los divorcios más truculentos, allí donde una infidelidad se cruzaba en el camino.&lt;br /&gt;También numerosas corredurías de seguros recurrían a Onnyx para descubrir falsas bajas y accidentes manipulados por una mano interesada.&lt;br /&gt;Últimamente, un nuevo problema había encontrado su  solución en Onnyx. Muchos padres, los fines de semana, esperaban preocupados en casa mientras sus hijos salían a divertirse toda la noche. Gran parte de ellos sospechaban que sus hijos se drogaban, pero no sabían cómo averiguarlo.&lt;br /&gt;La agencia de detectives Onnyx ofrecía un servicio de seguimiento a los hijos de sus clientes. Se trataba de vigilar los pasos de estos jóvenes durante toda una noche. Tomar nota de todo lo que hacían, los sitios a los que iban, las sustancias que ingerían… los datos se presentaban después de unos días, plasmados en un exacto informe. El informe se le daba a los padres, y ellos actuaban en consecuencia.&lt;br /&gt;Evidentemente, los detectives no podían seguir a los hijos de sus clientes sin llamar la atención en una zona llena de gente joven. Ahí es donde entraban Oscar Zazo y otros chavales.&lt;br /&gt;-       El empleo me lo consiguió mi padre, -le aclaró su amigo a Raúl el día que decidió contárselo- a través de uno de sus antiguos socios. Me pagan cerca de seiscientos euros. A cambio debo de estar disponible los fines de semana del mes que decida trabajar. Me llaman para que vaya a la agencia, me dan la foto del chico que tengo que seguir, voy de botellón con mis amigos, como siempre. No obstante me tengo que poner cerca de él y de su grupo, y tomar nota de todo lo que se meta. ¡Es genial hacer de chivato, Raúl! ¡No sabía que hacerlo podía estar tan bien remunerado!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Raúl llamó al timbre de la puerta de la casa de Oscar un par de veces. Se oyeron unos pasos presurosos, y una mujer de mediana edad abrió la puerta, sonriendo amable al ver al joven Alcalá.&lt;br /&gt;-       ¡Buenas tardes, Raúl! Oscar te está esperando en su habitación.&lt;br /&gt;El chaval le devolvió la sonrisa a la mujer que trabajaba con los Zazo desde hacía tanto tiempo, y subió los escalones hasta llegar a la segunda planta. Anduvo por el pasillo, en el que resonaba una canción de moda. Guiado por la música, Raúl llegó a una enorme sala de estar, en la que Oscar estaba recostado sobre un sofá, viendo apático la televisión.&lt;br /&gt;Al ver la visita, se levantó como si le hubieran pinchado, dispuesto a estrecharle la mano a su viejo amigo.&lt;br /&gt;-       Bienvenido, cabra loca.&lt;br /&gt;Raúl respondió al saludo con una sonora risotada y un golpe en el brazo de Oscar.&lt;br /&gt;-       ¿Los tienes? -Preguntó, mientras se acariciaba en la zona dolorida tras el puñetazo.&lt;br /&gt;El hermano de Elia Alcalá sacó de su bolsillo las reservas para el viaje en autobús del día siguiente.&lt;br /&gt;-       Aún no me has explicado bien el motivo para que vayamos a mi casa en Gailón.&lt;br /&gt;-       ¿Cómo que no? ¡Ya te lo dije! Quiero que me enseñes tu casa, La Boreal. Según me andas contando siempre, es preciosa. Ahora hace un calor horrible aquí en Granada. Me apetece bañarme en la playa, descansar este fin de semana del trabajo, y dedicarme a gastar el dinero que me he ganado, de juerga contigo.&lt;br /&gt;Oscar se explicó cruzado de brazos, como si el tener que justificar sus motivos le fuese realmente molesto. Raúl puso los brazos en jarras y apartó la vista. Sus ideas habían sido otras distintas.&lt;br /&gt;-       Tampoco es que haya mucha juerga en Gailón, te aviso. Podríamos irnos a cualquier otro sitio. He hablado esta mañana con mi madre y me ha dicho que podemos ir, aunque no debemos molestar a mi hermana y a su amigo. Le digo a Elia que me cubra, y podríamos irnos a Málaga ¡o a Valencia!&lt;br /&gt;-       ¡Venga ya, hombre! -Repuso Oscar, que con un gesto desdeñoso descartaba los planes de su amigo- Irnos a Málaga o a Valencia supone gastarnos más dinero. Tú pones él sitio, yo pongo el dinero para la comida del fin de semana. En cuanto a las salidas, cada uno corre con sus gastos. Tú tenías dinero ahorrado, ¿verdad? -Raúl agitó la cabeza- Bien. Yo creo que tengo dinero de sobra. En todo caso, creo que me ganaré una buena cantidad dentro de poco.&lt;br /&gt;-       Espero que tengas razón y pillemos mañana in fraganti a mi hermana con el chico que se ha ido.&lt;br /&gt;-       Confía en mí. Según lo que vi el fin de semana pasado, tu hermana tiene a un periquito. Cuando me contaste que se iban a ir juntos, ¡no me extrañó nada! Mañana, al pillarles, ella se pondrá furiosa, pero al rato rogará para que no le digas nada a tu madre.&lt;br /&gt;Raúl Alcalá estaba emocionado ante la idea de poder y la posibilidad que se abría ante sí. Se llevaba bien con Elia, pero sentía celos al mismo tiempo. Por una vez, por una sola vez, Raúl quería experimentar la sensación de tenerlo todo bajo su control.&lt;br /&gt;Poco a poco, Oscar logró convencerle de lo conveniente del viaje a Gailón. Era económico, era tranquilo y era muy conveniente para el pequeño de los Alcalá.&lt;br /&gt;-       Quiero presentarte a unas cuantas chicas. Están en mi pandilla. Son algo facilotas. Invítalas a un par de copas, y después las tendrás comiéndote la boca en la playa… ¡si lo sabré yo!&lt;br /&gt;Ante la cara de pillo de Raúl, Oscar movió las cejas,&lt;br /&gt;demostrando su complicidad con el chico.&lt;br /&gt;Durante las dos horas siguientes, los dos amigos se dedicaron a jugar a varios videojuegos de reciente adquisición por parte del dueño de la consola. Pese al manejo y a la agilidad del anfitrión, se dejó ganar un par de veces. Al fin y al cabo, lo importante en la vida no era tener una cosa, sino disfrutar compartiéndola.&lt;br /&gt;Oscar se vio asombrado por su propio comentario. ¿De donde narices habría salido un pensamiento tan altruista? Se consideraba a sí mismo como alguien perverso, manipulador y sin escrúpulos. ¿Por qué se dejaba ganar por su amigo, a la vez que pensaba de esa forma?&lt;br /&gt;Al momento miró a Raúl Alcalá, como si en su rostro hubiese podido encontrar la respuesta. Entendió en seguida que Raúl experimentaba una maldad diferente a la suya. Su amigo era un instrumento en sus manos, que le ayudaba sin ni siquiera saberlo, y que por eso nunca le traicionaría.&lt;br /&gt;Raúl dejó el mando de la consola encima de la mesa, y echó un vistazo a la hora, algo decepcionado. Se le había pasado el tiempo volando. Pidiéndole la revancha cuando volvieran de Gailón, quedando con él a las cinco de la tarde del día siguiente en la estación, se despidió. Oscar le acompañó a la puerta. Se quedó mirando cómo el hermano de Elia se iba caminando lentamente, para atravesar el gran jardín y coger el autobús que le llevara a casa.&lt;br /&gt;Con un gesto de cansancio, Oscar cerró la puerta de su casa y se quedó apoyado en ella. Meditaba acerca de los acontecimientos para el día siguiente, cuando llegara a La Aurora.&lt;br /&gt;En primer lugar, a pesar de lo que había dicho, él ignoraba si había algún tipo de relación entre la hermana de Raúl y su amigo que no fuera más allá de la amistad. Pero el manejar ese argumento había logrado motivar a Raúl a la acertada decisión de llevarle a su casa de la playa.&lt;br /&gt;Obviamente, Oscar Zazo no quería ir a Almuñecar, ni a Málaga, nada de eso. Tenía la finalidad de hacer ese viaje a La Aurora con toda la intención, y Raúl era su mejor recurso para ello.&lt;br /&gt;Lograría llegar a la residencia sin levantar ninguna sospecha, como amigo inesperado del estúpido de Raúl. Una vez allí… comenzaría el segundo acto.&lt;br /&gt;Cogiéndose los labios con los dedos, en una actitud reflexiva, Oscar llegó a su habitación y cerró poco a poco la puerta. Como tenía por costumbre, echó el cerrojo.&lt;br /&gt;En su mesa de estudio había tres archivadores de distintos colores, en los que guardaba los apuntes de clase. Sacando un llavín de su bolsillo, Oscar abrió uno de los archivadores y sacó una carpeta de color negro.&lt;br /&gt;Se sentó en la cama, y estudió su contenido. Ya lo había hecho otras tantas veces, pero siempre procuraba conocer a quién se enfrentaba.&lt;br /&gt;Observó varias fotos en color, una serie de documentos escritos, y los negativos de dichas fotos. Murmuró algo referente a la víctima de su chantaje, con una sonrisa cruel. Oscar volvió a guardarlo todo en la carpeta a los diez minutos, y se tumbó preocupado en la cama.&lt;br /&gt;En su mente trazaba un plan. Ya lo había empezado a esbozar tiempo atrás, mucho antes de que indujera a Raúl a que le llevara ese fin de semana a La Aurora. Mañana comenzaba el viaje, y no podía dejar cabos sueltos.&lt;br /&gt;“En todo caso, yo creo que me haré con una buena cantidad dentro de poco” le había dicho a Raúl hacía un rato.&lt;br /&gt;Retomando su sonrisa cruel, Oscar sabía que no le había mentido a su amigo. Pronto se iba a hacer con una buena cantidad de dinero.&lt;br /&gt;Repentinamente, se puso de pie. Oscar sacó del interior de su armario una bolsa de viaje bastante grande, de color negro. En un falso fondo consistente en una lona fijada con velcro, el chantajista escondió la carpeta con los documentos.&lt;br /&gt;Se puso en cuclillas, y tras asentir en su interior, comenzó a escoger la ropa que se iba a llevar a la casa de Raúl.&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt;&lt;br /&gt;&lt;em&gt;&lt;/em&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111204894340903711?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111204894340903711/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111204894340903711' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111204894340903711'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111204894340903711'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/capitulo-4-oscar-el-manipulador_29.html' title='CAPITULO 4: OSCAR, EL MANIPULADOR'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111150337424436679</id><published>2005-03-22T15:53:00.000+01:00</published><updated>2005-03-22T15:57:33.766+01:00</updated><title type='text'>CAPITULO 3: GAILÓN, LA AURORA y LA BOREAL</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;Alejandro y su amiga Elia ya han llegado a Gailon, el pueblo costero donde está La Boreal, la casa de su amiga. En el trayecto, Alejandro ha conocido a Nery y a Christian. La mejor amiga y el novio de Emma Valverde, la chica que también vive en la casa de la playa de Elia&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;p&gt;&lt;/p&gt;&lt;p&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/p&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;Un rato más tarde, al terminar el abundante desayuno, los cuatro jóvenes salieron de la cafetería. Entusiasmados por la mañana tan alegre y el calor que ya hacía, Elia, Christian y Nery le enseñaron a Alejandro los lugares más interesantes de Gailón.&lt;br /&gt;Entre ellos estaban un par de discotecas. Una cerrada a cal y canto, cerca de la salida del pueblo por la carretera, y otra más situada en la playa. Según contaron, entre esos dos sitios se repartía la marcha tras los botellones cerca de la orilla del mar. Esa misma noche, tenían pensado salir. Alejandro se vio asombrado por esa actitud. Se consideraba mucho más casero de lo que parecían ser ellos.&lt;br /&gt;En todo caso, le beneficiaría estar distraído a todas horas.&lt;br /&gt;Pasaron por un ruidoso mercado que olía a pescado fresco y a verdura. Al llegar a la panadería, tanto Christian como Elia compraron pan para la comida. En un pequeño supermercado, atendido por una cajera despreocupada y vociferante, Elia se hizo con comida para dos o tres días. Por suerte, ahí estaban sus tres acompañantes para ayudarla con las bolsas.&lt;br /&gt;Después de dar por finalizadas sus actividades en Gailón, el grupo comenzó a andar en dirección a La Aurora.&lt;br /&gt;Entre la playa y la carretera había un paseo que llevaba del pueblo a la urbanización, de construcción bastante reciente. Comunicaba con la playa por unas rampas y escaleras, y estaba separado de la calzada por un terraplén de matorrales y arbustos. Elia le contó a su amigo que por las tardes de verano se suele llenar de gente de mediana edad que viene a pasear, y de chavales jóvenes que van en bicicleta o patines.&lt;br /&gt;A ojo, Alejandro calculó que entre Gailón y La Aurora había una distancia de diez o quince minutos a pie.&lt;br /&gt;La urbanización a la que se dirigían fue construida en dos fases. Estas dos fases no eran muy diferentes entre sí, porque se llevaban poco tiempo. Apenas un año o dos. De modo que la Aurora fue una urbanización que se había vendido rápido. Lo más satisfactorio para los consumidores fue la tranquilidad del lugar. En contraste con el avanzado desarrollo urbanístico de Almuñecar, La Aurora se terminó con la segunda fase. Ni se debía construir más, ni se podía, por las condiciones geográficas.&lt;br /&gt;Entre toda esa uniformidad de casas blancas, con balcones y ventanales amplios y chimeneas anchas, destacaba una vivienda entre ellas. Christian Bayo no tardó en aclararle a Alejandro que se trataba de La Boreal.&lt;br /&gt;El invitado no dejó de escuchar atento a Chris, que le estuvo relatando la historia unida a ese inmueble. Elia, también informada a ese respecto, estuvo añadiendo algunas cosas que el novio de Emma no sabía. Y así, los tres chavales, seguidos por Nery que hablaba con una amiga por el móvil, llegaron a la urbanización donde iban a veranear.&lt;br /&gt;Para llegar desde el paseo hasta las viviendas, se debía de subir un tramo de escaleras. Más al este había una cuesta en zigzag para facilitar el acceso, pero al fin y al cabo, resultaba una pérdida de tiempo para aquel que pudiera subir las escaleras. Christian las subió con ahínco, Elia y Nery iban a su ritmo. Por debajo de ellas, Alejandro las tomaba con pausa, mirando al suelo, como quien piensa cada uno de los pasos que da.&lt;br /&gt;Las principales calles de la urbanización eran anchas para permitir una circulación de vehículos en doble sentido. No obstante, formaban un marcado contraste con las calles que cada conjunto de unifamiliares tenía para sí. Esas eran estrictamente peatonales y algo estrechas. Resultaban ideales para aquellos que les gustaba sacar las sillas a la puerta de su casa, y charlar confortablemente con sus vecinos.&lt;br /&gt;Nuestros protagonistas serpentearon a través de estas calles, para atravesar la urbanización de modo transversal. Esta era la manera más rápida de ir desde la playa a La Boreal.&lt;br /&gt;Poco antes de llegar a la moderna vivienda, Christian se detuvo en una casa situada al final de la calle. Hizo parar al grupo, sacó su llavero y abrió la puerta. Allí, sin saludar a nadie, dejó su equipaje en la entrada y cerró, reanudando la marcha hacia la casa de Elia.&lt;br /&gt;Cuando se toparon de frente con La Boreal, Alejandro no pudo evitar soltar un silbido de admiración.&lt;br /&gt;Levantada de un saliente que la hacía más ostentosa, La Boreal resultó ser una vivienda de un moderno diseño minimalista. El enorme bloque blanco y gris estaba matizado con unos ventanales, cuyas vistas se orientaban a la costa, el cabo de los Truenos y a una gran zona verde que rodeaba el edificio y la piscina de atrás.&lt;br /&gt;Elia abrió la cancela de la entrada, y la cerró cuando todos accedieron al camino empedrado que daba a la casa. El césped, al cargo del equipo de jardineros de La Aurora, estaba muy bien trabajado. Rodeaba a toda la casa, dando a grandes espacios en la parte de adelante y de atrás.&lt;br /&gt;Alejandro no perdió detalle de lo que vio, hasta que entró con el resto del grupo al interior, a través de unas puertas de cristal. El hall, decorado de forma austera, daba paso a dos puertas blindadas. La de la izquierda llevaba al domicilio de los Valverde, la de la derecha a la de los Alcalá.&lt;br /&gt;Como el invitado no sabía muy bien qué iban a hacer, procuró mantenerse un paso atrás. Christian y Elia hablaron al respecto. Decidieron que el chico iba con Nery a avisar a los hermanos Valverde, mientras que ella iba a dejar el equipaje, enseñarle a Alejandro su habitación y prepararse para ir a la playa.&lt;br /&gt;Quedaron en ese mismo lugar a los diez minutos.&lt;br /&gt;Durante ese tiempo, Alejandro estuvo en una actitud pensativa, atendiendo a las explicaciones de Elia Alcalá. Su habitación estaba en el último piso. Era pequeña pero luminosa y daba directamente por una puerta corredera a la extensa terraza de la casa.&lt;br /&gt;Elia dejó a su amigo unos minutos solo. En ese tiempo Alejandro se puso un bañador y sacó una toalla de su maleta, colocó con prisas el resto de la ropa en una cómoda y cogió de su mochila lo imprescindible para ir a la playa. En esas estaba cuando comprobó, con una sonrisa, que René le había devuelto el toque.&lt;br /&gt;Al bajar las escaleras, observó como Elia ya lo esperaba con una sonrisa cariñosa. Le preguntó si todo estaba a su gusto.&lt;br /&gt;- Es estupenda, Elia. La Boreal es preciosa.&lt;br /&gt;- Después de comer, yo te enseñaré más y mejor la casa, -repuso su amiga mientras bajaba los escalones- pero ahora nos vamos a dar un baño.&lt;br /&gt;- Desde luego, después del viaje, es lo que más apetece.&lt;br /&gt;Llegaron al hall de la vivienda, donde allí ya les esperaban Nery, Christian y Enrique Valverde.&lt;br /&gt;Alejandro, satisfecho de conocer aquel día tanta gente nueva, le estrechó la mano al mayor de los Valverde cuando hicieron las presentaciones. Enrique era un chico de veintidós años, de mandíbula prominente, con unas gafas sin montura que parecían flotar en una cara que resultaba algo cuadriculada por lo militar de su corte de pelo.&lt;br /&gt;A través de los cristales, los ojos grises de Enrique escrutaron al amigo de Elia Alcalá. Alejandro se vio un poco intimidado por lo perspicaz de su mirada. Su imperturbabilidad fue lo primero que le llamó la atención.&lt;br /&gt;- Encantado –Murmuró, con una ligera sonrisa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- No te veas intimidado por Enrique, -le aconsejó más tarde Christian cuando iban caminando todos hacia la playa- es que él es así. Siempre es un poco más reservado con la gente que acaba de conocer. Y se dedica más a mirarles como a especimenes raros, que a hablar con ellos. Sin embargo, he comprobado en muchas ocasiones que, cuanto mejor le cae alguien, menos habla con él al principio.&lt;br /&gt;- Ya veo.&lt;br /&gt;En cierta manera, las palabras de Chris le tranquilizaron. No obstante, no era el mutismo de Enrique lo que inquietaba a Alex, sino su mirada. Había un poco de inflexibilidad en ella. Algo de crueldad, también. Alex no descartaba que Enrique fuese un tipo agradable en su trato cuando cogiera más confianza, pero alguien que actuaba tan a la defensiva, debía de tener sus motivos…&lt;br /&gt;Nery, que paseaba con gracia su cuerpo espigado y estilizado en un bikini blanco, apoyó su mano en el hombro de Alejandro en un gesto de complicidad. Se acercó a su oreja y le preguntó qué tal le parecía, hasta ese momento, La Aurora.&lt;br /&gt;- Genial. Ni es tan grande a estilo Benidorm, ni tan pequeño para que resulte aburrido. La zona está bien comunicada, el paisaje es precioso, y la gente por lo que veo, es simpática.&lt;br /&gt;Resultaba algo contradictorio que Alejandro mirase a Enrique Valverde en el momento de hacer ese comentario. El chico nunca cerraba la puerta ante nuevas amistades… por muy misteriosas que resultasen.&lt;br /&gt;Algo muy curioso pasó cuando el grupo estaba a punto de llegar a la playa. En una de las calles de las más estrechas, una chica joven caminaba con unos andares felinos en la dirección contraria en la que lo hacían nuestros protagonistas. Christian, que iba delante, no pudo evitar mirarla de soslayo. Era realmente atractiva.&lt;br /&gt;Alejandro, que se encontraba al final, mirando distraído al suelo, no se dio cuenta de que la chica iba hacia él. Debido a la altiva (y miope) mirada de ella, que no reparó tampoco en Alejandro, el choque de bruces fue inevitable.&lt;br /&gt;Por el leve empujón, al chico se le cayó la toalla, mientras que ella, tras reaccionar, empezó a reírse divertida. Se colocó bien sus gafas de sol, le preguntó a Alejandro si estaba bien, le pidió disculpas por su miopía, y siguió caminando. Con la sonrisa aún en los labios, se prometió hacerse con unas gafas de sol graduadas.&lt;br /&gt;La pandilla, que se había vuelto al oír el golpe, esperaba a Alejandro. Él fue hacia ellos con una expresiva cara de asombro. Elia le preguntó qué le había ocurrido, pero su amigo la despreocupó. No era nada.&lt;br /&gt;“No es tonto el Alejandro. El truco del despistado”, se dijo Christian, al recordar la espectacular figura de la accidentada.&lt;br /&gt;Nadie prestó entonces atención al desconcierto que tomó a Alejandro hasta que llegaron a la playa. A través de esas gafas de sol, el chico había reconocido a una chica que ya conocía. Que conoció hace tiempo. No recordaba dónde, ni cómo; tampoco recordaba con quién. Solo sabía que la conoció, y que ella no le había reconocido a él.&lt;br /&gt;Volvió la cabeza, muy intrigado, pero la chica ya no estaba allí.&lt;br /&gt;Enrique, Christian, Elia, Nery y Alejandro bajaron con ímpetu los escalones que llevaban hasta la playa. Allí, todos se dirigieron a donde ya estaban dos personas jugando con un balón de balonmano, bajo un sol de justicia.&lt;br /&gt;Observando más de cerca, se veía claramente a un chico y a una chica, de la edad del resto del grupo.&lt;br /&gt;El chico manejaba bien el balón, pese a que tenía un cuerpo delgaducho y desgarbado. Su pelo, rubio oscuro, largo hasta los hombros, se movía al ritmo de sus movimientos con la pelota. Llevaba unas bermudas anchas que le bailaban en sus delgadas piernas. Al ver llegar a sus amigos, dejó el balón en el suelo, y anduvo en su dirección. Fue el primero que le presentaron a Alejandro. Se llamaba Claude Bléssert. Venía de Lieja, en Bélgica, y ya dominaba un poco el español. Alejandro notó que sus ojos azules evitaban el contacto prolongado con la gente.&lt;br /&gt;La chica que estaba jugando con el belga se quedó donde estaba. Forzó su mirada para distinguir a los recién llegados, con los brazos en jarras. Ante una voz de Enrique, la chica se puso las chanclas y caminó hacia ellos, con la mano en la frente a modo de visera. Su cuerpo, esbelto y delgado, se movió de manera grácil hasta situarse delante del invitado por Elia. Se presentó ella sola, dando dos besos tras decir su nombre.&lt;br /&gt;Al haber conocido ya a su amiga, –invitada por ella a la Boreal- a su novio y a su hermano, Alejandro se moría de curiosidad por conocer a Emma Valverde. En cierto modo, era como se la esperaba. Su rostro, agradable y simpático, no tenía mucho parecido con el de su hermano. Tenía unos ojos verdes oscuros bastante grandiosos, y una nariz algo prominente, aunque le sumaba simpatía. Su boca, de labios carnosos, era desproporcionadamente pequeña. Una barbilla afilada daba paso a un cuello moreno ya por el sol. No era en absoluto guapa, sin embargo, era muy atractiva.&lt;br /&gt;Tras haber saludado a Alejandro, le dio un abrazo y un tórrido beso a Christian Bayo, y un abrazó de alegría a su amiga Nery que por poco la tira a la arena. Testigo del reencuentro, el nuevo miembro de la pandilla se fijo mejor en el cuerpo de Emma. Pese a que el de su amiga Nery también era esbelto y delgado, ella tenía unas caderas algo más anchas y unos senos más desarrollados, lo que la hacía más mujer.&lt;br /&gt;Se quitó el pasador de nácar que le recogía el pelo, soltando de manera automática una melena rubia ceniza que apenas pasaba del cuello.&lt;br /&gt;- ¿Eres de Granada, Alex? –Le preguntó, cuando todos estaban ya tumbados en las toallas.&lt;br /&gt;- Lo soy. Vivo cerca del centro.&lt;br /&gt;- ¡Que envidia, chico! Yo vivo cerca de la estación de autobuses, y no sabes lo difícil que es vivir allí, -Alejandro asintió comprensivo, conocía esa zona.&lt;br /&gt;- ¿Nos vamos de excusión esta tarde? –Preguntó Christian al grupo, interrumpiendo a Nery, que estaba a punto de decir algo.&lt;br /&gt;Emma reflexionó, con el codo apoyado en su rodilla. Claude, a su lado, jugando él solo con la pelota de balonmano, la dejó en el suelo al oír la pregunta.&lt;br /&gt;- ¿A dónde?&lt;br /&gt;- Habíamos estado pensado ir al cabo de los Truenos. –Respondió Elia- Alejandro aún no lo ha visto. Me gustaría mucho enseñárselo, ¿Qué tal si nos vamos allí un rato, antes de irnos a tomar café?&lt;br /&gt;La idea de Elia fue seguida por todos, aunque sin demasiado entusiasmo al principio. Conforme pasaran las horas la pandilla se iba a ver con más ganas de enseñarle el cabo a Alejandro. Este, con una media sonrisa, observó la actitud atenta de su amiga. Elia no cambiaba en Gailón. La misma chica que, dispuesta y decidida, había dado por hecho que la pandilla al completo la acompañaría en la excusión era la que hacía y deshacía en clase. La misma seguridad inquebrantable que había movido a Alejandro hasta ese sorprendente lugar.&lt;br /&gt;Animado por Nery, Alejandro la acompañó corriendo hacia la orilla. Cerró los ojos y se lanzó de cabeza al agua, después de un grito de Nery, que temía ser salpicada. Al contacto con el agua fría, la sensación fue indescriptible. El chico experimentó cómo su cuerpo entero parecía despertarse. Se movió un poco dentro del agua, avanzando hasta lo hondo. Movía rítmicamente brazos y piernas. Se sentía en la gloria, tras el primer chapuzón del verano.&lt;br /&gt;“Que bien, -se dijo- este viaje ha sido buena idea. Me gustan los lugares tan sosegados, tan pacíficos.”&lt;br /&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;Pacífico… que bien sonaba aquello… y que poco iba a durar…&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111150337424436679?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111150337424436679/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111150337424436679' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111150337424436679'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111150337424436679'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/capitulo-3-gailn-la-aurora-y-la-boreal.html' title='CAPITULO 3: GAILÓN, LA AURORA y LA BOREAL'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111105959501726227</id><published>2005-03-17T12:37:00.000+01:00</published><updated>2005-03-17T16:50:35.436+01:00</updated><title type='text'>CAPITULO 2 DE UN VIAJE EN AUTOBÚS</title><content type='html'>&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;em&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;&lt;/span&gt;&lt;/em&gt;&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;&lt;em&gt;&lt;strong&gt;&lt;span style="font-size:85%;"&gt;¿Qué ha pasado?&lt;br /&gt;Elia Alcalá le ofrece a su amigo Alejandro la posibilidad de ir a La Boreal, su casa de la playa, para pasar los dos juntos unos días. Tras hablar con la madre de Alejandro, se decide comenzar el viaje a Gailón al día siguiente...&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;/strong&gt;&lt;/em&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Clareaba el cielo cuando Alejandro salió de su casa, con un evidente gesto de sueño. Sin ningún motivo exacto, el chaval se había puesto muy nervioso, y apenas había logrado dormir algunas horas. Había hecho la maleta con mucha ropa, muchos apuntes y mucha ilusión. ¿Cuánto hacía del último viaje? Bastante tiempo, desde luego. No había encontrado el neceser, por lo que había tenido que guardar sus artículos de higiene en una bolsa de nylon. Afortunadamente, la había encontrado a última hora.&lt;br /&gt;De la casa de Alex al céntrico bloque de apartamentos donde vivía Elia distaban diez minutos a pie. Calculando el tiempo con exactitud, Alejandro cogió la maleta y echó a andar.&lt;br /&gt;Encontró muy agradable pasear a esas horas. En contraste con el asfixiante calor del día, el amanecer traía un ambiente más fresco. La suave música del discman estimulaba aún más a Alejandro, que caminaba con un repentino sentimiento positivo. Disfrutó todo el camino, con una extraña euforia que removía sus recuerdos más alegres. Olvidó el desamor, el malhumor de haber dormido poco y todo lo que le podía haber borrado su sonrisa. Alejandro se vio en el cristal de un escaparate como un idiota feliz, sonriendo satisfecho.&lt;br /&gt;Después de llegar al portal y mirar el reloj, felicitándose por su exacta puntualidad, Alex llamó por el portero automático.&lt;br /&gt;- Sube un momento. –Dijo la voz de Elia al otro lado al abrir el portal.&lt;br /&gt;Emilia Alcalá, la madre de Elia, tenía la intención de darles algunas indicaciones a los dos chicos antes de irse. Al igual que la señora Sabatini, la señora Alcalá confiaba en la amistad de su hija con Alejandro, y permitía sin discusión ninguna que su hija se fuera a estudiar con un amigo, de cara a los exámenes de Junio. Sin embargo, hacía falta tomar en cuenta ciertas instrucciones. Abrir la llave de paso, activar el automático, y llevar hasta allí ciertas cosas. La mujer le entregó a su hija una misteriosa bolsa de tela azul. Emilia tenía la misma personalidad que su hija, la misma determinación. “De tal palo…” se dijo un aún sonriente Alejandro.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tras una breve despedida, los dos amigos se fueron hasta una parada de autobús cercana. Eran las ocho y cuarto de la mañana. Apenas dos minutos después de su llegada, un autobús de la línea Granada – Nerja (no directo) hizo acto de presencia.&lt;br /&gt;Entre risas y bromas, Alejandro y Elia guardaron su maleta en el maletero del autobús y fueron a sentarse juntos cerca de la segunda salida del automóvil. Era ya verano, y sin embargo, aún había muy pocos viajeros.&lt;br /&gt;Salieron de Granada en dirección a la costa. Unos cuantos viajeros se subieron en otra parada en Armilla. Entonces fue cuando una voz discreta y suave interrumpió la conversación de los dos amigos.&lt;br /&gt;- ¡Hola Elia! ¿Vas a Gailón?&lt;br /&gt;Elia saludó a la chica que había subido al autobús en Armilla, y Alejandro la estudió atentamente. Tenía una expresión dulce, y una mirada muy bonita, de unos profundos ojos verdes cuadrados por unas largas pestañas. Sin duda, eso era lo que más llamaba la atención de la chica. Tenía unos labios muy finos y unos pómulos salientes. Su voz aterciopelada no le caía mal, si bien, era la más indicada para ella. Al rostro ovalado le acompañaba una larga melena rubia, lisa y suelta sobre los hombros.&lt;br /&gt;Se produjo la presentación de mano de Elia, y Alejandro se levantó de su asiento. Le dio dos besos a la chica que le acababan de presentar. Se llamaba Enriqueta Hurtado, pero Elia no tardó en aclarar que podía llamarla Nery como hacían todos.&lt;br /&gt;La recién llegada se sentó detrás de ellos, y Elia movió su asiento hacia atrás, para mantener un contacto visual continuo.&lt;br /&gt;Al principio, Alejandro Sabatini pensaba que Enriqueta era extremadamente tímida. Sin embargo, conforme mantuvieron una conversación en el autobús, el chico lo entendió todo. Enriqueta Hurtado conocía a Elia y a su hermano Raúl debido a la Boreal. Ella no era amiga de los Alcalá, sino de los Valverde.&lt;br /&gt;Los Valverde era la familia que alquilaba con asiduidad la otra mitad de la Boreal. Emma Valverde, la pequeña de la familia, de veinte años y Enriqueta Hurtado eran muy amigas. Desde pequeñas. Habían crecido juntas y compartido muchísimas experiencias. Estos días, Emma y su hermano Enrique estaban allí, de modo que la habían invitado a pasar unos días en La Boreal.&lt;br /&gt;La idea la había entusiasmado. Alejandro pensó en su interior que la situación de aquella chica era la misma que la suya. Él por los Alcalá, ella por los Valverde. Se preguntó, curioso, si ella también estaba pasando por una mala racha, y se tomaba aquello como un retiro.&lt;br /&gt;A través de la conversación entre las dos chicas, Alejandro Sabatini fue adivinando más cosas de la zona de Gailón. Asimismo las chicas hablaron de Emma y de su hermano Enrique, bastante bien. Emma se le antojó a Alejandro como una chica muy simpática, y Enrique como alguien inteligente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lo bueno de charlar con alguien durante un viaje, es que uno no percibe la duración del mismo. Como se ha dicho antes, el autobús a la costa no era directo. Elia prefería que fuera así antes que tener que trasladarse a la estación de autobuses. De modo que, a raíz de su decisión, el autobús estuvo parándose en varios pueblos, de camino a Almuñecar. Durante cada una de esas paradas, Elia siempre encontraba algo que comentar con sus compañeros de viaje.&lt;br /&gt;Nery, reticente al principio, no tardó en tomar más confianza con Alejandro Sabatini. Ambos estuvieron hablando de música, de ahí a los locales para salir de marcha, y más tarde de los profesores que cada uno tenía en su respectiva carrera.&lt;br /&gt;Elia estuvo siguiendo la prolongada conversación, sin embargo, su mirada se perdió ausente por el panorama a través de la ventanilla. Aunque conociera de memoria el camino que la llevaba a la playa, a la chica le seguía agradando dejar que sus pensamientos vagasen por el paisaje ante sus ojos. Lentamente, cerró la mirada y tomó una actitud meditativa, mientras que Alex y Enriqueta seguían hablando.&lt;br /&gt;Al llegar el autobús a Almuñecar y entrar en el andén, el conductor anunció por el micrófono una parada de quince minutos. Elia se desperezó en su asiento y decidió salir del autocar para fumarse un cigarro. Enriqueta la acompañó. Alejandro, junto con otros viajeros, se quedó en su asiento. En un movimiento reflejo, sacó su teléfono móvil de la mochila que siempre llevaba consigo. No había ninguna llamada, ni ningún mensaje. Repentinamente, Alejandro se acordó de que René Legraine (su antiguo compañero de instituto, con el que había recuperado el contacto recientemente) le había comentado allá por el mes de Marzo, que veraneaba en Almuñecar. Como era muy temprano para llamar, se limitó a darle un toque.&lt;br /&gt;Mientras que Alex estaba ocupado con su móvil, Nery y Elia comentaban animadas el buen tiempo que hacía. Las dos estaban muy alentadas por el radiante sol que ya lucía en la costa de Granada.&lt;br /&gt;- ¡Buenas tardes, señoritas! –Les interrumpió una voz masculina, cerca de ellas.&lt;br /&gt;Las dos se volvieron al instante, intrigadas por el recién llegado. No tardaron en reconocerlo, y Nery soltó un pequeño grito de alegría antes de saludarle con cariño.&lt;br /&gt;Era un chaval de unos veintiún o veintidós años. Corpulento, de pelo rizado y grandes ojos marrones, en un rostro muy bronceado. Llevaba al hombro una bolsa de viaje, que se disponía a introducir en el maletero del autobús.&lt;br /&gt;Christian, que así se llamaba, les refirió a las chicas su situación. Había ido a ver a un amigo la tarde anterior e invitado por sus padres, se había quedado a dormir. Iba a partir de Almuñecar a su casa en la Aurora.&lt;br /&gt;Elia y Nery repusieron que ellas se encontraban en una situación parecida. Querían estrenar los primeros días de calor con un buen chapuzón en la playa y una pequeña temporada de descanso.&lt;br /&gt;A los cinco minutos, los tres entraron en el autobús. Alejandro miraba con curiosidad al recién llegado. Después de dejar su bolsa en un asiento cercano al de ellos, procedió a presentarse él mismo:&lt;br /&gt;- ¡Hola! Soy Christian Bayo, el novio de Emma.&lt;br /&gt;- Encantado. –Alex le estrechó la mano al chico- Yo soy Alejandro Sabatini, un amigo de Elia.&lt;br /&gt;- ¿Sabatini? ¿Es un apellido italiano?&lt;br /&gt;- Sí, mi familia por parte de padre viene de Florencia.&lt;br /&gt;- ¡Que interesante! –Intervino Nery- Mi bisabuelo era inglés, de Devon.&lt;br /&gt;Un cierto embarazo invadió a los tres chavales, al oír el comentario de Nery. Christian y Elia se miraron entre ellos. Alejandro alzó la barbilla y movió sus labios en una expresión de interés.&lt;br /&gt;Iba a decir algo, pero se calló.&lt;br /&gt;En esos momentos, el motor del autobús rugió para anunciar que el camino iba a continuar, en dirección a Nerja.&lt;br /&gt;Las conversaciones continuaron, ahora con Christian Bayo como nuevo interlocutor. Según adivinó Alejandro, Christian era el novio de Emma Valverde. Les presentó su hermano Enrique, pues los dos chicos iban al mismo gimnasio. Además, Chris ya los conocía de vista porque sabía que veraneaban en la Aurora. La pareja llevaba juntos algo más de seis meses.&lt;br /&gt;Alejandro notó, curioso, que desde la llegada de Christian Elia no había hablado mucho. Estaba más ausente. Su invitado la miró de hito en hito. Christian era un tipo bastante atractivo. ¿Quizá a Elia también le gustaba? Probablemente no era así, porque la había escuchado hablar en buenos términos de Emma Valverde.&lt;br /&gt;Valverde… ese apellido le recordaba mucho a Alex a María Valente. En silencio, mientras que escuchaba a Christian y a Nery, evocó lo que pasó hace seis meses. La muerte de María, la misteriosa intriga en el seno de la Sociedad, la aventura que vivió junto a Virginia, Octavio, René y… Fernando.&lt;br /&gt;Alejandro sintió un doloroso pinchazo en su ánimo cuando pensó en Fernando. Se marcó como un reto procurar olvidarle. Para eso había venido a Gailón. Admitía que seguía enamorado, pero hacía poco que todo acabó. A Alejandro le molestaba mucho verse como un ex novio que procuraba recordar, que seguía agobiando, que no se dignaba a aceptar la situación y que guardaba la esperanza de que todo fuese como antes.&lt;br /&gt;No, de ninguna manera. No volvería a amanecer a su lado. No volvería a besarle, no volvería a sentirse tan bien…&lt;br /&gt;Christian notó el ensimismamiento de Alejandro, y movió su palma de la mano delante de sus ojos. Alejandro sintió como se ponía rojo, entre las risas burlonas de Elia y Nery.&lt;br /&gt;Elia, frotó el hombro de su amigo y le señaló un punto más allá de la costa.&lt;br /&gt;Asombrado por lo que había aparecido, el invitado de la chica observó cómo se apreciaba ya, bien iluminado por el sol de la mañana, el imponente perfil del cabo de los Truenos. Era un saliente en la costa bastante inusual para encontrarse en la costa de Andalucía. Más bien parecía propio de Cataluña o de Galicia.&lt;br /&gt;Conforme se fueron acercando, Alejandro también logró percibir cerca del cabo un conjunto de pequeñas casas, todas de un blanco brillante y acabas en terraza. Esa era la residencial Aurora. Desde allí aún era imposible ver la Boreal, según le dijo Elia. Bajando de la urbanización, se extendía una playa algo extensa, que llegaba hasta el pueblo.&lt;br /&gt;Más cercana a ellos, se levantaba un pueblecito de casas pequeñas, más dispares que las de la Aurora. Entre ellas destacaba el pequeño campanario de una iglesia, y los grandes focos de un polideportivo cercano. La playa de Gailón se comunicaba con la Aurora, pese a que la urbanización estaba en alto.&lt;br /&gt;Christian le hizo unos cuantos comentarios geográficos a Alejandro, que le escuchaba interesado. La Aurora estaba levantada sobre el nivel del mar, algo más que Gailón. Un tramo de escaleras conducía hacia la playa, no era muy cansado, pero de todas maneras una serie de rampas facilitaban el acceso a las personas mayores y los minusválidos.&lt;br /&gt;Como el conductor no podía pararles en la urbanización según le había contado a Christian al subir al autobús en Almuñecar, los cuatro se iban a bajar en Gailón.&lt;br /&gt;Nada más bajar del autobús, Alejandro notó la sensación de humedad. Le desagradaba un poco, pero se sentía bien al notar la brisa cálida del mar.&lt;br /&gt;- ¿Qué te parece? –Le preguntó Elia Alcalá a su amigo.&lt;br /&gt;Después de bajarse del autocar se habían dirigido a una pequeña cafetería, donde se estaban tomando un desayuno consistente, compuesto por zumo de naranja, café y tostadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Es muy bonito. El cabo de los truenos –Alejandro señaló el imponente cabo que se veía desde la terraza de la cafetería- debe de tener unas vistas fantásticas.&lt;br /&gt;- Podríamos ir allí esta tarde, antes de salir por la noche, -intervino Christian, dándole un bocado a su tostada.&lt;br /&gt;- ¡Buena idea! Yo tengo ganas de volver allí otra vez, en la última excursión me lo pasé genial. –Nery después de hablar, esperó alguna otra reacción.&lt;br /&gt;Elia se cruzó de brazos tras dejar la taza de café vacía.&lt;br /&gt;- Entonces esta tarde iremos al cabo de los Truenos.&lt;br /&gt;- ¿Será muy dura la caminata? –Preguntó Alejandro con una mueca de cansancio.&lt;br /&gt;- No lo es. –Respondió Chris, risueño al verse de nuevo en la playa- Aunque desde lejos parezca otra cosa, la Aurora está bastante cerca del cabo. Si te gusta el riesgo, podríamos ir a tirarnos desde las rocas.&lt;br /&gt;El invitado de Elia, con una mueca igual de expresiva, rechazó la propuesta de Christian.&lt;br /&gt;- A Emma no le gusta nada ver cómo te despeñas. –Dijo Elia.&lt;br /&gt;A la par que apuraba el café, el deportista y vivaracho novio de Emma lanzó una mirada alegre a Elia.&lt;br /&gt;- Si no le gusta, es por envidia. Ella aún no se atreve a hacerlo.&lt;/span&gt;&lt;br /&gt;&lt;span style="font-family:verdana;"&gt;-¡Cafre! –Gritó Nery y comenzó a reírse de manera tan divertida, que contagió una sonrisa a Elia y a Alejandro.&lt;/span&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111105959501726227?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111105959501726227/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111105959501726227' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111105959501726227'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111105959501726227'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/capitulo-2-de-un-viaje-en-autobs.html' title='CAPITULO 2 DE UN VIAJE EN AUTOBÚS'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111056077529059896</id><published>2005-03-11T18:04:00.000+01:00</published><updated>2005-03-11T18:06:15.300+01:00</updated><title type='text'>CAPITULO 1 : EL ULTIMO DÍA DE CLASE</title><content type='html'>Antes de que el profesor terminara de hablar, Elia Alcalá ya estaba recogiendo sus cosas para salir de clase. Apenas acabó de hablar, la chica se levantó al instante, y salió de la clase con un evidente sentimiento de satisfacción. Esa era la última clase del día.&lt;br /&gt;Avanzó por el pasillo recogiéndose su melena en un moño hecho con prisas. Lo sostuvo milagrosamente con una especie de alfiler de madera de aire japonés. Tras mirar la hora, y soltar una exclamación, aceleró el paso.&lt;br /&gt;Eran ya finales de Junio, y el sol apretaba con fuerza. Debido a la decoración de mármol y a su situación, la facultad donde Elia estudiaba mantenía una temperatura agradable. Había un numeroso movimiento de estudiantes debido al cambio de clases de unos y otros. La chica, absorta en sus pensamientos, dejó los calurosos pasillos atrás en su camino. En la cafetería, un chico le esperaba.&lt;br /&gt;Alejandro Sabatini estaba sentado en una de las mesas. Hacía rato que estaba solo. Había sacado los apuntes y sin embargo no les prestaba atención. Solamente un problema de índole sentimental ocupaba su pensamiento.&lt;br /&gt;Elia Alcalá ya estaba muy cerca de él cuando se percató de su llegada. La chica le dio un beso en la mejilla y se sentó a su lado. No tardó en notar la preocupación de su amigo.&lt;br /&gt;-                ¿Qué te pasa?&lt;br /&gt;-                Lo de siempre. –Respondió Alex.&lt;br /&gt;Ella se hizo cargo en silencio. Desde hacía un par de días, Alejandro no estaba en su mejor momento. Normalmente solía ser muy extrovertido, pero ahora se había vuelto más irritable. Elia estudió su palidez, las marcadas ojeras debajo de sus ojos, algo enrojecidos. Ese Alejandro no tenía nada que ver con el que solía ser.&lt;br /&gt;-                Hoy era tu última clase, ¿no?&lt;br /&gt;-                Sí. Acabo de salir ahora mismo. El examen será dentro de un mes. –Confirmó Elia, tras pedirle un café al camarero- Espero aprobarla como hiciste tú el año pasado… ¡así podría quitármela de encima! Aunque, para serte sincera, ahora lo que me apetece es descansar.&lt;br /&gt;-                Haces bien.&lt;br /&gt;-                Supongo que me iré unos días a La Boreal.&lt;br /&gt;El nombre hizo que Alejandro levantara la vista hacia su amiga.&lt;br /&gt;-                Esa era tu casa de verano, ¿verdad? –Preguntó mientras hacía memoria.&lt;br /&gt;-                Mi padre la ha alquilado para los tres meses de verano. Hace poco que ha vuelto con mi madre de allí. Estos días estarán en Granada arreglando varios asuntos. El día uno de julio se irán, ya para pasar allí el resto de las vacaciones. –Elia puso su mano encima de la de su amigo- Si quieres…&lt;br /&gt;Se quedó callada. Esperaba que Alejandro dedujera sus intenciones, pero el chico se limitaba a mirarla. La apatía fue su única respuesta. Elia cogió aire y siguió hablando.&lt;br /&gt;-                Hoy es jueves. Como mañana ya estoy libre, quiero coger el autobús por la mañana. Me gustaría estar unos días allí antes de ponerme a estudiar los exámenes. Ya hace calor, y me apetecería bañarme en la playa, y empezar a ponerme morena.&lt;br /&gt;-                El primer examen es el viernes de la semana que viene. –Dijo Alejandro, que aun no adivinaba nada.&lt;br /&gt;-                Pues entonces, ¿qué te parece un fin de semana en mi casa de la playa?&lt;br /&gt;-                ¿A mí?&lt;br /&gt;A Elia pareció intrigarle la duda de su amigo.&lt;br /&gt;-                A ti, claro. Tú vendrás conmigo, por supuesto.&lt;br /&gt;-                ¡Elia! Eso es algo…&lt;br /&gt;-                Es muy buena idea. –Interrumpió, bloqueando la defensa de Alejandro- No puedo permitir que sigas aquí en Granada, destrozándote por lo que ha pasado. Puedes traerte los apuntes y empezaríamos a estudiar juntos. Además, ¡llevas prometiéndome visitar la casa desde antes de vacaciones! Creo que ya es hora de que cumplas tu palabra.&lt;br /&gt;Alejandro sonrió con una benevolente impotencia.&lt;br /&gt;-                Parece ser que ya lo has pensado todo, Elia. La verdad es que tienes razón, no lo estoy pasando bien. No quiero que nada de lo que me ocurre me impida rendir a tope. La ruptura no ha podido venir en peor momento. ¿Qué va a pasar si se me juntan ambas cosas? Lo pasaré bastante mal.&lt;br /&gt;-                No tienes opción, Alejandro. Esta tarde hablaré con tu madre. Mañana cogerás el autobús conmigo por la mañana.&lt;br /&gt;Como el que escucha a su eficiente secretaria, el chico aceptó con resignación lo que su amiga había decidido. Esos días empezaba a hacer mucho calor, y Alejandro Sabatini ya sentía deseos de darse el primer baño del verano.&lt;br /&gt;El desengaño que había sufrido dos días antes era tan fuerte que justificaba una huída así. Lo de los apuntes era una buena excusa. Se dedicaría a ellos a tiempo completo, olvidando lo demás. Por lo que le había contado Elia, su casa de Gailón era un buen sitio de estudio. Se encontraba algo apartada de la urbanización más próxima y la zona era tranquila, al menos hasta agosto.&lt;br /&gt;En los siguientes minutos, el chico se vio reconfortado por la idea de su amiga y cuanto más tiempo pasaba, más convencido se sentía de lo necesario del viaje a Gailón. Estaba harto de haber tomado decisiones por sí mismo, y haber fracasado en ellas. Los planes de Elia era para él como un barco del que no había que preocuparse. Se mecería lentamente, hasta llegar a su destino. Él solamente se limitaría a estudiar, a bañarse, a tomar el sol, y a olvidar a…&lt;br /&gt;Ojalá olvidar fuese la mitad de fácil de lo que era.&lt;br /&gt;Después de mostrar su conformidad con la escapada antes de exámenes, Elia mostró su entusiasmo haciendo tonterías como aplaudir y chillar de alegría, tal como era su costumbre. Alguien podría juzgar a Elia, a la ligera, como una chica ingenua y tonta. Pero nada más lejos de la realidad. La determinación, la ambición y una cierta sangre fría eran ciertas características que la mayor de los Alcalá mostraba conforme se la conocía. En muchas ocasiones, ella irradiaba una seguridad que le había procurado bastantes amistades. Alejandro era una de ellas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por la tarde, tras haber comido, Elia puso rumbo a la casa de Alejandro. La señora Sabatini, contenta por la visita, la invitó a pasar y le ofreció un café. Parecía no estar enterada de la mala racha por la cual estaba pasando su hijo. En esos momentos estaba entrenando en el club de esgrima, según le dijo la Sabatini. Elia no perdió el tiempo antes de mostrar sus intenciones.&lt;br /&gt;-                Me lo llevo a Gailón.&lt;br /&gt;-                ¿En serio, querida? –Se interesó la madre de Alejandro- Me parece fabuloso, supongo que son los exámenes, ¿verdad?&lt;br /&gt;-                Claro, -afirmó Elia- los primeros exámenes son dentro de algo más de una semana. Y para entonces quiero que los dos vayamos bien preparados. En algunas asignaturas es su hijo el que triunfa. En las que él falla, yo soy quien maneja el asunto. Por lo tanto, debemos complementarnos por necesidad.&lt;br /&gt;La madre de Alejandro asintió vehemente, de manera comprensiva. Conocía a Elia Alcalá de hace bastante tiempo, e incluso había tenido la ocasión de charlar con sus padres. Había resultado un gran apoyo para su hijo, cuando su amigo Octavio se marchó a Ávila, y su amiga Virginia se trasladó definitivamente a Sevilla. Al término de las vacaciones de Semana Santa, Alejandro se sintió algo abandonado. Pero Elia le llenó el vacío que habían dejado sus dos mejores amigos.&lt;br /&gt;-                En Gailón se está la mar de bien. –Le informó Elia mientras removía su taza- El pueblo es pequeño, pero cubre ciertas necesidades, ya sabe… cajeros, supermercados, e incluso un ciber café. A diez minutos está mi casa, que está casi en primera línea de playa. En cuanto al cabo de los Truenos… es precioso. Creo que tenía una foto por aquí, -la chica miró en su cartera y comprobó que no era así- bueno, es igual. El caso es que mi mejor opción para estudiar, ha sido irme a la Boreal. Siempre lo he hecho así. Por fortuna, Alejandro quiere acompañarme esta vez. Llevarme a un compañero que se prepare los mismos exámenes que yo es un alivio, porque no me gusta estudiar sola.&lt;br /&gt;La señora Sabatini asintió de nuevo, más emocionada aún. Por una desconocida razón, la mujer experimentaba cierto entusiasmo cuando veía cómo alguien tomaba una buena decisión para su hijo. Sabía que Elia podía ser de absoluta confianza, así que no puso ninguna pega cuando la chica comentó, como el que no quería la cosa, que iban a estar los dos solos en La Boreal. La madre de Alejandro pensaba que su hijo estaba soltero, al igual que la chica que ahora hablaba con ella. ¿Qué podía pasar algo? Pues puede ser, pero su hijo tenía ya veinte años, y sabía lo que hacía con su vida. En todo caso, la señora Sabatini no tenía ningún inconveniente en que Elia Alcalá llegase a formar parte de la familia. Tenía una seguridad y un arrojo al hablar digno de admiración.&lt;br /&gt;Elia juzgó a su oyente mientras hablaba con ella. Personalmente, la madre de Alex le parecía una señora muy abierta y divertida. Otras madres la habrían mirado con reservas al anunciar de manera tajante que se llevaba a su hijo por una semana. Pero ella no. Se había mostrado tan conforme con su idea, que la compañera de Alejandro había llegado a sospechar que realmente ella sabía la crisis por la cual estaba pasando su hijo. Sin embargo, no era así.&lt;br /&gt;Para mayor sorpresa de Elia, casi sin venir a cuento, la señora Sabatini la invitó a pasar al cuarto de su hijo. Alejandro, que distaba mucho de ser metódico, vivía en un completo desorden. Lo más curioso es que, dentro de ese desorden, su madre se movía como pez en el agua. Aunque reinase el desconcierto, la señora Sabatini sabía donde guardaba su hijo cada cosa. De este modo, al entrar, la mujer le mostró a Elia, orgullosa, el único trofeo que poseía su hijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Esto le habría molestado bastante a Alejandro, ¡y a cualquiera! Sin embargo, mientras que dos mujeres asaltaban su habitación, nuestro joven protagonista estaba batiéndose con uno de sus compañeros en el club de esgrima.&lt;br /&gt;El joven se movía con una gracia felina bajo la atenta mirada de Arístides, uno de sus profesores. El hombre, vestido con el atuendo adecuado para enfrentarse, observaba, admirado. Junto a él, otros cinco chicos de la edad de Alejandro observaban el duelo. Entre ellos, se comentaba por lo bajo el dominio técnico de Alejandro Sabatini. Desde que su amigo Octavio se marchó después de Navidad, Alejandro se había centrado aún más en sus clases de esgrima. Ni al intimar más con Elia ni durante su relación secreta había dejado de lado sus clases. Así pues, Alejandro estaba demostrando sus cualidades ante un chaval de su nivel. Sin embargo, el adversario no pudo hacer nada para esquivar el florete del protagonista.&lt;br /&gt;Arístides tenía en sus manos unas cuartillas con los nombres de sus alumnos. Alejandro Sabatini era el último por calificar. No obstante, el profesor ya tenía muy clara la nota desde hacía bastante tiempo. Y esa nota era excelente.&lt;br /&gt;Cuando Alejandro clavó por enésima vez la punta de su florete, se dio por terminado el combate. Triunfante, se quitó el casco y dirigió su mirada hacia Arístides. El profesor estaba moviendo la cabeza lentamente, sin darse cuenta. En realidad, hacía mucho tiempo que no se topaba con alguien así.&lt;br /&gt;Media hora más tarde, Alejandro salía de las dependencias del club de esgrima. Cogió un autobús y se presentó en su casa a tiempo para encontrarse con Elia.  Su amiga ya se estaba despidiendo, y al abrir la puerta apareció la figura esbelta de Alejandro, con el ceño fruncido.&lt;br /&gt;-                Hola espadachín.&lt;br /&gt;Considerar a alguien que practica la esgrima como un “espadachín” era algo que a Alejandro le molestaba. De todas maneras, con su sonrisa encantadora, a Elia se le perdonaban ese tipo de cosas. Ella le rozó ligeramente en el costado con la mano, y se dispuso a salir de la casa de los Sabatini.&lt;br /&gt;-                Cada día me cae mejor tu madre, -dijo mientras salía a la calle- mañana te espero en la puerta de mi casa a las ocho en punto. No tardes. Sé que no te gusta madrugar, pero va a valer la pena.&lt;br /&gt;Como respuesta a tal ímpetu, Alejandro solo pudo musitar un “de acuerdo” y levantar la mano en un gesto de despedida.&lt;br /&gt;Elia le volvió a sonreír y bajó la calle animada, debido a la satisfacción de saber que todo iba bien.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111056077529059896?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111056077529059896/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111056077529059896' title='2 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111056077529059896'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111056077529059896'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/capitulo-1-el-ultimo-da-de-clase.html' title='CAPITULO 1 : EL ULTIMO DÍA DE CLASE'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>2</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111047871286348827</id><published>2005-03-10T19:13:00.000+01:00</published><updated>2005-03-10T19:18:32.880+01:00</updated><title type='text'>Introducción</title><content type='html'>Gailón es un pueblo marinero situado en la frontera más occidental de la provincia de Granada.&lt;br /&gt;Es una pedanía de Almuñecar, aunque Nerja, ya dentro de Málaga, se encuentra más próxima geográficamente.&lt;br /&gt;Esto hace que, a la hora de hacer las compras o disfrutar de los servicios de un pueblo más grande, los gaileños elijan Nerja sin ningún género de duda.&lt;br /&gt;En esta zona del sur de España no hay pueblo que no se haya librado del turismo, y Gailón no es una excepción. A unos quince minutos a pie, se encuentra el residencial La Aurora.&lt;br /&gt;Acabóse de construir en el año 1990, lo que hace que sea relativamente moderna. El residencial esta compuesto por viviendas de dos pisos, unifamiliares. En ellas se alojan a lo largo del verano muchas familias que vienen de Granada, o de Motril, e incluso de otras zonas como Madrid o Extremadura.&lt;br /&gt;Para entretenerse en la Aurora, se puede elegir entre varias opciones: ir hacia Almuñecar, pasear por Gailón, e incluso hacer senderismo hacia poniente. Si se decide andar en dirección oeste, lo primero que se encuentra es el Cabo de los Truenos. Este accidente geográfico es un promontorio muy llamativo, en cuya cumbre rompe la oscuridad de la noche un sencillo faro. Debido a la belleza de ese lugar, y a lo inaudito del escarpado precipicio que rompe el perfil de la Costa Tropical, El Cabo de los Truenos es una imagen muy típica de Gailón. En todas las postales suele aparecer el atardecer, con las siluetas de Gailón y la Aurora, y al fondo, desafiante, el pequeño faro erguido sobre la roca.&lt;br /&gt;Hay multitud de caminos que llevan desde la Aurora hasta el promontorio. Algunos conducen a una pequeña playa, cerca de  la zona de rocas donde  uno se puede bañar –eso si, con la marea en calma y con mucha precaución- ; otros senderos llevan a una zona plana, casi como una terraza natural, que divide en dos la caída del precipicio. Esta terraza es el lugar de destino de muchos de los jóvenes que vienen del pueblo o de la urbanización, para matar el rato y charlar con los amigos. En las fiestas de Gailón, a finales de Agosto, se iluminan con teas el zigzagueante camino que lleva allí. El resto del tiempo, nadie frecuenta esos caminos de noche, por considerarlos peligrosos.&lt;br /&gt;Incluida en la residencial Aurora, pero construida algo más tarde que la urbanización, se encuentra la Boreal.&lt;br /&gt;La Boreal, terminada en 1998, era una magnífica mansión ultra moderna, propiedad de Mr. Richard White. El señor White vino desde Londres, buscando un lugar diferente para veranear. La casa que construyó fue el testigo de que lo había encontrado. Al principio no gustó por su impacto visual, pero a golpe de cheque, el inglés se ganó la confianza de Gailón.&lt;br /&gt;De todos modos, en el invierno del año 2000, Richard White murió en su lúgubre casa londinense, a causa de una neumonía. En Gailón se recibió la noticia con mucho pesar.&lt;br /&gt;Respecto a la Boreal, los herederos del señor White decidieron ponerla a la venta. Una sagaz inmobiliaria se hizo con ella. Con una proyección más comercial, se decidió dividir en dos la vivienda y alquilarla de ese modo.&lt;br /&gt;En el verano de 2004 serán dos familias las que compartan la moderna vivienda.&lt;br /&gt;Así comienza esta historia.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111047871286348827?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111047871286348827/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111047871286348827' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111047871286348827'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111047871286348827'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/introduccin.html' title='Introducción'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111047072467050137</id><published>2005-03-10T17:04:00.000+01:00</published><updated>2005-03-10T17:05:24.673+01:00</updated><title type='text'>De que va?</title><content type='html'>Alejandro se toma la invitación de su amiga Elia como una ocasión inmejorable para olvidar el amargo desengaño amoroso del que acaba de salir. Decidirá viajar con ella a Gailón, un pueblo de la costa de Granada donde se encuentra La Boreal, la moderna casa donde Elia y su familia veranean.&lt;br /&gt;Alejandro entonces no tardará en conocer a todo un grupo de gente nueva: Raúl, el hermano impertinente de su amiga Elia; Emma y Enrique, los hermanos Valverde, que viven en la misma casa que su anfitriona; Nery, la dulce invitada de los Valverde, y Christian, el novio de Emma.&lt;br /&gt;Entretendrán también a Alejandro la divertida actividad nocturna de sus nuevos amigos, y los espectaculares rincones de los que goza el pueblo de Gailón.&lt;br /&gt;Pero junto al calor, la diversión, la evasión y el profundo conocimiento de sí mismo, Alejandro también se encontrará con el asesinato. La misma noche de su llegada una desagradable sorpresa esperará en la piscina de La Boreal…&lt;br /&gt;Entonces, Alejandro comprobará que no sólo se cruzaron en su camino los planes de un malévolo chantajista, sino también los del misterioso asesino dispuesto a acabar con su vida. En La Boreal, por tanto, se encuentran las respuestas a todos los misterios que le salen al paso.&lt;br /&gt;Y con ayuda de René, un amigo de origen francés al que se le da mejor que bien la investigación criminal, Alejandro está dispuesto a resolverlos todos… le lleven a donde le lleven.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111047072467050137?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111047072467050137/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111047072467050137' title='0 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111047072467050137'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111047072467050137'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/de-que-va.html' title='De que va?'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-11356231.post-111046434956561563</id><published>2005-03-10T15:01:00.000+01:00</published><updated>2005-03-10T15:19:09.583+01:00</updated><title type='text'>LOS PERSONAJES</title><content type='html'>Antes de todo, supongo que para que entendais bien esta historia, hay que mostraros quienes son los personajes que intervienen en ella. De este modo (agatha christie's style) podreis saber &lt;strong&gt;&lt;span style="color:#000099;"&gt;quien es quien&lt;/span&gt;&lt;/strong&gt; en esta historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALCALÁ&lt;/strong&gt;, Elia (21 años): Compañera de clase de Alejandro Sabatini.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ALCALÁ&lt;/strong&gt;, Raúl (18 años): El hermano pequeño de Elia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BLANCO&lt;/strong&gt;, Roberto (muerto): Un joven traficantes de drogas en Granada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BLÉSSERT,&lt;/strong&gt; Claude (21 años): un chico belga, miembro de la pandilla que centra esta historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;BAYO&lt;/strong&gt;, Christian (22 años): El novio de Emma Valverde.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;HURTADO&lt;/strong&gt;, Enriqueta (Nery) (20 años): Amiga de los Valverde, invitada por ellos a La Boreal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Inspector &lt;strong&gt;LEGRAINE&lt;/strong&gt;: El tío de René, policía de la comisaría de Granada.&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;&lt;br /&gt;LEGRAINE&lt;/strong&gt;, René (21 años): Antiguo compañero de instituto de Alejandro. De vacaciones en Almuñecar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;LYMAS&lt;/strong&gt;, Juan Antonio: Gerente de Onnyx, una famosa agencia de detectives.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SABATINI&lt;/strong&gt;, Alejandro (21 años): Protagonista de esta historia, invitado de Elia Alcalá por unos días en su casa de la playa.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;SANSEVERATO&lt;/strong&gt;, Mónica (21 años): Peluquera en Granada, implicada en la trama sobre la que gira esta novela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;OLMEDO&lt;/strong&gt;, Luis: Forense de la comisaría de Motril.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VALVERDE&lt;/strong&gt;, Enrique (23 años) : Primogénito de la otra familia que ocupa la Boreal junto con los Alcalá.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VALVERDE&lt;/strong&gt;, Emma (21 años) : La hermana de Enrique.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;VILA&lt;/strong&gt;: Policía de Motril, encargado del caso del asesinato de La Boreal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;strong&gt;ZAZO&lt;/strong&gt;, Óscar (18 años): Un amigo de Raúl Alcalá.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/11356231-111046434956561563?l=intrigaboreal.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/feeds/111046434956561563/comments/default' title='Enviar comentarios'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=11356231&amp;postID=111046434956561563' title='1 comentarios'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111046434956561563'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/11356231/posts/default/111046434956561563'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://intrigaboreal.blogspot.com/2005/03/los-personajes.html' title='LOS PERSONAJES'/><author><name>TaBLeRo</name><uri>http://www.blogger.com/profile/10984021064967080969</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='16' height='16' src='http://img2.blogblog.com/img/b16-rounded.gif'/></author><thr:total>1</thr:total></entry></feed>
